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No Renací... Desperté.

No Renací... Desperté.

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.

Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.

Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.

Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Habían pasado varios días desde que regresé a la casa de mi padre.

Aun así, todas las mañanas despertaba por pura inercia creyendo que seguía en el apartamento que durante cinco años llamé hogar. Durante unos segundos todo parecía normal. Después abría completamente los ojos, veía el techo de mi antigua habitación y la realidad volvía a caer sobre mí con el mismo peso de siempre. El divorcio ya era un hecho. No había marcha atrás. Y, aunque en el fondo sabía que había tomado la decisión correcta, eso no hacía que doliera menos. Había descubierto que una decisión podía ser la adecuada y, aun así, romperte el corazón.

Aquella tarde encontré a mi padre, Joaquín, en el jardín delantero. Estaba arrodillado frente a uno de los rosales que mi madre había plantado muchos años atrás. Llevaba unos guantes de jardinería completamente cubiertos de tierra y, para mi sorpresa, parecía mantener una conversación bastante seria con las plantas mientras podaba unas ramas secas.

Me crucé de brazos y lo observé durante unos segundos.

—¿Les estás dando un discurso?

Él levantó la cabeza y una sonrisa apareció de inmediato en su rostro.

—Claro. Les estoy explicando que todavía no tienen permiso para morirse.

No pude evitar reír.

—Papá... son plantas.

—Precisamente por eso. Si nadie les habla, terminan deprimiéndose.

Negué con la cabeza mientras soltaba otra pequeña risa.

—Cada día estás más raro.

—Y cada día más sabio.

Intentó ponerse de pie, pero apenas se incorporó hizo una pequeña mueca y se llevó una mano a la espalda.

—Ay...

Di un paso hacia él.

—¿Qué pasó?

—Nada importante. Solo que la juventud decidió abandonarme hace bastantes años.

Me acerqué para ayudarlo a levantarse del todo.

—Siempre dices lo mismo.

—Porque cada día me duele una parte distinta del cuerpo.

Entramos juntos en la casa todavía riéndonos. Me gustaba verlo así. Desde que mi madre murió, había aprendido a esconder gran parte de su tristeza detrás del humor. Cuando era pequeña no lograba comprenderlo. Ahora sí. Había momentos en los que reír era la única manera de impedir que el dolor terminara por romperte.

Durante el almuerzo hablamos de cosas completamente insignificantes. Del jardín, del clima, de un vecino que había decidido pintar toda su casa de un amarillo tan intenso que parecía un enorme girasol plantado en medio de la calle. La conversación era tan ligera que, por un momento, casi conseguí olvidar todo lo ocurrido durante los últimos días.

Entonces, sin saber muy bien por qué, hice una pregunta que llevaba mucho tiempo rondando mi cabeza.

—Papá...

Él levantó la vista de su plato.

—¿Sí?

—¿Mamá fue tu primer amor?

Vi cómo dejaba lentamente los cubiertos sobre la mesa antes de responder. Una sonrisa tranquila apareció en su rostro.

—No.

Parpadeé sorprendida.

—¿No?

Negó despacio.

—Tu madre fue el gran amor de mi vida. Pero no el primero.

Creo que jamás me había contado aquella historia, me acomodé mejor en la silla.

—Siempre pensé que solo habías amado a mamá.

Él dejó escapar una pequeña risa.

—Eso pensabas porque nunca me lo habías preguntado.

Guardó silencio durante unos segundos, como si estuviera ordenando los recuerdos antes de compartirlos.

—Tenía poco más de veinte años. Trabajaba prácticamente todo el día y apenas podía pagar el alquiler de un apartamento diminuto. En aquella época conocí a una muchacha muy bonita. Yo estaba completamente convencido de que algún día me casaría con ella.

—¿Y qué pasó?

Mi padre apoyó los codos sobre la mesa.

—Un día me pidió que habláramos. Me dijo que yo era un buen hombre, que me apreciaba mucho... pero que quería una vida distinta.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Qué quiso decir con eso?

—Quería viajar por el mundo, vivir rodeada de lujos, tener una casa enorme, joyas, ropa de diseñador... y yo apenas podía invitarla a cenar una vez al mes.

