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¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Completas
Popularitas:985
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Sofía lleva treinta años interpretando un papel: la mujer perfecta, eficiente, inquebrantable. Editora de textos, vive puliendo las palabras de otros mientras las suyas se pudren en un cajón. Cuando una humillación pública en su trabajo la obliga a enfrentar su fragilidad, comienza un viaje hacia el centro de sí misma. Entre la memoria de una niña que dibujaba espirales, el eco de su madre que también supo fingir, y la escritura de su propia historia, Sofía descubre que ser auténtica no es un destino, sino una decisión cotidiana. Una novela sobre máscaras, miedos y el acto rebelde de mostrarse.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: El vértigo de empezar

El lunes siguiente, Sofía se despertó antes de que sonara el despertador.

No había dormido bien. La noche anterior había dado vueltas en la cama, repasando mentalmente todo lo que podría salir mal en su primer día como coordinadora de proyectos literarios. ¿Y si no estaba a la altura? ¿Y si sus compañeros pensaban que no merecía el puesto? ¿Y si cometía un error garrafal que arruinaba su carrera para siempre?

El Ruido, que llevaba días silenciado, había vuelto con fuerza.

"¿Ves? Esto es lo que pasa cuando te atreves. Ahora todos van a descubrir que no eres tan buena como creen. Que solo has tenido suerte. Que no mereces estar aquí."

Sofía se sentó en la cama y miró el dibujo de la niña con alas. La niña sonreía, ajena al miedo, ajena a las dudas.

—Hoy es el día —le dijo—. Voy a hacerlo aunque tenga miedo.

La niña no respondió, pero Sofía sintió que su sonrisa le daba fuerzas.

Se levantó, se duchó y se vistió con más cuidado de lo habitual. No quería la armadura de la profesional, pero tampoco quería parecer despreocupada. Eligió un jersey azul marino que le gustaba, unos pantalones oscuros y unos zapatos cómodos. Al mirarse en el espejo, vio a una mujer que no era perfecta, pero que estaba lista para intentarlo.

—Esto es todo lo que puedo hacer —se dijo—. Intentarlo.

El metro estaba igual de lleno, las calles igual de grises. Pero Sofía caminaba con una determinación nueva, como si cada paso la acercara un poco más a la persona que quería ser.

En la editorial, el ambiente era el mismo de siempre, pero Sofía lo veía diferente. Ahora ella era parte de la maquinaria, pero también tenía la capacidad de cambiarla. De decidir qué historias merecían ser contadas.

Darío la recibió con una sonrisa y una pila de documentos.

—Bienvenida a tu nuevo puesto. Primera tarea: revisar las propuestas que han llegado esta semana. Hay una docena. Quiero que selecciones las tres más prometedoras y prepares un informe para el jueves.

Sofía asintió y cogió los documentos. Su corazón latía con fuerza, pero también sentía una chispa de emoción. Por fin iba a hacer algo más que corregir palabras. Iba a decidir qué palabras merecían ser publicadas.

El primer día fue un torbellino. Sofía pasó horas leyendo propuestas, tomando notas, descartando algunas y señalando otras como prometedoras. El trabajo era agotador, pero también estimulante. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que su opinión importaba.

A la hora del almuerzo, Carla apareció en su nuevo despacho (sí, tenía un despacho propio, pequeño pero con ventana) con dos tazas de café.

—¿Cómo va el primer día?

—Agotador —admitió Sofía, frotándose los ojos—. Pero emocionante.

—¿Ya has encontrado alguna joya?

Sofía señaló una de las propuestas que había separado.

—Esta. Es de una autora novel. Habla de una mujer que pierde la memoria y tiene que reconstruir su identidad desde cero. Me ha llegado.

Carla cogió la propuesta y hojeó las primeras páginas.

—Parece interesante. ¿Vas a defenderla como hiciste con la de García?

Sofía sonrió.

—Si es necesario, sí.

—Esa es mi amiga —dijo Carla, y en sus ojos brillaba el orgullo.

El resto de la semana pasó volando. Sofía se sumergió en su trabajo con una pasión que no recordaba haber sentido. Cada propuesta era un mundo nuevo, una historia que merecía ser escuchada. Y ella era la puerta de entrada a ese mundo.

