A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están
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capítulo 20: Entre la indiferencia y los detalles
La tarde transcurrió con tranquilidad.
Cuando cayó la noche, Juliana me propuso salir a comer para despejar la mente.
—Vale, deja de encerrarte. Vamos a dar una vuelta y a comer algo.
Acepté de inmediato.
Caminamos un rato por la ciudad antes de entrar a un restaurante. Entre risas y buena comida, Juliana no dejó pasar la oportunidad de darme uno de sus famosos consejos.
—Ya es hora de que te eches una canita al aire. No sientas remordimiento por Dani. Si supieras la cuarta parte de todo lo que él te ha hecho... hasta te quedarías corta.
No pude evitar reír.
—Eres terrible, Juli.
—No, amiga. Solo quiero que dejes de sufrir por alguien que no siempre te ha valorado.
Seguimos hablando durante horas hasta que regresamos al apartamento.
Apenas entré, vi que Dani me había escrito varias veces. Como siempre, no dejaba pasar ni un momento sin enviarme un mensaje.
Le respondí con tranquilidad, luego me di una ducha y me puse un panty y un buzo largo de mangas largas. No tenía intención de salir de nuevo, así que me acomodé en la cama.
Sin pensarlo demasiado, subí una foto a mi estado de WhatsApp.
A los pocos minutos apareció un mensaje de Dani.
"Hermosa, mi novia... y pensar que algún día todo eso será mío."
Sonreí con ternura y le respondí únicamente con un emoji.
Seguimos conversando por mensajes.
Alessandro
Por la tarde salí con Marco a tomar algo.
Casualmente nos encontramos con dos presentadoras muy conocidas del país. Conversamos, coqueteamos, hubo algunas copas, unos cuantos besos y terminé pasando un rato en el apartamento de una de ellas.
Era una mujer realmente hermosa.
Alta, de piernas largas, con un cuerpo espectacular, justo el tipo de mujer que siempre me había gustado.
Sin embargo...
No disfruté la tarde como antes.
Mientras estaba con ella, mi cabeza no dejaba de regresar una y otra vez a Valentina.
A su sonrisa.
A su mirada.
A su forma de desafiarme.
Y, sobre todo...
A aquel beso.
Cuando regresé al penthouse ya eran cerca de las nueve de la noche.
Me duché, me cambié y, antes de acostarme, revisé el celular.
Entonces apareció su estado.
Valentina.
Solo llevaba un buzo largo, pero dejaba ver sus piernas.
Tragué saliva.
Sin pensarlo demasiado reaccioné con un emoji de fuego.
A los pocos segundos ella respondió con un inocente emoji de angelito.
Sonreí.
"Hermosas piernas."
Ella respondió con un simple:
"Gracias."
No satisfecho, escribí otra vez.
"Quién estuviera ahí para verte así en persona..."
Esperé.
La respuesta fue únicamente un emoji pensativo y un corto:
"Jajaja."
Negué con la cabeza riéndome solo.
No podía creerlo.
Mientras una simple foto suya era capaz de acelerarme el corazón, yo parecía no provocar absolutamente nada en ella.
Apagué el celular y me quedé mirando el techo.
¿Por qué esa mujer me tenía tan obsesionado?
No era el tipo de mujer con el que solía salir.
Siempre me habían gustado las mujeres altas, exuberantes, con curvas muy marcadas.
Valentina era diferente.
Más baja.
Natural.
Con una belleza sencilla, elegante y sin artificios.
Y, además, apenas tenía veintidós años, mucho menor que las mujeres con las que normalmente salía.
Quizá...
Era precisamente eso lo que me volvía loco.
Su indiferencia.
Que no corriera detrás de mí.
Que pareciera inmune a mi encanto.
Con ese pensamiento terminé quedándome dormido.
A la mañana siguiente desperté a las seis.
Fui al gimnasio como de costumbre y, mientras entrenaba, grabé un pequeño video haciendo ejercicio para subirlo a mis redes sociales.
Después regresé a casa, me bañé y salí hacia la agencia junto a Isa.
