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Obsessed

Obsessed

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio
Popularitas:618
Nilai: 5
nombre de autor: Akari_Art

Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..

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EP 23: -La distancia

Isaac estaba en Rusia, tal y como le había dicho a Maeve. Maeve decidió creerle a Isaac. Durante los dos meses que Isaac estuvo en Rusia no tuvo ningún tipo de contacto con Tyler, Tyler tampoco le enviaba mensajes, algo que la convencía de que solo quería llamar su atención para hacer enojar a Isaac, ya que sin la presencia de Isaac ni siquiera recordaba la existencia de Maeve.

Maeve le enviaba mensajes a Isaac para saber cómo iba su estadía en Rusia.

*Maeve:*

"¡Hola! :) ¿Cómo estás? ¿Te gusta Rusia?"

*Isaac:*

"Hola. Normal. No es lo mismo venir por turismo que venir por trabajo."

*Maeve:*

"Yo no fui por ninguna de las dos cosas 😢"

*Isaac:*

"La próxima vez te traeré conmigo si gustas."

*Isaac:*

"Bueno, debo trabajar. Cuando me desocupe te envío un mensaje."

*Maeve:*

"¡Está bien!"

Isaac leyó el mensaje y se fue a trabajar. Tuvo reuniones con socios de su padre que ya conocían cómo trabajaba la familia Bennett y otros accionistas nuevos.

El viaje a Moscú no era lo que había imaginado cuando Arthur se lo propuso. Oficialmente, iba a supervisar la expansión de una de las empresas satélite de los Bennett en el sector energético. En la práctica, era una prueba. Arthur quería ver si podía manejar presión, socios difíciles y un idioma que no dominaba, sin el apoyo directo de la familia.

El hotel donde se hospedaba estaba en el centro, con vista al río Moscova. Era lujoso, silencioso, impersonal. Las primeras noches, Isaac cenaba solo en la habitación, revisando documentos hasta tarde. El frío era distinto al de su ciudad: seco, cortante, te obligaba a caminar rápido.

Pero con el paso de los días, encontró una rutina. Por las mañanas, reuniones en una oficina de cristal con traductora incluida. Por las tardes, visitas a plantas y recorridos con ingenieros rusos que hablaban poco inglés pero eran extremadamente precisos. Por las noches, el gimnasio del hotel y luego mensajes con Maeve.

Esos mensajes se convirtieron en su ancla. No eran largos ni especialmente profundos, pero tenían algo que no había tenido en años: normalidad.

A veces Maeve le contaba cosas pequeñas de la cafetería. Que Sasha había quemado leche intentando hacer un dibujo con espuma. Que Sus amigas habían pasado a saludar y le había dejado propina de más. Que Sasha le había enseñado a remendar un delantal.

Isaac leía todo con atención. Le gustaba imaginarla en ese mundo tan distinto al suyo, tan ajeno a juntas de accionistas y apellidos pesados.

Una noche, después de una reunión particularmente tensa donde uno de los socios nuevos había cuestionado los números presentados por los Bennett, Isaac llegó a su habitación agotado. Se quitó la corbata y se sentó en la cama. Eran las once de la noche en Moscú, las cinco de la tarde en casa de Maeve.

Dudó, pero le escribió.

*Isaac:*

"¿Tuviste mucho trabajo hoy?"

La respuesta llegó a los pocos minutos.

*Maeve:*

"Normal. Mucha gente a la mañana. ¿Y tú?"

*Isaac:*

"Reunión complicada. Uno de los socios no confía en nosotros."

*Maeve:*

"¿Y tú confías en ellos?"

Isaac sonrió. Nadie le hacía ese tipo de preguntas en el trabajo.

*Isaac:*

"Buena pregunta. Todavía no lo sé."

*Maeve:*

"Entonces no firmes nada hasta estar seguro. Eso siempre me decía mi tía."

*Isaac:*

"Tu tía es sabia."

Hablar con ella le quitaba peso al día. No tenía que fingir ser el heredero perfecto. Podía admitir dudas.

Mientras tanto, en Hamburgo, la vida de Maeve también había cambiado. La ausencia de Tyler era notoria. Al principio le pareció extraño no verlo aparecer por la cafetería, no recibir miradas incómodas. Después entendió lo que eso significaba y se lo dijo a Sasha una tarde mientras cerraban.

— ¿Viste? Desde que Isaac se fue, Tyler desapareció —dijo Maeve, limpiando una mesa.

— Te lo dije —respondió Sasha—. Ese chico solo quería molestar a su hermano. Sin Isaac, no tiene público.

— Me hace sentir un poco tonta. Pensé que realmente estaba interesado.

