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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Al día siguiente me levanté antes de que sonara la alarma, sintiendo esa tensión eléctrica que se había instalado en el departamento desde mi irrupción en el despacho de servicio. Me vestí con un pantalón de gabardina negro, una polera de hilo color blanca y un tapado largo de paño oscuro que ocultaba a la perfección el relieve de la culata de mi arma corta

Al mirarme al espejo, noté que mis facciones ya no tenían esa laxitud melancólica de mis primeras semanas en Nueva York, la adrenalina de los atentados y el pulso silencioso que mantenía con mi custodio me habían devuelto la rigidez combativa de los Rossi

Cuando salí al palier a las ocho en punto, Christopher ya estaba allí, plantado junto al ascensor con su traje oscuro impecable y la tableta portátil en la mano, repasando las frecuencias del circuito cerrado con un rigor exagerado. Al escuchar mis pasos, se cuadró de inmediato, adoptando esa postura militar que intentaba usar como un escudo invisible entre los dos

— Buenos días, señorita Elena — saludó con su habitual tono bajo, estirando el brazo para presionar el botón del ascensor sin sostener la mirada por más de un segundo — El sedán gris plata fue reemplazado por un vehículo idéntico de la flota de contingencia durante la madrugada. Las cuadrillas de refuerzo que envió su hermano Franco completaron el escaneo de la ruta norte y determinaron que el perímetro de la biblioteca se encuentra despejado de anomalías operativas

— Buenos días, Christopher — respondí, ingresando al ascensor y acomodándome la bufanda con una tranquilidad deliberada — Me alegra saber que los hombres de Chicago están haciendo su trabajo, aunque me interesa más saber si vos descansaste lo suficiente. Ayer te quedaste despierto hasta la madrugada revisando los monitores del pasillo este

Mis palabras directas rompieron la cadencia de su reporte técnico. Vi cómo la mandíbula se le tensaba de inmediato y cómo sus dedos se aferraban con un poco más de fuerza a los bordes de la tableta, pero se mantuvo firme, mirando fijamente la línea dorada que marcaba el descenso de los pisos

— Mi descanso está dirigido a la total seguridad de su entorno, señorita Rossi — contestó, utilizando ese apellido como si fuera un recordatorio de las distancias insalvables que nos separaban — Es mi obligación mantener las alertas encendidas cuando los remanentes de las bandas del puerto siguen merodeando la zona de influencia de su departamento

No dije más nada, si el quería jugar al gato y al ratón, lo haríamos, pero con mis reglas

El viaje hacia la biblioteca del sector norte se desarrolló bajo las mismas reglas de ese pacto de silencio que él intentaba imponer. Christopher manejaba con una concentración feroz, metiendo el auto entre los camiones de reparto y los vehículos ejecutivos con una destreza que ya no me sorprendía, pero que me generaba una profunda sensación de amparo

Yo simulaba repasar los gráficos manuscritos de mis apuntes contables, pero mis ojos se desviaban constantemente hacia el reflejo de su perfil en el espejo retrovisor, sus facciones duras, la cicatriz sutil que le cruzaba la base de la oreja y esa seriedad absoluta que solo se había quebrado cuando pensó que un proyectil iba a terminar con mi vida en el muelle de descarga

Llegamos al imponente edificio de piedra de la biblioteca pasadas las ocho y media. El lugar era un remanso de silencio, con pasillos eternos rodeados por estanterías de madera que albergaban los registros históricos de las corporaciones marítimas de la costa este

Christopher me acompañó hasta la mesa de lectura del segundo piso, ubicándose a una distancia prudencial, justo detrás de una columna de mármol desde donde podía controlar tanto la escalera principal como la salida de emergencia del ala oeste

Pasé las primeras tres horas sumergida entre balances antiguos, certificando las rutas de importación que nuestra firma familiar manejaba en los años noventa, pero la pesadez del ambiente y la fijeza con la que sentía la presencia de mi custodio a mis espaldas me impedían concentrarme del todo

A las doce en punto, cerré el pesado tomo de cuero y me puse de pie, tomándolo por sorpresa mientras él simulaba revisar los mensajes encriptados de su teléfono

— Vamos a hacer una pausa, Christopher — le anuncié en un murmullo que apenas rompió el silencio de la sala de lectura — Necesito aire limpio y un café que no salga de una máquina expendedora. Hay un pequeño paseo parquizado detrás del predio universitario. Movámonos para allá

— Señorita Elena, la recomendación del centro de control de Illinois es que evitemos los espacios abiertos no controlados durante las horas del mediodía — objetó en voz baja, dando un paso al frente para intentar disuadirme con los argumentos del manual

— Las recomendaciones de Chicago se aplican cuando yo decida acatarlas, Christopher — le retruque con una sonrisa sutil pero cargada de esa firmeza indomable que él conocía de sobra — Y hoy decido que quiero caminar bajo el sol. Buscá el paraguas si pensás que va a volver a lloviznar, pero nos movemos ahora mismo

El parque de la zona norte estaba casi desierto, decorado apenas por unas pocas hojas secas que rodaban sobre el pavimento debido al viento frío que soplaba desde el canal de navegación

Caminé despacio por el sendero principal, sintiendo el peso reconfortante de la pistola en mi lateral izquierdo y la sombra constante de Christopher marcando el paso a tres metros de mi espalda, exactamente como dictaban las órdenes de mi padre. Me detuve junto a un banco de madera que miraba hacia los muelles antiguos y me di la vuelta, cruzándome de brazos para obligarlo a detenerse frente a mí

