Un joven general cuenta sus experiencias de vida que lo llevaron al punto en el que se encuentra. Errores del pasado se pagan con sangre en el presente.
Cuenta cómo su mundo cambió totalmente hace ya veintidós años cuando apenas tenía quince; cómo, por las guerras, ha perdido seres queridos y camaradas que espera volver a ver algún día en el otro mundo. Todo inicia con su padre, Oemirus, quien lideró el asalto a la ciudad de Palfidias y se convirtió en héroe. Pero un trágico malentendido diplomático sembró la semilla de una venganza brutal.En ese entonces, un ejército colosal arrasa el reino de Wilders con un solo objetivo: borrar del mapa el linaje y el pueblo de Oemirus.¿Podrá su hijo Mélon sobrevivir a la tormenta que desató su propio padre?
NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Nuevos amigos, nuevos desafíos
Han pasado un par de meses desde que llegué a Apameia y me pusieran a cargo
de dirigir e instruir a doscientos nuevos reclutas, de a poco iba acostumbrándome
a mi nueva vida.
Cada mañana me levantaba antes de que saliera el sol y me dirigía al campo de
entrenamiento. Los soldados que estában bajo mi mando ya no eran los mismos
jóvenes que conocí al principio, seguían siendo inexpertos, pero sus movimientos
eran más coordinados y habían aprendído a confiar unos de otros.
Yo también estába cambiando.
Durante aquellos meses entendí que dirigir soldados no consistía únicamente en
ser el primero en entrar en combate.
Aprendí a observarlos, a corregirlos y, sobre
todo a entender que cada uno de ellos tenía una vida o familia que proteger, pasé
tiempo con ellos los iba conocíendo y ellos a mi al igual que a Kállos, Iséro y Milena.
Kállos seguia entrenando conmigo cada vez que teníamos tiempo, Iséro y Milena también se habían vuelto parte importante de mi dia a dia.
Los cuatro pasabamos tiempo juntos, aprendí a luchar junto a ellos, y podia notar cuán buenos eran además de lo que había mejorado Kállos desde que nos separamos.
Una mañana, mientras supervisaba un ejercicio de los reclutas, un soldado del palacio llego corriendo.
—Capitán, el rey Stelios solicita su presencia.
Miré a Kállos.
—¿Ahora?
—Ahora mismo señor.
Dejé el entrenamiento en manos de Milena quien me solía ayudar mucho en los entrenamiento de los soldados.
Al entrar en la sala del trono encontre a Stelios junto a Kallías y la embajadora de los Gálatas, los tres parecían estár esperando mi llegada.
—Mélon tenemos un problema.
Me acerque e hice una leve reverencia al rey.
—¿Qué ocurre su majestád?
La embajadora tomó la palabra.
—Una parte de los antiguos seguidores de Grocker se ha levantado contra los caudillos que aceptaron la paz con Wilders.
Kallías continuo.
—No quieren aceptar los acuerdos. Pretenden recuperar el poder y eliminar a todos los que consideran traidores.
—¿Cuántos son pregunté?- pregunté.
—No tenemos una cifra exacta, pero varias aldeas han informado de movimientos de tropas. Las suficientes para convertirse en una amenaza seria para toda la región.-respondió la embajadora
Stelios se levanto de su asiento.
—No podemos permitir que está rebelión crezca, si consiguen controlar varias poblaciones, la paz que acabamos
de conseguir podría desaparecer.
Me quede en silencio.
—¿Qué quiere que haga?
—Acompaña al general Kallías y a la embajadora para sofocar la revuelta.
Lo miré sorprendido.
—¿Yo?
—Tú y tu unidad, junto a Kallías que tendrá otros cuatro mil hombres bajo su mando y otros caudillos que están de nuestro lado debería ser más que suficiente.
La embajadora se acercó.
—Yo tengo el conocímiento de la región y varíos de los caudillo que están dispuestos a pelear, podré servir de intermediaria y para que puedan comunicarse.
Respiré profundo.
Era la primera vez que pisaria territorío Galata.
Finalmente asentí.
