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ROJO PELIGRO

ROJO PELIGRO

Status: En proceso
Genre:Acción / Amor prohibido / Mafia
Popularitas:20.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8

Al día siguiente Alejandro todavía con la sensación de esa noche, Ela hablando de esa manera, como si algo pudiera pasar para separarlos, el no lo permitiría. Toma su teléfono y llama a su hombre de confianza.

—Marco, me tienes lo que te pedí?

—Señor, estoy muy adelantado en la investigación, en unos días le tendré todo lo que necesita.

Responde y cuelga.

Marcos no es tonto. Lleva días investigando a la misteriosa mujer de Alejandro. Algo en ella no encaja. Su rostro es demasiado perfecto, su historia demasiado limpia, su pasado demasiado inexistente.

Entonces encuentra algo. Una fotografía en un archivo policial filtrado. Una agente del FBI, la más joven en lograr quince capturas de alto perfil. Cabello rojo, piel blanca, ojos verdes. La misma mujer que ahora comparte la cama de Alejandro Moretti. Marcos sonríe. Esto es mejor de lo que imaginaba.

Alejandro está en su despacho cuando Marcos entra sin llamar. Una mirada a su cara le dice que algo grave ocurre.

—¿Qué pasa?

Marcos arroja una carpeta sobre el escritorio.

—Lo que me pidió, Tu novia. La dulce Ela. La diseñadora gráfica.

 Su voz está llena de veneno.

— Mírala bien.

Alejandro abre la carpeta. La primera página es un informe del FBI. La fotografía de Scarlett ocupa la esquina superior. Scarlett O'Connor, Agente Especial. 25 años. 15 capturas de alto perfil. Especialista en infiltración.

El mundo se detiene. Alejandro lee las palabras una y otra vez, esperando que cambien, que sea un error, una pesadilla. Pero no cambian.

Scarlett O'Connor. Agente del FBI. Su Ela. La mujer que lo miró a los ojos mientras lo besaba. La mujer que dijo te quiero con la voz rota. La mujer que duerme en sus brazos cada noche.

—Es una mentira. Todo es una mentira. ¿Dónde está ahora?

pregunta con voz hueca.

—En tu casa. Esperándote.

Marcos se inclina.

— Déjame encargarme. Una bala y se acabó.

—No.

—¿Cómo que no? ¡Es una federal!

—He dicho que no.

 Alejandro se levanta, y hay algo en sus ojos que hace retroceder a Marcos.

— Nadie la toca. Nadie. ¿Entendido?

—Estás loco. Estás completamente loco.

—Sal de mi oficina.

Marcos obedece, pero en la puerta se detiene.

—Esto va a terminar mal, Alejandro. Y cuando pase, no digas que no te lo advertí.

El viaje a casa es un infierno. Alejandro conduce como un poseso, las manos blancas de apretar el volante. Mil pensamientos chocan en su cabeza. Mil recuerdos.

Te quiero, dijo ella.

Soy tuya, dijo ella.

Devórame, dijo ella.

Y mientras tanto, reportaba cada movimiento al FBI. Cada palabra, cada caricia, cada confesión hecha en la intimidad.

¿O no?

Algo en su interior se resiste a creerlo del todo. La forma en que lo miraba. La forma en que temblaba en sus brazos. Eso no puede ser actuación. Eso no puede ser mentira.

Pero los papeles están ahí. Las pruebas están ahí. Scarlett O'Connor, agente del FBI.

Cuando llega a la mansión, Scarlett está en la cocina. Prepara café, tarareando una canción. Lleva una de sus camisas, demasiado grande para ella, y su cabello rojo cae suelto sobre sus espalda.

Parece tan real. Tan auténtica. Tan suya. Ella se gira al oírlo entrar y sonríe.

—Llegas temprano. ¿Todo bien?

Alejandro no responde. Solo la mira, buscando en su rostro las señales de la mentira.

—¿Alejandro?

—Scarlett.

