Segundo libro de la Dinastía Lobo.
⚠️ CONTENIDO (+18)⚠️
Phillips Lobo es el Sottocapo de la mafia italiana, él lleva el dolor de haber perdido a su gran amor después de que diera a luz a su primer hijo, se siente herido y jura no volverse a enamorar jamás.
Fátima Martini, es una chica a la cual le mataron al novio y fue vendida por su propio hermano a un proxeneta, es rescatada por el mafioso líder de la mafia italiana quién es el marido de su mejor amiga y el primo de Phillips,y en su afán de querer olvidar todo el daño que le han causado decide convertiste en la niñera del hijo del sottocapo, ella se siente herida, quiere olvidar su pasado y todo el dolor que lleva en el alma.
¿Podrá Fátima olvidar y sanar todo su dolor?
¿En verdad Phillips no volverá a enamorarse más?
¡Ven y acompáñame en esta nueva aventura y averigüemos juntos que pasará entre el Sottocapo y la Niñera!
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Necesidades carnales.
Fátima.
...
Los días continuaron pasando y mi día libre llegó. Algunas de las chicas del servicio también tendrían su día libre, así que nos pusimos de acuerdo para salir juntas. Éramos cinco en total: Tatiana, Flor, Margarita, Fernanda y yo.
Me despedí del precioso de Efraín con un beso en sus mejillas y casi no voy con la miradita linda que me dio ese niño hermoso.
—Chao, niño precioso, te portas bien —le digo mientras se lo entrego a Helen.
—Van, bam, rrrrr —balbucea el niño, haciéndome reír.
Al salir de la habitación me dirijo al despacho del señor Phillips. Debo recoger mi pago del mes. Desde el día del regaño en la piscina se ha portado un poco más serio de lo normal. Hablamos solo lo necesario. Las clases han seguido, pero no ha pasado nada raro. Por suerte, ya faltan pocas clases. La camiseta que me dio el día del incidente en la piscina no se la he devuelto; por alguna extraña razón la he olido un par de veces porque me gusta el olor de su colonia. Huele a bergamota y cedro.
—Buenos días —digo cuando entro al despacho.
—Buenos días, señorita Martini —va hasta su escritorio, saca de uno de los cajones un cheque y me lo entrega.
—Gracias —agradezco e intento dar la vuelta para salir.
—¿Regresará hoy? —me pregunta, sentándose en su cómoda silla.
—Esa es la idea, señor —contesto mirándolo a los ojos, y a veces quisiera que despertara en mí el mismo miedo que me despierta el esposo de mi amiga, pero no. Con el Sottocapo es diferente; en vez de causarme miedo, me causa otra cosa que no sé qué es...
—Bien, disfrute su día libre.
—Gracias, señor —me despido y salgo de ese despacho con el estómago hecho un nudo.
Voy a mi habitación, recojo una mochila con mis cosas personales y una muda de ropa adicional. Me reúno con las chicas en la salida y Raúl nos lleva hasta el centro. Todas hacemos compras. Yo debo comprar algunas cosas de la universidad y otras personales. Aprovecho un descuido de las chicas y entro a una sex shop. Necesito comprar algo que me ayude a calmar las necesidades carnales que me están surgiendo últimamente, así que rápidamente busco entre los estantes y consigo lo que quería. Compro un vibrador de 21 cm que me ayude a calmar mis calenturas de vez en cuando, pago y lo guardo en mi mochila. Trato de salir rápido para volver a reunirme con las demás, pero me las encuentro en la salida y debo aguantarme sus miles de preguntas.
—Solo estaba mirando —digo cuando siguen insistiendo.
Almorzamos en un pequeño restaurante y luego nos vamos a la casa de Fernanda, la cual vive con sus padres. Los señores son muy amables, nos reciben bien y son muy divertidos.
—¿Te unirás a la fiesta, Fátima? —me pregunta Flor. Tienen pensado ir a un bar para tomarse una copa.
—No lo sé —contesto. La verdad no tengo muchas ganas de ir a un lugar de esos.
