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¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

Status: Terminada
Genre:Romance / Maestro-estudiante / Amor platónico / Completas
Popularitas:15k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina Torres acaba de graduarse, tiene veintidós años y necesita encontrar dónde vivir antes de que termine el día. La última persona de quien espera recibir ayuda es Martín Herrera, su antiguo profesor de literatura… y el hombre del que lleva enamorada en secreto desde que entró a la universidad.
La solución parece sencilla: compartir temporalmente el departamento 302 y respetar cinco reglas pegadas en el refrigerador.
Nada de invadir el espacio del otro.
Nada de confundir la convivencia con algo más.
Y, sobre todo, nada de enamorarse.
El problema es que Martín recuerda cada uno de sus gustos, cocina para ella cuando está cansada y guarda silencios que dicen mucho más que sus palabras. Mientras Valentina intenta ocultar lo que siente, una caja de madera cerrada con llave demuestra que quizá ella no sea la única que lleva años esperando.
Entre rumores universitarios, cenas improvisadas, secretos familiares y sentimientos imposibles de contener, ambos descubrirán que compartir un hogar es fácil. Lo difícil será fingir que sus corazones no llegaron allí mucho antes que ellos.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

...Valentina...

Lo que pasó esa noche fue culpa del té.

O del silencio. O de la forma en que la luz de la lámpara le suavizaba los rasgos a Martín Herrera cuando estaba concentrado.

O, si soy sincera, fue culpa mía. Porque me quedé.

Habíamos terminado de revisar los materiales del proyecto. Los papeles estaban apilados, las tazas vacías, el reloj marcaba las once y veintidós. Yo debería haberme ido a dormir. Debería haber dicho «buenas noches» y haber cruzado el pasillo hasta mi cuarto.

Pero él hizo algo inesperado.

Se recostó en el sofá, cerró los ojos un momento y dijo:

—Valentina, ¿puedo pedirte un favor?

—Claro.

Abrió los ojos. Me miró con una expresión que no le conocía: algo entre vulnerabilidad y desafío.

—Últimamente no duermo bien. Creo que estoy demasiado acelerado. —Hizo una pausa—. Te he visto contar tus latidos cuando estás nerviosa. —Extendió el brazo y colocó su muñeca sobre la mesa, con la palma hacia arriba—. ¿Puedes tomarme el pulso?

El mundo se detuvo.

¿Tomarle el pulso? ¿A él? ¿Tocarlo?

Mi cerebro procesó la solicitud en tres etapas:

Etapa uno: cortocircuito total.

Etapa dos: pánico existencial.

Etapa tres: resignación ante el destino.

—No soy… no soy experta —tartamudeé—. Solo sé lo básico de un curso de primeros auxilios.

—Lo básico está bien.

Su muñeca estaba ahí. Sobre la mesa. Con las venas azules visibles bajo la piel clara. Los tendones marcados. Los dedos relajados, ligeramente curvados.

Las manos del Profesor Herrera. Las mismas que yo había admirado en secreto durante cuatro años desde la tercera fila del Aula 203.

Respiré hondo.

Extendí mi mano. Mis dedos temblaban. Apoyé el índice y el medio sobre la arteria radial. La piel estaba tibia. Seca. Suave sobre el hueso.

Sentí su pulso.

Y me quedé helada.

El ritmo era regular, pero rápido. Muy rápido. No podía saber la causa con solo tocarle la muñeca, aunque se sentía como un corazón que estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantener la compostura.

Como el mío en ese momento.

—¿Cuál es el veredicto, doctora? —Su voz era baja, casi un susurro. Usó «doctora» como una broma para la situación más íntima.

—No puedo diagnosticar nada —dije—. Solo sé que tienes el pulso acelerado. No parece el de alguien tranquilo. Parece el de alguien que está…

Me callé. Porque lo que iba a decir era «emocionado». Su pulso era el de alguien que está sintiendo algo intenso. Ahora mismo. En este momento. Conmigo.

Intenté retirar la mano.

No pude.

Porque él cubrió mis dedos con los suyos.

Su mano, grande, tibia, segura, envolvió la mía sobre su muñeca. Su pulgar acarició el dorso de mi mano, despacio, como si estuviera trazando una línea invisible que solo él podía ver.

—Mi mal —dijo, y su voz bajó otro tono, hasta convertirse en algo que vibró directamente en mis costillas— solo tiene un remedio.

No respiré.

No parpadeé.

No pensé.

Solo sentí. Su pulso bajo mis dedos, rápido y terco. Sus dedos sobre los míos, firmes y tibios. La distancia entre nosotros, que se había reducido a unos centímetros sin que ninguno de los dos se moviera.