—Esta bien señor, le dire a la unidad.
Tres días despues abandonamos Apameia.
Los cuatro mil soldados avanzaban en largas columnas, mientras mis tropas marchaban un metro más atrás, Kállos iba a mi lado, Iséro al otro con su lanza al hombro y Milena cabalgaba detrás de nosotros observando constantemente los alrededores y el terreno.
La embajadora viajaba en el frente del ejército junto a Kallías.
El viaje duró varíos días.
A medida que nos alejábamos de Apameia, el paisaje cambiaba. Pequeñas polis o pueblos de agricultores, las montañas y extensas llanuras.
Finalmente llegamos a un pueblo rodeado de campo y granjas con algunas construcciónes de madera.
Al entrar en el pueblo fuimos recibidos por un hombre de aspecto robusto, acompañado por varias guerreros.
—Soy Brokta, caudillo de estás tierras.
La embajadora bajo de su caballo.
—Gracias por recibirnos.
El hombre hizo una reverencia.
—A ustedes por venir. Temíamos que nadie respondiera a nuestro llamado.
Kallías se acercó.
—Explíquenos que está sucediendo.
El caudillo Galata nos condujo hasta una construcción que utilizaban como salón de reuniones.
—Los rebeldes comenzaron atacando pequeños asentamientos, primero buscaban alimentos y armás. Después
comenzaron a asesinar a quienes apoyaban los acuerdos de paz.
Golpeó la mesa con su puño.
—Quieren reunir suficientes guerreros para tomar los ciudades de los caudillos que aceptaron la alianza con Wilders.
—¿Quién los dirige?
—Varíos antiguos oficiales de Grocker. Ninguno tiene el poder que tenía el, pero juntos pueden ser peligrosos.
Antes de que pudiéramos haber algo más un guerrero entro apresuradamente.
—¡Caudillo Brokta!
Todos nos giramos.
—Los encontramos, sus fuerzas están al este. Se reúnen cerca del río.
Brokta se levanto.
—¿Cuántos?
—No lo sabemos con exactitud señor, tal vez unos siete mil.
Kallías miro el mapa.
—Entonces iremos hacia ellos.
El caudillo barbaro asintió.
—Yo llevaré cinco mil hombres.
Lo miré sorprendido.
¿Cinco mil?, sumados a nuestras fuerzas tendríamos un poco más de nueve mil soldados.
Por primera vez desde que partimos, sentí que la victoria estáría asegurada.
Y ese fue mi primer error.
Llegamos al río entrata la tarde, los rebeldes estában acampados allí.
Quériendo aprovechar el efecto sorpresa Kallías y Brokta se prepararron.
Nuestros soldados permanecieron ocultos entre unas elevaciones de tierra y bosque, del otro lado cerca del río los rebeldes, confiados de que nadie había descubierto su posición.
El general y el caudillo barbaro ordenaron el ataque.
—¡Ahora!
Los cuernos resonaron.
Miles de soldados salieron de sus posiciónes y cargaron contra ellos.
—¡Adelante!- gritó el caudillo
corriendo junto a sus hombres.
El estruendo de los escudos y las armás llenaron el campo.
Los rebeldes apenas tuvieron tiempo de reaccionar.
Kállos avanzaba delante de mí, bloqueando golpes con su escudo y respondiendo con rápidos cortes de espada, parecía que danzaba con movimientos que aniquilaban todo lo que tocaban.
Dos enemigos intentaron atacarla por ambos lado, ella con un movimiento bloqueó al de la izquierda y decapito
al de la derecha, rápidamente remato al que bloqueó con el escudo en cuestión de segundos.
—¡Mélon, a tu izquierda!
Me giré y vi un guerrero que levantaba su espada sobre mi.
Lo bloqueé con mi escudo y lancé un golpe con la espada, el retrocedió pero Kállos terminó con el antes de que pudiera
recuperarse.
—Estate atento a lo que pasa a tu alrededor- me dijo.
Iséro estába al lado mío combatiendo con su lanza que parecía una extensión de su cuerpo, atacaba manteniendo la distancia
sin darles posibilidad de acercarse, los que lo intentaban eran apuñalados por la hoja en la punta de una lanza de hirro solido.
