NovelToon NovelToon
La Vida De Un Escritor Otaku

La Vida De Un Escritor Otaku

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:319
Nilai: 5
nombre de autor: Nickto

La vida de un escritor otaku

Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.

Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.

Todo cambia una noche en Akihabara.

Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.

Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.

Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.

La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.

NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Final de las vacaciones en Yokohama parte uno

El segundo día en Yokohama había comenzado.

Aquella mañana nos levantamos temprano y salimos a desayunar a un café cercano.

Mientras comíamos, Akane miró por la ventana.

—Saito, ¿hoy también iremos a la playa?

—¿Quieres volver?

Akane negó con la cabeza.

—Me gustaría hacer algo diferente.

Izumi asintió.

—Estoy de acuerdo. Ya tuvimos suficiente playa por un día.

Pensé durante unos segundos.

—Entonces podríamos ir a Yokohama Cosmo World.

Las dos me miraron.

—¿Un parque de atracciones? —preguntó Akane.

—Sí. Está bastante cerca de aquí.

Los ojos de Akane se iluminaron.

—¡Quiero ir!

Izumi sonrió.

—Bueno, entonces vamos.

Terminamos de desayunar y nos dirigimos al parque.

Cuando llegamos, las chicas parecían todavía más emocionadas.

Había diferentes zonas con atracciones para todo tipo de público.

Yo miré hacia una de las áreas más tranquilas.

—Podríamos empezar por las atracciones familiares.

Izumi me miró con una sonrisa.

—¿Atracciones familiares?

—Sí.

—¿No quieres ir a las de adrenalina?

—No especialmente.

Akane comenzó a reír.

—Saito, hay montañas rusas.

—Ya las vi.

Izumi se cruzó de brazos.

—Eres un viejo.

—¡No soy un viejo!

Akane volvió a reír.

—Entonces ven con nosotras.

—Prefiero las tazas giratorias, los juegos de realidad virtual y después podemos ir a la zona de puestos de comida.

Izumi negó con la cabeza.

—Definitivamente eres un viejo.

La miré.

—Está bien. Para demostrarte que no soy un viejo, iré con ustedes.

—¿Seguro?

—Sí.

Las dos sonrieron.

Poco después estábamos frente a una de las montañas rusas.

Mientras hacíamos la fila, todavía estaba convencido de que había tomado una buena decisión.

Las chicas se sentaron juntas.

Yo ocupé el asiento detrás de ellas.

—¿Listo? —preguntó Akane.

—Claro.

La atracción comenzó a moverse.

Al principio todo parecía normal.

Hasta que el carrito comenzó a subir.

Miré hacia arriba.

—Esto no me gusta.

Izumi se giró.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

El carrito llegó a la parte más alta.

Durante unos segundos todo quedó en silencio.

Y entonces descendimos.

—¡AAAAAH!

Las chicas gritaban de emoción.

Yo intentaba mantener la compostura.

Pero por dentro estaba arrepintiéndome completamente de mi decisión.

La montaña rusa continuó durante unos minutos que parecieron una eternidad.

Cuando finalmente terminó, bajé del juego con las piernas un poco temblorosas.

Caminé hasta una banca vacía y me dejé caer.

Izumi se acercó riéndose.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Pareces muerto.

—Estoy perfectamente bien.

Akane también se acercó.

—¿Seguro?

—Sí.

Izumi señaló otra montaña rusa.

—Entonces vamos a esa.

La miré.

—Una montaña rusa ya fue suficiente para mí.

—¿No dijiste que no eras un viejo?

—Nunca dije que quisiera morir.

Akane soltó una carcajada.

—Nosotras iremos a otra.

—Está bien.

Saqué mi billetera y se la entregué a Akane.

—Tomen algo si quieren.

—¿Y tú?

—Me quedaré aquí recuperándome.

Las dos se fueron hacia las siguientes atracciones mientras yo permanecía sentado en la banca.

Mientras las esperaba, saqué mi teléfono.

Pensé en todo lo que habíamos hecho desde que llegamos a Yokohama.

La playa, el GameCenter, las conversaciones, incluso los pequeños problemas que habíamos tenido.

Tal vez podía utilizar algunas de esas experiencias para una historia.

Abrí las notas del teléfono y escribí rápidamente una idea para no olvidarla.

“Novela sobre un joven que viaja con dos chicas a Yokohama y termina viviendo una serie de experiencias inesperadas.”

Sonreí.

Quizá algún día podría utilizarlo.

Guardé el mensaje.

En ese momento mi teléfono comenzó a sonar.

Miré la pantalla.

Era Hana.

Contesté.

—¿Hola?

—¿Saito?

—Sí.

—¿Esta noche estarás libre?

Me quedé unos segundos pensando.

—Sí, creo que sí.

