Cuando la curiosidad te quita tu primera vida.. significa ¿que deberías cambiar? Vesta no lo cree.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Pueblo 3
Vesta y su doncella avanzaron entre la multitud procurando mantener cierta distancia.
Bueno.
La doncella procuraba mantener cierta distancia.
Vesta, en cambio, caminaba con el entusiasmo de alguien que acababa de encontrar el capítulo especial de su drama favorito.
—Más despacio, señorita —susurró la doncella.
—Estoy yendo despacio.
—No, está caminando cada vez más rápido.
—Porque la gente también está caminando rápido.
—Precisamente.
A medida que se acercaban, el murmullo de decenas de voces se volvía más claro.
El ambiente estaba cargado de tensión y curiosidad.
Personas de todas las edades intentaban mirar por encima de los hombros ajenos.
Comerciantes habían abandonado momentáneamente sus puestos.
Algunas damas fingían escandalizarse mientras claramente escuchaban con atención.
Y Vesta...
Bueno.
Vesta estaba en su elemento.
—¿Qué pasó?
—Dicen que encontraron un lugar de apuestas clandestinas.
—¿Apuestas?
—Sí, y parece que había nobles involucrados.
—¿Nobles?
—La Casa Reed los descubrió.
—¿La Casa Reed?
—Están arrestando a todos los responsables.
—Escuché que algunos intentaron huir.
—Y que otros fueron heridos durante la persecución.
Los ojos verdes de Vesta brillaban cada vez más.
[Apuestas clandestinas...]
[Nobles corruptos...]
[Persecuciones...]
[Arrestos...]
[¿Esto es una novela o qué?]
Su doncella observó la expresión radiante de la joven y sintió deseos de llorar.
[¿Por qué mi señorita está tan feliz?]
Vesta intentó mantener una expresión seria.
Fracasó estrepitosamente.
—Qué terrible... —murmuró.
[Qué interesante.]
—Señorita.
—¿Sí?
—No ponga esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa cara.
Vesta tosió discretamente.
—Estoy preocupada.
La doncella la miró sin convencerse en absoluto.
Entonces el rumor comenzó a extenderse entre la multitud.
Como una ola.
—¡El duque Reed está aquí!
—¡Es el propio duque!
—¡Lo vi salir de la casa!
—Dicen que dirigió personalmente la operación.
—No me sorprende.
—Después de todo, él siempre ha sido así.
La multitud se agitó.
Incluso algunas mujeres comenzaron a acomodarse el cabello.
Vesta levantó una ceja.
[¿El duque?]
[¿Tan importante es?]
Y entonces lo vio.
El mundo pareció detenerse durante un instante.
Primero distinguió la capa oscura.
Luego la figura alta.
Ancha de hombros.
Segura.
Caminando con paso firme entre sus hombres.
Era un hombre moreno.
Su cabello oscuro contrastaba con la piel ligeramente bronceada.
Tenía ojos profundos e intensos.
Una barba incipiente marcaba su mandíbula.
No era la belleza refinada y delicada que predominaba entre muchos nobles.
Era...
Atractivo de una forma completamente distinta.
Más áspera.
Más madura.
Más imponente.
Y caminaba como alguien acostumbrado a enfrentarse al peligro sin vacilar.
Su espada aún estaba manchada de sangre.
No parecía perturbado.
No porque fuera cruel.
Sino porque transmitía la seguridad de alguien que sabía exactamente lo que hacía.
Alguien que protegía.
Alguien que actuaba.
Alguien que inspiraba confianza.
Vesta abrió ligeramente la boca.
[¿Qué es esto?]
El duque avanzó unos pasos más.
[¿Por qué es tan alto?]
Otros dos pasos.
[¿Por qué tiene esa mandíbula?]
Otros dos pasos.
[¿Y esa barba?]
Otros dos pasos.
[¿Y esos ojos?]
Otros dos pasos.
[¿Y por qué camina así?]