Alessandro
Me desperté temprano.
Salí a trotar, llegué a casa me bañé cambié
Mientras desayunaba revisé el celular.
El primer video que apareció fue el de Valentina entrenando.
Sonreí sin darme cuenta.
Cada día se veía más hermosa.
Sacudí la cabeza y me fui a la oficina.
Al llegar saludé a varias empleadas que, como siempre, fueron amables y coquetas conmigo.
Respondí con educación hasta que entré al ascensor.
Justo antes de cerrarse las puertas entraron Juliana y Valentina.
—Buenos días, jefe —saludó Juliana con una sonrisa.
—Buenos días, Juliana.
Valentina apenas levantó la mirada.
—Buenos días, señor De Lucca.
Su tono era completamente profesional.
Como si el beso del sábado jamás hubiera ocurrido.
—Buenos días, Valentina.
Durante todo el trayecto ella siguió conversando con Juliana, ignorándome por completo.
Ni una sonrisa.
Ni una mirada.
Nada.
Cuando las puertas se abrieron, ambas salieron caminando mientras seguían hablando entre ellas.
Como si yo no existiera.
Entré a mi oficina completamente frustrado.
¿Qué le pasaba?
¿Tan difícil era ser un poco amable conmigo?
Juliana
Apenas nos alejamos del ascensor, miré a Valentina divertida.
—Vale... eres tremenda. ¿Viste cómo te miraba? Y tú... indiferencia total.
Ella soltó una pequeña sonrisa.
—¿Y qué? ¿Crees que porque le di un beso ya me tiene en sus manos? Alessandro está acostumbrado a que todas las mujeres caigan rendidas a sus pies.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Además... ¿no viste las noticias de farándula? Ayer salió con Marco muy cariñoso con unas presentadoras.
—No las vi.
—Yo sí. Solo no quise decirte nada mientras desayunábamos.
Nos despedimos y cada una continuó con su trabajo.
Valentina se dirigió al estudio donde realizarían la sesión fotográfica para la campaña de verano.
Alessandro
Estaba revisando unos documentos cuando sonó mi teléfono.
Era mi padre.
—¿Sí?
—¡Eres un sinvergüenza, Alessandro!
Fruncí el ceño.
—¿Ahora qué hice?
—Te han visto con diferentes mujeres en Colombia. El padre de Bianca está muy molesto y, si sigue viendo ese comportamiento, cancelará el matrimonio.
Apreté la mandíbula.
—Papá...
No me dejó hablar.
—Escúchame bien. Si ese matrimonio se cancela, te dejaré sin un solo peso. Más te vale comportarte o regresar inmediatamente a Italia.
La llamada terminó.
Respiré profundamente intentando controlar mi enojo.
Lo único que me faltaba.
En ese momento entró Marco.
—¿Qué pasó? Tienes cara de pocos amigos.
Preferí no mencionar que parte de mi mal humor se debía a la indiferencia de Valentina.
Solo le conté la conversación con mi padre.
—Tendrás que tener más cuidado, amigo.
Asentí en silencio.
Después de un rato decidimos revisar cómo avanzaba la campaña de verano.
Al llegar al estudio la vi.
Valentina estaba frente a las cámaras.
Segura.
Elegante.
Sonriendo con naturalidad.
Era imposible apartar la vista de ella.
Por un instante nuestras miradas se cruzaron.
Pero ella simplemente volvió a concentrarse en el fotógrafo, como si yo fuera un desconocido más.
Aquello volvió a irritarme.
Regresamos a la oficina.
Mientras intentaba trabajar, una idea apareció de repente.
Algo que jamás había hecho por una mujer.
Entré a internet y busqué una floristería.
Pedí un hermoso ramo de flores, un oso de peluche y una tarjeta.
El mensaje decía:
"Gracias por el sábado. Aún no puedo borrar el sabor de tus labios."
P.D.: A. D. L.
Sonreí satisfecho.
Si hacía falta conquistarla con detalles...
Lo haría.
Porque, por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesto a luchar por una mujer que no parecía impresionarse con absolutamente nada.
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