El nombre cae entre ellos como una bomba.

Ella se queda inmóvil. Su rostro palidece, todo el color desaparece de sus mejillas.

—¿Qué has dicho?

—Scarlett O'Connor. Agente especial del FBI. Veinticinco años. Quince capturas. Especialista en infiltración.

 Cada palabra es un puñal.

— ¿he dejado algo?

Ella no responde. No puede. Las piernas le flaquean y tiene que agarrarse a la encimera para no caer.

—Ale, yo...

—No.

Él levanta una mano.

— No me llames así. No me llames como me llamabas cuando fingías quererme.

—No fingía.

—¡No me mientas!

El grito retumba en la cocina. Alejandro nunca le había gritado.

— ¡Llevas semanas mintiéndome, Cada palabra, cada caricia, cada maldita noche!

—No todo fue mentira

susurra ella, con la voz rota.

— La misión lo era, pero lo nuestro...

—¿Lo nuestro?

ríe amargamente.

—no hay nada nuestro. Nunca lo hubo.

—Sí lo hubo.

Scarlett da un paso hacia él, las lágrimas rodando ya por sus mejillas.

— Puedes odiarme por lo que hice, pero no me digas que lo que sentimos no fue real. No me digas que no sentiste lo mismo que yo.

Alejandro la mira y odia que aún pueda hacerle daño. Odiaría poder dudar.

—¿Por qué?

pregunta, y su voz ya no es ira, sino dolor

— ¿Por qué no pudiste ser real, Por qué tuviste que ser tú?

—no elegí enamorarme de ti.

 Scarlett llora abiertamente ahora.

— Porque vine a destruirte y terminaste destruyéndome a mí. Porque te quiero, Alejandro. Te quiero y eso es lo peor que me ha pasado nunca.

—No me digas eso.

—Es verdad.

—¡No me digas eso!

Él golpea la encimera con el puño, haciendo saltar las tazas.

— ¡No tienes derecho a decirme eso después de lo que has hecho!

Scarlett se acerca a él lentamente, como quien se acerca a una fiera herida.

—Mátame.

Alejandro la mira, confundido.

—¿Qué?

—Mátame. Si crees que todo fue mentira, si crees que no te quiero, mátame ahora.

 Levanta la barbilla, ofreciéndole el cuello.

— Una bala. Un golpe. Lo que quieras. Prefiero morir a que me mires así.

—No digas tonterías.

—No son tonterías.

Sus ojos verdes brillan.

—Lo único cierto en mi vida eres tú. Y si tú me odias, ya no me queda nada.

Alejandro la mira largamente. Quiere odiarla. Quiere matarla. Quiere olvidar que existió.

Pero cuando ella está frente a él, llorando, ofreciéndole su vida, lo único que puede hacer es abrazarla.

La estrecha contra su pecho con una fuerza desesperada.

—Te odio

susurra.

— Te odio tanto que me...

—Lo sé.

—¿Por qué tuviste que ser tú?

—No lo sé.

—¿Era todo mentira, El besarnos, el...?

—No.

Ella levanta la cabeza, mirándolo.

— Eso nunca. Lo que siento por ti es lo único real que tengo.

Alejandro la besa.

Es un beso diferente a todos los anteriores. No es tierno ni apasionado. Es desesperado. Es un beso de perdón y de condena al mismo tiempo. Un beso que dice te odio pero no puedo dejarte ir.

Scarlett responde con la misma desesperación, aferrándose a él como si fuera a desaparecer.

Cuando se separan ella, sigue llorando.

—¿Y ahora qué hacemos?

pregunta ella.

Alejandro apoya su frente contra la de ella.

—Ahora decides tú. ¿Qué quieres?

—Quiero quedarme.

—¿Dejar el FBI?

Scarlett duda un instante. Solo un instante. Luego asiente.

—Sí.

—¿Y ellos, Te dejarán ir?

—No lo sé. Pero lo intentaré.

Alejandro la abraza de nuevo.

