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El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

Status: En proceso
Genre:Aventura / Apocalipsis / Fantasía LGBT
Popularitas:150
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Durante diecisiete años, Woo-jin ha vivido sin salir casi nunca de su propiedad, cumpliendo cada enseñanza y promesa que le dejó su padre antes de fallecer: cuida los huertos, prepara remedios con hierbas de la zona, mantiene las defensas y nunca revela que puede transformarse. Cree que el mundo sigue igual hasta que empieza a ver humo en el horizonte, encuentra animales muertos con marcas extrañas y descubre visitantes que no deberían estar ahí. Al abrir por fin la zona sellada del sótano, lee los informes completos: el virus de la Niebla Gris se extendió hace meses, la corporación Hanbiotech busca apoderarse de su investigación y él lleva todo este tiempo completamente aislado sin saberlo. Ahora deberá poner a prueba todo lo que aprendió, usar su secreto por primera vez y proteger su hogar con sus propias manos.

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Capítulo 23: La promesa en la cima

El viento que azotaba la ladera superior era tan frío que parecía capaz de congelar el aliento antes de que saliera de los labios. Woo-jin ayudaba a caminar a Ji-won, sosteniendo casi todo su peso, mientras ambos avanzaban entre rocas afiladas y nieve profunda que les llegaba a las rodillas. A sus espaldas, el refugio donde Moon Young-sook había dado su vida ya quedaba muy abajo, oculto entre la niebla y la tormenta que no dejaba de empeorar. Ji-won apenas podía respirar sin toser, y cada vez que lo hacía, manchaba de rojo la nieve que tenía a sus pies, pero no se quejaba ni un instante: seguía avanzando con la mirada fija en la cima donde se alzaba la antena, como si esa sola visión le diera fuerzas para seguir de pie.

—Faltan menos de dos kilómetros —dijo Ji-won con voz entrecortada, señalando hacia una estructura de metal que apenas se veía entre las nubes grises—. Tu padre me contó que construyó esa antena pensando en el peor escenario posible. Sabía que si algún día todo salía mal, la única forma de detenerlos era que el mundo entero supiera la verdad. Tiene que ser tú quien se lo diga. Tú eres su hijo, tú eres la prueba viviente de todo lo que han hecho.

De repente, Woo-jin se detuvo en seco y le hizo una seña de silencio. Algo no andaba bien: no se oía el canto de ningún pájaro, no había rastro de ningún animal, y el silencio que reinaba por encima de ellos era demasiado pesado, demasiado cargado de amenaza. Tensó su arco y colocó una flecha lista, mientras Ji-won sacaba su pistola y se apoyaba contra una roca grande para cubrirle la espalda. Fue entonces cuando seis figuras vestidas totalmente de negro salieron de entre la niebla, apareciendo como sombras que tomaban forma de golpe: era el Escuadrón Negro. No corrían, no gritaban, no mostraban emoción alguna; avanzaban con una precisión y una coordinación inhumanas, rodeándolos por todos lados sin dejarles ninguna vía de escape.

—No pueden pasar —dijo uno de ellos con una voz robótica y plana, levantando un arma apuntando directamente al pecho de Woo-jin—. Entregue al sujeto Choi Woo-jin y no les causaremos más dolor del necesario.

Woo-jin estaba a punto de responder, pero antes de que pudiera decir una palabra, el suelo a sus pies se agitó y de la propia niebla empezaron a salir formas más oscuras aún, cuerpos que parecían hechos de humo y sombra sólida, sin rostro y con extremidades alargadas que se desvanecían y volvían a formarse cada instante. Eran los **Sombras de Niebla**, la mutación final que nadie había logrado sobrevivir para contar: podían volverse intangibles para esquivar cualquier golpe o flecha, podían absorber la luz de las antorchas y el calor de los cuerpos vivos, dejándote helado y desarmado en cuestión de minutos. Ahora estaban entre ellos y los soldados, atacando a ambos lados sin distinción.