—Entonces, ¿quieres salir a tomar algo?

—Claro.

Hana me indicó el nombre de un bar donde estaría.

—Está bien. Estaré allí.

—Perfecto. Te espero esta noche.

—Nos vemos.

La llamada terminó.

Guardé el teléfono.

Justo en ese momento aparecieron Akane e Izumi.

Izumi me miró.

—¿Con quién hablabas?

Me puse un poco nervioso.

—Con... Yamada.

Izumi levantó una ceja.

—¿Yamada?

—Sí.

Akane me miró con cierta desconfianza.

No parecía creerme.

—Bueno... —dijo Izumi—. Quiero ir a la casa del terror.

—¿Ahora?

—Sí.

Acepté rápidamente.

—Está bien.

Probablemente era mejor cambiar de tema.

Entramos a la casa del terror.

El interior estaba bastante oscuro.

Había sonidos extraños, luces que se encendían y apagaban y diferentes decoraciones que hacían que el lugar resultara bastante tenebroso.

Akane estaba claramente asustada.

Cada vez que aparecía algo inesperado, daba un pequeño salto.

Izumi, en cambio, parecía bastante tranquila.

—¿Ven? —dijo—. Esto no da miedo.

Seguimos avanzando.

De repente, una pared se abrió y varias manos salieron hacia nosotros.

Izumi dio un salto.

—¡Ah!

Inmediatamente se abrazó a mí.

Akane también se acercó y se sujetó de mi brazo.

No pude evitar reírme.

—¿Qué pasó?

Izumi me soltó rápidamente.

—¡Solo me sorprendí!

—Claro.

—No te rías.

—Pero tú fuiste la que quiso venir.

Izumi se puso colorada.

—Ya cállate.

Continuamos caminando.

Unos metros después doblamos una esquina.

Una persona disfrazada de espíritu apareció repentinamente frente a nosotros.

Izumi volvió a abrazarme.

—¿Izumi?

—¡Cállate!

Akane comenzó a reír.

Yo también.

Finalmente conseguimos salir de la atracción.

Izumi estaba completamente roja.

—No vuelvas a hablar de esto.

—¿De qué?

—De nada.

Sonreí.

—Está bien.

Miré la hora.

—Creo que sería mejor que almorzáramos.

—Sí —respondió Akane.

—Estoy de acuerdo —añadió Izumi.

Nos dirigimos a la zona de comida del parque.

Compramos hamburguesas, papas fritas y refrescos.

Nos sentamos en una mesa.

Mientras comíamos, comenzamos a hablar sobre las atracciones.

—La montaña rusa fue divertida —dijo Akane.

—Para ti —respondí.

Izumi comenzó a reír.

—Saito casi muere.

—No exageres.

—Entonces no te molestará que diga que quieres ir a otra.

—Ni lo sueñes.

Las dos se rieron.

—Al menos yo no me asusté en una casa del terror —añadí.

Izumi se quedó callada.

Akane comenzó a reír.

—Eso es verdad.

—Solo fue una sorpresa.

—¿Dos veces? —dije.

Izumi me miró con una expresión molesta.

—Saito...

—Está bien, está bien.

Akane sacó su teléfono.

—Esperen.

Apuntó la cámara hacia nosotros.

—¿Qué haces?

—Una foto.

Los tres miramos hacia la cámara.

Akane tomó la fotografía.

—Pásamela —dijo Izumi.

—Claro.

Akane comenzó a tocar la pantalla.

—Voy a crear un grupo para nosotros tres.

—¿Un grupo?

—Sí. Así podemos enviarnos fotos y mensajes.

Izumi asintió.

—Me parece bien.

Akane terminó de crearlo.

Poco después envió la fotografía.

Saqué mi teléfono para verla.

Entonces noté el nombre del grupo.

“Mi pequeña familia”

Me quedé mirando esas palabras durante unos segundos.

No pude evitar sonreír.

Después observé la fotografía.

Los tres aparecíamos juntos.

Por alguna razón, aquella imagen me hizo sentir especialmente bien.

Terminamos de comer y seguimos recorriendo el parque.

Fuimos a la zona de juegos familiares.

Primero subimos a las tazas giratorias.

Akane se reía mientras Izumi intentaba hacer que giraran cada vez más rápido.

—¡Izumi, demasiado rápido!

—¡Pero es divertido!

—¡Voy a vomitar!

Yo no podía dejar de reír.

Después fuimos a los juegos de disparos en realidad virtual.

Jugamos un par de partidas y luego visitamos algunas atracciones más.

Cuando estuvimos cansados, compramos unos helados y nos sentamos un rato.

El día estaba pasando mucho más rápido de lo que esperaba.

Antes de irnos, Akane señaló la noria.

—Saito.

—¿Sí?

—¿Podemos subir?