Su cerebro dejó de funcionar.
[YA ENTENDÍ POR QUÉ TODAS ESTÁN MIRANDO.]
Comenzó a cantar mentalmente.
[♪ Quién es ese hombre.. ♪]
El duque dio una orden breve a sus hombres.
[♪ Que me mira y me desnuda... ♪]
Se giró ligeramente.
[♪ Una fiera inquieta, que me da mil vueltas... ♪]
El viento movió apenas su cabello oscuro.
[♪ Y me hace temblar, pero me hace sentir mujer... ♪]
La doncella miró a Vesta.
—Señorita...
Vesta no respondió.
—Señorita Vesta.
Nada.
—Señorita.
Seguía completamente inmóvil.
Perdida.
Hipnotizada.
Absolutamente fascinada.
Entonces ocurrió.
—¡Muévanse!
—¡Abran paso!
Un grupo de soldados apareció rápidamente arrastrando a uno de los nobles detenidos.
La multitud comenzó a dispersarse.
Personas retrocedieron.
Otras corrieron.
Algunas gritaron.
La doncella sujetó el brazo de Vesta.
—¡Señorita!
Pero Vesta seguía mirando al duque.
[Es muy guapo.]
—¡Señorita, muévase!
[¿Cuántos años tendrá?]
Uno de los soldados estuvo a punto de chocar contra ella.
—¡Cuidado!
Y recién entonces Vesta reaccionó.
Giró la cabeza.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Las personas empujaban.
Los soldados avanzaban.
La multitud se agitaba.
Y Vesta se quedó paralizada.
Una parte de ella recordó la bala.
La muerte inesperada.
La sensación de no haber podido reaccionar.
Sus ojos se abrieron.
—Ah...
Y antes de que perdiera el equilibrio...
Un brazo fuerte la sostuvo.
Todo quedó en silencio.
Vesta sintió una mano firme rodeando su cintura para apartarla del peligro.
El aroma del cuero y del acero.
El calor de un cuerpo sólido.
La estabilidad que impedía que cayera.
Parpadeó lentamente.
Levantó la vista.
Y vio aquellos ojos oscuros observándola.
De cerca.
Mucho más cerca de lo que su corazón consideraba saludable.
El duque Reed la había sujetado antes de que fuera arrollada.
La multitud parecía haberse desvanecido.
Los gritos se volvieron lejanos.
El frío desapareció.
Vesta sólo veía aquel rostro.
La barba incipiente.
La expresión seria.
La intensidad tranquila de su mirada.
El hombre frunció apenas el ceño.
—¿Está herida?
Vesta abrió la boca.
No salió ningún sonido.
Intentó responder.
Nada.
Su cerebro, tan eficiente para recordar chismes ajenos, había decidido abandonarla.
El duque aguardó unos segundos.
—¿Señorita?
Vesta seguía mirándolo.
Completamente perdida.
[Y es amable.]
Fue ese pensamiento el que terminó de destruir cualquier resto de compostura.
Sintió que el rostro comenzaba a calentársele.
Y dentro de su cabeza, la alegre y caótica voz que la había acompañado toda la vida gritó con absoluta desesperación:
[¡¡NO PUEDE SER TAN GUAPO!!]
[¡¡EL DESTINO NO PUEDE DARME BELLEZA, DINERO Y HOMBRES ASÍ AL MISMO TIEMPO!!]
[¡¡ESTO ES DEMASIADO PREMIO POR HABER MUERTO VIENDO UN CHISME!!]
Mientras tanto, el duque Reed seguía sosteniéndola para evitar que cayera, observando en silencio a aquella joven rubia de ojos verdes que lo miraba como si acabara de contemplar el mayor misterio del universo.
Y Vesta Dupont, cuya única meta en esta nueva vida era ser feliz, tuvo un pensamiento completamente sincero.
[Quizá...]
[Quizá debería averiguar si el duque Reed está soltero.]