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FANTASÍA REAL

FANTASÍA REAL

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

"Mis padres se fueron en un segundo, dejándome un vacío que quemaba. Pero el destino, con un sentido del humor retorcido, decidió llenarlo instalándome en la habitación de al lado del hombre que protagonizaba mis diarios desde los doce años. Ahora, sus pasos en el pasillo son la única música que me distrae del silencio de mi casa vacía."

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capitulo 15

La llave dorada pesaba en mi mano mucho más que el metal del que estaba hecha. Se sentía como un grillete, un compromiso silencioso que Julián había deslizado en mi bolso mientras yo dormía la resaca de nuestra entrega en el hotel. "Apartamento 4B". Esas dos palabras grabadas en la etiqueta eran un mapa hacia un mundo donde los Martínez no existían, donde Sofía no era mi hermana de alma y donde yo no era una huérfana recogida por caridad.

Pasé la mañana encerrada en mi cuarto, fingiendo que estudiaba para los finales de literatura, pero mis ojos no veían las letras de Faulkner. Solo veía la superficie pulida de la llave sobre mi escritorio. ¿Qué había en ese apartamento? ¿Era el nido que Julián había construido para nosotros, o era el lugar donde guardaba los restos de otras mujeres que, como yo, habían caído en su red de planos y promesas oscuras?

El silencio de la casa se rompió a mediodía con el sonido de un motor desconocido. No era el deportivo de Julián, ni el coche familiar de su padre. Era un sedán elegante, blanco perla, que aparcó con una precisión geométrica frente a la entrada.

Me asomé a la ventana, escondida tras el visillo. Julián bajó del coche, pero no venía solo.

Del asiento del copiloto bajó una mujer. Era alta, de una elegancia gélida y profesional. Llevaba un traje de chaqueta color crema que gritaba "éxito" y un cabello rubio platino recogido en un moño tan perfecto que parecía esculpido en mármol. Julián le rodeó la cintura con una naturalidad que me hizo sentir como si me hubieran arrancado el aire de los pulmones. No era el agarre posesivo y hambriento que usaba conmigo; era el gesto de un hombre que presenta un trofeo al mundo.

—¡Elena! ¡Baja, tenemos visita! —el grito de Sofía desde el pie de las escaleras sonó como una sentencia de muerte.

Me obligué a moverme. Me puse un cárdigan gris para ocultar las marcas que Julián me había dejado en las clavículas apenas unas horas antes y bajé los escalones con las piernas de gelatina.

En el salón, la escena era digna de una pesadilla. Ana y el señor Martínez estaban de pie, con sus mejores sonrisas de anfitriones. Julián estaba junto a la chimenea, con una mano en el bolsillo y la otra todavía rozando el brazo de aquella mujer.

—Mamá, papá... quería presentaros formalmente a Valeria —dijo Julián. Su voz era la misma de siempre: profunda, segura, pero para mí sonaba a cristales rotos—. Valeria es la arquitecta jefa del proyecto de la costa. Llevamos meses trabajando juntos y... bueno, hemos decidido que ya era hora de que dejara de ser un secreto profesional.

"Secreto". La palabra vibró en el aire, burlándose de mí. Valeria tendió la mano con una sonrisa perfecta y unos ojos que me analizaron en un segundo, descartándome como una amenaza.

—Encantada —dijo Valeria, su voz era como el terciopelo—. Julián me ha hablado mucho de su familia. Y de ti, Elena. Me dijo que eras como una hermanita para él, alguien a quien está ayudando a superar un momento muy difícil.

Sentí que la sangre se me retiraba de la cara. "Hermanita". Miré a Julián. Él no apartó la vista. Me sostuvo la mirada con una frialdad sociópata, como si el hotel, la llave dorada y sus manos recorriendo mi cuerpo nunca hubieran existido. Estaba marcando una línea de fuego: en público, él era el hombre exitoso con la novia perfecta; en la oscuridad, yo era su vicio privado.

—Es un placer, Valeria —logré decir, aunque las palabras me salieron con un eco de náusea.

La comida fue un ejercicio de tortura medieval. Valeria hablaba de sus viajes a Milán, de los materiales de construcción que importaban de Turquía y de los planes de futuro que tenía con Julián. Hablaban de comprar una propiedad juntos, de "crecer profesionalmente". Sofía estaba encantada, haciéndole preguntas sobre moda y diseño, mientras yo me dedicaba a desmenuzar un trozo de pan bajo la mesa, sintiendo que cada risa de Valeria era un clavo más en mi ataúd.

Julián se comportaba como el novio ideal. Le servía el vino, le apartaba la silla y, en un momento dado, le dio un beso suave en la mejilla que me hizo apretar el tenedor hasta que se me clavó en la palma de la mano.

—Elena, estás muy callada —observó Valeria, mirándome con una condescendencia que me hizo hervir la sangre—. Julián me dijo que eras una lectora empedernida. ¿Qué estás leyendo ahora?

