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Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Un baile inolvidable

La plaza quedó en silencio por un instante.

Todos miraban a Sara y a Ario.

—¿Qué sucede? —preguntó ella al ver que el joven permanecía inmóvil.

Ares tragó saliva.

En miles de años había enfrentado titanes, monstruos y ejércitos enteros.

Pero jamás había bailado con alguien.

—Yo... no sé bailar.

Sara soltó una risa tan sincera que Ares sintió que el mundo se detenía.

—No te preocupes.

Le tomó ambas manos con delicadeza.

—Yo te enseño.

Ares asintió, un poco avergonzado.

Los músicos comenzaron una melodía lenta.

Sara dio un pequeño paso hacia atrás.

—Solo sígueme.

Ares intentó imitarla.

Pisó accidentalmente el pie de Sara.

—¡Lo siento!

Ella soltó una carcajada.

—No pasa nada.

Volvieron a intentarlo.

Esta vez Ares tropezó consigo mismo.

Los niños empezaron a reír.

Daniel gritó desde una mesa:

—¡Ánimo, Ario!

Toda la plaza estalló en risas.

Por primera vez en siglos, Ares también rió de sí mismo.

—Creo que soy peor de lo que imaginaba.

—No eres tan malo.

—Eso es una mentira.

Sara sonrió.

—Solo necesitas práctica.

Poco a poco, el dios de la guerra comenzó a seguir el ritmo.

Ya no pensaba en los pasos.

Solo miraba a Sara.

Sus ojos miel reflejaban las luces de los faroles.

Su sonrisa parecía iluminar toda la plaza.

Sin darse cuenta, Ares terminó sonriendo también.

A unos metros de allí, Afro observaba la escena.

Al principio sintió una pequeña punzada en el pecho.

Pero al ver lo feliz que parecía Sara, sonrió con sinceridad.

—Se ven muy bien juntos...

Sus palabras apenas fueron un susurro.

Sin embargo, alguien más las escuchó.

Desde el campanario, Eris sonrió.

—Ahí está...

La primera grieta.

Movió un dedo discretamente.

Una pequeña chispa oscura descendió hacia Afrodita.

No era un hechizo para controlar su mente.

Solo amplificaba las dudas que ya existían.

Afrodita observó nuevamente a Sara y Ares.

Por un instante...

Sintió miedo.

¿Y si Sara terminaba enamorándose de Ares?

Sacudió la cabeza.

—No.

Ella no era así.

No iba a competir por alguien.

Pero aquella duda no desapareció por completo.

Eris sonrió satisfecha.

—Con eso basta... por ahora.

Al terminar la canción, toda la plaza aplaudió.

Sara hizo una pequeña reverencia.

—¿Ves? Al final aprendiste.

Ares respondió con una sonrisa.

—Porque tuve una buena maestra.

Sara sintió un ligero rubor en las mejillas.

—Gracias...

En ese momento, Daniel apareció corriendo.

—¡Hermana!

—¿Qué pasa?

—¡También tienes que bailar con Afro!

Sara miró a Afrodita.

—¿Te gustaría?

Afrodita sonrió con dulzura.

—Me encantaría.

Tomó la mano de Sara con delicadeza.

La siguiente melodía comenzó.

A diferencia de Ares, Afrodita bailaba con una elegancia casi perfecta.

Cada movimiento parecía una obra de arte.

Sara intentaba seguirle el ritmo sin dejar de reír.

—Eres increíble.

Afrodita negó con una sonrisa.

—No.

Acarició suavemente la mano de Sara.

—Solo tengo una buena compañera.

Las palabras hicieron que el corazón de Sara latiera un poco más rápido.

No entendía por qué.

Solo sabía que estar cerca de Afro le transmitía una paz difícil de explicar.

Desde un costado, Ares observaba la escena.

Sintió exactamente la misma punzada que Afrodita había sentido minutos antes.

—Ahora entiendo...

Daniel volvió a aparecer junto a él.

—¿Otra vez esa cara?

Ares suspiró.

—Creo que sí.

Daniel sonrió divertido.

—No se preocupe.

Mi hermana siempre dice que el cariño no se demuestra peleando.

Se demuestra estando presente cuando alguien lo necesita.

Aquellas palabras quedaron grabadas en la mente del dios de la guerra.

Cuando terminó el baile, la música se detuvo de golpe.

El cielo comenzó a oscurecerse.

Un viento helado recorrió la plaza.

Las antorchas se apagaron una tras otra.

Los vecinos comenzaron a mirar hacia arriba.

—¿Qué está pasando?

Las nubes negras giraban formando un enorme remolino.

En el Olimpo, Zeus se levantó de su trono.

—¿Quién está usando poder divino en el mundo mortal?

Atenea observó el Espejo del Mundo.

—No somos nosotros...

Hermes abrió mucho los ojos.

—Entonces...

Todos comprendieron la respuesta al mismo tiempo.

Eris.

En la plaza, una risa resonó entre las sombras.

—Qué hermosa celebración...

La figura de Eris apareció sobre el campanario, ya sin ocultar su naturaleza divina.

Su cabello flotaba con el viento y sus ojos dorados brillaban con una mezcla de diversión y desafío.

Los habitantes del pueblo retrocedieron aterrados.

Sara dio un paso al frente, protegiendo a Daniel.

—¿Quién eres?

Eris sonrió.

—Solo alguien que viene a comprobar si la esperanza de la humanidad es tan fuerte como dicen.

Ares y Afrodita intercambiaron una mirada de preocupación.

Habían prometido no intervenir.

Pero Eris acababa de romper esa regla.

Y si Sara corría peligro...

Quizá ellos también tendrían que romperla.

Fin del Capítulo 12.

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