Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.
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Capítulo 12
Capítulo 12
¡Mi ex anunció que vuelve a casarse!
Valeria le hizo una señal a Tomás.
Él fue a abrir.
—¡Señorita Duarte!
Rafael González, el subdirector que había cometido tantas faltas el día anterior, entró tan deprisa que Tomás no pudo detenerlo.
Valeria endureció la mirada.
—Señor González, ¿qué sigue haciendo aquí? Su salida ya está aprobada. Puede buscar otro trabajo.
—¡No puede hacerme esto! ¡He trabajado casi veinte años en este hotel!
Tenía la cara roja y sudaba sin parar.
—Le entregué mi vida. Hasta me enfermé de tanto trabajar. Ni su padre me habría despedido así. ¡¿Cómo puede hacerlo usted?!
Valeria sonrió con frialdad.
—Revisé los expedientes de los directivos. Es verdad que está enfermo: hígado graso y pólipos en la vesícula. Parece que este hotel le ha dado bastante para vivir bien.
González captó la insinuación y empezó a temblar.
—Yo no sabía que Élite nos vendía productos de mala calidad. Llevamos tres años trabajando con ellos. El precio era razonable y la marca tiene prestigio en Santa Aurelia, por eso…
Valeria arrojó una carpeta a sus pies.
—Aquí están todas las operaciones del hotel con Élite de los últimos tres años. Usted supervisaba Finanzas. ¿No vio las irregularidades de estos informes?
González recogió los papeles y los hojeó con manos temblorosas.
—Además, recibí una denuncia anónima.
Valeria tomó su café sin prisa.
—Lo acusan de cobrar comisiones a cambio de comprar grandes cantidades de productos baratos y pagarlos como si fueran de primera calidad.
A González le castañetearon los dientes.
—No despido a nadie sin pruebas. Pero cuando las tengo, tampoco miro hacia otro lado. Si no está de acuerdo, podemos resolverlo por la vía legal.
—¡Me equivoqué! ¡Fue una estupidez! Por favor, no me cierre todas las puertas. Si esto se sabe, no voy a poder trabajar en ninguna parte.
Estuvo a punto de arrodillarse.
—Ellos me buscaron. Dijeron que podía ganar dinero. ¡Todo fue idea del señor Rivas! Pensé que los colchones eran más o menos iguales… No imaginé…
Valeria casi se rio.
Veinte años en la industria hotelera y ahora pretendía hacerse pasar por un ingenuo.
—Usted sabe perfectamente lo que hizo. En lugar de perder el tiempo aquí, vaya a mandar solicitudes de trabajo. Tomás, acompáñelo a la salida.
González se marchó con el rostro gris.
En cuanto quedó fuera de la oficina, cambió de expresión y escupió con rabia.
—Maldita mocosa. Esto no se va a quedar así.
A Valeria le molestaba que aquel hotel estuviera lleno de gente que se enriquecía sin hacer su trabajo.
Tomás, en cambio, parecía encantado con lo que acababa de ver.
—Debe de tener muy mala fama. Apenas usted decidió actuar, alguien se animó a denunciarlo.
—Nadie lo denunció.
—¿Qué? ¿Estaba… engañándolo?
—Sí.
Valeria abrió su juego, dispuesta a descargar la rabia persiguiendo rivales.
—Si no hubiera hecho nada malo, no habría tenido miedo. Lo presioné un poco y confesó todo.
Tomás empezó a aplaudir.
—¡Impresionante! Tres años cobrando comisiones… Deberíamos denunciarlo y obligarlo a devolver hasta el último peso.
—Prefiero dejarle una salida. Si lo aplasto, los otros directivos podrían empezar a atacarme a escondidas. Además, lo ascendió mi padre. No quiero humillarlo a él.
Mientras hablaba, su personaje corría detrás de alguien con un hacha enorme.
—Vigilen a González. Si vuelve a contactar al hermano de Emilia Rivas, avísame enseguida.
—Sí, señorita.
El teléfono de Valeria empezó a sonar sin descanso.
—Tomás, mira quién escribe. Ahora no puedo.
Él se acercó y revisó la pantalla.
—Es el grupo «Duarte: secretos de familia». Sus hermanos mandaron mensajes.
