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PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo mágico / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Perséfone renació con un único propósito: corregir el error que destruyó su vida anterior. Pero no esperaba que la misma familia que juró protegerla volviera a condenarla.

Una mentira de Afrodita despierta la furia de Apolo, el dios del sol. Ciego de rabia, la golpea hasta dejarla al borde de la muerte, mientras Zeus y Deméter permanecen en silencio.

Cuando Perséfone cree que volverá a morir, alguien detiene el golpe.

Hades.

El temido dios del inframundo desafía a los olímpicos, descubre la mentira y salva a la mujer que todos abandonaron. Herida y desesperada, Perséfone toma una decisión que cambiará su destino: seguirlo voluntariamente al reino de la muerte.

Allí descubrirá que el monstruo que todos temen puede convertirse en su refugio, mientras ella devuelve flores a su oscuridad y vida a su corazón.

Pero Apolo descubrirá demasiado tarde a quién perdió.

Y esta vez, Perséfone no piensa regresar, porque allí encontró el amor que siempre mereció de verdad.

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Los primeros días en la oscuridad

Las puertas de obsidiana se cerraron tras ellos con un sonido profundo y definitivo, dejando atrás la luz dorada que tanto daño le había hecho. Perséfone se quedó de pie un instante, sintiendo el aire fresco y puro del lugar, muy distinto al del Olimpo. Aquí no había calor sofocante, ni brillos cegadores, ni el peso constante de miradas juiciosas. El palacio era inmenso, tallado enteramente en piedra negra que absorbía y devolvía la luz en un brillo tenue y plateado, como si las paredes mismas respiraran. No había ventanas, pero no faltaba claridad: una luz suave, eterna, sin sol ni luna, bañaba cada rincón, lo suficiente para ver, lo bastante suave para descansar la vista.

—Ven —dijo Hades, rompiendo el silencio con voz baja, sin autoridad, solo con una invitación—. Te llevaré a tus aposentos. Nadie entrará sin tu permiso. Aquí eres libre de ir y venir donde quieras. Nadie te vigilará. Nadie te exigirá nada.

Caminaron por pasillos amplios y silenciosos, donde el suelo estaba cubierto de un musgo oscuro y suave que amortiguaba los pasos, haciendo que apenas se escuchara su avance. En las paredes, relieves antiguos contaban historias de mundos que ya no existían, pero no había estatuas de dioses ni retratos de orgullo. Solo formas de ríos, de árboles antiguos, de sombras que bailaban. Perséfone miraba todo con curiosidad, sintiendo cómo el dolor de sus heridas se hacía notar de nuevo, un ardor sordo que recorría su cuerpo con cada paso.

Hades la condujo hasta una puerta de madera oscura, sin adornos, que se abrió sola al acercarse él. La habitación que había tras ella era amplia, con un lecho grande cubierto de mantas suaves de tonos morados y grises, una mesa de piedra junto a una ventana que daba hacia un jardín subterráneo, y un brasero que ardía con una llama azul que no consumía humo. En el centro de la mesa había agua fresca, frutas que brillaban tenuemente y una jarra con una infusión de hierbas que reconoció al instante.

—Me tomé la libertad de preparar algo para las heridas —murmuró él, sin mirarla directamente, como si estuviera nervioso—. No soy sanador, pero sé qué alivia el dolor. Bebe. Descansa. Si necesitas cualquier cosa… estoy en la sala del trono, al final del pasillo. No tienes que dudar en llamarme. Vendré sin demora.

Se detuvo en el umbral, con la mano aún sobre el marco, dudando. Parecía querer decir algo más, pero las palabras no salieron. Finalmente, asintió levemente y empezó a cerrar la puerta.

—Hades —lo llamó ella, antes de que se cerrara por completo.

Él se detuvo de inmediato, abriendo la puerta lo suficiente para verla.

—¿Sí?

—Gracias —dijo ella, con voz suave pero firme—. No solo por traerme aquí. Por no gritar. Por no culparme. Por no mirarme como si estuviera rota.

Una sombra de emoción cruzó su rostro, demasiado rápida para descifrarla por completo.

—No tienes que agradecerme lo que es justo, Perséfone. Descansa.

La puerta se cerró, dejándola sola.

Los días que siguieron fueron extraños, silenciosos, lentos. Perséfone pasaba las horas acostada, sintiendo cómo su cuerpo sanaba poco a poco. Las heridas superficiales cicatrizaron rápido, pero el golpe en el pecho tardó más, y cada movimiento brusco le arrancaba un gemido ahogado. No había ruido afuera, ni música, ni risas forzadas. Solo el murmullo lejano de un río y el viento que soplaba suavemente por los corredores.

Y él venía. Cada día, a la misma hora, llamaba suavemente a la puerta antes de entrar. Traía comida, agua limpia, paños frescos para la frente, y la infusión que preparaba cada mañana. Nunca se quedaba mucho rato. Dejaba las cosas sobre la mesa, preguntaba si necesitaba algo más, y se marchaba. Pero ella notaba que, cuando creía que ella dormía, se quedaba unos minutos más, de pie junto al lecho, observándola en silencio, como si quisiera asegurarse de que estaba bien, de que no se había desvanecido.

Una tarde, Perséfone se despertó antes de tiempo. Lo vio de pie junto a la ventana, de espaldas a ella, mirando hacia el jardín. Su silueta era alta, imponente, pero había algo cansado en su postura. Sus hombros, siempre erguidos, estaban ligeramente caídos, y cuando tosió, lo hizo suavemente, intentando ahogar el sonido para no despertarla. Fue un instante breve, pero ella lo vio: su mano se apretó contra el pecho, sus dedos se blanquearon por la fuerza, y su respiración se volvió corta y dificultosa durante unos segundos. Luego, respiró hondo, se enderezó y se marchó sin hacer ruido.

Perséfone se quedó mirando la puerta cerrada, con el ceño fruncido. Aquello no era cansancio. Era algo más profundo, algo que llevaba consigo desde antes. Y en esos días de silencio, mientras él la cuidaba sin pedir nada a cambio, ella empezó a darse cuenta de algo importante: él no era el único que estaba herido. Y quizás, en aquella oscuridad, no solo ella necesitaba sanar.

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EspirituCreativo
Gracias lectora
Beatris Avalos
los amó 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Muy linda historia!!! Me encanto…👏👏👏👏
EspirituCreativo: Gracias por tu apoyo 🥰
total 1 replies
Cliente anónimo
Autora repitió el capítulo, aunque la novela está preciosa!!!!!
EspirituCreativo: Horror gracias lo borro
total 1 replies
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