Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.
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Capitulo 13
Kael, al salir, se dio cuenta de que el palacio no era más que ruinas. Pero no desistió. Lo único que encontró en el desierto fueron columnas quebradas, muros derruidos y arenas que habían tragado todo rastro de vida. Nada se parecía a lo que recordaba.
Cabalgó hasta perderse en la vastedad del horizonte, montando el caballo que había robado a esos dos insensatos que se atrevieron a llegar hasta su celda. Pero en cierto punto, su cuerpo ya no pudo sostener la furia que lo movía. Descendió de un salto, y apenas sus botas tocaron la arena, cayó de rodillas. Sentía como si cadenas invisibles lo atenazaran, como si la fuerza que siempre lo había distinguido se drenara de golpe.
—¿Qué está pasando? —gruñó, furioso, con el pecho ardiendo.
En ese instante, la serpiente que reposaba en su hombro se deslizó hasta el suelo. Su cuerpo comenzó a retorcerse y alargarse, hasta que, envuelta en un destello rojizo, tomó forma humana. Ante Kael apareció una mujer de porte majestuoso y peligroso: su piel era nívea, contrastando con la armadura de un rojo ardiente que parecía forjada en el mismo fuego del infierno. De su cabeza emergían cuernos oscuros, como coronas retorcidas que proclamaban poder, y detrás de ella se agitaban fajas de energía incandescente que parecían llamas danzantes. Sus labios pintados de carmesí se curvaron en una sonrisa llena de burla, y sus ojos brillaron como brasas, observándolo con descarada superioridad.
—Aery no solo te encerró —dijo la mujer, su voz tan dulce como venenosa—. Lo huelo y lo siento en tus huesos… también te ató. Te convirtió en menos que un demonio, en un simple esclavo.
Kael rugió, sintiendo la humillación calar hasta su sangre.
—¿De qué hablas?
Ella caminó alrededor suyo con gracia felina, su armadura brillando como un sol maldito.
—Además de necesitar una virgen para liberarte, esa misma se convertiría en tu ama. Si quieres seguir teniendo la fuerza demoníaca que robaste, deberás permanecer junto a ella. —Se inclinó un poco, sus ojos chispeando de malicia—. Ahora eres su esclavo.
Kael la miró con odio puro, los puños tensos hasta crujir.
—Primero debo vengarme.
La mujer soltó una carcajada fría, tan cortante como el silbido de una espada.
—¿Acaso no lo ves, o eres estúpido? Todo esto… —señaló las ruinas alrededor— ya no es lo que era. Eso solo puede significar una cosa: llevamos encerrados siglos.
—¡Maldita sea! —rugió Kael, golpeando la arena con tanta fuerza que las partículas se alzaron como un pequeño torbellino rojo bajo la luz del crepúsculo. Su pecho ardía de rabia y frustración, mientras sus ojos dorados destellaban como brasas a punto de estallar.
Isolde lo contemplaba con una sonrisa ladeada, sin mostrar compasión alguna. Su silueta, envuelta en la armadura carmesí que parecía hecha de fuego sólido, proyectaba una sombra imponente sobre la arena.
—Isolde —gruñó él, apretando la mandíbula—. Ve y averigua dónde está esa mujer… Maldita Aery.
La mujer arqueó una ceja, disfrutando cada palabra de su desesperación.
—Claro, iré a buscar a tu nueva ama —respondió con veneno en la voz, enfatizando la palabra “ama” como un puñal directo a su orgullo.
Los ojos de Kael se encendieron con furia.
—Esto es un mal momentáneo —escupió—. Buscaré la manera de liberarme de estas ataduras. Muy pronto.
Isolde inclinó la cabeza, como si meditara sus palabras, y luego sonrió con un dejo de burla.
—Supongo que, entonces, tu venganza deja de ser una prioridad.
Kael la fulminó con la mirada, un rugido contenido en su garganta.
—No lo entiendas mal. Mi venganza sigue en pie.
La mujer soltó una risa, clara y cruel, que retumbó entre las dunas como un eco siniestro.
—La verdad, Kael, es que sería lo mejor para ti. Quizá al fin empieces a vivir… y dejes atrás ese maldito orgullo herido y ese odio que cargas como cadenas.
Sin esperar respuesta, Isolde se giró con gracia, y su cuerpo comenzó a retorcerse y encogerse, hasta convertirse nuevamente en la serpiente de escamas doradas y ojos rojos. Con un siseo profundo, se deslizó por la arena, hundiéndose en ella como si el desierto mismo la devorara.
Kael permaneció de pie, con los puños tensos, observando cómo desaparecía. Sabía bien hacia dónde iba: en busca de la virgen que lo había liberado. En busca de Iris.
(Isolde)
me tienes con los ojos llorosos luego de leer este extra 😭😭😭
Al menos en otro plano, pudieron ser felices 😭😭.