—No sé si puedo confiar en ti.

—Lo sé. Y voy a pasar el resto de mi vida demostrándote que puedes.

Él sonríe, una sonrisa triste.

—Eso es mucho tiempo.

—Espero que sí.

Pero mientras se abrazan en la cocina iluminada por la tenue luz del atardecer, ninguno de los dos ve el coche estacionado al otro lado de la calle. Ninguno de los dos ve a Marcos observando con binoculares, hablando por teléfono.

—Sí

dice Marcos.

—Ella está aquí. Y Alejandro acaba de descubrirlo.

Pausa.

— No, no la mató. Están juntos ahora mismo.

Otra pausa.

— Sí, entiendo. Me encargaré personalmente.

Cuelga y sonríe.

—Qué lástima, Alejandro. Debió matarla cuando tuvo oportunidad. Ahora tendré que hacerlo yo.

Esa noche, Scarlett y Alejandro hacen el amor de una forma diferente.

No es la pasión desenfrenada de otras veces. Es algo más profundo, más lento, más íntimo. Como si cada caricia fuera una disculpa, cada beso una promesa, cada movimiento una declaración de guerra contra el mundo que quiere separarlos.

Alejandro la recorre con sus manos, con sus labios, con su mirada. Scarlett se deja hacer, ofreciéndose completamente, sin reservas.

—Nunca había amado a nadie

susurra él.

—Tú eres la primera. Tú eres la única.

—Y la última

responde ella.

— Para siempre.

Cuando él entra en ella, ambos gimen al unísono. Scarlett lo envuelve con sus piernas, aferrándose a sus hombros, a su cuello, a su vida.

—No me dejes

pide.

—Nunca me dejes.

—Nunca. Te lo juro.

El ritmo se acelera, las respiraciones se entrecortan, los gemidos se vuelven gritos ahogados. Scarlett siente que se rompe en mil pedazos, que la liberación la desgarra y la reconstruye al mismo tiempo. Alejandro la sigue un segundo después, enterrando su rostro en su cuello, temblando sobre ella.

Cuando terminan, quedan enredados, sudorosos, vivos.

—Pase lo que pase

 dice Alejandro.

— quiero que sepas que fuiste lo mejor de mi vida.

—¿Por qué hablas como si fuera a pasar algo?

Él no responde.

Pero Scarlett siente un escalofrío recorrer su espalda.

Algo se acerca.

Algo malo.

Y ninguno de los dos está preparado.

1
Mariana Mujica
otro enemigo ese mundo es asi
Mariana Mujica
re calientes estos dos🤭
Mariana Mujica
nooo me gustan sus nombres
Alma Guentes
no vaya es una trampa quizás quien es
Alma Guentes
será? esas mafias siempre buscan el líder consanguineo
Anyeli Sinraiza
el final de un legado, ahora a ver que pasa con todo y que hará alejando
Anyeli Sinraiza
👏👏 capitulazo
Osmairy Perea
el final de un hombre cruel y de l peor manera frente a su hijo, malo hasta el fin
Osmairy Perea
ser nuevo tampoco es correcto viejo malvado
Osmairy Perea
ojalá lo agarren ahora siii y deje de molestarlos
Daniela Camejo
viejo desgraciado hasta el último minuto dañando al hijo
Daniela Camejo
tu mamá murió por la verdad 👏
María Mogollon
ojalá y ya acaben voy el
María Mogollon
no será fácil destruirlo pero van a poder
Lucí Chacon
ese padre de alejando es un desgraciadoooo ojalá se pudra
Ivonne Valdez
bingoooo aquí esta el que pueden usar para undirlo
Ivonne Valdez
ese es un mafioso debe de tener más de una víctima por ahi
Nora Nirgua
ese viejo no va a desde molestar hasta que lo maten
Lore Mora
moverte moverte que la otra está allá dándolo todo
Lore Mora
nada será fácil entre estos dos y menos con todas en contra
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