— Sentate, Christopher — le ordené, señalando el espacio libre a mi lado con un gesto de la cabeza

— No corresponde a los protocolos de mi función compartir el mobiliario de descanso con la protegida de la firma, señorita — respondió mecánicamente, manteniendo los brazos cruzados por detrás de la espalda y los ojos escaneando los árboles del perímetro

— Me importa un bledo tu función y los protocolos de la firma, Christopher... Te estoy dando una directiva directa como una Rossi. Sentate — le ordené con molestia

El peso de mi apellido y la intensidad de mi mirada terminaron por doblegar su resistencia técnica. Tras un suspiro pesado que delató el cansancio de su lucha interna, se aproximó al banco y se sentó en el extremo opuesto, manteniendo una distancia física que me causó una mezcla de ternura y fastidio. Se quitó los guantes de cuero negro y los apoyó sobre sus rodillas, revelando esas manos grandes y rudas que se habían criado manejando el hierro de los galpones de la frontera

— ¿Por qué me tenés tanto miedo, Christopher? — le pregunté a quemarropa, inclinando mi cuerpo hacia su dirección para forzarlo a mirarme de frente

— Yo no le tengo miedo a nada, señorita Elena — contestó con una voz que intentó ser firme, pero que flaqueó sutilmente en la última sílaba — Enfrenté a las cuadrillas de los Moretti en los peores momentos de la aduana norte y nunca di un paso atrás

— No hablo de las balas, y lo sabés perfectamente — le respondí, estirando mi brazo para apoyar mi mano sobre la suya, deteniendo el movimiento nervioso de sus dedos contra los guantes de cuero. Al sentir mi tacto, un estremecimiento recorrió todo su cuerpo, pero esta vez no intentó retirar la mano de inmediato — Le tenés miedo a lo que sentís por mí. Le tenés miedo a aceptar que la distancia que nos impuso mi padre se terminó en el momento que me salvaste la vida en el muelle de la aduana este

Christopher se quedó mirando nuestras manos unidas por un largo instante, con la respiración volviéndose pesada en medio del frío de la tarde. El silencio del parque se volvió tan íntimo que parecía que las torres de Manhattan hubieran desaparecido por completo, dejándonos solos en mitad de este tablero peligroso

— Tenés razón, Elena... Le tengo miedo a eso — admitió finalmente en un murmuro, abandonando por completo el tono formal y mirándome a los ojos con una crudeza que me partió el alma — Pero no es por mí. A mí me pueden vaciar un cargador en el pecho mañana y no cambiaría nada en el mapa de la corporación. Mi miedo es por vos. Si tu padre Fabián sospecha por un solo segundo que la heredera de los Rossi está perdiendo la cabeza por el tipo que le maneja el auto, te va a obligar a volver para tenerte bajo su control total, y yo no voy a estar ahí para cuidarte porque voy a terminar flotando en el fondo del río con un bloque de cemento en los pies. Tu familia no perdona los errores de jerarquía, Elena. Para ellos, yo soy un recurso operativo, un blindaje que se reemplaza con un cheque a fin de mes

La honestidad brutal de sus palabras me demostró la magnitud del peso que Christopher venía cargando sobre sus hombros. No estaba intentando alejarse por orgullo o por cobardía, lo hacía por una devoción tan pura que estaba dispuesto a romper su propio corazón con tal de mantener mi libertad intacta frente a las garras de mí padre

Apreté mis dedos con más fuerza contra los suyos, sintiendo el calor de su piel desafiando el viento helado del norte

— Sé perfectamente de lo que son capaces mi padre y Franco, Christopher... Me crié viendo cómo manejaban las cuentas y las fronteras con esa misma crueldad — le manifesté con una voz baja pero cargada de una resolución inquebrantable — Pero también sé que ya no soy la chica sumisa que obedecía las órdenes manuscritas desde el rincón de la mansión. Si ellos intentan cobrarnos este sentimiento, van a tener que enfrentarse conmigo primero. Yo elegí venir a Nueva York para abrir mi propio mercado, y en ese mercado, el único hombre que quiero que me cuide las espaldas sos vos. No como un empleado de seguridad perimetral, sino como mi compañero

Christopher levantó la vista y me sostuvo la mirada, y por primera vez en todos estos meses, vi cómo la rigidez del custodio se disolvía por completo, dejando ver la vulnerabilidad de un hombre que se estaba entregando sin condiciones a un destino peligroso

Con una lentitud casi reverente, giró su mano para entrelazar sus dedos con los míos, sellando un pacto silencioso que iba mucho más allá de cualquier contrato que la firma familiar hubiera redactado en las oficinas de Chicago, pero rápidamente la quitó y se levantó alejándose un poco de mí

— Lo siento señorita Rossi — comenzó de nuevo colocando ese muro entre nosotros — Es hora de irnos

Me puse de pie en silencio y regresamos hacia el edificio de la biblioteca manteniendo los tres metros de distancia reglamentarios, con la mirada atenta al entorno y las manos listas para aferrar las armas en caso de que un enemigo apareciera en el cruce de calles

Ya me estaba cansando de esto, si bien soy caprichosa y cuando me encapricho con algo no paro hasta tenerlo, pero también soy orgullosa y mí orgullo tiene un límite, si la única forma de que él acepte lo que siente por mí, era poniéndome a mí misma en peligro, así lo haría.

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Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
Gavy Berrío
hermosa novela la recomiendo
Geo Guzmán
muy buena historia gracias
Geo Guzmán
👏👏👏👏 bonito cap muy tiermo
Gavy Berrío
buen cap me gustó
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
😘
mariel⚘️
😘😘😘
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