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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

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Capítulo 22: El muro y la eternidad

El muro y la eternidad

El líquido negro los golpeó como un océano de vacío.

El escudo de poder combinado se resquebrajó al primer impacto. Damien y Kael fueron empujados varios metros hacia atrás, los pies derrapando sobre la piedra húmeda. El frío del Primero se filtró a través de las grietas del escudo y buscó directamente el vínculo, intentando separarlos desde dentro.

—¡No lo dejes entrar! —gritó Damien.

Kael ya lo sabía. El veneno residual de la reina dentro de él reaccionó con violencia, empujando el frío invasor hacia fuera en forma de lanzas de luz negra y ámbar. Varias de ellas atravesaron la pared de líquido oscuro y arrancaron fragmentos de la forma del Primero. La entidad soltó un sonido que no era un grito… era el eco de siglos de paciencia rompiéndose.

El Primero levantó ambas manos. El lago entero se elevó a su alrededor y se convirtió en cientos de látigos negros que se lanzaron hacia la pareja desde todas direcciones.

Damien se movió primero. Su cuerpo se convirtió en una extensión del vínculo. Cada látigo que se acercaba a Kael era interceptado por garras, sombra o puro poder de la Casa Voss. Cada impacto que Damien recibía resonaba dentro de Kael como si fuera propio. La espalda del alfa se abrió de nuevo en varios puntos. Sangre oscura salpicó la piedra.

Kael no se quedó quieto. Canalizó todo el poder de la gema unificada a través del lazo, no para atacar todavía, sino para mantener a Damien en pie. La regeneración se aceleró. Las heridas se cerraban casi tan rápido como se abrían. El precio era un cansancio profundo que ambos compartían por igual.

—No podemos seguir así —dijo Kael entre dientes, mientras desviaba otro látigo con una oleada de energía—. Nos va a desgastar antes de que lleguemos a tocarlo de verdad.

Damien asintió, el rostro tenso por el esfuerzo.

—Necesitamos abrirnos paso hasta él. Hasta el centro. Igual que con el anterior.

Kael miró al Primero. La entidad los observaba con esos ojos completamente ámbar, sin emoción aparente. Esperaba. Evaluaba. Como si ya conociera el resultado y solo estuviera dejando que ellos mismos lo alcanzaran.

—Entonces lo hacemos ahora —dijo Kael.

No esperó respuesta. Corrió hacia un lado, dejando que la luz de la gema se descontrolara a propósito, emitiendo pulsos erráticos y brillantes. La atención del Primero se inclinó hacia él de inmediato. La sangre real seguía siendo el cebo más fuerte.

Damien desapareció en la sombra.

Los látigos negros se concentraron en Kael. El omega levantó ambas manos y creó un domo improvisado de poder. Cada latigazo que impactaba contra el escudo hacía temblar sus brazos y le robaba un poco más de fuerza. El frío dentro de él crecía, reemplazando el dolor por una claridad cada vez más cortante.

—¡Aquí! —gritó hacia la entidad—. ¡Soy lo que has estado esperando!

El Primero se inclinó hacia él. Varios de los látigos se unieron en una única columna de vacío que bajó como una sentencia.

En ese preciso instante Damien reapareció detrás de la entidad, exactamente sobre el punto donde el trono se unía a la isla de piedra. Clavó ambas manos en la base de la forma del Primero y tiró con todo el poder que le quedaba. Un alarido antiguo sacudió el Nido. Había encontrado el núcleo: un corazón de luz ámbar pura, más grande y más denso que el de la entidad anterior, protegido por capas de vacío vivo.

—¡Kael!

Kael no dudó. Reunió absolutamente todo: el poder de la gema, el veneno residual de la reina, el frío nuevo que ahora formaba parte de su esencia, y lo lanzó a través del vínculo directamente hacia las manos de Damien. El alfa gritó al recibirlo. El poder era demasiado. Quemaba. Pero no lo soltó. Lo empujó dentro del núcleo con una determinación feroz.

El Primero se arqueó hacia atrás. Grietas de luz ámbar y negra se extendieron por toda su forma. Intentó aplastar a Damien, pero el alfa ya se había lanzado hacia atrás, aterrizando junto a Kael en un movimiento que casi le cuesta el equilibrio.

La entidad no se deshizo.

Se fragmentó.