Aunque intentaran de a varíos rápidamente podia cambiar de ángulo, girar sobre su eje derribarlos y rematarlos en el suelo con
una habiliadad escalofriante.
Milena luchaba de una manera completamente distinta, sus dos espadas se movian con precisión, no desperdiciaba movimientos, el enemigo la atacaba y ella reaccionaba con una tranquilidad que asustaba, golpeando puntos vitales, en cuestión de segundo no eran ataque bestias que destrozaban carne eran apuñalamientos simples en, bazo, hígado, pulmones, garganta, hasta articulaciones y tendones su capacidad para reconocer la ubicación de los órganos y partes del cuerpo en pleno movimiento del combate aún estádo rodeada por dos o tres enemigos a la vez la hacian la más peligrosa de los tres.
—¡Mantengan la formación!- ordenó el general.
Los rebeldes comenzaban a retroceder.
Todo parecía estár saliendo a nuestro favor.
Brokta había logrado rodear uno de sus flancos, Kallías el otro y nosotro hibamos por el centro.
—¡Se sigue resistiendo!-Gritó un capitan de Kallías.
Parecía que no querian ceder facilmente, por algun motivo.
—¡Adelante!¡No les den tiempo para reorganizarse o huir!- le indique a mi unidad.
Mis hombres avanzaron conmigo ejerciendo más precion en el centro.
Y entonces escuchamos un sonido completamente distinto, una trompeta con un sonido penetrante llamada nafir.
No venía de los rebeldes, todos nos detuvimos por un instante.
Desde el horizonte apareció una enorme nube de polvo.
—¿Qué demonios es eso?-pregunté.
A la distancia la embajadora se encontraba pálida junto a un pequeño grupo de guerreros.
—¡ASERIOS!-nos gritó.
Kallías frunció el ceño.
—¿Los guerreros del desierto?¿Qué hacen aqui?.
Entonces pude verlos.
Llevaban lanzas largas y escudos de mimbre, algunos avanzaban sobre camellos mientras que otros montaban caballos,
su número parecía aumentar a cada paso.
—¿Están con los rebeldes?-pregunté
—No lo se, pero no vienen con intenciones de hablar- respondió el general.
El primer grupo de jinetes cayó por nuestro flancos disparando flechas y arojando lanzas, eran rápidos, en cuestión de
segundos se nos habían puesto a metros y logrado hostigarnos.
Nuestros hombres intentaron formar líneas, pero la infanteria ligera rapidamnete chocó contra nuestras líneas antes de poder terminar de formar.
—¡Fórmense!-gritaba kallías.
Intentando mantener la embestida de los Aseríos aúnque su equipo era escaso podían moverse con más facilidad que nuestras tropas con escudos me metal y armaduras.
Cuando quisimos acordar nos encontrábamos combatiendo a dos frentes, por un lado los rebeldes quienes sintieron impulso al ver la llegada de sus aliados y por el otros estos guerreros que aúnque no estában muy equipados sabian como aprovechar la movilidad y uso de proyectiles.
Pensamos que no saldriamos con vida, gracias a los dioses el pánico por ser aniquilados de los rebeldes los obligó a dejar un hueco en uno de los flanco que el caudillo barbaro destruyo.
—¡Atrás!-ordenó Brokta.
Los Aseríos no tenían pensados dejarnos ir, empezaron a disparar flechas desde sus camellos, caballos y arqueros a pie.
Levantamos nuestros escudos y aprovechamos que su infanteria se retiraron un par de centímetros para no ser alcanzados por sus propios proyectiles.
Túvimos que retirarnos eran demásiado y nos encontrábamos atrapados entre lanzas y flechas.
En eso vi a Milena luchando contra dos guerreros al mismo tiempo, bloqueó una lanza y apuñaló al segundo, pero un jinete apareció por detrás de ella.
Cabalgé en su direccion.
—¡Milena!
Antes de que pudiera llegar, Iséro le arrojo su lanza y derribo al atacante.