—Tragedias griegas —respondí, clavando mis ojos en los de Julián—. Historias de hombres que creen que pueden engañar a los dioses y terminan destruyendo todo lo que aman por su propia soberbia.

El silencio que siguió fue denso como el plomo. Julián dejó su copa de vino sobre la mesa con un golpe seco. Sus ojos llamearon de una furia que solo yo podía entender.

—A veces las tragedias son necesarias para construir algo nuevo sobre las cenizas, ¿no crees, Elena? —replicó él, su voz cargada de un veneno sutil.

—O para darse cuenta de que algunas cosas nunca debieron ser construidas —ataqué yo, sintiendo que el dolor del luto se transformaba en una rabia pura y liberadora.

—Bueno, bueno... no nos pongamos filosóficos —intervino el señor Martínez, tratando de suavizar el ambiente—. Valeria, cuéntanos más sobre esa casa que vais a diseñar en el acantilado.

Después de la comida, la familia se trasladó al jardín para tomar el café. Aproveché un momento en que Valeria estaba distraída con Sofía para escabullirme hacia la cocina. Necesitaba agua, aire, o simplemente desaparecer. Pero antes de que pudiera llegar al fregadero, una mano me agarró del brazo y me empujó violentamente hacia la despensa, cerrando la puerta tras de nosotros.

La oscuridad de la despensa olía a especias y a la colonia de Julián. Él me tenía acorralada contra los estantes, su cuerpo presionando el mío con una urgencia que rayaba en la agresión.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo allí fuera? —gruñó él, su rostro a milímetros del mío.

—¿Qué estoy haciendo yo? ¡Has traído a una novia a casa, Julián! ¡A nuestra casa! Después de lo de anoche... después de esa llave...

—Valeria es necesaria, Elena. Es parte de mi mundo, de mi carrera. No seas una niña caprichosa. Te dije que yo mando en este juego.

—¡No soy un juego! —le grité en un susurro furioso, golpeando su pecho con los puños—. Me usas en la oscuridad y me humillas a la luz del día. Me llamas "hermanita" frente a esa mujer... me das asco.

Julián me tomó de las muñecas, inmovilizándome contra la pared. Sus ojos eran dos pozos de oscuridad pura.

—¿Te doy asco? —preguntó, su voz bajando a un susurro peligroso—. ¿Te daba asco anoche en el hotel cuando gritabas mi nombre? ¿Te da asco la llave que tienes guardada en tu habitación?

Me besó con una ferocidad que no tenía nada de amor y todo de posesión. Sabía a vino tinto y a una rabia contenida que me hizo temblar. Fue un beso de castigo, una forma de recordarme quién tenía el poder. A pesar de mi odio, mi cuerpo respondió con una traición instantánea; mis pulmones buscaron su aire y mis labios se abrieron ante los suyos.

—Ella no sabe nada de ti —murmuró él contra mi boca—. Ella es la fachada. Tú eres la estructura, Elena. Ella tiene mi apellido y mis negocios, pero tú tienes mi sangre y mi deseo. No vuelvas a desafiarme delante de ella.

—Vete con ella —dije, apartándolo con todas mis fuerzas—. Vete a construir tu casa en el acantilado y déjame en paz.

Julián me miró por última vez, acomodándose la camisa con una calma aterradora.

—No puedo dejarte en paz, Elena. Y tú tampoco quieres que lo haga. Úsala. Úsala para recordarte que lo nuestro es lo único real en esta casa de mentiras.

Salió de la despensa como si nada hubiera pasado, dejándome allí, temblando entre botes de conserva y el eco de su traición.

Cuando los vi irse en el coche blanco, Julián al volante y Valeria a su lado, comprendí que la "Fantasía Real" había entrado en una fase terminal. Julián no era solo un amante; era un arquitecto de la mentira. Había traído a esa mujer para recordarme mi lugar: yo era la sombra, el secreto, la pieza oculta que nadie debía ver.

Subí a mi habitación y saqué la llave dorada del cajón. La miré con un odio profundo. Ya no era la llave de un paraíso; era la llave de una celda. Pero mientras las lágrimas de humillación corrían por mis mejillas, supe que iría. Iría al Apartamento 4B. Porque Julián me había quitado el derecho a la inocencia, y ahora lo único que me quedaba era ver hasta dónde llegaba el laberinto que él había diseñado para los dos.

La novia era solo una pared más. Y yo estaba dispuesta a derribar todo el edificio con tal de no ser la "hermanita" nunca más.

1
Margelis Izarra
si después de esto a caraja vuelve a tener sexo con el tipo, no leo más
Margelis Izarra
me parece muy maleable esta protagonista...no me termina de gustar
Rs
.
Blanca Fernandez
ella se sienta acostada por el por qué en este momento tan frágil no está preparada está confundida y el no le deja respirar obtener su duelo está sola ni con la amiga Abla lo que le pasa 🧐🧐
Rocio Raymundo
veremos a qué lleva todo esto
Rocio Raymundo
solo estar un mes en su casa el después que se irá y Elena si acepta solo lo tendrá un mes
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