En lugar de convertirse en polvo, se dividió en docenas de formas más pequeñas, cada una con un solo ojo ámbar y una sed de sangre real igual de intensa. El lago negro se agitó con violencia y comenzó a regenerar el cuerpo principal.

—¡No es suficiente! —gritó Damien—. ¡El núcleo no era el único!

Kael sintió la verdad de esas palabras a través del vínculo. El Primero no era una sola entidad. Era un enjambre consciente que se había presentado como individuo. Destruir el centro solo lo había enfurecido y dividido.

Las formas menores se lanzaron hacia ellos en una ola.

Damien y Kael pelearon espalda contra espalda una vez más. El vínculo ya no era solo una conexión: era un único sistema de supervivencia. Cada vez que uno caía, el otro lo levantaba. Cada vez que el poder de uno flaqueaba, el otro lo sostenía. La piedra a su alrededor se tiñó de sangre oscura y polvo negro.

Pero estaban perdiendo terreno.

Una de las formas menores logró clavar sus garras en el costado de Kael. El dolor fue blanco y puro. Damien respondió destrozando a la criatura un segundo después, pero el daño ya estaba hecho. Kael cayó de una rodilla. La gema en su marca parpadeó.

—Kael!

Damien se arrodilló frente a él, ambos brazos sosteniéndolo. A través del vínculo el alfa empujó todo el poder que le quedaba para estabilizarlo.

—El sello —dijo Kael con voz rota—. Tiene que ser ahora. Si seguimos peleando… no nos quedará suficiente para cerrarlo.

Damien miró a su alrededor. Las formas menores se reagrupaban. El cuerpo principal del Primero se estaba reconstruyendo con una velocidad aterradora. El lago negro se elevaba otra vez.

—¿Estás seguro? —preguntó. No era duda sobre la decisión. Era la última confirmación.

Kael levantó una mano temblorosa y tocó el rostro de Damien, dejando una marca de sangre sobre su mejilla.

—Estoy seguro. Contigo. Hasta el final.

Damien cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, ya no había nada más que voluntad absoluta.

Se besaron. Fue un beso breve, desesperado y completo. En ese contacto ambos abrieron el vínculo hasta el límite máximo. No quedó ninguna barrera. Ningún secreto. Ningún miedo escondido. Solo la certeza compartida de que preferían quedar atrapados juntos por la eternidad antes que permitir que el Nido se abriera al mundo de arriba.

Kael colocó ambas manos sobre la gema unificada. Damien colocó las suyas encima de las de él. El poder de la sangre real, el veneno residual, la fuerza de la Casa Voss y el vínculo absoluto se fundieron en un solo punto.

La luz que salió no fue ámbar.

Fue blanca.

Una onda expandió se desde sus cuerpos unidos y barrió el Nido entero. Las formas menores se deshicieron al contacto. El lago negro se congeló en el aire y luego se quebró en mil pedazos que cayeron como cristal. El Primero, a medio reconstruir, soltó un alarido que sacudió las profundidades mismas de la tierra.

—¡NO!

La luz se cerró sobre él como una jaula. El sello comenzó a formarse. No era un sello de runas ni de piedra. Era un sello vivo, tejido con la existencia misma de Kael y Damien. Ambos sintieron cómo algo esencial dentro de ellos era arrastrado hacia ese punto de luz. Memorias. Emociones. La capacidad de caminar libres bajo el sol o la luna. Todo se estaba convirtiendo en el muro.

El Primero luchó. Intentó aferrarse a la sangre real, a la debilidad, a cualquier grieta. Pero no había grietas. El consentimiento de ambos era absoluto.

La luz se intensificó hasta volverse cegadora.

Kael sintió el cuerpo de Damien contra el suyo. Sintió el vínculo convertirse en algo más grande que cualquiera de los dos. Sintió el momento exacto en que sus individualidades comenzaron a fundirse en una sola existencia dual.

Y entonces, en el último segundo antes de que el sello se cerrara por completo, una voz antigua y familiar —la de la última reina— susurró dentro de sus mentes unidas:

*Hay un tercer camino. Uno que yo no me atreví a tomar… porque no tuve un ancla dispuesto a llegar hasta el final conmigo. Si todavía os queda un fragmento de voluntad propia… usadlo.*

La luz vaciló.

Kael y Damien, ya a medio transformar, sintieron esa última posibilidad abrirse como una grieta mínima en medio de la eternidad.

Y tuvieron que elegir una vez más.

1
Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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