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Mi Sexy Sensei

Mi Sexy Sensei

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Maestro-estudiante / Profesor particular
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Nanani fue plantada en el altar y causa de eso cayó en depresión su padre la obligará a tomar clases de arte marciales, Pero ella odia a su sensei o... eso cree

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Capitulo 12

Nanami rodó sobre la cama hasta caerse al suelo con un golpe sordo que resonó en toda la habitación.

—¿Estás bien? —preguntó Kai, asomándose por el borde de la cama con el torso desnudo y el cabello aún revuelto por el sueño. Sus ojos recorrieron la escena: Nanami en el suelo, envuelta en las sábanas como un capullo.

—Sí, yo… estoy bien —respondió ella, levantándose rápidamente y ajustándose la ropa con movimientos nerviosos—. Solo quiero que recuerdes que no eres mi tipo —exclamó, casi como un escudo, antes de entrar al baño y cerrar la puerta de un portazo.

—¿Qué bicho le picó ahora? —susurró Kai para sí mismo, soltando un suspiro de frustración mientras se pasaba una mano por el rostro. La noche anterior había sido especial, mágica incluso, y ahora ella actuaba como si nada hubiera pasado.

Dentro del baño, Nanami se apoyó en el lavamanos y miró su reflejo en el espejo. Sus ojos estaban vidriosos, su respiración agitada.

—¿Qué hiciste, Nanami? —se dijo a sí misma, agarrándose la cabeza con ambas manos—. Esto está mal. Recuerda lo que Takumi te hizo. No, no puedo caer de nuevo en las mentiras del amor. Me niego. No, no, no.

Las imágenes regresaron a su mente como un puñetazo: Takumi en aquel café, riendo con esa mujer, mirándola con la misma intensidad con la que una vez la miró a ella. El anillo que ella guardaba en una caja, esperando una propuesta que nunca llegó. Las promesas rotas. Las mentiras descubiertas.

Se deslizó hasta quedar sentada en las frías baldosas del baño, abrazándose las rodillas. Incluso en el suelo, podía sentir la presencia de Kai al otro lado de la puerta. Todo en él gritaba que era perfecto: su paciencia, su forma de mirarla, la manera en que la había sostenido la noche anterior como si fuera algo frágil y valioso. Y eso era precisamente lo que más miedo le daba.

Kai se quedó en silencio unos segundos, mirando la puerta cerrada. Quería golpear, exigir respuestas, pero algo le decía que eso solo empeoraría las cosas. Respiró hondo y se acercó, apoyando la mano en la madera.

—Nanami, me iré —dijo con voz calmada, aunque por dentro estuviera hecho un nudo—. Creo que necesitas un momento a solas. Solo quiero que sepas que lo que ocurrió entre nosotros… para mí fue muy especial. Y la verdad es que no quiero dejarte ir.

Hizo una pausa, escuchando si ella respondía. Solo el silencio.

—Nanami, yo… voy a darte tiempo. Todo el tiempo que necesites —continuó, tragando saliva—. Pero por favor, no pongas murallas entre nosotros. No sé qué pasó, no sé por qué de repente actúas como si todo hubiera sido un error. Pero realmente me gustas mucho. Más de lo que debería, quizás. Y no quiero perderte sin haberlo intentado de verdad.

Aquellas palabras atravesaron la puerta como flechas y se clavaron en el pecho de Nanami. Su corazón se aceleró, pero también sintió un miedo paralizante. No quería volver a sufrir. No estaba lista para amar. ¿O sí? No, no podía. Takumi le había enseñado que el amor era una trampa, una ilusión que terminaba rompiéndote.

Kai suspiró, esperó unos segundos más y, al no obtener respuesta, se alejó. Vistió su camisa con movimientos lentos, como si cada botón le costara un esfuerzo inmenso. Antes de salir, miró una última vez la puerta del baño.

—Estaré esperando —dijo en voz baja, más para sí mismo que para ella—. No sé cuánto, pero estaré.