—Ten cuidado son rápidos.
Milena se recupero rapido.
—No nesecito que me salves.
—Después discuten tenemos que salir de aqui- les dije.
—¡Retirada!-gritó el general
Todos empezamos a retroceder, en eso veo como caían varíos de mis hombres, tenía pensado quedarme para darles tiempo de retroceder, pero Kallías me agarró del hombro.
—¡Vamos Mélon!
—¡No puedo dejarlos atrás, tengo que darles tiempo para que puedan irse!.
—¡No hay tiempo para eso!,¡son demásiados lo unico que podemos hacer es irnos!.
Cuando miro a mi alrededor los Gálatas de Brokta ya se estában retirando al igual que las fuerzas de Wilders bajo una lluvia de flechas, jabalinas y piedras que alcanzaban a todo el que se quedaba atrás.
—¡Tenemos que regresar al pueblo!-me ordenó.
Por primera vez vi y entendí que podiamos perder una batalla.
Llegamos al pueblo horas despues, estábamos cubiertos de barro, sangre y polvo.
Me baje de mi caballo, miré detrás mío. De los doscientos que habían partido conmigo de Apameia, apenas unos cincuenta habían conseguido regresar.
Sentí que algo se rompía dentro de mi.
—¿Qué pasó?¿¡Cómo fue posible?!
Kallías se acercó a mi.
—Les prometí que podríamos volver si nos esforzábamos lo suficiente.
El general se sento al lado mío.
—Así son las guerras, no siempre se obtiene el resultadodo que uno espera.
Negue con la cabeza.
—Pero no asi.
—No Mélon, aún que a veces sucede.
Miré mis manos.
—Pensé que podiamos ganar.
—Y quizas lo hubiéramos hecho, pero aparecieron nuevos enemigos a los que no esperamos. Su rapida respuestá les dio una ventaja que supieron aprochera.
—Eso no cambia el resultado de nuestra derrota.
—No pero si te enseña a aprender que ningun entrenamiento se compara con el combate real, que la posibilidad de que en cuestión de segundo un combate pueda cambiar y que a veces no solo sirve atacar también debemos tener conocímiento de todo con lo que dispone el enemigo antes de pelear.
Lo miré y guarde silencio.
—Perdiste hombres, eso no te combierte en un mal líder, sino las decisiones que tomás en medio de esos desafíos. No nos aniquilaron, seguimos vivos, se salvaron
cincuenta de los tuyos, tres mil de los míos y tres mil quinientos de Brokta, todos tuvimos grandes pérdidas pero logramos salvar a una buena parte de nuestras fuerzas.
Miré una vez más a los soldados.
—¿Y que hacemos ahora?
El general apuntó a la gente del pueblo que ayudaba a los heridos y alcanzaba agua a las tropas.
—Proteger.
Ahí comprendí que la guerra no se trata de atacar directamente al enemigo, el reconocímiento del terreno, la información del rival y el uso de tácticas y planes era necesarío para poder ganar ya que dependía más del ingenio de un líder que simplemente fuerza bruta.
Brokta apareció detrás de nosotros.
—Los rebeldes vienen para aqui, envié emisaríos a los otros caudillos pero hasta que alguien responda estámos solos.
Kallías se paró rápidamente.
—Eso podría tomar días no sabemos si tenemos tanto tiempo.
Me levanté lentamente, sentí el temor de lo que había pasado solo hace un rato, pero no podia quedarme paralizado.
—Tenemos que prepararr el pueblo para su llegada.
El caudillo Galata asintió.
—El joven tiene razon, debemos entrar a todos destro del pueblo y prepararrnos para un posible asedio, aúnque con el impulso que traen seguramente vendrás a aniquilarnos.
Kallías agregó.
—Y si vienen con los Aseríos no podemos enfrentarlos en campo abierto, tenemos que esperarlos aqui dentro.
Miré a ambos.
—Entonces haremos eso.
Mientras la noche caía sobre el pueblo, los tres comenzamos a preparar las defensas juntos a los otros capitanes.
La verdadera batalla estába a punto de comenzar.