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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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Capítulo 12: Secretos, colores y una visita inesperada

📖 Capítulo 12: Secretos, colores y una visita inesperada

💬 Verónica — Primera persona

Mientras terminamos de preparar todo, lo miro y le pregunto con calma:

—Rafael… ¿ya dejaste de pensar en Isabella? No quiero que nada arruine nuestra cena.

Deja lo que está haciendo y se acerca lentamente, con esa mirada intensa que se pone cuando algo lo inquieta.

—¿Quién es Isabella? —repite, y noto cómo se le tensa la mandíbula—. Dímelo bien, por favor.

—Nadie. Olvídalo, no vale la pena —doy media vuelta para seguir picando las verduras.

Me detiene con suavidad pero con firmeza.

—Te lo pregunto por última vez. ¿Quién es ella y por qué mencionaste su nombre como si fuera algo importante?

Respiro hondo y lo miro a los ojos.

—Era mi mejor amiga. La que te mencionó aquella vez. La que habló mal de mí sin que yo supiera por qué. ¿Suficiente información o quieres más detalles de alguien que ya no forma parte de mi vida?

Suelta un suspiro profundo, como si de repente recordara algo que había olvidado.

—No me acordaba de ella. Gracias por decirme. ¿Y ella venía seguido aquí a tu casa? ¿Conocía bien este lugar?

—Venía de vez en cuando. Pero ya no quiero hablar de ella. Tengo hambre, ¿te quedas a cenar o te quedas ahí parado en la puerta? —le digo, y empiezo a mover todo en el sartén con energía.

Se cruza de brazos y se queda en su lugar, sin moverse.

—No nos vamos a ir a ningún lado hasta que me digas por qué dejaron de hablarse. Tienes que saber algo. Nadie cambia así de la nada.

—Simplemente cambió. Entramos a la universidad y se alejó. Fin de la historia. No sé qué más quieres que te diga —respondo con sinceridad, aunque su insistencia me empieza a molestar un poco.

—Si ya no es importante para ti, ¿por qué te sigue escribiendo ayer y hoy? —insiste, y se acerca un poco más, apoyando una mano en la mesa frente a mí—. Déjame ver los mensajes. Por favor.

Le entrego mi teléfono sin dudar. Que lo lea. No tengo nada que ocultar. Lo veo deslizar la pantalla con el ceño fruncido, leyendo cada palabra, y su expresión se vuelve cada vez más oscura.

—Te dice cosas hirientes. No tiene derecho a hablarte así. Nadie debería hacerte sentir mal, y mucho menos alguien que fue tu amiga —me dice con voz seria, devolviéndome el teléfono.

—No vivo de lo que diga la gente, Rafael. Sé quién soy y sé que no le hice nada malo. Si ella necesita decir esas cosas para sentirse mejor, ese es su problema, no el mío. Yo estoy en paz conmigo misma. Ahora sí, ven, que la comida se enfría.

Se sienta en la barra, pero sigue mirándome como si quisiera protegerme de todo el mundo.

—No me gusta que te lastimen. Y menos gente que conoces desde siempre. Duele más cuando vienen de quienes menos lo esperas.

Sirvo la comida en dos platos y me siento frente a él.

—No me falles tú. Eso es lo único que te pido. Que nosotros seamos diferentes. Que nos cuidemos, no que nos lastime.

Me sostiene la mirada, serio y sincero.

—No te fallaré. No importa qué venga, estoy aquí contigo. Eso te lo prometo.

Comemos en silencio unos minutos, y de repente levanta la vista, inquieto.

—¿Tus papás van a bajar en algún momento? ¿Qué les digo si entran? No quiero parecer incómodo ni grosero.

Le sonrío con ternura.

—Solo diles buenas noches y nada más. Ellos son tranquilos, no te van a interrogar. Aunque… en sus mentes ya nos ven casados, con una casa bonita y tres niños corriendo por ahí —le digo entre risas.

Deja caer el tenedor contra el plato con un pequeño sonido metálico.