Miré la noria.

—Claro.

Los tres subimos a una de las cabinas.

Mientras ascendíamos, Yokohama comenzó a verse cada vez más pequeña.

Akane miraba por la ventana con una sonrisa.

Izumi sacó su teléfono.

—Otra foto.

—¿Otra?

—Sí.

Tomó una fotografía de los tres.

Después la envió al grupo.

Miré mi teléfono.

La nueva fotografía apareció debajo de la anterior.

Sonreí.

Entonces recordé mi encuentro con Hana.

Decidí contárselo.

—Por cierto...

Las dos me miraron.

—Esta noche Hana me invitó a tomar algo.

Akane bajó ligeramente la mirada.

—Ah...

—Así que probablemente no cenaré con ustedes.

Izumi sonrió.

—No pasa nada. Podemos comprar algo de camino y comer en el hotel.

Miré a Akane.

Su expresión parecía un poco decepcionada.

—Podemos hacer eso.

Aunque todavía me sentía un poco preocupado por ella.

Cuando salimos del parque, Izumi parecía muy contenta.

—Fue muy divertido.

—Sí.

—Deberíamos volver algún día.

—Cuando quieran.

Pensé unos segundos.

—También podríamos visitar otra ciudad algún fin de semana.

—¿Cuál? —preguntó Izumi.

—Kyoto, por ejemplo. O Saitama.

Las miré.

—¿Qué opinan?

Izumi parecía entusiasmada.

Pero Akane no respondió.

La miré durante unos segundos.

Después decidí comprar algo que sabía que le gustaba.

Pizza.

—Vamos a comprar algo para que cenen antes de regresar.

Akane levantó la mirada.

—¿Pizza?

—Sí.

Su expresión cambió ligeramente.

—Gracias, Saito.

Compramos la pizza y regresamos al hotel.

Una vez allí, fui a bañarme.

Después me preparé para salir.

Cuando estaba a punto de irme, me despedí de las chicas.

—Nos vemos más tarde.

Izumi sonrió.

—Suerte en tu cita.

Me puse rojo inmediatamente.

—¡No es una cita!

—¿Seguro?

—Sí.

—Entonces, ¿qué es?

—Dos antiguos compañeros de secundaria que van a tomar algo y comer.

Izumi comenzó a reír.

—¿Estás seguro de eso?

—Sí.

Tomé mis cosas.

—Me voy.

Antes de salir, miré a Akane.

—Nos vemos luego.

—Sí.

Su respuesta fue bastante seca.

Me quedé unos segundos mirándola, pero finalmente salí.

Izumi esperó hasta que la puerta se cerró.

—Estas bastante molesta.

Akane no respondió.

Se sentó y comenzó a comer.

Izumi la observó durante unos segundos.

—Voy a salir un momento.

—Está bien.

Izumi salió del hotel.

Unos minutos después regresó con varias latas de cerveza para ella.

Se sentó junto a Akane y abrió una.

Comenzaron a hablar tranquilamente sobre todo lo que había cambiado durante aquellas últimas semanas.

—Es increíble pensar cuánto ha cambiado todo —dijo Izumi.

Akane asintió.

—Sí.

—Hace unas semanas estábamos intentando sobrevivir y no sabíamos dónde íbamos a terminar.

Tomó otro sorbo.

—Y ahora estamos aquí, tranquilas, viviendo con alguien como Saito.

Akane sonrió.

—Yo también estoy muy feliz.

—¿Sabes algo?

Izumi la miró.

—Nunca había tenido a alguien que se preocupara tanto por mi bienestar.

Akane bajó la mirada.

—Saito siempre está intentando protegernos.

—Es verdad.

Izumi sonrió.

—Es una persona bastante extraña.

—¿Extraña?

—Sí.

Se rio.

—Nos ayuda, nos da una buena vida y nunca nos pide nada a cambio.

Akane soltó una pequeña risa.

—Por eso Saito es tan importante para mí.

Izumi la miró con una sonrisa.

—Para ti es más que importante.

Akane se puso roja.

—No empieces.

Terminó de comer y se acabó su bebida.

Después se levantó.

—Tengo sueño.

Izumi sabía perfectamente que estaba huyendo del comentario.

Pero decidió no seguir molestándola.

—Descansa.

Akane entró en la habitación.

Izumi se quedó sola, tomando las cervezas que le quedaban mientras miraba por la ventana.

Mientras tanto, Akane se acostó.

Tomó su teléfono.

La fotografía de los tres en la noria aparecía como fondo de pantalla.

La miró durante unos segundos.

Después abrazó el peluche que Saito le había conseguido en el GameCenter.

Cerró los ojos.

Pero aquella pregunta seguía rondando por su cabeza.

—¿Por qué me molesta tanto que esté con Hana?

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play