"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
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Capítulo 5
El Tercer Esposo II
En un viaje juntos a Bariloche, dieron rienda suelta a su amor.
Pero Julieta aún estaba temerosa; empezar una nueva relación le da muchos nervios. Con Reynel fue una relación de casi seis meses, pero con Dante todo fue tan rápido que no alcanzó a disfrutar de su guapo italiano. Enzo entendió su temor y con paciencia la llevó a entender que su relación iba a ser distinta.
El viaje era necesario hacerlo, pues las empresas de Dante estaban asentadas en esta ciudad al sur de Argentina. La mansión que heredó Julieta está ubicada en el cerro Campanario con una hermosa vista a los lagos Nahuel Huapi y Moreno. Llegaron en el jet y un auto arrendado los llevó hasta el lugar.
Al llegar, descargaron su equipaje y Enzo se encargó de encender la chimenea y buscar en la cava una buena botella de vino, mientras que Julieta se deleitaba con el paisaje que hay delante de ella. El cielo azul del verano patagónico y el azul intenso de los lagos contrastan con el verde de las montañas y su vegetación.
―Enzo, la vista desde acá es hermosa. ―Enzo se acerca de manera galante a su lado y le ofrece una copa de vino tinto.
―No más hermosa que tú. ―Le dice mientras le da un beso en su cuello que la hace estremecer.
Julieta se voltea y ve a ese guapo hombre, rubio, con algunas arrugas surcando sus ojos, y no puede negar que sus ojos azules le transmiten tranquilidad. Enzo era su pareja y le encantaba que le dijera cosas lindas, que la mime, que la bese, pero Julieta teme aún. A pesar de que ya él le hizo una propuesta de matrimonio y ella le respondió que le diera tiempo, ya estaba segura de que lo quería.
―Hermosa, sé mi esposa. Así me digas nuevamente que no, no me cansaré de preguntártelo. ―Enzo insistía: llegará el día en que Julieta diga que sí.
―Sí ―Solo esto dijo Julieta y lo besó.
Enzo, feliz por la respuesta de Julieta, correspondió el beso; al terminar de besarla, quiso hacer un brindis, pero ella lo impidió tomándose rápidamente el contenido de su copa. Él entendió lo que pasaba por la mente de su ahora prometida y bebió también el contenido de su copa.
Tomó la copa vacía de ella y la dejó junto a la de él en la mesa más cercana. Se acercó a Julieta como un lobo hambriento y atacó de nuevo sus labios con vehemencia, mientras que con sus grandes manos le agarraba sus nalgas y, luego de subir a la cintura, toma el borde de la blusa de Julieta, retirándola por encima de sus brazos.
Julieta, muy obediente, se la deja retirar y Enzo, sin dejar de acariciar su piel desnuda, se hace detrás de ella y empieza a darle besos y mordiscos en su espalda. Así la lleva hasta chocar suavemente su cuerpo contra el vidrio y con sus manos lentamente va deslizando su pantalón licrado por sus piernas hasta quitarlo de sus pies.
Julieta seguía pegada al ventanal con sus manos apoyadas a lado y lado y hace un respingo al sentir la erección de Enzo sobando sus nalgas y espalda. Ella estaba solo en su brasier y bragas, pero está tan extasiada que ni cuenta se dio en qué momento ese hombre la desnudó y se desnudó él también.
Enzo seguía dejando besos húmedos en su espalda baja hasta llegar a sus nalgas, que también besaba. La hizo inclinar un poco para poderle dar lengüetazos en medio de ellas; esto excitó demasiado a Julieta, la cual empezó a dar gemidos por el placer que Enzo le hacía sentir.
Sintió cómo la humedad se desbordaba de su interior y Enzo dejó de chupar.
―Hermosa, quédate así. No te muevas. ―Julieta sintió frustración al dejar de sentir la lengua húmeda y caliente de su amado en su intimidad, pero era que él, al saber que ella ya estaba lista, se estaba colocando un preservativo. No sabía si Julieta se cuidaba o si quería tener hijos tan rápido. Llegó a darle besos en su cuello, subió a su oreja dándole mordiscos y volteó un poco su cara para darle un apasionado beso mientras la penetraba suavemente en esa posición. Julieta sintió cómo su interior fue invadido y espasmos la recorrían cada vez que su miembro entraba y salía. No le importaba si alguien los podía ver desde afuera; esa sensación era alucinante y aún más la excitaba. Con sus senos aplastados por el vidrio, gemía de placer entre cada embestida que le daba.
Enzo la agarraba fuerte de la cadera para que entrara fuerte y profundo. Julieta sentía que ya no podía más luego de estar mucho rato en esa posición. Sus piernas parecían gelatina y el orgasmo llegó para ella contrayendo sus paredes y oprimiendo el miembro de Enzo, que luego de varios embates también obtuvo su clímax, dando un grito ahogado y quedando jadeante en la espalda de Julieta.
Una semana estuvieron en ese paradisiaco lugar. El amor les brotaba por los poros; hacían el amor cada vez que se les daba la gana y en el lugar que fuera. Julieta amaba a ese hombre, a su ayuda y a lo que le hacía sentir.
El día de la boda llegó, tres meses después de estar comprometidos oficialmente, con toda la programación del mundo, y acompañados de sus familiares, Julieta llegó al altar del brazo de su padre.
Nuevamente, la boda sería por lo civil, pues Enzo en su primera boda se casó por la iglesia, pero eso no le importó a Julieta, que estaba tan enamorada. Tanto que ni notó los cambios de temperamento que tenía su novio. Pensaba que estaba estresado por la boda. Pero en realidad, el hombre estaba siendo atacado por su conciencia.
Se enamoró de verdad de Julieta, quien en un principio en realidad fue su víctima. Él le estaba robando desde el día que firmó con ella las cláusulas del contrato; el hecho de enamorarla era para que ella no sospechara que él en realidad era un delincuente. Que su fortuna fue basada en robar de manera fraudulenta en cada contrato que firmaba con algún magnate. Y aunque estaba arrepentido, ya era muy tarde; el abogado de Dante lo descubrió. Supo que este lo denunció ante las autoridades para ser encarcelado. Aportando pruebas de los robos que le hizo a Julieta, al mismo Dante y socios de la organización.
Con voz titubeante dio el sí, y posó con una sonrisa fingida para la foto de la boda. Luego se disculpó con los invitados para ir al baño.
Llevaba más de media hora en el baño y Julieta se preocupó. Tocó la puerta, pero no obtuvo respuesta, así que con ayuda de uno de los meseros abrió la puerta y un grito de horror se escuchó.
—¡¡¡¡Nooo!!!! ¡¡¡¡Enzo!!!!
Enzo se había suicidado colgándose del alfeizar de la pequeña ventana del baño.
El mesero desamarró la soga en su cuello lo más pronto posible, y el cuerpo inerte de Enzo cayó encima de Julieta, que del shock se desmayó.
Nuevamente viuda. Los presentes no lo podían creer. Julieta fue atendida por los paramedicos, mientras que medicina legal y la policía hacia el levantamiento del cadáver de Enzo Scola.
Vamos a ver cómo lo toman los niños
Ay Julieta,cómo es eso que Eduardo es la única persona a la cual puedes acudir, no me está gustando esa confianza
Gracias querida escritora @👒⃟𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮𝓓𝓮𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪⃟👒 por actualizar 🤗 sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos 🤗🌹