— No te sientas tonta. Es bueno actuando. Todos los Bennett lo son.

Pero Maeve ya no lo veía como un insulto. Después de que ella y Isaac tuvieran conversaciones sinceras antes de que se fuera a Rusia, entendía mejor la dinámica familiar. No los justificaba, pero los entendía.

Una tarde, Luke pasó por la cafetería. Se sentó en la barra como siempre.

— Hace rato no te veía tan tranquila —le dijo.

— Es que las cosas están más tranquilas —admitió Maeve.

— ¿Y con Isaac?

— Bien. Hablamos todos los días. Está en Rusia por trabajo.

Luke asintió, pero su expresión cambió ligeramente.

— ¿Y confías en él?

Maeve lo miró.

— Sí. Decidí confiar.

— Me alegro —dijo Luke, aunque su tono no sonó del todo convencido—. Solo cuídate.

Maeve no le dio más importancia. Estaba aprendiendo a no dejar que las dudas de otros contaminaran lo que ella sentía.

En Moscú, la segunda mitad del viaje fue más intensa. Isaac tuvo que viajar a San Petersburgo por tres días para reunirse con otro grupo de inversionistas. El tren de alta velocidad atravesaba paisajes nevados que le recordaban películas. Llevaba su laptop, pero en lugar de trabajar, se encontró pensando en Maeve.

Se preguntaba qué haría ella si estuviera ahí. Probablemente se burlaría de su abrigo caro, le pediría probar comida callejera, le tomaría fotos sin avisar. La idea lo hizo reír solo en el vagón.

Cuando llegó al hotel en San Petersburgo, le envió una foto de la vista desde su ventana.

*Isaac:*

"Mira. Creo que te gustaría."

*Maeve:*

"¡Qué lindo! Parece de cuento."

*Isaac:*

"Cuando vuelva, te cuento todo. Te debo un café de verdad, no de esos de hotel."

*Maeve:*

"Trato hecho."

Faltaba una semana para que Isaac volviera. Arthur lo llamaba cada dos días para pedirle informes. Cinthia le escribía para saber si comía bien y si tenía suficiente abrigo. Tyler, en cambio, seguía en silencio. Ni un mensaje, ni una llamada.

Isaac no sabía si eso era bueno o malo. Por un lado, agradecía la paz. Por otro, conocía a su hermano y el silencio nunca era casual.

La última noche en Moscú, después de cerrar el acuerdo principal, los socios rusos lo invitaron a cenar para celebrar. Fue una cena larga, con demasiados brindis y conversaciones en ruso que la traductora resumía a medias. Cuando volvió al hotel, eran casi las dos de la mañana.

Revisó su teléfono. Había un mensaje de Maeve de hacía unas horas.

*Maeve:*

"¡Felicidades por cerrar todo! Sasha me contó que es importante. Descansa."

Isaac se quedó mirando la pantalla. No le había contado lo del cierre. Seguramente Sasha lo había escuchado en alguna parte. La ciudad era pequeña para los chismes.

Le respondió, aun sabiendo que ella estaría dormida.

*Isaac:*

"Gracias. Ya casi nos vemos."

Apagó la luz y se quedó mirando el techo. Por primera vez en dos meses, sintió ansiedad por volver. No por la empresa, no por su padre. Por Maeve.

Quería verla en persona, no a través de una pantalla. Quería saber si lo que habían construido a la distancia era real o solo una ilusión creada por la ausencia de problemas.

El vuelo de regreso fue largo, con escala en Estambul. Aterrizó un martes por la mañana, con ojeras y el abrigo todavía puesto. Cinthia lo esperaba en el aeropuerto con un abrazo fuerte.

— Bienvenido, cariño. Estás pálido.

— Es el frío.

En el auto, de camino a la mansión, Cinthia le contó las novedades. Que Arthur estaba contento con los resultados. Que Tyler había estado saliendo mucho pero no había dado problemas.

— ¿No preguntó por mí? —preguntó Isaac.

Cinthia dudó.

— Preguntó cuándo volvías. Nada más.

Isaac asintió. Era lo esperado.

Esa tarde, después de dormir unas horas, tomó su teléfono y le escribió a Maeve.

*Isaac:*

"Ya estoy aquí. ¿Nos vemos mañana?"

La respuesta llegó rápido.

*Maeve:*

"¡Sí! Te extrañé. Digo... extrañé hablar contigo en persona."

Isaac sonrió por primera vez en días sin cansancio de por medio.

*Isaac:*

"Yo también."

Afuera, el sol de su ciudad le pareció más cálido que nunca después del invierno ruso. Guardó el celular en el bolsillo y bajó a cenar con su familia, con la sensación de que, por fin, tenía algo propio por lo que volver.

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