—Es un lugar seguro —dice Margarita, uniéndose a la conversación—. Además, estaremos todas. También se unirán Raúl, Pablo y Marcus. Los dos últimos son los novios de Fernanda y Margarita.
Siguen insistiendo con lo mismo durante varios minutos, y en estos momentos extraño a mi mejor amiga, porque si ella estuviera en la ciudad me hubiese ido con ella hasta que llegara la hora de volver a la mansión del Sottocapo. Nelly también sería una buena opción, pero está de viaje (Nelly es la hermana del esposo de Angélica, mi mejor amiga).
—Está bien, vamos, pero nada de alcohol para mí —indico al aceptar sus invitaciones.
La noche llega y todas nos arreglamos. Yo me coloco un vestido plateado de tirantes delgados; es corto, así que me pongo unas botas altas y un abrigo. Fernanda me ayuda con el maquillaje y, cuando me miro al espejo, me gusta lo que veo. Creo que llegó la hora de volver a disfrutar mi vida. Siempre he sido alegre, me gusta bailar y divertirme, y aunque lo que pasó gracias a mi hermano me hundió en un dolor, sé que debo tratar de resurgir y seguir adelante con mi vida, poco a poco, pero lo haré...
El lugar al que llegamos es muy movido. Está repleto de personas que ríen, bailan, juegan, toman, se besan y hay unos que solo les falta quitarse la ropa.
Las chicas comienzan a tomar whisky, pero yo tomo cóctel sin alcohol. Después de un rato se nos unen los chicos: Raúl, Pablo y Marcus.
Nos vamos a la pista de baile y bailamos solas las dos primeras canciones, y luego se nos unen los chicos. Cada quien se ve muy alegre. Yo bailo con Raúl una larga tanda de canciones; me sentía feliz y con ganas de seguir bailando, y fue lo que hice. Las chicas se fueron a sentar y yo me quedé bailando con Raúl.
—Estás muy linda esta noche, Fátima —dice a mi oído—. Bueno, debo reconocer que tú siempre estás linda.
—Gracias —respondo sin dejar de moverme al ritmo de la música.
Cuando Raúl y yo volvemos a la mesa, las chicas se ponen de pie para irse a bailar. Nosotros nos tomamos una bebida y comenzamos a conversar trivialidades, y no sé por qué me asusto cuando Raúl me dice que quiere hacerme una pregunta.
—No te molestes con lo que te voy a preguntar, pero desde el día del incidente en la piscina tengo una duda —dice Raúl muy serio.
—¿Cuál duda? —inquiero confundida y le doy un trago a mi cóctel.
—¿Tienes algo con el jefe? —su pregunta hace que escupa la bebida y me salga un poco por la nariz. Él me ofrece un pañuelo y me limpio.
—¿De dónde sacas eso? —le pregunto un poco molesta.
—No te enojes, Fátima, es que me pareció raro el comportamiento del Sottocapo cuando nos encontró en la piscina.
—Lo único que tengo con el señor Phillips es una relación netamente laboral, no hay nada más, y ese día no le vi nada de raro a su comportamiento. Solo me regañó por estar a esa hora de la noche en la piscina. No quiere que enferme porque soy la niñera de su hijo, nada más —le aclaro.
—Ok, pero no te ofusques, solo fue una pregunta. Discúlpame si te hice sentir mal. ¿Seguimos bailando?
—Sí.
Traté de no darle importancia a las ideas erradas de Raúl y seguí bailando. Cerca de las doce de la noche me sentí cansada y deseé volver a la mansión. Las chicas dijeron que se quedarían un rato más, pues ellas ingresarían a trabajar al día siguiente cerca de las ocho.
Raúl se ofreció a llevarme. Primero fui a casa de Fernanda a buscar mis pertenencias y luego nos dirigimos a la mansión. Llegamos cerca de la una y media de la madrugada y entramos por la puerta de servicio. Raúl me abrió la puerta del vehículo y tomó mi mano para que no tropezara, pero al estar frente a frente hizo algo que me dejó perpleja...
Raúl me besó.