Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
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Capítulo 20: ¡¿Qué hacen ustedes dos?!
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POV: Elian Montes
Ve, yo no sé en qué momento se me olvidó que estaba viviendo bajo el mismo techo que mi hermano. Lo único que tenía en la cabeza era a Kerly, esa pelada que me tenía enamorado hasta las patas.
Estábamos en mi habitación, acostados en la cama, con el aire acondicionado prendido y las sábanas cubriéndonos. Kerly tenía una mano apoyada en mi pecho mientras yo le acariciaba el cabello.
—Vení, mami, dame un beso —le dije, acercándome a ella.
—Ay, Elian, vos no te cansás, ¿o qué?
—¿Cansarme de vos? ¡Ni por el putas, preciosa!
Ella soltó una carcajada y me dio un beso en los labios. Yo sonreí y volví a besarla, abrazándola por la cintura.
—Te amo, mi reina —le susurré.
—Yo también te amo, mi amor.
Nos quedamos mirándonos unos segundos antes de volver a besarnos. Yo estaba tan concentrado en ella que ni siquiera presté atención a los ruidos que venían del pasillo.
Hasta que escuché una voz.
—¿Elian? ¿Estás ahí?
¡Juepucha!
Reconocí esa voz de inmediato.
Era Gabriel.
Me separé de Kerly de golpe y la miré con los ojos abiertos como platos.
—¡Mierda, mami! ¡Es mi hermano!
Kerly se incorporó rápidamente y se acomodó la ropa mientras yo buscaba cómo reaccionar. No habíamos tenido tiempo ni de pensar en una excusa cuando la puerta de mi habitación se abrió.
Y ahí apareció Gabriel.
—Ve, hermano, te estaba buscando para… —Se quedó callado al vernos en la cama.
Su mirada pasó de mí a Kerly. Después volvió a mirarme, como si su cerebro no pudiera procesar lo que estaba viendo.
—¿Qué carajos…? —murmuró.
Nadie dijo nada durante unos segundos.
Yo sentía el corazón golpeándome el pecho. Kerly estaba sentada a mi lado, pálida, sin saber dónde mirar.
Gabriel dio un paso hacia nosotros.
—¿Kerly?
Ella tragó saliva.
—Gabriel…
—¿Qué hacés acá?
—Yo… puedo explicarte.
Mi hermano soltó una risa nerviosa, de esas que salen cuando uno no puede creer lo que está pasando.
—¿Explicarme qué, pues? ¿Qué hacés en la habitación de mi hermano? ¿Y por qué estaban besándose?
Me levanté de la cama.
—Gabriel, calmate. Hablemos un momentico.
—¡¿QUE ME CALME?! —gritó, mirándome con una rabia que jamás le había visto—. ¡¿Vos me estás diciendo que me calme, Elian?!
—¡No me grités, ome!
—¡¿Y VOS QUÉ QUERÉS QUE HAGA?! ¡ESTOY VIENDO A MI NOVIA BESÁNDOSE CON MI PROPIO HERMANO!
Kerly se levantó de la cama y se acercó a él.
—Gabriel, por favor, escuchame…
—¡No me toqués! —le respondió, apartándose—. ¡Contestame una sola cosa! ¿Desde cuándo?
Ella bajó la cabeza.
Ese silencio fue suficiente para que Gabriel entendiera que aquello no había sucedido por accidente.
—No puede ser… —murmuró, llevándose una mano a la cabeza—. ¡No puede ser que ustedes dos me hayan hecho esto!
Yo sentí una mezcla de culpa y rabia. Quería defenderme, pero no tenía cómo negar lo evidente.
—Gabriel, yo sé que esto está mal…
—¡¿QUE SABÉS QUE ESTÁ MAL?! —me interrumpió—. ¡Sos mi hermano, Elian! ¡Mi hermano, hijueputa!
Me quedé callado.
Por primera vez, no tuve una respuesta grosera que soltarle.
Gabriel miró a Kerly con los ojos brillantes de lágrimas.
—¿Vos me decías que me amabas mientras te metías con él?
—Yo… mis sentimientos cambiaron —respondió ella, con la voz temblorosa—. Iba a terminar con vos. Te lo juro.
—¿Ibas? —repitió él—. ¿Y mientras tanto venías a la casa a besarte con él?
Kerly empezó a llorar.
—Perdoname, Gabriel.
Mi hermano negó lentamente con la cabeza y después me miró.
—Y vos… vos sabías que ella era mi novia.
Respiré hondo.
—Sí.
Gabriel cerró los ojos un instante, como si mi respuesta le hubiera dolido más que cualquier insulto.
—Toda la vida compitiendo conmigo por cualquier estupidez, Elian. ¿Y ahora también tenías que quitarme a la mujer que amo?
—¡Yo no te la quité! —respondí, alzando la voz—. Ella también tomó sus decisiones. Yo no voy a fingir que no la amo, porque sí, estoy enamorado de ella.
Gabriel me miró como si acabara de desconocerme.
—Entonces, desde hoy, no me hablés de amor ni de familia.
Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se volvió una última vez.
—Papá se va a enterar de esto. Y cuando se entere, quiero ver cómo vas a justificar lo que hiciste.
La puerta se cerró de golpe.
Kerly se cubrió la cara con las manos mientras lloraba.
Yo me quedé inmóvil, mirando la puerta por la que acababa de salir mi hermano.
La verdad había salido a la luz.
Y aunque durante meses había deseado poder estar con Kerly sin esconderme, jamás imaginé que el precio sería ver a Gabriel mirarme como si yo fuera un desconocido.
Lo peor no era que nos hubiera descubierto. Lo peor era que acababa de perder a mi hermano, y ni siquiera sabía si algún día podría recuperarlo.
Continuará…