Sentí una pequeña punzada en el pecho.

—¿Te dejó por dinero?

Él negó suavemente.

—Durante mucho tiempo pensé que sí. Después entendí que no era exactamente eso.

Lo observé en silencio. Él sonrió con serenidad.

—Simplemente nunca me amó lo suficiente.

Aquellas palabras quedaron suspendidas entre nosotros durante unos segundos.

—Cuando uno ama de verdad, puede renunciar a muchas cosas. Pero cuando no ama... cualquier excusa termina siendo suficiente para marcharse.

Bajé la mirada hacia mi plato, sin querer, pensé en Lucan, mi padre debió adivinarlo de inmediato.

—¿Sabes qué fue lo peor de todo aquello?

Negué lentamente.

—Que durante mucho tiempo creí que el problema era yo. Pensé que no era suficiente. Que debía trabajar más, ganar más dinero, convertirme en alguien distinto para que quisiera quedarse.

Levanté la vista. Él sonrió con una mezcla de nostalgia y tranquilidad.

—Hasta que comprendí algo muy sencillo.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—La persona correcta nunca te pedirá convertirte en otra para merecer su amor.

Sentí un nudo en la garganta, mi padre continuó hablando.

—Después conocí a tu madre.

Sus ojos brillaron con el mismo cariño de siempre.

—¿Y sabes cuál fue nuestra primera cita?

Negué sonriendo.

—Compartimos una empanada.

No pude evitar reír.

—¿Una sola?

—No tenía dinero para comprar dos.

Los dos soltamos una carcajada.

—Cuando terminé de comer me di cuenta de que ella apenas había probado la suya. Le pregunté si no tenía hambre.

Me miró con una sonrisa llena de recuerdos.

—¿Sabes qué me respondió?

Negué una vez más. Su voz se volvió mucho más suave.

—"Quería que tú comieras más."

El comedor quedó en silencio.

—En ese momento comprendí que había conocido a una mujer completamente distinta. Nunca volvió a importarnos cuánto dinero teníamos.

Desvió la mirada hacia la fotografía de mi madre que descansaba sobre un mueble cercano.

—Y nunca dejó de elegirme.

Sentí que las lágrimas amenazaban con volver. Me levanté de la silla, rodeé la mesa y lo abracé con fuerza. Él respondió al abrazo de inmediato.

—Gracias, papá.

Acarició mi cabello con la misma ternura de siempre.

—Solo prométeme una cosa.

—¿Cuál?

—No permitas que una persona equivocada te haga creer que no mereces volver a ser feliz.

No respondí.

Todavía no sabía si era capaz de creer aquellas palabras.

Aquella noche, después de cenar, volví al columpio del jardín. Poco a poco se estaba convirtiendo en mi refugio favorito. Me senté descalza, abracé las piernas contra el pecho y contemplé el cielo mientras la luna iluminaba el jardín con una claridad especial.

Escuché unos pasos acercándose desde el otro lado del jardín, no necesité girarme para saber quién era.

—Buenas noches.

Sonreí apenas.

—Buenas noches.

Eiden apareció junto al columpio con las manos dentro de los bolsillos del pantalón.

—¿Puedo?

Señaló el asiento y yo asentí.

—Claro.

Se sentó dejando, como siempre, una distancia prudente entre los dos. Permanecimos varios minutos en silencio. Era curioso. Su compañía nunca me resultaba incómoda y, de alguna manera, aquellos silencios parecían decir mucho más que una conversación apresurada.

Finalmente fue él quien habló.

—¿Cómo estuvo el día?

Miré hacia el jardín.

—Mejor.

Él asintió lentamente.

—Eso ya es un avance.

Sonreí levemente.

—Mi papá me contó una historia de cuando era joven.

—¿Sí?

Comencé a relatarle todo lo que mi padre me había contado durante el almuerzo. Eiden escuchó sin interrumpirme en ningún momento. Cuando terminé, permaneció unos segundos contemplando el cielo antes de hablar.

—Tu padre es un gran hombre.

