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MI VENGANZA SERA CONVERTIRME EN TU MADRASTRA

MI VENGANZA SERA CONVERTIRME EN TU MADRASTRA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Reencarnación / Villana / Completas
Popularitas:274.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristhel Auren

Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.

NovelToon tiene autorización de Cristhel Auren para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Control de plagas en el salón de té

El salón de té de la mansión Enthal solía ser el escenario de las peores humillaciones de la antigua Kaileris. Era aquí donde Selius venía a bostezar mientras ella le leía poemas, y donde Sabell se las ingeniaba para derramar té "accidentalmente" sobre los vestidos de seda de su mejor amiga para luego consolarla con una sonrisa de víbora.

Cuando las grandes puertas dobles de madera tallada se abrieron, el murmullo de la conversación se detuvo en seco.

Mi padre, el Marqués Enthal, estaba sentado junto al ventanal. Frente a él, elegantemente acomodados en el sofá de brocado, se encontraban el falso héroe y la falsa heroína de esta patética historia. Selius lucía su habitual traje de gala azul con botones de plata, manteniendo esa postura lánguida y arrogante de quien se sabe dueño del mundo. A su lado, Sabell vestía un traje rosa pastel de cuello alto, cubierto de encaje blanco; parecía una muñeca de porcelana puritana e inofensiva.

Entré al salón con un paso lento, rítmico y deliberado. Mis caderas se movían con una cadencia natural que el terciopelo vino tinto acentuaba a la perfección. Con cada paso, la hendidura de la falda revelaba el contorno de mi pierna, atrayendo la luz de la tarde.

El primero en reaccionar fue el Marqués, quien casi ahoga un gemido de sorpresa. Selius, que mantenía una expresión de aburrimiento supremo esperando ver entrar a una desquiciada llorosa, se quedó congelado a mitad de un bostezo. Sus ojos plateados recorrieron mi cuerpo, deteniéndose de manera casi obscena en el escote cruzado que enmarcaba mis clavículas y destacaba mi busto. Sabell, por su parte, palideció tanto que el rubor de sus mejillas pareció pintado con tiza.

—Kaileris... —la voz de mi padre rompió el silencio, cargada de una mezcla de desconcierto y reproche—. ¿Qué es... esa vestimenta? ¿Y tu cabello?

—Buenas tardes, padre. Selius, Lady Sabell —saludé, ignorando olímpicamente la pregunta del Marqués mientras me deslizaba hacia el sillón individual que quedaba justo en el centro del salón. Me senté cruzando las piernas con elegancia, permitiendo que la falda se abriera lo suficiente como para dejar al descubierto mi rodilla y parte del muslo. Desplegué mi abanico de encaje negro con un golpe seco de muñeca—. El médico me recomendó usar ropa cómoda y respirar aire fresco tras mi accidente. Encontré este viejo vestido en el fondo del armario y decidí que los cuellos altos solo sirven para esconder la falta de gracia.

Selius tragó saliva visiblemente. El cachorro estaba acostumbrado a ver a Kaileris envuelta en capas de tela como una monja, siempre tímida y ansiosa por su aprobación. Verme vestida como una cortesana de la alta sociedad, exudando una sensualidad tan madura y segura, lo tenía completamente descolocado.

—Kaileris, querida... —Sabell fue la primera en recuperar la compostura, forzando esa voz dulce que me revolvió el estómago—. Nos enteramos de tu terrible caída del caballo. Estaba tan preocupada... Pensé que el dolor te impediría recibirnos. Incluso le pedí a Selius que te trajera tus chocolates favoritos para animarte.

Sabell señaló una costosa caja de plata sobre la mesa. En los recuerdos de Kaileris, Selius jamás le había regalado nada; Sabell siempre organizaba estos "detalles" para quedar como la mediadora perfecta y compasiva.