«Solo tiene un remedio.»

¿Cuál? ¿Cuál es el remedio? ¿Soy yo? ¿Está diciendo lo que creo que está diciendo?

Y entonces, tan repentinamente como empezó, me soltó.

Se reclinó en el sofá, se ajustó los anteojos que no llevaba puestos —un gesto fantasma, automático— y recuperó su expresión de profesor en punto tres segundos.

—Gracias por el diagnóstico. —Su tono volvió a la normalidad. Casi—. Por cierto, mañana no uses tacones. El auditorio tiene escaleras irregulares y no quiero que tropieces.

Me quedé mirándolo. Con la mano todavía suspendida en el aire. Con el corazón latiendo tan fuerte que estaba segura de que los vecinos del segundo piso podían oírlo.

—Buenas noches, Valentina.

Se fue a su cuarto. La puerta se cerró.

Me desplomé en el sofá como un globo al que le sacaron el aire.

¿Qué acaba de pasar?

Me llevé los dedos a mi propia muñeca. Me tomé el pulso.

Rápido. Caótico. Absolutamente fuera de control.

Igual que el de él.

Me acurruqué en el sofá, con la mano todavía tibia donde él la había tocado, y miré el techo.

«Solo tiene un remedio.»

¿Cuál es el remedio, Martín Herrera? ¿Cuál?

Y otra cosa: ¿cómo sabía qué zapatos iba a ponerme mañana?

...Martín...

Cerré la puerta. Me senté en la cama. Me miré las manos.

Todavía sentía el calor de sus dedos sobre mi muñeca. La presión exacta de sus yemas buscando el pulso. El temblor que intentó disimular y que yo sentí como un pequeño terremoto.

Abrí la computadora. El diario encriptado.

«Día 8.

Le pedí que me tomara el pulso. Una excusa. La peor excusa de mi vida. "Inquietud mental." Patético.

Pero cuando sus dedos tocaron mi muñeca, entendí algo: la sensación que llevo cuatro años buscando en los poemas de Neruda, en las rimas de Bécquer, en cada libro que he leído sobre el amor, no estaba en ningún verso.

Estaba en la punta de sus dedos.

Le dije que mi mal solo tiene un remedio. No le dije cuál. Ella lo sabe. Estoy casi seguro de que lo sabe.

Pero no voy a decírselo. Todavía no. Porque cuando lo diga, quiero que sea ella la que cruce la línea primero.

Quiero que sea ella la que me tome la mano sin que yo se lo pida.

Puedo esperar.

He esperado cuatro años por la presión de dos dedos sobre mi muñeca. ¿Qué son unos días más?»

Cerré el archivo. Apagué la pantalla.

Me recosté y miré el techo.

Al otro lado del pasillo, el silencio. Después, un sonido suave: ella se movía en el sofá. Probablemente acurrucada, probablemente tocándose la muñeca, probablemente repitiendo mentalmente lo que yo le dije.

«Solo tiene un remedio.»

Un remedio que tiene nombre, apellido y la costumbre de tomarse el pulso cuando está nerviosa.

Cerré los ojos.

Mañana hay conferencia. Sesenta personas en el auditorio. Ella estará entre el staff, con su portapapeles y su sonrisa profesional. Y yo tendré que mirarla como si fuera una colega más.

Pero mis manos todavía recuerdan las suyas.

Y creo que las suyas también recuerdan las mías.

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1
Cristina Gomez
Gracias porque muy pocas veces me sorprende darme cuenta que sonrío mientras leo y está vez me pasó.
Vanessa Soto Garcia
que hermosa novela ☺️
Cristina Gomez
que hermosa novela,este el tipo de amor que todas buscamos y muy pocas logramos encontrar.
Vanessa Soto Garcia
😂😂😂😂😂😂
Helizahira Cohen
Es bonita, diferente pero se me hizo muy larga, la voy a terminar porque esta muy bien narrada
Helizahira Cohen
Es bonita pero muy lenta y veo que es larga
Helizahira Cohen
pero ya que avance
Helizahira Cohen
ya pueden hablar, no son profesor y alumna, ambos lo quieren
Alesi Mendiola
Que tierno un hombre que recuerde asta el mas mínimo detalle
Flor Perez: en donde encuentro un profesor así 🤭🤭🤭
total 1 replies
Sofy Solis
🥰🥰🥰 Qué lindo que es él!!!
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela hermosa un poquito larga pero muy hermosa espero sigas escribiendo tan hermoso muchas bendiciones y muchos éxitos más
Tere Jimenez
hermoso final felicidades
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