El jueves, cuando presentó su informe a Darío, sintió que las palabras salían con seguridad. Había trabajado duro, había leído cada propuesta con atención, y confiaba en sus elecciones.

—Buen trabajo —dijo Darío cuando terminó—. Has hecho una selección sólida. La autora de la que hablaste, la de la memoria, me parece especialmente prometedora. Sigue trabajando en ella.

Sofía salió del despacho de Darío con una sonrisa que no podía ocultar. Había logrado su primera tarea. Había demostrado que podía hacer el trabajo. Y aunque el miedo seguía ahí, ahora era más pequeño. Más manejable.

Esa noche, en el taller de escritura, Tomás propuso un ejercicio sobre los nuevos comienzos.

—Escribid sobre un momento en el que empezasteis algo nuevo. Cómo os sentisteis. Qué os dio miedo. Qué os dio esperanza.

Sofía escribió sobre su primer día como coordinadora de proyectos. Sobre el miedo a no estar a la altura. Sobre la emoción de tener un despacho propio. Sobre la sensación de que, por fin, estaba empezando a ser quien siempre había querido ser.

Cuando compartió su texto, los demás asintieron con comprensión.

—Los nuevos comienzos siempre asustan —dijo Tomás—. Pero también son la única manera de crecer.

Sofía guardó esas palabras en su corazón como un tesoro.

El viernes por la noche, fue a visitar a su madre. La encontró en el sofá, con un libro en las manos y una taza de té humeante a su lado. Parecía más descansada que la semana anterior, con un poco más de color en las mejillas.

—¿Cómo ha ido la semana? —preguntó su madre, dejando el libro a un lado.

—Bien —respondió Sofía, sentándose a su lado—. He tenido mi primer día como coordinadora. Y no he muerto.

Su madre sonrió.

—¿Y cómo te sientes?

Sofía pensó. La pregunta era simple, pero la respuesta era compleja.

—Como si estuviera aprendiendo a caminar de nuevo —dijo finalmente—. A veces me caigo, pero me levanto. Y cada vez me cuesta menos.

Su madre le cogió la mano y la apretó con suavidad.

—Eso es todo lo que importa. Que te levantes.

Sofía sintió que el calor de las palabras de su madre la envolvía. Estaban las dos ahí, juntas, compartiendo un momento de silencio que no necesitaba palabras.

—¿Has escrito algo esta semana? —preguntó su madre al cabo de un rato.

—Sí —respondió Sofía—. He seguido con la historia de la niña con alas. Está tomando forma.

—¿Me la leerás algún día?

Sofía sintió un nudo en la garganta.

—Cuando esté lista. Cuando sepa lo que quiero decir con ella.

Su madre asintió y sonrió.

—Te esperaré.

Esa noche, cuando llegó a casa, Sofía se sentó frente a su cuaderno y continuó escribiendo la historia de la niña con alas. Las palabras fluían con una facilidad que no recordaba.

"La niña con alas aprendió que los nuevos comienzos siempre asustan. Pero también aprendió que el miedo no era más que una señal de que estaba viva. De que estaba creciendo. De que estaba a punto de volar."

Cuando terminó, cerró el cuaderno y se quedó mirando por la ventana. Madrid se extendía más allá del cristal, iluminada y vibrante. Sofía sintió que, por primera vez en mucho tiempo, estaba exactamente donde tenía que estar.

No sabía lo que le depararía el futuro. No sabía si triunfaría o fracasaría. Pero sabía que, pase lo que pase, estaría bien.

Porque ahora sabía quién era.

Y eso era suficiente.

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Cliente anónimo
Excelente historia 🥰🥰
Cliente anónimo
Realmente ése libro debe publicarlo ya qué ayudaría a muchas personas gracias a Dios por a ver encontrado está historia, No que soy una mujer como Sofía y no he tenido la oportunidad de quitar la máscara de mi personalidad 👏👏
Eli: Que bueno que te gustó, y muchas gracias por leer mi historia
total 2 replies
Cliente anónimo
Realmente la historia es una gran enseñanza 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Así se hace Sofía 👏👏👏
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