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CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Aventura de una noche / Mafia / Madre soltera / Secretario/a / Romance de oficina / Venganza por acoso / Completas
Popularitas:37
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche lo destruyó todo. Una trampa, una droga, un hombre que no pudo controlarse. Fernanda Arévalo perdió su pureza, su beca y su fe en el mundo a manos de Tristán Bracamonte, el heredero más poderoso —y más cruel— del país. Huyó sin mirar atrás, jurando enterrar aquella noche para siempre.

Seis años después, la vida tiene un sentido del humor perverso.

Fernanda ya no es el patito feo al que todos humillaban en la universidad. Ahora es una mujer imponente, madre soltera de un niño brillante, y acaba de ser contratada como secretaria personal del nuevo CEO del Grupo Bracamonte. El mismo hombre. La misma mirada gélida. El mismo apellido que le arrebató todo.

Pero Tristán tampoco es el mismo. Detrás de su fachada de hielo, lleva seis años buscando a la chica que desapareció sin dejar rastro, atormentado por una culpa que no lo deja dormir. Y cuando su nueva secretaria lo mira con esos ojos cristalinos que le resultan imposibles de olvidar, algo dentro de él se quiebra.

Ella finge no conocerlo. Él finge no sospechar. Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

Mientras Fernanda lucha por mantener oculta la identidad del padre de su hijo, una mujer del pasado urde un plan siniestro para destruirla. Secuestros, traiciones empresariales, una hermana gemela que nadie sabía que existía y una red criminal que se extiende desde Ciudad de México hasta las costas de Maldivas convergen en una trama donde el amor y la venganza comparten la misma cama.

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Tras una negociación larga e intensa, finalmente se alcanzó un acuerdo. La gran alianza entre el Grupo Bracamonte y el Grupo Villamar Mundial quedó oficializada con la firma de los contratos por parte de Tristán y Samuel.

Para celebrar el logro, decidieron extender el momento con un almuerzo suntuoso. Entre los platos principales, Samuel pidió una botella de licor de primera categoría a modo de brindis y sirvió en las copas de cada uno, incluida la de Fernanda.

—¡Brindemos por el éxito de nuestro gran proyecto! —exclamó Samuel con una sonrisa amplia, levantando su copa de cristal al aire.

Fernanda observó el líquido transparente en su copa con recelo. El recuerdo de aquella noche espantosa de seis años atrás, cuando le habían hecho tomar a la fuerza en este mismo hotel, le oprimió el pecho de golpe. Sin embargo, sabía que debía cuidar la imagen del Grupo Bracamonte. En nombre de la profesionalidad y del respeto al cliente, Fernanda forzó una sonrisa discreta y dio un sorbo al licor, sintiendo la sensación ardiente que le quemó la garganta.

La reunión y el almuerzo transcurrieron con naturalidad hasta que Andrés comenzó a mostrar señales de inquietud. Se aclaró la garganta brevemente y le susurró a Samuel. —Don Samuel, ¿me permite ir al baño un momento?

Tras obtener el asentimiento de su jefe, Andrés salió a toda prisa del salón VVIP. Tristán, que no había dejado de vigilar cada movimiento de Andrés con ojos de depredador, depositó su copa sobre la mesa sin hacer ruido.

—Yo también me disculpo un momento, Samuel —dijo Tristán con sequedad, y Samuel asintió despreocupadamente mientras seguía conversando animadamente con Fernanda.

En el interior del baño del restaurante, desierto y revestido de mármol lujoso, Andrés se mojó la cara repetidas veces en el lavabo. Su respiración era agitada; intentaba aplacar el terror que lo venía torturando desde que había visto el rostro de Tristán.

Pero en cuanto Andrés se dio la vuelta con la intención de caminar hacia la puerta, una sombra enorme lo emboscó a la velocidad del rayo.

¡Trac!

Tristán acorraló a Andrés contra la pared de mármol. Con un movimiento brutal, le clavó el antebrazo en el cuello, presionando la carótida con tal fuerza que Andrés quedó ahogándose al instante, incapaz de respirar. El rostro de Andrés se puso rojo encendido; con ambas manos se aferró al brazo de Tristán, tratando de liberar aquella presión letal.