—¡Son peores que cualquier cosa que hayamos visto! —gritó Ji-won al disparar contra una de esas formas, viendo cómo la bala pasaba de largo sin tocarla—. ¡Solo se detienen si los golpeas justo cuando se vuelven sólidos por un instante!

La pelea se convirtió en una batalla desesperada y caótica. Woo-jin, viendo que la situación era crítica, se apartó un segundo tras una roca y cambió a su apariencia femenina: su figura se volvió más ligera, más ágil y silenciosa, capaz de moverse entre la confusión sin ser detectado tan fácilmente. Trepó por las pendientes más empinadas, se deslizó por detrás de los enemigos y esperó el instante exacto en que una Sombra se hacía sólida para disparar una flecha empapada en la mezcla de fuego que Dae-jung le había enseñado. La criatura soltó un alarido silencioso y se deshizo en cenizas, y con esa misma táctica logró mantener a raya a las demás mientras Ji-won cubría su espalda disparando a los soldados que intentaban acercarse.

Pero eran demasiados. Los soldados se reorganizaban y las Sombras seguían apareciendo una tras otra, sin darles respiro. Ji-won, con el rostro pálido y sudando frío, comprendió que no podrían ganar tiempo ni abrir paso si ambos se quedaban allí. Miró a Woo-jin con una ternura infinita y una tristeza que le partió el alma al muchacho, y le habló con una calma que no encajaba con el peligro que los rodeaba:

—Escúchame bien, Woo-jin. Yo no puedo seguir subiendo. Mi cuerpo ya no resiste más, y si nos quedamos los dos, ninguno llegará a la antena. Tú tienes que irte ahora. Yo me quedaré aquí para detenerlos.

—¡No digas eso! —le respondió Woo-jin con voz rota, agarrándole del brazo con fuerza—. ¡No te voy a dejar solo! ¡Podemos encontrar otra forma, podemos buscar otro camino!

—No hay otro camino —lo interrumpió Ji-won suavemente, apretándole la mano—. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Escucha lo que te voy a decir: en la base de la antena hay una caja de metal con los códigos de activación y también el mecanismo de autodestrucción. Si no logras transmitir antes de que lleguen los helicópteros, úsalo: no permitas que nada de lo que tu padre construyó caiga en sus manos. Y una cosa más… —sacó de su bolsillo un viejo reloj de bolsillo grabado con el apellido Choi y se lo entregó—. Tu padre me pidió que te diera esto cuando llegara el momento. Dijo que te recordara que eres mucho más fuerte de lo que crees, y que nunca estás solo, aunque parezca lo contrario.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Woo-jin mientras sostenía el reloj entre sus manos temblorosas. Quiso protestar una vez más, pero Ji-won lo empujó suavemente hacia el sendero que subía directo a la cima, mientras levantaba su arma y se ponía de pie con el último resto de fuerzas que le quedaba.

—Corre, Woo-jin. Y cuando enciendas esa señal… piensa en todos nosotros. Piensa que lo hicimos para que el mundo pudiera tener una oportunidad. Ahora vete. Rápido.

Woo-jin se quedó unos segundos más, con el corazón destrozado, hasta que asintió con la cabeza y empezó a correr hacia arriba, sin mirar atrás aunque escuchaba los disparos, los gritos y el ruido de la batalla que estallaba a sus espaldas. Corrió hasta que le dolieron los pulmones, hasta que las piernas le pesaron como plomo, hasta que finalmente llegó a la explanada donde se alzaba la gran antena de metal, imponente y solitaria bajo el cielo gris. Se detuvo un instante, jadeando, y miró hacia abajo una última vez: sabía que Ji-won ya no volvería a subir. Que él también se había quedado atrás, como todos los demás.

Apretó el reloj contra su pecho, se secó las lágrimas con la manga y se acercó a la puerta de acceso de la estación de control. Quedaban menos de tres horas antes de que llegaran los helicópteros con el gas mortal. Estaba totalmente solo, pero llevaba consigo la esperanza y el sacrificio de cada persona que había conocido en este camino. Y sabía que no podía fallarles.

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😈 Hunter. 😈
¡Me encantó!
¡Quiero más capitulos!. 🥰
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