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Mi Querida Enemiga!

Mi Querida Enemiga!

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Atracción entre enemigos
Popularitas:542
Nilai: 5
nombre de autor: RealtiveRat

Un listón morado. Un brazalete rojo. Y una regla que ninguno debe romper.

​En la prestigiosa Academia Élite Amagi, la guerra entre chicos y chicas no es un juego: se dividen en pabellones opuestos, compiten por cada rincón del campus y nadie se atreve a cruzar "La Línea Roja".

​Al frente de esta rivalidad están Aoi Kisaragi, la implacable y elegante presidenta de las chicas, y Ren Kageyama, el imponente y serio líder de los chicos. Para todos en el colegio, son rivales acérrimos que no se pueden ni ver.

​Pero detrás de su mirada fría y su postura inquebrantable, Ren guarda el secreto más peligroso de la academia: lleva más de un año perdidamente enamorado de Aoi.

​¿Qué pasará cuando un encuentro fortuito a solas amenace con sacar a la luz su secreto? En un internado donde amar al enemigo es una traición, mantener las apariencias será su batalla más difícil.

NovelToon tiene autorización de RealtiveRat para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Casting del Caos

El auditorio principal de la Academia Élite Amagi olía a madera vieja, cartón recién cortado y una peligrosa cantidad de cafeína. Sobre el escenario, el gran telón de terciopelo rojo estaba parcialmente abierto, iluminado por los reflectores centrales que lanzaban un haz de luz polvoriento.

Aoi Kisaragi estaba de pie frente a una mesa de madera, sosteniendo el libreto oficial con una mano mientras se masajeaba el puente de la nariz con la otra. Su impecable uniforme verde y su listón morado lucían perfectos, a diferencia de su paciencia, que estaba a punto de estallar.

—Muy bien, escuchen todos —dijo Aoi con voz firme, mirando al grupo de alumnos sentados en las butacas—. La obra clásica requiere seriedad, dicción perfecta y respeto por el texto original de Shakespeare adaptado al drama estudiantil. Los papeles principales se decidirán hoy mediante una audición estricta. Nada de improvisaciones absurdas.

En la primera fila, el bando de los chicos estaba sentado en estado de éxtasis total. Kenji Sato llevaba puestos unos guantes de boxeo de utilería y una diadema con orejas de elfo de plástico, mientras Daichi Matsuda ajustaba sus anteojos sosteniendo un manual de RPG como si fuera la biblia.

—¡Entendido, Presidenta! ¡Estoy listo para interpretar al héroe trágico que vence al jefe final con la fuerza del amor y un combo de tres golpes! —gritó Kenji levantando el puño con entusiasmo desbordante.

Aoi sintió que una vena se le marcaba en la frente.

—Tú vas a interpretar a un aldeano secundario que muere en el primer acto, Kenji. Y bájate de esa silla —respondió Aoi con voz gélida.

Detrás de la mesa del jurado, Ren Kageyama estaba sentado con los brazos cruzados y la chaqueta abierta, luciendo su brazalete rojo. Aunque intentaba mantener su fachada de líder indiferente, por dentro sus ojos marrones brillaban con la emoción de un niño pequeño en una juguetería.

(Quiero hacer la escena donde desenvaino la espada láser... digo, la espada de utilería frente a ella), pensó Ren, conteniéndose las ganas de sonreír como un tonto. (Pero tengo que verme intimidante o Kisaragi pensará que no me tomo esto en serio).

—Comencemos con las lecturas de prueba —anunció Ren con voz profunda, carraspeando para llamar la atención—. Que pasen al escenario el primer par de aspirantes para la escena del balcón romántico.

Los primeros en subir fueron un chico del Pabellón Negro y una chica del Pabellón Blanco. El chico, metido tanto en su papel de guerrero galáctico, comenzó a recitar sus líneas de Shakespeare con voz de locutor de anime de acción, haciendo poses de artes marciales mientras la chica lo miraba con una expresión de profunda lágrima y vergüenza ajena.

Aoi anotaba calificaciones con fuerza asesina en su libreto, tachando renglón tras renglón.

—Inaceptable... demasiada testosterona pixelada, cero romance clásico —murmuraba Aoi para sí misma, con el rostro sombrío.

—Yo creo que tuvo dinamismo, Kisaragi —opinó Ren inclinándose hacia adelante con una sonrisa de burla ligera—. Le faltó un poco de efectos de sonido con la boca, pero el espíritu combativo estuvo presente.

Aoi se giró para fulminarlo con la mirada.

—Si vuelves a sugerir efectos de sonido en una obra de literatura universal, Kageyama, te juro que te haré limpiar los baños del internado durante todo el trimestre.

Antes de que Ren pudiera responder con otra broma para sacarla de quicio, Kenji decidió que era su momento de brillar. Sin que nadie lo llamara, saltó al escenario corriendo con una espada de cartón pintada con aerosol plateado, tropezando con los cables de los reflectores.