—¿Chocolates? Qué amable, Sabell —respondí, cubriendo la mitad de mi rostro con el abanico, dejando solo mis ojos felinos a la vista—. Aunque me temo que tendrás que comértelos tú. Mi paladar ha cambiado drásticamente desde el golpe en la cabeza. Ahora encuentro las cosas demasiado dulces... un tanto empalagosas e hipócritas. Como el veneno disfrazado de azúcar.

Selius frunció el ceño, enderezando la espalda en el sofá. Su orgullo de heredero no soportaba el tono de indiferencia con el que lo estaba tratando.

—Kaileris, modera tu temperamento —intervino Selius con voz autoritaria, intentando recuperar el control—. Sabell solo intenta ser una buena amiga contigo después del ridículo espectáculo que armaste antes de tu accidente. Estar encerrada tres días por un simple malentendido en el festival del norte fue una inmadurez de tu parte. Como mi prometida, debes aprender a comportarte con la dignidad que exige el apellido Carsont.

Miré a Selius a través del encaje negro de mi abanico. En mi vida pasada, había visto cachorros de Husky aullar con más autoridad que este niño rico.

—¿Prometida? —bajé el abanico despacio, dejando al descubierto una sonrisa ladina y sensual—. Oh, Selius. Creo que el golpe en la cabeza me aclaró la vista de una forma maravillosa. Verás, un Carsont de verdad no pierde el tiempo justificando "malentendidos" con las amigas de su infancia mientras descuida lo que legítimamente le pertenece.

—¿De qué estás hablando? —Selius se tensó, sus ojos viajando inevitablemente hacia el sutil movimiento de mi busto al respirar. La atracción física y la confusión estaban ganándole la batalla a su arrogancia.

—Hablo de que este compromiso ya no me divierte —solté con total ligereza, como quien descarta un par de zapatos viejos. Me incliné hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, lo que hizo que mi escote se volviera peligrosamente sugerente. Los ojos de Selius bajaron de inmediato—. Eres un joven atractivo, Selius, pero careces de... sustancia. Me gustan los hombres con un poco más de experiencia. Hombres que sepan gobernar un imperio, no solo un carruaje de lujo.

—¡Kaileris! —exclamó el Marqués, poniéndose de pie de un salto, completamente escandalizado por la audacia de mis palabras.

Sabell vio su oportunidad de oro para actuar como la santa de la situación. Se inclinó hacia Selius, tocándole el brazo de manera posesiva mientras me miraba con lágrimas de cocodrilo en los ojos.

—Kaileris, ¿cómo puedes decirle algo tan horrible a tu prometido? Selius ha sido muy paciente contigo. Sé que estás herida por los rumores del festival, pero inventar estas locuras y vestirte de una manera tan... tan provocativa no va a hacer que él te ame más. Solo te estás rebajando.

Me levanté del sillón con una gracia felina, ignorando a mi padre y caminando directamente hacia el sofá donde ellos dos estaban sentados. Me detuve a escasos centímetros de Selius. El perfume a sándalo y rosas que Relis me había aplicado inundó el espacio. Pude ver cómo la manzana de Adán de Selius se movía al tragar saliva. Estaba fascinado y aterrado a la vez.

Me incliné hacia él, reduciendo la distancia hasta que mi rostro quedó a pocos centímetros del suyo. Selius contuvo el aliento, con los ojos fijos en mis labios rojos y húmedos. Sabell se quedó rígida a su lado.

—¿Rebajarme, Sabell? —susurré, mi voz sonando como seda líquida que erizó los vellos de la nuca de Selius—. No te confundas. Si me visto así, no es para retener a un niño que se conforma con tan poco.

Me enderecé por completo, mirando a Selius desde arriba con un desprecio soberbio que lo hizo encogerse inconscientemente.

—Selius Carsont, considero nuestro compromiso oficialmente roto —declaré en voz alta, para que mi padre y todo el servicio en el pasillo lo escucharan—. Quédate con Sabell. Después de todo, las criaturas de la misma especie buscan su propio nivel en la cadena alimenticia. Las hienas cazan en grupo; los verdaderos depredadores caminamos solos.

