Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 2
La oscuridad no duró para siempre.
Poco a poco, la conciencia regresó.
Primero sintió algo suave bajo su cuerpo.
Después percibió un agradable calor.
Y finalmente abrió los ojos.
La luz que entraba por una enorme ventana la obligó a parpadear varias veces.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Confundida.
Desorientada.
Sin comprender dónde estaba.
El techo fue lo primero que llamó su atención.
Era alto.
Muchísimo más alto que el techo de cualquier habitación moderna.
Estaba decorado con molduras elegantes y delicados relieves dorados.
[¿Qué...?]
Su mirada recorrió lentamente la habitación.
Las paredes estaban cubiertas por papel decorativo con diseños florales.
Había cortinas pesadas de terciopelo.
Un tocador de madera oscura.
Muebles antiguos perfectamente conservados.
Lámparas de cristal.
Todo parecía salido de una película histórica.
O de una novela ambientada siglos atrás.
Su corazón comenzó a acelerarse.
[¿Dónde estoy?]
[¿Es un hotel temático?]
[¿Un museo?]
Intentó incorporarse.
La sensación de extrañeza aumentó inmediatamente.
Algo cayó sobre su pecho.
Un mechón de cabello.
Ella bajó la mirada.
Y se congeló.
Cabello.
Muchísimo cabello.
Largo.
Liso.
De un tono rojizo claro que brillaba bajo la luz del sol.
Sus ojos se abrieron por completo.
—¿Qué...?
Tomó uno de los mechones con manos temblorosas.
Lo observó.
Lo tocó.
Era real.
Muy real.
[Esto no puede ser mío.]
[¿Qué está pasando?]
El pánico comenzó a subir lentamente por su pecho.
Se levantó de la cama de golpe.
Las piernas le temblaban.
Corrió hacia el enorme espejo que se encontraba junto al tocador.
Y entonces lo vio.
Su reflejo.
No era ella.
No era su rostro.
No eran sus ojos.
No era su cuerpo.
Frente al espejo había una joven extraordinariamente hermosa.
Delgada.
De piel blanca, casi pálida.
Rostro delicado.
Labios suaves.
Ojos claros que parecían reflejar la luz.
Y aquel largo cabello rojizo que caía como seda sobre sus hombros.
La desconocida del espejo también parecía aterrada.
Porque era ella.
—No...
Retrocedió un paso.
Luego otro.
Volvió a acercarse.
Observó cada detalle.
Las mejillas.
La nariz.
Los ojos.
Nada coincidía.
Nada.
Absolutamente nada.
[¿Quién es ella?]
[¿Por qué estoy viendo a otra persona?]
Lentamente levantó una mano.
La figura del espejo hizo lo mismo.
Sus dedos tocaron la mejilla.
Suave.
Cálida.
Real.
No era un sueño.
No era una ilusión.
No era maquillaje.
No era una máscara.
Era un rostro auténtico.
Un rostro que no le pertenecía.
Su respiración comenzó a agitarse.
—No...
Tocó su cabello.
El reflejo hizo lo mismo.
Tocó sus labios.
Su cuello.
Sus brazos.
Todo respondía.
Todo era suyo.
Y al mismo tiempo no lo era.
[Estoy muerta.]
La idea apareció de repente.
[¿Morí?]
Recordó el dolor.
La ambulancia.
Las voces.
La oscuridad.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
[¿Morí?]
[¿Y ahora estoy aquí?]
[¿Es una reencarnación?]
Aquella posibilidad habría sonado absurda apenas unas horas antes.
Pero en ese momento estaba contemplando un rostro completamente distinto en una habitación que parecía pertenecer a otra época.
¿Qué otra explicación podía existir?
Su mente intentó procesarlo.
Demasiada información.
Demasiadas preguntas.
Demasiado rápido.
Sintió un fuerte mareo.
La habitación comenzó a girar.
Las paredes parecieron deformarse.
Las imágenes se volvieron borrosas.
—E-espera...
Se sostuvo del tocador.
Pero el mareo empeoró.
Algo extraño comenzó a presionar dentro de su cabeza.
Como si recuerdos desconocidos intentaran abrirse paso.
Fragmentos.
Voces.
Imágenes fugaces.
Una mansión.
Un jardín.
Personas desconocidas.
Nombres que aún no podía comprender.
Todo apareció durante una fracción de segundo.
Y desapareció.
El dolor fue tan intenso que apenas pudo mantenerse de pie.
—¡Ah...!
La habitación giró una última vez.
La luz se volvió distante.
Sus piernas cedieron.
Y antes de poder entender qué estaba ocurriendo...
La oscuridad volvió a envolverla por completo.
Mala actitud la de los padres