Salió de la habitación y caminó por el pasillo de la posada con el alma encogida. Al llegar a la entrada, se encontró con Maya, que venía con una bandeja de desayuno.

—Hola, Maya. ¿Nanami ya está despierta? —preguntó, intentando esbozar una sonrisa que no le salió del todo.

Maya lo observó con atención. Su rostro demacrado, sus ojos cansados, la forma en que se aferraba a la correa de su bolso. Era evidente que algo había sucedido entre ellos.

—Sí, está despierta —respondió Maya con una sonrisa amable, aunque preocupada—. ¿Quieres que le lleve algún mensaje?

Kai negó con la cabeza.

—No, dile… dile que ya hablaremos. O mejor no le digas nada. Ella sabrá cuándo está lista.

Se despidió con un gesto y se alejó, caminando sin rumbo por las calles aún dormidas del pueblo. El sol comenzaba a asomarse, pero a él le parecía que el día había empezado gris.

Maya entró a la habitación y dejó la bandeja sobre la mesa. Notó la cama revuelta, las sábanas en el suelo, y luego escuchó un leve ruido proveniente del baño.

—Señorita, buenos días —dijo con voz suave, acercándose.

La puerta se abrió lentamente y apareció Nanami, todavía sentada en el suelo, con los ojos enrojecidos y el cabello desordenado.

—¿Ocurre algo, señorita? —preguntó Maya, arrodillándose a su lado con preocupación genuina.

Nanami suspiró profundamente, dudando si debía contarle. Pero Maya no era solo su doncella; era su amiga, su confidente, la única persona que había estado a su lado desde el principio.

—Ayer vi a Takumi —dijo finalmente, apoyando la cabeza en el hombro de Maya, como una niña buscando consuelo.

—¿Qué? ¿Él está aquí? —preguntó Maya, sintiendo cómo la ira comenzaba a hervirle en la sangre.

—Sí… y estaba con su… enamorada —exclamó Nanami, con la voz quebrada por la emoción contenida.

—¡Ese maldito perro! —estalló Maya, apretando los puños—. ¿Cómo es posible? Te prometió amor eterno, te hizo creer que construirían una vida juntos, y ahora aparece aquí con otra. ¡Maldito ingrato, desgraciado! Dime dónde está para darle su merecido. ¡Le voy a arrancar la cara a golpes!

Nanami no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa ante la reacción visceral de Maya.

—No es necesario… le arrojé una jarra llena de agua fría. Justo en la cara. Delante de todo el café —dijo, y por primera vez en horas, sus ojos brillaron con un destello de satisfacción.

Maya se quedó muda un segundo y luego soltó una carcajada tan fuerte que resonó en todo el baño.

—¡Bien hecho, señorita! ¡Eso es exactamente lo que se merecía ese infeliz! —exclamó, abrazándola con fuerza—. Ojalá hubiera estado allí para verlo.

Se rieron juntas un momento, pero pronto la risa de Nanami se apagó y volvió la tristeza a su rostro.

—Pero no entiendo, señorita —dijo Maya, apartándose para mirarla a los ojos—. Si eso ya pasó, si ya le diste su merecido, ¿por qué estás así? ¿Por qué lloras?

Nanami bajó la mirada.

—Por Kai.

—¿El sensei? ¿Qué tiene que ver? —preguntó Maya, aunque algo en su interior ya comenzaba a comprender.

—Anoche… pasó algo entre nosotros —confesó Nanami, sintiendo que las palabras le quemaban la garganta—. Y fue hermoso, Maya. Por un momento me sentí viva, me sentí querida de verdad. Pero luego vi a Takumi y todo volvió. El miedo, la desconfianza, el dolor. No puedo volver a pasar por eso. No puedo.

Maya la escuchó en silencio, acariciándole el cabello.

—Pero Kai no es Takumi, señorita.

