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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: LO QUE SUS OJOS NO PUDIERON OCULTAR

El martes por la mañana, Valentina llegó a Grupo Blackwood con una sensación difícil de explicar.

Desde la noche anterior no dejaba de pensar en una frase.

Puedes llamarme Maximiliano cuando estemos fuera de la oficina.

No sabía por qué aquellas palabras habían quedado dando vueltas en su cabeza.

Era solo su jefe.

Un hombre que, hasta hacía unas semanas, le parecía completamente inaccesible.

Sin embargo, algo estaba cambiando.

Y ella comenzaba a notarlo.

—Buenos días, Valentina.

La voz de Maximiliano la hizo levantar la mirada.

Él acababa de entrar.

Traje oscuro, camisa blanca, expresión seria.

Como siempre.

Pero sus ojos se detuvieron en ella un segundo más de lo necesario.

—Buenos días, señor Blackwood.

Él levantó una ceja.

—¿Señor Blackwood?

Valentina sonrió.

—Estamos en la oficina.

—Cierto.

Pasó junto a ella y entró en su despacho.

Valentina negó con la cabeza.

—Definitivamente está raro.

---

A media mañana, Maximiliano la llamó.

—¿Sí?

—Necesito que revises estos documentos.

Valentina tomó la carpeta.

—Los tendré listos antes del mediodía.

—No tengo dudas.

Ella lo miró sorprendida.

—¿Eso fue un cumplido?

—No te acostumbres.

Valentina soltó una pequeña risa.

—Demasiado tarde.

Él sonrió.

Y aquel pequeño gesto hizo que ella se quedara mirándolo un instante.

Era extraño verlo sonreír.

Le quedaba demasiado bien.

Valentina apartó rápidamente la mirada.

—Me voy a trabajar.

—Valentina.

—¿Sí?

—La cena de mañana sigue en pie.

—Lo sé.

—Quiero que me acompañes.

—También lo sé.

Maximiliano se acercó al escritorio.

—¿Y no vas a preguntar nada?

—¿Qué debería preguntar?

—Por ejemplo, qué debes llevar.

—Ya me dijo que era una cena de negocios.

—Lo es.

—Entonces usaré algo elegante.

—Estoy seguro de que te verás bien.

El silencio cayó entre ambos.

Valentina sintió que sus mejillas se calentaban.

Maximiliano pareció darse cuenta.

—Eso fue un comentario profesional.

Ella sonrió.

—Claro, señor Blackwood.

—No te creo.

—Yo tampoco.

Valentina salió antes de que él pudiera responder.

Cuando cerró la puerta, se llevó una mano al pecho.

¿Por qué su corazón estaba latiendo así?

---

Esa tarde ocurrió algo inesperado.

Valentina recibió una llamada de Tomás.

—Hola.

—Hola, Vale. ¿Cómo estás?

—Bien. Trabajando.

—¿Sigues molesta conmigo?

—¿Molesta? No.

—Pensé que quizá habías cambiado de opinión sobre la cena.

Valentina guardó silencio.

—No fue eso.

—Entonces déjame invitarte otra vez.

Antes de que pudiera responder, escuchó pasos.

Levantó la mirada.

Maximiliano estaba a pocos metros.

La observó.

Luego miró su teléfono.

Valentina bajó la voz.

—Tomás, hablamos después.

Colgó.

Maximiliano llegó hasta su escritorio.

—¿Todo bien?

—Sí.

—¿Era él?

Valentina frunció el ceño.

—¿Quién?

—Tomás.

Ella lo miró divertida.

—¿Ahora también reconoces su voz?

Maximiliano se cruzó de brazos.

—No es difícil.

—¿Y por qué te interesa?

Él se quedó callado.

Había usado “te”.

Sin darse cuenta.

Valentina lo notó.

—¿Por qué te interesa? —repitió.

Maximiliano sostuvo su mirada.

—Porque me preocupa que interfiera con tu trabajo.

Ella sonrió.

—No interfiere.

—Bien.

—¿Eso era todo?

—Sí.

Pero no se movió.

Valentina tampoco.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

Estaban demasiado cerca.

Ella podía sentir el perfume de él.

Él podía ver perfectamente sus ojos.

Maximiliano bajó la mirada hacia sus labios por una fracción de segundo.

Valentina lo notó.

Y el corazón le dio un vuelco.

Él retrocedió inmediatamente.

—Nos vemos mañana.

—Sí.

Maximiliano se alejó.

Valentina permaneció inmóvil.

No sabía qué acababa de pasar.

Pero estaba segura de algo.

Aquello no había sido completamente profesional.

---

Al día siguiente, la cena empresarial llegó.

Valentina había elegido un vestido elegante, sencillo y sofisticado.

Cuando entró a la oficina de Maximiliano para avisarle que estaba lista, él levantó la mirada.

Y se quedó completamente quieto.

Durante unos segundos no dijo nada.

—¿Señor Blackwood?

Maximiliano parpadeó.

—Estás… muy elegante.

—Gracias.

—Demasiado.

Valentina sonrió.

—¿Eso también es profesional?

Él soltó una pequeña risa.

—No.

Aquella respuesta la sorprendió.

Maximiliano tomó las llaves de su automóvil.

—Vamos.

---

La cena transcurrió entre conversaciones de negocios, copas de vino y música suave.

Valentina cumplió perfectamente con su trabajo.

Hasta que uno de los inversionistas, un hombre llamado Andrés, comenzó a prestarle demasiada atención.

—No sabía que el señor Blackwood tenía una asistente tan encantadora.

Valentina sonrió educadamente.

—Gracias.

—¿Está casada?

—No.

Andrés sonrió.

—Entonces quizá pueda invitarla a cenar algún día.

Antes de que Valentina respondiera, Maximiliano intervino.

—Ella está aquí por trabajo.

Andrés soltó una risa.

—Por supuesto. Solo estaba conversando.

—Lo sé.

Pero el tono de Maximiliano no dejaba espacio para continuar.

Valentina lo miró.

Otra vez esa expresión.

Otra vez esos celos.

Y esta vez ya no pudo ignorarlos.

Más tarde, cuando salieron del restaurante, ella caminó junto a él hasta el automóvil.

—¿Puedo preguntarle algo?

—Claro.

—¿Por qué se molestó con Andrés?

Maximiliano abrió la puerta del vehículo.

—No me molesté.

—Sí se molestó.

Él suspiró.

—No me gustó cómo te estaba hablando.

—¿Y por qué?

Maximiliano la miró directamente.

La respuesta estaba en sus ojos antes de salir de sus labios.

—Porque no me gusta que otros hombres te miren como yo te miro.

Valentina se quedó completamente inmóvil.

Él pareció darse cuenta demasiado tarde de lo que había confesado.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

La ciudad seguía brillando alrededor de ellos.

Maximiliano finalmente abrió la puerta.

—Sube, Valentina.

Ella obedeció.

Pero durante todo el camino de regreso, ninguno volvió a mencionar aquella frase.

Porque ambos sabían que acababa de cambiar algo entre ellos.

Y esta vez ya no podían fingir que no lo habían sentido.

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