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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que Andrés callaba

Fernanda estaba realmente mal.

No solamente por lo que había ocurrido con Pedro, sino por todo lo que llevaba acumulado dentro durante tantos años.

Sentada en el sofá del departamento de Andrés, se sentía confundida, triste y completamente agotada.

Miró sus manos.

Después bajó la mirada.

—Andrés... —dijo con la voz quebrada—. Yo solamente quisiera volver a ser la mujer que era hace años.

Él la miró en silencio.

—A veces miro mis fotografías y veo quién era antes. Me miro y pienso que esa mujer ya no existe. Siento que me he perdido. No puedo creer en lo que me he convertido.

Una lágrima cayó por su mejilla.

—Siento que ya no soy la misma.

Andrés se acercó un poco.

—Pero sigues siendo una mujer hermosa.

Fernanda levantó la mirada.

—No me digas eso solamente para hacerme sentir mejor.

—No te lo digo para consolarte.

Andrés tomó suavemente su mano.

—Te lo digo porque es lo que pienso.

Fernanda permaneció callada.

Andrés continuó:

—Desde que llegaste a vivir por aquí con tu hijo, hubo algo en ti que llamó mi atención.

Ella lo miró sorprendida.

—¿Desde cuándo?

Andrés sonrió ligeramente.

—Desde hace mucho tiempo.

Fernanda no sabía qué decir.

—¿Te acuerdas cuando enseñabas a tu hijo a montar bicicleta?

Ella intentó recordar.

—Sí.

—Yo los veía algunas veces.

Fernanda abrió los ojos.

—¿Tú?

—Sí.

Andrés bajó la mirada por un momento.

—Y aunque parezca extraño, esos momentos se me quedaron grabados.

Fernanda no podía creerlo.

Andrés continuó hablando.

—Ha pasado mucho tiempo y, aun así, no puedo dejar de pensar en ti.

Fernanda retiró lentamente su mano.

—Andrés...

—Déjame terminar.

Ella asintió.

—No quiero que pienses que te estoy diciendo esto porque estás triste o porque acabas de tener un problema con Pedro.

Hizo una pausa.

—Esto empezó mucho antes.

Fernanda lo miró fijamente.

—¿Mucho antes?

—Sí.

Andrés respiró profundamente.

—Desde aquellas reuniones de Navidad en las que te veía.

Fernanda recordó algunas de esas ocasiones.

—A veces me quedaba mirándote cuando pasaba cerca de tu casa.

Ella permaneció sorprendida.

—Cuando hablamos por teléfono también.

Andrés sonrió.

—Incluso esas conversaciones cortas se me quedaban en la cabeza.

Fernanda bajó la mirada.

—No sabes cuántas veces tuve ganas de detenerme frente a tu casa simplemente para hablar contigo.

—¿Y por qué nunca lo hiciste?

—Porque sabía que eras la pareja de Pedro.

Su respuesta fue inmediata.

—Y porque Pedro trabajaba conmigo.

Andrés hizo una pausa.

—No quería cruzar una línea que no debía.

Fernanda respiró profundamente.

—Entonces, ¿por qué ahora?

Andrés la miró directamente.

—Porque hoy te vi llorando y entendí que ya no podía seguir fingiendo que no me importabas.

Fernanda sintió un nudo en la garganta.

Andrés continuó:

—Cuando te llamé aquel día, estaba esperando que contestaras tú.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y cuando me pediste mi número?

—Esperaba que me escribieras.

Fernanda recordó aquella conversación.

—Me dijiste que estuviste esperando durante días.

—Porque fue verdad.

Andrés apretó ligeramente su mano.

—Esperé varios días pensando que quizá nunca me escribirías.

Fernanda lo miró en silencio.

—Y cuando finalmente apareció tu mensaje, sentí una felicidad que no debería haber sentido.

Ella sonrió débilmente.

Pero después volvió a ponerse seria.

—No sé qué pensar.

—No tienes que pensar en nada ahora.

—Es que todo está pasando demasiado rápido.

—Lo sé.

Andrés se quedó callado unos segundos.

Luego dijo:

—Pero necesito que sepas algo.

—¿Qué?

—Cada vez que Pedro hablaba de ti de una manera que parecía demostrar que no le importabas, me molestaba.

Fernanda lo miró.

—¿Por qué?

—Porque yo estaba viendo algo completamente diferente.

—¿Qué veías?

Andrés respondió sin dudar:

—Veía a una mujer que se esforzaba.

—Una mujer que cuidaba de su hijo.

—Una mujer que intentaba mantener su casa.

—Una mujer que estaba estudiando y tratando de salir adelante.

Fernanda sintió que las lágrimas volvían a aparecer.

Andrés continuó:

—Y cuando Pedro te menospreciaba, yo sentía una rabia que no sabía cómo explicar.

Hizo una pausa.

—A veces tenía ganas de decirle que dejara de hablar así de ti.

Fernanda negó lentamente con la cabeza.

—No sabía que pensabas todo eso.

—Porque nunca te lo dije.

—¿Por qué?

—Porque no me correspondía.

Andrés miró hacia otro lado.

—Tú tenías tu vida. Yo tenía mi trabajo. Y Pedro era mi trabajador. Por eso me quedé callado.

Fernanda respiró profundamente.

—¿Y ahora?

Andrés volvió a mirarla.

—Ahora tampoco quiero presionarte.

—Pero estás diciéndome que no puedes dejar de pensar en mí.

—Porque es verdad.

Fernanda sintió que el corazón le latía con fuerza.

—Andrés, yo también he pensado en ti.

Él permaneció completamente quieto.

Ella continuó:

—No quería hacerlo. Intentaba distraerme. Me concentraba en mi hijo, en mis estudios, en cualquier cosa.

—¿Y no funcionó?

Fernanda sonrió tristemente.

—No.

Andrés bajó la mirada hacia sus manos.

—Entonces no soy el único.

—No.

Durante unos segundos ninguno habló.

Afuera, la tarde comenzaba a caer.

Fernanda miró hacia la ventana.

—Pero tengo miedo.

Andrés asintió.

—Lo sé.

—Tengo miedo de equivocarme.

—Entonces no hagas nada hoy.

Fernanda lo miró.

—¿Qué?

—Hoy solamente descansa.

Andrés volvió a tomar su mano.

—No tienes que decidir si quieres estar conmigo. No tienes que decidir qué hacer con Pedro. No tienes que decidir nada mientras estés herida.

Fernanda sintió que aquellas palabras le daban tranquilidad.

—Gracias.

Andrés sonrió.

—Solo quiero que vuelvas a encontrarte.

Fernanda cerró los ojos.

Y por primera vez en mucho tiempo, alguien no le estaba pidiendo que fuera perfecta.

No le estaba pidiendo que cuidara de todos.

No le estaba pidiendo que fingiera estar bien.

Simplemente le estaba diciendo que podía descansar.

Y aunque todavía tenía miedo de lo que vendría después, Fernanda comenzó a comprender que quizá la mujer que creía haber perdido no había desaparecido.

Quizá solamente llevaba demasiado tiempo escondida.

Y quizá, poco a poco, estaba comenzando a volver.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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