—S... suéltame... Tristán... ¡No... estés loco! —gimió Andrés a duras penas, con el último oxígeno que le quedaba.

—Debí haberte matado hace seis años, maldito desgraciado —siseó Tristán con voz grave, cargada de un odio abismal. Sus ojos relampagueaban con un instinto asesino absolutamente real—. ¡Por culpa de su maldita trampa aquella noche, mi vida se convirtió en un infierno!

—P... perdóname, Tristán... Estoy... arrepentido de verdad... —sollozó Andrés, con los ojos llorosos porque la llave de Tristán le cortaba cada vez más el paso del aire.

—¡Ya caducó tu arrepentimiento! ¡No sirve de nada! —vociferó Tristán, incrementando la presión un grado más hasta que Andrés estuvo a punto de perder el conocimiento.

—Tristán... d... dame la oportunidad... de... de buscar al patito... —susurró Andrés con enorme dificultad, intentando negociar por su vida—. Te juro... te juro que la voy a encontrar para ti... como forma... de enmendar lo que hice. ¡Por favor...!

Al escuchar que mencionaban a el patito, el destello de furia en los ojos de Tristán fue cediendo lentamente. Acababan de tocar su mayor debilidad. Poco a poco, Tristán aflojó la presión de su antebrazo en el cuello de Andrés, dándole la oportunidad de tragar aire a bocanadas, aunque sin dejar de mirarlo con ferocidad.

—¡Demuestra lo que dices! —amenazó Tristán con frialdad, señalando el pecho de Andrés con el dedo—. Si en un plazo corto me mientes o fracasas, yo mismo me encargaré de destruir tu vida y tu carrera en la empresa de Samuel.

Andrés tosió sin parar, agarrándose el cuello enrojecido. —T... tranquilo, Tristán... Te la voy a encontrar lo antes posible. ¡Te doy mi palabra!

Sin dignarse a escuchar una sílaba más de Andrés, Tristán giró sobre sus talones con arrogancia y salió del baño, dejando a Andrés desplomado en el suelo, pálido como un papel por la falta de oxígeno.

Cuando se sintió un poco mejor, Andrés se incorporó con un quejido de dolor. Los pensamientos le daban vueltas a toda velocidad.

No puedo buscar al patito solo. Tengo que llamar a Ignacio. Él tiene que ayudarme... ¿No es ahora un policía de inteligencia exitoso? Sí, estoy seguro de que con su red de informantes puede rastrear al patito feo sin problemas, pensó Andrés con convicción, encontrando un rayo de esperanza.

Mientras tanto, en el salón VVIP, el ambiente se había distendido de otra manera. Aprovechando la ausencia de Tristán y Andrés, Samuel, con su naturaleza sociable, comenzó a conversar amigablemente con Fernanda. Hablaron de muchos temas, desde el negocio inmobiliario hasta la gastronomía.

Samuel, siempre amable, levantó su copa en varias ocasiones, invitando a Fernanda a seguir brindando para celebrar la nueva alianza. Fernanda, que rara vez probaba el alcohol y además estaba sometida a un estrés emocional agudo por encontrarse en el Hotel La Perla, no supo negarse con elegancia. Cada vez que Samuel la invitaba a brindar, se veía obligada a dar otro trago.

Sin darse cuenta, el efecto del alcohol comenzó a hacer estragos en su cuerpo fatigado. La vista de Fernanda se fue nublando, la cabeza le daba vueltas y su lucidez se fue desvaneciendo poco a poco, dejándola en un estado de semi-ebriedad sobre su elegante silla justo cuando la puerta del salón VVIP volvió a abrirse.

En cuanto Tristán cruzó de nuevo el umbral del salón VVIP, sus pasos se detuvieron en seco al captar la escena en la mesa. El rostro de Fernanda estaba encendido de rojo, y su mirada se veía lánguida y desenfocada por el efecto del alcohol.

Al ver llegar a Tristán, Samuel, que estaba consultando su reloj, se puso de pie de inmediato. —Ah, Tristán, ya estás de vuelta. Qué bueno, porque justamente iba a despedirme. Tengo un asunto urgente en la oficina central que debo resolver cuanto antes —dijo Samuel afablemente, alisándose el saco.