—¡¡¡AHORA ES MI TURNO DE DEFENDER A LA REINA DEL PABELLÓN BLANCO!!! —bramó Kenji, agitando el cartón por los aires como un molino de viento.

—¡Kenji, bájate de ahí ahora mismo! —chilló Aoi perdiendo la compostura por completo, poniéndose de pie de un salto de su silla.

Con la prisa y los nervios de intentar detener al imprudente de Kenji antes de que destruyera la escenografía, Aoi dio un paso en falso sobre las tablas mal aseguradas del escenario. Su zapato se resbaló con una hoja de libreto tirada en el suelo y perdió el equilibrio por completo.

—¡Ay, no...! —exclamó Aoi, sintiendo que se iba de espaldas al vacío.

El mundo pareció detenerse en cámara lenta.

Ren, con unos reflejos que ni él sabía que tenía al verla en peligro, se levantó de un solo movimiento de la mesa del jurado, cruzó el espacio del escenario a toda velocidad y estiró los brazos justo a tiempo.

¡Pum!

Aoi cayó directamente contra el pecho de Ren, quien amortiguó el golpe rodeándola firmemente por la cintura con un brazo, mientras con la otra mano sostenía su espalda para evitar que se golpeara contra el suelo de madera.

El auditorio entero quedó en un silencio sepulcral. Nadie respiraba.

Aoi abrió los ojos lentamente, encontrándose a milímetros del rostro de Ren. Podía ver el reflejo de sus propias pupilas en los ojos marrones de él, sentir el calor de su respiración y percibir el perfume varonil mezclado con el aroma a café de la oficina. Estaba atrapada en los brazos de su supuesto "enemigo jurado".

Un rubor carmesí, intenso y violento, le subió desde el cuello hasta las puntas de las orejas en una milésima de segundo.

(¿E-En sus brazos...?! ¿Por qué reaccionó tan rápido para atraparme...?!), pensó Aoi con el corazón latiendo a mil por hora, sintiendo que el pánico y la vergüenza la consumían.

Por su parte, Ren se quedó completamente paralizado. Tener a Aoi tan cerca, con el cabello rubio rozándole la barbilla y el cuerpo de ella presionando contra el suyo, hizo que su cerebro colapsara por completo. Sus mejillas se pusieron tan rojas como su brazalete de líder.

(Huele tan bien... y es tan ligera...), pensó Ren, sintiendo que se desmayaba de la emoción mientras intentaba mantener la compostura. (Si me quedo aquí un siglo entero, nadie podrá culparme, ¿verdad?)

—¡Ejem! —tosió Daichi Matsuda desde la primera fila, ajustándose los anteojos con una sonrisa pícara y rompiendo el trance—. Señor Presidente... la audición técnica ya terminó, pero si desea continuar abrazando a la competencia en el suelo, le recordamos que hay menores de edad presentes.

El comentario de Daichi hizo que la realidad golpeara a ambos como un balde de agua fría.

Aoi se apartó de un empujón torpe y desesperado, saltando hacia atrás con el rostro ardiendo de furia y vergüenza.

—¡I-IDIOTA! —le gritó Aoi con la voz temblorosa, señalándolo con un dedo mientras se arreglaba la falda y el listón morado de forma frenética—. ¡¿Quién te pidió que me atraparas?! ¡P-Pude haberme levantado sola perfectamente!

Ren se levantó del suelo con las manos en los bolsillos, intentando disimular su propio temblor en las piernas y rascándose la nuca con una sonrisa nerviosa y boba.

—Claro, claro... se nota que ibas a caer con mucha elegancia de cabeza contra el piso, Kisaragi —respondió Ren con su tono burlón habitual, aunque por dentro quería cavar un hueco y enterrarse de la pena—. De nada por salvarte la vida, por cierto.

Aoi apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Su corazón seguía martillándole el pecho de una forma extraña y molesta que no lograba comprender.

—¡Terminamos por hoy! —chilló Aoi dándose la media vuelta a toda velocidad y huyendo del escenario hacia los vestidores con la cara hecha un tomate—. ¡No quiero ver a nadie ensayando hasta mañana!

Mientras Aoi se alejaba a pasos apresurados, Kenji se acercó a Ren susurrándole con admiración:

—Jefe... eso fue una maniobra digna del protagonista de un videojuego de romance. ¿Le enseñó la IA del juego a hacer eso?

Ren le dio un suave manotazo en la cabeza a Kenji, con las mejillas aún ardiendo, mientras miraba hacia la puerta por donde había desaparecido Aoi.

(Esto es grave...), pensó Ren con una mezcla de felicidad y terror absoluto. (Cada vez es más difícil mantener la fachada de que la odio).

1
Yarelis Pérez
ya quiero ver más desarrollo romántico entre ren y su enemiga querida
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