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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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La Duda

La plaza de Dyo ardía en ecos y sombras. El humo se enroscaba en columnas perezosas y las brasas iluminaban los rostros de los presentes con un rojo cruel. Entre los escombros, la tensión se había vuelto casi sólida: cada respiración era un cálculo, cada movimiento una apuesta. Edran sintió la daga vibrar en su cintura como un latido propio; la Zalamander colgaba de su espalda, aún caliente por la última contienda. Frente a él, Ran se mantenía firme, la espada en alto, los ojos encendidos por la orden y por algo más profundo que la obediencia.

La primera oleada de golpes los puso a prueba. Tozoku y los hombres de Gorukipa atacaban con la brutalidad de quienes no conocen la piedad; sus armas caían como martillos sobre todo lo que se interponía. Mara se movía con la precisión de una lanzadora que conoce el arte de proteger, y en un instante derribó a uno de los bandidos con una estocada limpia que dejó al hombre fuera de combate. El silencio que siguió fue breve: la plaza se llenó de gritos, órdenes y el crujir de madera rota.

Edran no buscaba sangre gratuita. Cada vez que su hoja encontraba carne, lo hacía con la intención de detener, no de destruir. En medio del caos, vio a Ran avanzar con una furia que no era suya del todo; la orden de Gorukipa lo empujaba como una corriente. Edran se interpuso entre Ran y un grupo de civiles que huían, y con voz tensa trató de alcanzarlo.

—Ran —dijo, la voz cortada por el humo—. No tienes que hacer esto. Te están usando.

Las palabras fueron lanzadas como una cuerda. Ran vaciló, la mandíbula apretada, pero la mirada se endureció. —No entiendes —respondió con voz áspera—. Si no cumplo, me matan. Si no obedezco, me matan a mí y a los que me importan.

Edran dio un paso adelante, bajando la guardia lo suficiente para que la sinceridad se notara en su rostro. —Te creemos más fuerte que sus órdenes —replicó—. No eres una herramienta. Mira lo que han hecho. Mira a la gente.

Ran no respondió con palabras; respondió con acero. Su ataque fue un torbellino de juventud y entrenamiento: cortes rápidos, fintas que buscaban desarmar más que herir. Edran, sorprendido por la intensidad, tuvo que retroceder y defenderse con la Daga Lunar. El choque entre ambos fue un duelo de voluntades: Edran con la convicción de quien protege, Ran con la obediencia de quien teme.

Mientras tanto, Gorukipa observaba desde la sombra con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos. Su mano se posó sobre la Piedra Magma, que aún chisporroteaba con vetas incandescentes. La criatura ígnea que había asomado antes, Klíseis, había sido herida y dispersada, pero la piedra conservaba su potencial. Gorukipa sabía que la lealtad de Ran era frágil; sabía también que la promesa de poder podía quebrar cualquier duda.

—Usa tus dones, Ran —ordenó el jefe con voz de trueno—. Demuestra que eres útil. Invoca y acabaremos con ellos.

La orden cayó como un martillo. Ran apretó los dientes; su mano tembló sobre la empuñadura. Edran, entre un bloqueo y otro, intentó razonar de nuevo, esta vez con la voz rota por la urgencia.

—No lo hagas —suplicó—. Si invocas con la Piedra, no habrá vuelta atrás. Klíseis no es un juguete; consumirá todo. ¿De verdad quieres eso sobre tu conciencia?

Ran retrocedió un paso, la respiración entrecortada. Por un instante, la humanidad que Edran había visto en la plaza asomó con fuerza: la duda, el remordimiento, la posibilidad de negarse. Pero Gorukipa no toleraba la vacilación. Con un gesto, empujó a Ran hacia adelante y gritó:

—¡Hazlo ahora! ¡O te haré desear no haber nacido!

La amenaza fue una cadena que apretó el cuello de Ran. Sus ojos buscaron a Edran, a Mara, a cualquier rostro que le devolviera una salida. En ese instante, Mara, que había derrotado a un bandido y se mantenía firme, se acercó con la lanza en alto. Su voz, cuando habló, fue fría y directa.

—No lo mates —dijo Edran, sorprendido por la decisión que brotó de su pecho.

La orden de Edran no fue un mandato; fue una apuesta por la redención. Ran se detuvo, sorprendido por la súplica. Mara, con la lanza apuntando al suelo, añadió con voz dura:

—Vosotros habéis matado a inocentes. No podéis pedir que alguien más se convierta en verdugo por miedo.

Las palabras de Mara golpearon a Ran con la fuerza de una verdad que no podía negar. Sus manos se cerraron en puños; la Piedra Magma vibró en el suelo como si sintiera la tensión. Por un segundo, la plaza quedó suspendida: los combatientes contuvieron el aliento, los aldeanos asomaron con ojos temblorosos, y el humo pareció detener su danza.

Gorukipa, sin embargo, no aceptó la duda. Su rostro se tornó de piedra y la ira lo consumió. —¡Si no lo haces, te haré hacerlo! —rugió—. ¡Usad la Piedra Magma y llamad a Klíseis! ¡Que arda todo!

La orden final fue una sentencia. Ran, empujado por la amenaza y por el miedo, sintió cómo algo dentro de él cedía. La Piedra Magma, colocada en el centro de la plaza, comenzó a emitir un calor que quemaba la piel y la esperanza. Runas antiguas se encendieron en su superficie y el aire se llenó de un zumbido que hacía vibrar los dientes.

Edran vio la decisión en los ojos de Ran: no era solo obediencia, era la lucha entre lo que se teme y lo que se desea ser. La daga en su mano brilló con la marca de Amaranto, y por un instante Edran supo que la próxima elección definiría no solo el destino de Dyo, sino el de todos los que habían sido tocados por las reliquias.

La Piedra Magma comenzó a abrirse como una boca de fuego. Un calor primitivo lamió la plaza y la sombra de Klíseis empezó a tomar forma en el aire. El tiempo se comprimió en un segundo eterno: la posibilidad de detenerlo, la posibilidad de que Ran se negara, la posibilidad de que la bestia volviera más poderosa que antes.

Y en ese instante, cuando la llama amenazaba con devorar la última esperanza, Edran apretó la empuñadura de su daga y se lanzó hacia adelante, decidido a hacer lo que fuera necesario para evitar que la invocación se completara.

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AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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