Nicolás había creado aquel grupo con Valeria y sus cuatro hermanos de padre y madre. Su finalidad era simple: mantener en secreto el matrimonio con Alejandro.
Valeria dejó el juego y recuperó el teléfono de inmediato.
Tomás todavía no sabía que se había casado ni que estaba separándose. Cuanta menos gente lo supiera, menor era el riesgo de que se enterara Arturo.
Nicolás: «¡Maldita sea! Ya no lo soporto. Alejandro quiere destruirte. ¡Se pasó de la raya!»
Tercer hermano: «Voy a investigar al Grupo Montenegro. Con suerte, lo llevo a la quiebra en un mes.»
Cuarto hermano: «Dame una semana y lo dejo sin poder usar las manos ni los pies.»
Mateo: «Amén.»
Valeria: «¡Paren! ¿Qué pasó?»
Nicolás envió un enlace a una publicación en redes.
Nicolás: «El descarado anunció que se casa. Y hay cuentas diciendo que tú eras la amante. Que lo separaste de Emilia y lo obligaste a aceptar el matrimonio cuando ya no tenía cómo echarse atrás. ¡Ahora resulta que tú impediste que esos dos enamorados estuvieran juntos!»
Cuarto hermano: «¿Separados? Puedo hacer que se separen para siempre.»
Mateo: «No dejes que quienes hacen el mal te llenen de rabia. Su poder dura poco, como la hierba que se corta y se seca.»
Mateo: «Aparta la ira. No permitas que el enojo te lleve a hacer daño.»
Nicolás: «Mateo, ya basta. Sigue así y nos van a salir aureolas.»
Cuarto hermano: «Vale, en media hora puedo borrar todas las noticias contra ti y sacar la boda de las tendencias.»
Valeria: «No lo hagas.»
Valeria: «Deja que hagan todo el ruido que quieran.»
Nicolás respondió con un gesto de absoluta confusión.
Valeria: «Esto no tiene nada que ver conmigo. La exesposa de Alejandro se llama Clara Blanco. Yo soy Valeria Duarte.»
Nicolás: «¡Es verdad! Nunca apareciste con él en público. Nadie te vio durante esos tres años. No van a encontrarte ni podrán relacionarte con esta historia.»
Valeria: «Pero cierta mujer va a tener un buen dolor de cabeza.»
Sonrió con frialdad.
Alejandro podía quedarse con el amor de su vida. Ella no iba a impedírselo.
Pero si Emilia pretendía culparla de todo, tendría que aceptar las consecuencias.
* * *
La noticia tomó al Grupo Montenegro por sorpresa.
Los teléfonos de Relaciones Públicas y el de Andrés no dejaban de sonar. Los medios de Santa Aurelia y del resto del país querían respuestas.
Primera sorpresa: Alejandro Montenegro iba a casarse.
Segunda sorpresa: ¡ya había estado casado!
La gente apenas se enteraba de que había tenido una esposa cuando el matrimonio ya había terminado. ¿Cómo podía haber pasado todo tan deprisa?
—El Diario de Santa Aurelia publicó la noticia primero —informó Andrés—. Dicen que Emilia fue personalmente a ver al director del periódico.
No apartaba la vista del teléfono.
—Ya la compartieron más de un millón de veces. Pero la tendencia principal es «¿Quién es la exesposa de Alejandro Montenegro?». Están insultando a la señora por todas partes.
—Despídelos.
El rostro de Alejandro estaba helado.
El Grupo Montenegro tenía el control del periódico. En Santa Aurelia, aquel medio solía actuar como su portavoz.
—¿A quiénes, señor?
—A todos los que participaron en publicar eso.
—Sí, señor. Pero los comentarios en internet… Ya no sé si podremos controlarlos.
Andrés frunció el ceño.
—Si la señora los ve, debe de estar sufriendo mucho.
Alejandro tomó el teléfono y buscó el número de Mateo.
Maldita sea. Ya se estaba acostumbrando a llamarlo. Cualquiera que lo viera pensaría que estaba enamorado de él.
Antes de que decidiera qué hacer, apareció el nombre de Emilia en la pantalla.
Alejandro frunció el ceño. Algo le pesó en el pecho.