—Lo sé —susurró Nanami—. Por eso mismo me da más miedo. Porque si él también me lastima, si él también me miente, entonces no habrá esperanza para mí. Prefiero alejarlo ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Maya suspiró, comprendiendo la complejidad de los sentimientos de su señora.

—¿Y qué hiciste? —preguntó, aunque ya sospechaba la respuesta.

—Le dije que no es mi tipo. Que lo nuestro fue solo físico. Que me cae mal.

—Señorita… —Maya negó con la cabeza—. Eso es una muralla, no una defensa.

—Lo sé —admitió Nanami, con lágrimas rodando por sus mejillas—. Pero es la única forma que conozco de protegerme.

Maya la abrazó con fuerza, dejando que llorara todo lo que necesitara. Afuera, el sol seguía elevándose, indiferente al dolor de los corazones rotos.

Nanami se estuvo escondiendo todo el día de Kai. Evitó cada rincón por donde él pudiera aparecer, esquivó miradas, cambió de camino cuando lo veía a lo lejos. Hasta que cayó la noche y él llegó a su posada.

Los golpes en la puerta fueron suaves al principio, luego más insistentes.

—Nanami, abre, por favor. Vamos a hablar —insistió Kai desde el otro lado, con la voz cansada pero decidida.

Ella no estaba lista para esa conversación. Comenzó a dar vueltas en círculos, angustiada, mordiéndose las uñas. Pero los golpes no cesaban.

Finalmente respiró hondo, reunió todo el valor que le quedaba y abrió la puerta.

—¡Qué insistente eres! —exclamó, apoyándose en el marco con actitud desafiante, aunque por dentro temblaba como una hoja.

Kai la miró. Sus ojos recorrieron su rostro, buscando algo, una grieta en su armadura.

—Yo… solo quiero que sepas que me… —intentó decir, dando un paso adelante.

Pero ella le tapó la boca con la mano, sintiendo el calor de sus labios contra su piel.

—No digas nada, por favor —su voz quebró por un instante, pero se recompuso de inmediato—. Lo que pasó entre nosotros… es solo físico. Porque me caes mal y no eres mi tipo. Así que no te ilusiones.

Las palabras cayeron como un mazazo. Kai la miró fijamente, buscando la mentira en sus ojos, y la encontró. Pero no dijo nada. Simplemente asintió lentamente, dio media vuelta y se alejó.

Nanami cerró la puerta y se deslizó por ella hasta quedar en el suelo, abrazándose a sí misma mientras las lágrimas finalmente la desbordaban.

—¿Por qué duele tanto protegerse? —susurró en la oscuridad.

Pero no hubo respuesta. Solo el eco de sus propios miedos, resonando en la habitación vacía.

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Maribeth Minotta
sensei se astuto
Dark
que idiota Kai...Espero q cuando veas q alguien quiero algo serio,sufras.
Dark
"Que idiota eres Kai" Ya te veremos sufrir y espero no hagas algo q la lastime.
Ana Farias
poq no siguen publicando😭😭
RiYue87🇻🇪
pero quién te entiende niña, 🤷🤷🤷 primero lo alejas, y ahora con dudas 😅😅😅
RiYue87🇻🇪
hay mija eso ni tú te lo crees, me le vas a romper el corazón al sensei 😭😭😭
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
lo coreanos o japoneses no son morenos 🤔
Maribeth Minotta: yo lo vi también Moreno 🥰🥰🥰🥰👏
total 1 replies
Maribeth Minotta
y me gusta
Maribeth Minotta
papacito hay que ricooooooo🥰🥰🥰
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
mi niña acaso tu ex estaba más bueno que Kai, o que Henry Cavill, o Can Yaman no entonces. arriba ese ánimo la vida sigue dale gracias a Dios que se fue antes y no después de casado mira se que duele pero morir por un hombre no mija no vale la pena.
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
hasta yo pagaría brinquitos detrás de él 😁
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
Kai enséñame quiero que me des como saco de boxeo en la cama 😃
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