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Cien Años Para Encontrarte

Cien Años Para Encontrarte

Status: En proceso
Genre:Maldición / Amor eterno / Reencuentro
Popularitas:847
Nilai: 5
nombre de autor: (⁠⁠^⁠‿⁠^⁠) Nany 。⁠◕⁠‿⁠◕⁠。

Algunas almas necesitan más de una vida para encontrarse...
Algunas promesas sobreviven al tiempo.
Algunas heridas nunca terminan de cerrar.
Y algunas maldiciones esperan pacientemente el momento de cumplirse.
Gideon Huxley lleva más de un siglo viviendo bajo el peso de un pasado que se niega a desaparecer.
Hasta que un encuentro fortuito despierta en él un recuerdo que creía perdido para siempre.
Porque quizá el destino no se haya equivocado de camino.
Quizá simplemente haya esperado cien años para volver a encontrarlos.

NovelToon tiene autorización de (⁠⁠^⁠‿⁠^⁠) Nany 。⁠◕⁠‿⁠◕⁠。 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Aquella Mujer

Más tarde, al llegar al taller de costura, Charlotte fue guiada de inmediato por Sophie hacia uno de los salones privados de pruebas. En el interior del reservado, Mila ya las esperaba pacientemente con el deslumbrante vestido de compromiso colgado con esmero en el perchero.

Diora, al enterarse de la visita, no quiso perder la oportunidad de lucirse ante un cliente de semejante calibre. Se apresuró a los salones para saludarlos personalmente, deslumbrada en secreto por el porte aristocrático y la elegancia atemporal que emanaba de Gideon.

—Señor Huxley, señorita Charlotte, es un absoluto placer tenerlos aquí de nuevo —saludó Diora con una sonrisa impecable—. Si necesitan cualquier cosa adicional durante la prueba, por favor, no duden en avisarme de inmediato.

—Gracias, Diora —respondió Charlotte, echando un vistazo al pasillo antes de volverse hacia la dueña del lugar—. ¿Y la señorita Elara? Me gustaría que ella también estuviera presente para revisar los últimos detalles.

—Ah, la señorita Davis... —Diora carraspeó levemente, manteniendo la compostura—. Tuvo un pequeño contratiempo, pero me acaba de avisar que llegará en unos pocos minutos. Ya viene en camino.

Gideon sintió un vuelco imperceptible en el estómago, y para ocultar la repentina tensión que le recorrió el cuerpo, hundió las manos en los bolsillos de su pantalón de sastre y desvió la mirada hacia el gran ventanal del salón.

Charlotte, notando el humor de su abuelo pero decidida a ignorarlo, le dedicó una sonrisita a Mila y entró al probador dispuesta a cambiarse con su ayuda.

Al quedarse a solas en la estancia con el misterioso magnate, Diora dio un paso al frente, buscando romper el hielo con cortesía profesional.

—¿Gusta que le ofrezca una taza de café mientras espera, señor Huxley?

—No, gracias. Estoy bien —respondió Gideon con un tono seco y cortante, rechazando la oferta de Diora con una sutil inclinación de cabeza que denotaba su rigurosa educación.

Gideon mantenía la mirada fija en el ventanal, visiblemente impaciente, y su molestia iba en aumento, ya de por sí le había costado ceder ante las insistencias de Charlotte para presentarse en ese taller; que ahora la modista ni siquiera estuviera a tiempo para recibir la disculpa formal que él había ido a ofrecer, le parecía una absoluta pérdida de tiempo. Para un hombre acostumbrado a la puntualidad y a la rigidez de sus horarios, aquello era la gota que derramaba el vaso.

Mientras tanto, en el interior del probador, Charlotte terminó de subirse el cierre con la ayuda de Mila y se observó en el espejo de cuerpo entero. Al notar el silencio que reinaba afuera en la estancia, no pudo evitar sonreír con cierta picardía.

—Espero que Elara no tarde mucho —le susurró Charlotte a Mila entre risas—. Mi hermano tiene el temperamento de un león enjaulado cuando lo hacen esperar, y no quiero que asuste a todo el personal antes de que pueda disculparse.

Mila acomodó la cola del vestido, con una pequeña sonrisa, "con que disculpa", pensó para si misma.

Afuera, en el pasillo principal del taller, las puertas del ascensor se abrieron y Elara entró corriendo, completamente sin aliento tras el caótico viaje en autobús. Traía la libreta de notas apretada contra el pecho y caminaba a toda prisa hacia el salón de pruebas, sin sospechar que el severo caballero que la había incomoda semanas atrás la estaba esperando justo al cruzar la esquina.

Elara entró al salón de pruebas, con las mejillas encendidas por la caminata rápida y el pulso todavía acelerado. Traía la mirada fija en su libreta de notas, acomodándose la cinta métrica alrededor del cuello mientras hablaba sin mirar al frente.

—Señora Diora, Charlotte, de verdad lamento muchísimo la demora. El tráfico en la avenida principal estaba completamente colapsado y el autobús se retrasó...

Al escuchar el eco de esa voz y el sonido de los pasos apresurados, Gideon se giró bruscamente sobre sus talones, con el ceño fruncido y la réplica de un caballero impaciente lista en los labios.

Pero en ese preciso instante, se quedó petrificado.

Las palabras se le murieron en la garganta y el suelo pareció desaparecer bajo sus zapatos pulidos. Era ella. La misma mujer con la que se había cruzado semanas atrás en el reservado de aquel restaurante exclusivo. La misma por la cual, sus noches se vieron invadidas desatando las peores pesadillas. La modista de su nieta y aquella mujer eran, de manera imposible, la misma persona. Su mente, abrumada, simplemente colapsó.

Ninguna de las mujeres en la habitación notó el cambio en él.

Las tres mujeres —Diora, Mila y Elara — estallaron en halagos, risas y elogios, ensimismadas en lo perfecto que le quedaba el vestido a Charlotte.

Gideon continuaba estático, con la respiración contenida y las manos apretadas en los bolsillos, devorando con la mirada cada facción del rostro de Elara mientras ella se concentraba en el vestido de su clienta.

Finalmente, Charlotte reparó en el silencio de su abuelo y se giró hacia él con una sonrisa radiante.

—¿Y bien, hermano? ¿No vas a decir nada? El trabajo es impecable —Charlotte dio un paso al frente, entrelazando su brazo con el de Elara para presentarla formalmente—. Elara, él es mi hermano, Gideon Huxley. Vino hoy exclusivamente para conocerte.

Fue en ese momento cuando Elara reparó verdaderamente en la presencia del hombre que permanecía en la sombra. Al enfocar su rostro, una intensa oleada de incomodidad la recorrió por completo. Las mejillas se le tiñeron de una mezcla de sorpresa e indignación. Recordó de inmediato que era el mismo hombre del restaurante. Pero lo que más la desconcertó fue reconocer aquella voz: era la del hombre que, semanas atrás, había pronunciado aquellas crueles palabras en la joyería.

—Así que... por eso me pareció tan familiar ese nombre... —comentó Elara en un susurro casi imperceptible, sosteniendo la mirada perturbada de Gideon con una dignidad fría y distante.

—Señorita Davis...—Gideon intentó formular una disculpa, buscando las palabras adecuadas para enmendar el desastre que había provocado en la joyería. 

Sin embargo, su voz, usualmente firme y profunda, sonó extrañamente fracturada. La conmoción de tener frente a sí el rostro que había marcado su maldición lo mantenía en un estado de vulnerabilidad absoluta.

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