—¡Tú no puedes romper el compromiso unilateralmente! —rugió Selius, poniéndose de pie, con el rostro rojo de humillación y el orgullo herido—. ¡Mi padre y el Marqués firmaron este acuerdo! ¡Mi padre jamás aceptará este insulto!

Caminé hacia las grandes ventanas del salón, dándoles la espalda con una elegancia suprema, permitiendo que la luz de la tarde delineara perfectamente las curvas de mi cintura y mis caderas bajo el terciopelo.

—¿Tu padre? —repetí, ensanchando mi sonrisa mientras recordaba la imponente figura del Duque Xilian Carsont en las memorias de la novela—. Oh, no te preocupes por el Duque Xilian. Estoy segura de que él sabrá entender mis razones perfectamente. Al fin y al cabo... él comprende mejor que nadie lo que es deshacerse de una carga inútil.

Jeffrey, el mayordomo, entró al salón en ese preciso momento, rompiendo la tensión que se podía cortar con un cuchillo. Su rostro usualmente estoico mostraba una ligera alteración.

—Milord, Lady Kaileris... —Jeffrey hizo una reverencia profunda—. Acaba de llegar un mensajero del palacio ducal. El Gran General, el Duque Xilian Carsont, solicita una audiencia privada con Lady Kaileris mañana por la mañana en su residencia.

El silencio que siguió fue absoluto. Selius abrió la boca sin que saliera ningún sonido, y el abanico que Sabell sostenía cayó al suelo con un eco seco.

Me di la vuelta lentamente, acomodando un mechón de mi cabello negro sobre mi hombro descubierto, dejando que una risa suave y sensual escapara de mis labios. El lobo alfa había escuchado el llamado de la selva antes de lo esperado.

—Ya lo ven —dije, mirando de reojo a mi ex prometido—. Parece que el Duque tiene asuntos más importantes que tratar conmigo que el berrinche de su hijo. Jeffrey, acompaña a nuestros invitados a la salida. El aire en este salón empieza a sentirse sumamente contaminado.

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Sant Marivick
waauu una historia épica me encanto los personajes me atraparon felicidades escritora hermosa dios te de inteligencia para k escribas más historias como estas k tengas un excelente día
Patricia Ruiz
wey estabas presente todo sucedió en tu jeta pero prosigamos
Cristhel Auren
Gracias reina ♥️🤭
Vianey Hernandez Ortiz
Súper bonita y excelente Novela 💯💯💯🎉🎉🎉❤️❤️❤️
Noelia Elizabeth Barrera
Si, eran violetas.
Patricia Ruiz
🤣🤣🤣🤣
Patricia Ruiz
me esta gustando mucho y apenas esta empezando 🥰
Patricia Ruiz
muy buena escritura, primera novela que leo de este autor🤭☺️
Brighit Charpentier
me imagino la cara de estreñido que debe tener el cachorro este y no puedo parar de reír
Brighit Charpentier
muerte a los cucarachos
Brighit Charpentier
jajaja como dice mi abuela
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/
Gloria Grijalba
exelente
Eve
Sabell dice... 🙄 Este chico no tiene una pozca de inteligencia
nelida ballesteros
muy entretenida la novela
nelida ballesteros
de dónde sacó tanta maldad y ambición la veterinaria van a morder la mano de quien los ayudó ella es una maldita y el que x revolcarse con ella piensa con la cabeza de abajo ya que el emperador y la emperatriz viuda nada malo le hicieron y ahora van x todo demasiado ambición y maldad hasta acá llegué no leo más parece que la escritora no conoce la palabra lealtad horrible no me gusta
Eve
necesito un hombre como este en mi vida 🫦
Eve
"olor a desesperacion financiera" 😂🤣😂🤣😂
Eve
eso no es fuego, es un volcán a punto de estallar 😂🤣😂🤣😂
Eve
bueno... eso las calló 😂😂😂
Eve
es un peligro para la cordura de una chica 🤣🤣🤣🤣🤣
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