—¿Ah, sí? Está bien, Samuel. Gracias por la colaboración de hoy —respondió Tristán, esforzándose por mantener la mayor profesionalidad posible mientras estrechaba con firmeza la mano de su socio de negocios.

Samuel salió del salón VVIP, seguido por Andrés, que caminaba con prisa detrás de él. Al pasar por el umbral de la puerta, Andrés alcanzó a mirar el rostro de Tristán. El hombre lucía aterrorizado, con el rostro lívido y el cuerpo aún tembloroso, pues los ecos de la amenaza de muerte en el baño seguían aferrados a su mente.

Ahora, el silencio se adueñó de nuevo del espacio, dejando a Fernanda y Tristán completamente solos en aquella sala amplia. Tristán se acercó, se plantó frente a su secretaria con los brazos en jarras y la miró desde arriba.

—Nanda... oye, ¡reacciona! —la llamó Tristán con firmeza, dándole palmaditas suaves en la mejilla tersa de Fernanda—. No puedes con nada... Con apenas unas copas ya estás así de ebria. ¡De verdad que eres un problema!

Fernanda, cuya conciencia ya se había esfumado por completo bajo el efecto del alcohol, alzó la vista con mirada turbia. Levantó el dedo índice y se lo puso delante de sus propios labios.

—Shhh... ¡Cállate...! —balbuceó Fernanda con voz gangosa y desordenada—. Deja de regañarme todo el tiempo... Tú... tú eres un hombre arrogante e insoportable. Tristán Bracamonte es un hombre cruel, despiadado... y... y... ¡Puaj...! ¡Puaj!

Antes de que Tristán pudiera procesar los insultos descarados de su secretaria, un líquido espeso brotó de la boca de Fernanda. La mujer vomitó justo frente a él, salpicando el carísimo saco de marca del CEO, además de la parte delantera de su propia blusa de trabajo.

Un olor ácido se esparció por el aire. En ese mismo instante, la mandíbula de Tristán se tensó y sus puños se apretaron con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. La furia le subió como espuma, porque su orgullo y su arrogancia acababan de ser ensuciados por su propia secretaria.

—¡Tú...!

Pero antes de que Tristán pudiera descargar su rabia, el cuerpo de Fernanda se desplomó como un trapo. La mujer se derrumbó hacia adelante, cayendo directamente en el abrazo del pecho amplio y cálido de Tristán.

—¡Maldita secretaria! ¡Quítate de encima! —rugió Tristán, furioso.

Con la respiración agitada, Tristán sujetó a Fernanda por ambos hombros con fuerza, con la intención de empujarla para que se mantuviera de pie por su cuenta. Pero cuando sus cuerpos quedaron a escasos centímetros de distancia, Tristán se quedó inmóvil. El rostro adormilado de Fernanda en plena borrachera, la forma en que farfullaba incoherencias con los ojos cerrados, le proyectó de golpe el recuerdo de aquella noche oscura en el Hotel La Perla seis años atrás. La imagen de el patito feo, drogada y golpeada en la nuca, se superpuso repentinamente con el rostro hermoso que tenía enfrente.

Tristán sacudió la cabeza con brusquedad, tratando de ahuyentar esa visión. ¿Qué le pasa a mi cerebro? ¡Creo que ya se me fundió un fusible! Es imposible que Fernanda, siendo tan hermosa, sea el patito, se dijo a sí mismo, negándolo con vehemencia, intentando razonar a pesar de la tormenta interior.

Al ver el estado desastroso en que se encontraban ambos, Tristán soltó un largo suspiro para apagar su furia. Era impensable llevar a Fernanda de vuelta a la oficina o pedir un taxi con la ropa en semejantes condiciones.

Sin pensárselo más, Tristán deslizó un brazo por debajo de las rodillas de Fernanda y el otro por su espalda, levantando el cuerpo esbelto de su secretaria en brazos. Con paso firme y cara impasible —aunque conteniendo la irritación—, Tristán sacó a Fernanda del restaurante y la llevó hasta la recepción del hotel para reservar una suite VVIP esa misma tarde, con la intención de limpiar la ropa de ambos, manchada por el vómito.

Continuará...

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