Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña
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capitulo 10
El salón de conferencias de Sterling & Co. era una pecera de cristal y acero donde las reputaciones se construían o se destruían en cuestión de minutos. Esa mañana, el aire estaba cargado de una electricidad estática, una anticipación que Abigail conocía bien. Los miembros de la junta directiva, hombres y mujeres vestidos con trajes que costaban más que un coche promedio, esperaban la "gran revelación" que Julián había prometido durante semanas.
Abigail se sentó en el extremo de la mesa, con las manos entrelazadas sobre su falda de lápiz. Su rostro era una máscara de porcelana: perfecta, inexpresiva y fría. A su lado, Julián irradiaba una confianza casi tóxica, ajustándose la corbata de seda con un gesto de triunfo anticipado.
Mónica entró en la sala con un paso que pretendía ser elegante, pero que para los ojos entrenados de Abigail, delataba una urgencia desesperada. Llevaba consigo el maniquí de pruebas, cubierto por una tela de terciopelo negro.
—Señores de la junta, Abigail —dijo Mónica, deteniéndose junto al maniquí. Su voz tembló un segundo al pronunciar el nombre de su jefa, pero recuperó el tono de inmediato—. Hoy quiero presentarles el futuro de esta casa. Un concepto que he estado desarrollando en mis horas personales, buscando capturar la esencia de la mujer moderna sin perder la tradición de la alta costura.
Abigail no parpadeó. Sintió una punzada de náusea al escuchar las palabras "horas personales". Sabía exactamente lo que había debajo de esa tela.
Con un movimiento teatral, Mónica retiró el terciopelo. La sala soltó un suspiro colectivo de asombro. Era el vestido "Lirio de Medianoche". Un diseño de seda color azabache con un drapeado asimétrico que desafiaba la gravedad, adornado con una técnica de bordado en hilo de plata que Abigail había perfeccionado en secreto durante los últimos dos años en su taller privado.
Era una copia exacta. Hasta el último pliegue en la cadera, hasta la forma en que el cuello caía como una caricia sobre el hombro.
—Lo he llamado "El Renacer" —continuó Mónica, con los ojos brillando de ambición—. Es una pieza que combina la estructura arquitectónica con la fluidez del agua.
Julián fue el primero en aplaudir, un aplauso lento y sonoro que llenó la sala.
—Brillante, Mónica. Simplemente brillante —dijo él, mirando a los directivos—. Esto es lo que necesitamos para la expansión internacional. Un aire fresco, una nueva firma.
En ese momento, el corazón de Abigail debería haber estado latiendo desbocado. Debería haber sentido la sangre hervir. Pero lo que experimentó fue algo mucho más peligroso: una frialdad absoluta. Era el sentimiento de un cazador que ve a su presa caminar directamente hacia la red.
Observó a Mónica. La joven asistente buscaba la aprobación de la junta, bañándose en los elogios de personas que no sabían distinguir un dobladillo invisible de una costura industrial.
Mónica evitaba mirar a Abigail, pero su lenguaje corporal la delataba; sus dedos jugaban nerviosos con el dobladillo de su propia chaqueta.
Abigail bajó la mirada a su cuaderno de notas. Allí, en la página que Julián y Mónica creían haber destruido semanas atrás, estaban las fechas originales de creación, los bocetos de la estructura interna y, lo más importante, el defecto de diseño que ella había introducido a propósito en los archivos digitales que Thorne le había permitido "robar".
—¿Qué opinas, Abigail? —preguntó uno de los inversores principales, un hombre mayor llamado Sr. Henderson que siempre había confiado en el instinto de ella—. Es un trabajo excepcional, incluso para los estándares de esta casa. ¿No crees que Mónica ha superado todas las expectativas?
Abigail levantó la vista lentamente. El silencio en la sala se volvió denso, casi sólido. Mónica finalmente la miró, y por un segundo, el pánico cruzó sus ojos. Abigail sostuvo la mirada, dejando que el silencio se prolongara un segundo más de lo cómodo.
—Es... familiar —dijo Abigail con una voz suave, casi melodiosa—. Es un diseño que destila ambición, de eso no hay duda. Mónica, has capturado cada detalle de lo que discutimos sobre la "nueva dirección" de la marca.
Julián sonrió, creyendo que Abigail se estaba rindiendo, que el golpe emocional la había dejado sin palabras para defenderse.
—Me alegra que reconozcas el talento cuando lo tienes delante, Abby —intervino Julián, con un tono condescendiente que quemaba—. Mónica ha demostrado que está lista para liderar la línea de diseño principal en la sucursal de París.
Abigail asintió, fingiendo una derrota digna. Pero su mente estaba repasando la estructura del vestido expuesto. Ella sabía algo que Mónica ignoraba: para que ese drapeado se mantuviera firme en una pasarela real, se necesitaba un contrafuerte de polímero que ella no había incluido en los planos digitales robados. Sin ese refuerzo, en menos de veinte minutos de uso, la seda cedería y el vestido se desmoronaría sobre el cuerpo de la modelo.
Era un diseño diseñado para fallar. Una metáfora perfecta de la lealtad de Mónica.
—Si la junta está de acuerdo —dijo Abigail, levantándose con una elegancia que hizo que Mónica pareciera una aficionada—, creo que deberíamos proceder con el registro de propiedad intelectual a nombre de Mónica de inmediato. No querríamos que una pieza tan "original" fuera plagiada por la competencia, ¿verdad?
Mónica palideció levemente ante la palabra "plagio", pero asintió con entusiasmo. La avaricia era más fuerte que su rremordimiento
Al finalizar la reunión, mientras los directivos rodeaban a Mónica para felicitarla, Julián se acercó a Abigail en un rincón de la sala.
—No te lo tomes como algo personal, Abby —le susurró al oído, con un aliento que olía a victoria y café—. El mundo de la moda evoluciona. Quizás es hora de que descanses un poco y dejes que la sangre joven tome el mando.
Abigail lo miró, notando por primera vez lo mediocres que eran sus rasgos cuando se les quitaba la máscara de esposo devoto.
—Tienes razón, Julián —respondió ella con una calma que lo desconcertó por un instante—. La evolución es necesaria. Y lo que está por venir... bueno, nadie lo verá llegar.
Abigail abandonó la sala de juntas sin mirar atrás. Caminó por el pasillo de la empresa, viendo cómo sus empleados la miraban con una mezcla de lástima y confusión. Todos sabían que ese diseño era "muy Abigail", pero nadie se atrevía a cuestionar la versión oficial mientras Julián tuviera el poder.
Al llegar a su despacho, cerró la puerta con llave. No lloró. No hubo espacio para las lágrimas. Se acercó a su escritorio y abrió su computadora.
Elías Thorne le había enviado un nuevo paquete de datos: el contrato de venta con la firma francesa L'Eclat ya tenía fecha de firma. Mónica y Julián pensaban usar el éxito de ese diseño robado como su carta de presentación final.
Abigail se sentó en su silla de cuero, observando la ciudad a través del ventanal. Se sentía extrañamente ligera. La traición profesional de Mónica no era el final de su carrera; era la prueba de cargo que necesitaba para destruirlos legal y socialmente.
—Disfruta tus aplausos, Mónica —susurró para sí misma—. Porque el eco de ese vestido rompiéndose va a ser lo último que escuches en esta industria.
Ella ya no ve a Mónica como una amiga, sino como un objeto de estudio, lo que le permite observar el robo sin quebrarse.
Julián y Mónica están tan nublados por el éxito inmediato que no sospechan por qué Abigail no ha peleado por el diseño.