Dinámica entre un Duque con doble personalidad (Alistair y Vane), el sanador dulce pero fuerte que lo cautiva
NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Noche del Fuego de Nieve
Para celebrar el fin del invierno más duro del siglo y la consolidación del nuevo gobierno, se organizó el Festival del Fuego de Nieve en la plaza central de Cima Blanca. Enormes piras de madera aromática ardían en las esquinas, iluminando la noche con llamas doradas y azules, mientras la música de gaitas y tambores resonaba entre la multitud.
Julian y el Gran Duque caminaban entre su pueblo sin escoltas armados. La gente los saludaba con genuino respeto y alegría. Julian llevaba una capa blanca bordada en hilo de oro, y el Duque lucía sus mejores galas, con los ojos brillando en esa fascinante mezcla de gris y dorado.
A medianoche, cuando la música alcanzó su punto más alegre, el Duque tomó la mano de Julian y lo arrastró hacia el centro de la plaza iluminada.
—¿Alistair? ¿Qué haces? —preguntó Julian riendo, sintiendo el calor del vino de miel en sus mejillas.
—Bailar contigo —respondió el noble con una sonrisa radiante.
Ante los aplausos de cientos de ciudadanos, el Gran Duque envolvió a su consorte en un baile imponente, fluido y lleno de una gracia sobrehumana. Cada giro, cada mirada y cada toque entre ellos destilaba un amor tan evidente que la plaza entera estalló en aclamaciones. Vane y Alistair bailaban en perfecta sintonía, guiando a Julian con una devoción que derretía la noche helada.
Cuando el baile terminó, el Duque tomó a Julian del rostro y lo besó profundamente frente a todo el reino, sellando la celebración entre aplausos ensordecedores.
Sin embargo, al regresar a los aposentos privados del palacio, la sobriedad del evento público se convirtió en una tormenta de pasión contenida.
Apenas se cerraron las puertas dobles, el Duque acorraló a Julian contra la madera. La capa de seda del chico cayó al suelo mientras las manos del noble desataban sus ropas con una urgencia casi salvaje.
—Te vi sonreírle a todo el mundo esta noche... —siseó la voz de Vane, sus ojos dorados ardientes por la posesividad—. Te veías tan jodidamente hermoso que tuve que luchar contra cada uno de mis impulsos para no cargarte en medio de la plaza y mostrarles a todos a quién perteneces.
—Soy tuyo, Vane... solo tuyo —respondió Julian, rodeando el cuello del guerrero, besándolo con la misma desesperación.
—Y mío —añadió la voz suave de Alistair, besándole los ojos y las mejillas con ternura mientras sus manos despojaban a Julian de los pantalones.
Esa noche no hubo prisa, pero sí un desenfreno erótico absoluto. El Duque llevó a Julian a la cama matrimonial y se entregó a él con una ferocidad y una devoción nunca antes vistas. Cada estocada era un reclamo de su carne y su alma; las embestidas profundas de Vane hacían que Julian gritara su nombre hasta quedarse sin voz, mientras los besos y las caricias de Alistair lo mantenían flotando en una nube de amor e intimidad sin límites.
—¡Alistair! ¡Vane! ¡Ah... Dioses, me van a romper! —gemía Julian, con el cuerpo sudoroso, arqueándose contra el cuerpo imponente del Duque.
—Nunca te romperemos, mi amor... te reconstruiremos cada noche —susurró el noble en su oído antes de acelerar el ritmo hasta llevarlos a ambos a un clímax explosivo, donde la magia de sangre y el flujo vital se entrelazaron en un resplandor dorado que iluminó la habitación entera.
Se quedaron acostados en la penumbra, exhaustos, con los cuerpos entrelazados bajo las pieles de oso. Julian apoyó la cabeza en el pecho del Duque, escuchando los dos latidos armoniosos de su corazón.
—¿Estás feliz, mi pequeño sanador? —preguntó Alistair suavemente, acariciando su cabello castaño.
—Nunca he sido más feliz —respondió Julian, mirando los ojos de su señor, sabiendo que en este reino de hielo había encontrado su hogar eterno.
es mentira