—¿Te casarías conmigo? —pregunta como si acabara de escuchar la cosa más importante del mundo.

—Eso depende —le digo divertida—. Primero necesitas pedirme que sea tu novia como se debe, con flores y todo eso. Y tenemos que conocernos bien antes de hablar de bodas. Apenas es nuestra primera cena tranquila juntos.

Se inclina un poco hacia adelante, con esos ojos oscuros fijos en mí.

—Entonces tendré que prepararme para pedirte que seas mi novia como te mereces. Pero no hoy. Hoy solo quiero estar aquí contigo.

Decido cambiar el tema para que se relaje.

—Oye… cuéntame algo de ti que no sepa aún. ¿Cuál es tu color favorito?

—Negro —responde sin dudar—. ¿Por qué preguntas cosas así? No importa el color.

—Importa para mí. Y además… en esta casa no se dicen groserías mientras comemos, ¿de acuerdo? —le digo con fingida severidad.

Aprieta la mandíbula pero asiente lentamente.

—Está bien. No lo haré otra vez. Tú ganas. Ahora te toca a ti. ¿Cuál es el tuyo?

—El rosa —le digo con alegría—. Me encanta el rosa. Es un color feliz.

Me mira como si le hubiera dicho que me gustan los extraterrestres.

—¿Rosa? De verdad? No me imagino a mi lado algo de ese color.

—Pues algún día te voy a regalar algo rosa y te lo vas a poner —le desafío con una sonrisa traviesa—. Y también quiero saber… ¿cuál es tu comida favorita?

—Carne. Bien cocida. Sin salsas raras ni cosas encima —responde encogiéndose de hombros.

—Eres imposible, ¿lo sabías? —le digo entre risas—. ¿Tienes hermanos o eres hijo único?

Su expresión cambia de golpe. Se cierra como una puerta que se cierra con llave.

—No. No tengo hermanos. Mis padres ya no están conmigo. Se fueron cuando era niño.

Lo miro con suavidad.

—Lo siento mucho, Rafael. De verdad. Me hubiera gustado conocerlos. Seguro eran personas buenas si criaron a alguien como tú.

Se levanta de golpe, incómodo, y camina hacia la ventana que da al jardín trasero.

—No pidas perdón por algo que no hiciste. No los conociste. No sabes si eran buenos o malos. Así que no sientas lástima por alguien que ni siquiera recuerdas bien.

—Está bien. No volveré a mencionarlo si no quieres. Pero aquí estoy si algún día quieres hablar de ellos. Ven, siéntate, que la comida se enfría.

En ese momento escuchamos pasos en la escalera. Rafael se pone rígido como una tabla, los hombros tensos, la espalda rectísima. Parece que va a salir corriendo en cualquier momento.

—Tranquilo —le susurro—. Es solo mi papá. Ven, siéntate bien y sonríe. No te va a morder.

Mi papá entra a la cocina con su pantuflas y su taza de té en la mano. Rafael se endereza visiblemente, se acomoda la camisa y dice con voz que intenta sonar firme pero que se nota nerviosa:

—Buenas noches, señor Álvarez. Gracias por dejarme cenar aquí.

Mi papá lo mira de arriba abajo con esa mirada suya que lo analiza todo sin decir una palabra, y luego sonríe, esa sonrisa cálida y enorme que tiene siempre.

—Buenas noches, muchacho. Qué bueno que acompañas a Verónica. No se preocupe, siéntase como en su casa. Terminen tranquilo, que no los molesto. Solo venía por mi agua caliente —dice con su voz tranquila, y se retira a la sala.

Rafael suelta el aire que estaba conteniendo y me mira como si hubiera sobrevivido a una tormenta. Me muerdo la mejilla por dentro para no reírme en su cara. El hombre más imponente que conozco temblando porque mi papá le dijo buenas noches, pienso divertida pero con el corazón lleno de ternura. Y sé que mi papá ya planeó alguna broma para después, porque ese brillo en sus ojos lo conozco muy bien.

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Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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