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EL PRECIO DE TU LINAJE

EL PRECIO DE TU LINAJE

Status: En proceso
Genre:Vientre de alquiler / Madre por contrato / Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

James Fernández lo tiene todo: es un arrogante CEO tecnológico de 26 años y el playboy más cotizado de Madrid. Pero un devastador diagnóstico de cáncer destruye su mundo: tiene una semana para salvar su descendencia antes de quedar estéril para siempre. Su única opción es un vientre de alquiler exprés en Grecia.
Estela Gómez tiene 20 años y su vida es un infierno de deudas por culpa de una estafa familiar. Cuando su madre colapsa y necesita una cirugía de urgencia que no pueden pagar, Estela toma una medida desesperada: aceptar el frío contrato de James a cambio de la vida de su madre.
Lo que empieza como una transacción comercial secreta se transforma bajo el ático de la Castellana. Entre la quimioterapia de él y los latidos de un embarazo inesperado, la mentira se mezclará peligrosamente con un amor real capaz de desenterrar los secretos más oscuros del pasado.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22. EL LLANTO DE LA VIDA

El quirófano de la clínica privada de Atenas estaba inundado de una luz blanca, intensa y cegadora. El sonido rítmico del monitor cardíaco marcaba las pulsaciones de Estela, que yacía en la camilla quirúrgica con la mitad inferior de su cuerpo completamente anestesiada gracias a la epidural. Una gran sábana verde colocada a la altura de su pecho le impedía ver el campo de operaciones, pero sus ojos marrones estaban fijos en la puerta.

La hoja doble se abrió y James entró vestido con el pijama quirúrgico verde, gorro y mascarilla. A pesar de llevar el rostro cubierto, Estela reconoció de inmediato la intensidad de sus ojos claros. James caminó a paso rápido y se sentó en el taburete situado justo al lado de su cabeza. Sin decir una palabra, entrelazó sus dedos con los de ella, apretándolos con una fuerza que le devolvió el alma al cuerpo.

—Estoy aquí, mi vida —susurró James, inclinándose para besarle la frente sudorosa—. No te voy a soltar. Todo va a salir bien.

—Tengo miedo, James… —confesó Estela en un hilo de voz, tiritando ligeramente por el efecto de la anestesia y los nervios—. Son tres. Solo quiero que estén sanos.

—Lo están. Son unos guerreros, igual que su madre —la tranquilizó él, acariciándole la mejilla con ternura infinita.

Al otro lado de la sábana verde, el doctor Karalis y su equipo de cirujanos trabajaban con una rapidez asombrosa. La atmósfera en el quirófano era de una concentración absoluta. Un embarazo de trillizos en el octavo mes requería una precisión milimétrica para asegurar que ninguno de los bebés sufriera falta de oxígeno.

—Muy bien, señorita Gómez, ya hemos realizado la incisión —anunció el doctor Karalis en español, con tono firme pero calmado—. Va a sentir una fuerte presión en el abdomen. No se asuste, es el primer bebé que viene en camino. Enfermeras, preparad la primera cuna térmica.

Estela sintió un empujón desagradable en las costillas y cerró los ojos con fuerza, aferrándose a la mano de James como si fuera su único anclaje en el mundo. James se inclinó más sobre ella, susurrándole palabras de aliento al oído, ocultando sus propios nervios.

De repente, un sonido húmedo rompió el murmulio de los médicos, seguido inmediatamente por un llanto agudo, enérgico y lleno de vida que resonó en todo el quirófano.

¡Uaaaa, uaaaa!

—¡Aquí está el primero! Un varón precioso y muy fuerte —exclamó el doctor Karalis, levantando al bebé unos segundos por encima de la sábana para que James y Estela pudieran verlo antes de entregárselo a los neonatólogos—. Respira perfectamente por sí mismo.

James sintió que una lágrima de pura emoción le resbalaba por la mejilla bajo la mascarilla. Pero no hubo tiempo para celebrar.

—Vamos a por el segundo —coordinó el médico griego—. Presión de nuevo, por favor.

Un minuto después, tras un nuevo esfuerzo, el segundo llanto idéntico al primero inundó la sala quirúrgica, acoplándose al de su hermano en una sinfonía perfecta.

¡Uaaaa, uaaaa!

—El segundo varón, señor Fernández. Es idéntico a su hermano, una división perfecta del embrión —anunció el ginecólogo con orgullo—. Dos campeones en el mundo.

Estela lloraba de felicidad en la camilla, con el pecho agitado por la emoción. Miró a James y vio que el imponente CEO tenía los ojos completamente encharcados, incapaz de articular palabra ante el milagro de ver su descendencia a salvo. La quimioterapia y el cáncer habían perdido la batalla de forma definitiva.

—Y ahora… —el doctor Karalis suavizó el tono de su voz, introduciendo las manos con extrema delicadeza en el fondo del útero de Estela—. Vamos a sacar a la pequeña de la casa. La princesa que se encargó de darnos la gran sorpresa en Madrid. Vamos, pequeña, sal a conocer a tus padres.

El quirófano se sumió en un silencio expectante. Tras unos segundos de tensión dramática, un llanto diferente, un poco más agudo pero igual de potente y musical, rompió el aire.

¡Uaaaa, uaaaa!

La tercera bebé, la niña que se había mantenido oculta detrás de sus hermanos durante siete meses, acababa de nacer. El doctor Karalis la limpió rápidamente y se acercó a la cabecera de la camilla, sosteniendo a la pequeña envuelta en una manta blanca de algodón.

—Aquí la tienen. Su hija —dijo el médico con una sonrisa conmovida.

James y Estela miraron a la bebé al mismo tiempo. Era diminuta, con una piel rosada y una ligera pelusa oscura en la cabeza que recordaba al cabello de James. Al escuchar la voz de Estela, la pequeña dejó de llorar por un segundo y movió sus minúsculas manitas en el aire.

James, temblando por completo, extendió un dedo y la bebé, de forma instintiva, cerró su manita diminuta alrededor de él. El contacto derrumbó por completo los últimos muros del millonario. Rompió a llorar sin tapujos, inclinándose sobre Estela para unir sus rostros en un abrazo lleno de lágrimas, besos y susurros de amor.

—Lo hemos logrado, Estela… nuestros hijos están aquí —sollozó James contra su piel—. Son perfectos. Eres maravillosa.

—Son hermosos, James… son nuestra familia —respondió Estela con el corazón desbordado de amor, mirando al hombre que se había convertido en su primer y único amor, el padre de sus tres milagros.

Las enfermeras se llevaron a los trillizos a las incubadoras de neonatología para vigilar su adaptación durante las primeras horas, tal y como dictaba el protocolo de los bebés sietemesinos y de ocho meses. Mientras el doctor Karalis terminaba de suturar a Estela, James no le soltó la mano ni un solo segundo. El nacimiento en Grecia se había consumado. Ante la ley internacional y el hospital de Atenas, James Fernández era el único y legítimo padre de esas tres criaturas, pero en el fondo de sus corazones, el contrato ya no existía. Estela ya no era un vientre de alquiler; era la madre, la esposa y la dueña absoluta del futuro que acababa de nacer en mitad del Mediterráneo.

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Norma Lopez
Muy buena
Noemi Acevedo
me parece excelente me encanta
Noemi Acevedo
es buenísima pero tiene que seguir por favor
SIKEVALEN: subo capitulos cada dos dias, mañana tendras 10 capitulos mas. Me alegro que te este gustando. Un abrazo
total 1 replies
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