—Lo es.

Sonreí con cariño.

—Siempre encuentra la manera de hacerme sentir mejor.

Eiden inclinó ligeramente la cabeza.

—Tienes suerte de tenerlo.

Lo miré.

—Lo sé.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros. Esta vez fui yo quien decidió romperlo.

—¿Y usted?

Él volvió el rostro hacia mí.

—¿Yo qué?

—¿Alguna vez estuvo enamorado?

Por primera vez desde que lo conocía pareció pensarlo antes de responder.

—Sí.

Esperé, pero no añadió nada más. Sonreí divertida.

—No va a contarme la historia, ¿verdad?

Una leve curva apareció en la comisura de sus labios.

—No esta noche.

—Entonces seguiré sintiendo curiosidad.

—No siempre es malo sentir curiosidad.

Negué entre risas.

—Eso ha sonado demasiado misterioso.

—Puede ser.

El columpio continuó balanceándose suavemente mientras la brisa nocturna movía las ramas de los árboles. Me di cuenta de que, por primera vez en muchos días, el peso que llevaba sobre el pecho parecía un poco más ligero.

Entonces Eiden volvió a hablar.

—Naelia.

Fue la primera vez que pronunció mi nombre.

No dijo "señora Sanz". No utilizó aquella distancia educada que siempre mantenía. Solo... Naelia.

Levanté la vista.

—¿Sí?

Me sostuvo la mirada con la misma serenidad de siempre.

—No pretendo ocupar el lugar de nadie, ni decirle cómo debería sentirse. Pero... si alguna noche necesita hablar, o simplemente sentarse aquí sin decir una sola palabra...

Hizo una breve pausa antes de dedicarme una sonrisa apenas perceptible.

—Lo que quiero decir es que... Puede verme como un amigo.

Sentí que algo cálido se acomodaba dentro de mi pecho. Hacía mucho tiempo que nadie me ofrecía su compañía sin esperar absolutamente nada a cambio.

Sonreí con sinceridad.

—Gracias.

Él hizo un pequeño gesto con la cabeza.

—Los amigos no suelen agradecer ese tipo de cosas.

Solté una risa suave.

—Entonces tendré que acostumbrarme.

—Supongo que sí.

Nos quedamos allí un rato más, hablando de cosas pequeñas, sin prisas, sin silencios incómodos y sin heridas que necesitaran abrirse aquella noche.

Y, por primera vez desde que salí del apartamento donde había terminado mi matrimonio, tuve la sensación de que quizá... Solo quizá... La vida todavía guardaba personas capaces de aparecer sin hacer ruido, quedarse sin pedir nada a cambio... Y enseñarte, poco a poco, que volver a confiar también podía ser una forma de empezar de nuevo.

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Isidra Marta Sánchez Ortiz
Que cruel
Estrella Reyes Reyes
👏👏👏Gran capitulo,me facino la actitud de ella,firmesa,dignidad,orgullo,ellos tenian que sentir verguenza,y esa cucaracha,tan orgullosa y era la amante👏👏👏
Flickr Mary Soly
Más capítulos
Myriam Hernandez
Excelente
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Espero este sea nuestro próximo ser amado y protagonista, me está encantando para ella!! 😍
Flickr Mary Soly
👏Estoy esperando más cañ. Muy bonito esta para leer
🌺🌵 Monny 🌵🌺
No te creo!! Si lo sintieras no la habrías lastimado 🤬
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Ayyy la amoooo!!! Así deberían ser muchas mujeres, salir con muchísima dignidad, si duele muchísimo, pero ante todo mucho amor propio y dignidad 👏🏻👏🏻👏🏻
Flickr Mary Soly
Más capítulos por que escriben bonito y luego no lo terminan
Crystal Suárez: Apenas empecé a publicarla ayer 😅 por eso solo tiene 8 capitulos, no te preocupes, la voy a terminar
total 1 replies
💖 la niña de tus ojos💖
bastante cruda pero por desgracia asi es la realidad cuando la costumbre se aloja en tu hogar todo cambia así que hay que sacarla a escobazos
😅😅😅😅😅
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