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EL REFLEJO DE LA ALQUIMIA

EL REFLEJO DE LA ALQUIMIA

Status: En proceso
Genre:Época
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: More more

En un siglo XVIII alternativo, donde la magia se oculta tras el abanico de la etiqueta y el filo de la espada, Elowen de Valois es una anomalía. Hija de un marqués que la desprecia y heredera de una magia de sangre que tiñó su cabello de blanco y sus ojos de rubí, es vendida como un mueble al Duque de Oakhaven.

​Los rumores dicen que el Duque es un monstruo deforme que oculta su rostro tras una máscara de plata, un hombre que desprecia la compañía femenina y que vive recluido en una fortaleza de piedra. Sin embargo, Elowen no es una damisela en apuros. Armada con un intelecto afilado, un conocimiento letal sobre venenos y una belleza sobrenatural que ella misma considera una maldición, entra en la boca del lobo con un solo objetivo: sobrevivir y reclamar su libertad. Lo que no sabe es que su esposo guarda secretos que podrían derrocar imperios, y que la "fiera" es, en realidad, el hombre más poderoso —y peligroso— del reino.

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12

​El invierno comenzaba a enviar sus primeros heraldos en forma de escarcha plateada sobre los campos de Oakhaven. Pero en lugar de recogerse en el miedo, el ducado bullía de alegría.

Elowen había organizado el "Festival de la Cosecha de Invierno", una festividad para el pueblo que servía para dos propósitos: solidificar la lealtad de la gente y demostrar que el Duque y la Duquesa eran una unidad indestructible.

​La plaza principal de la ciudadela estaba decorada con guirnaldas de pino y faroles de cristal alquímico que emitían una luz cálida y dorada. Elowen caminaba entre la gente, vestida con una túnica de lana fina de color blanco hueso y bordados de oro, luciendo una sencillez que la hacía parecer una diosa bajada a la tierra.

​Caelum iba a su lado, sin máscara, con una capa de piel de lobo sobre los hombros que acentuaba su porte imperial. La gente ya no bajaba la vista; lo vitoreaban.

​—Parece que les gustas, mi señor —susurró Elowen, aceptando una manzana acaramelada de un niño—. Y las mujeres siguen suspirando. Mira a esa hija del molinero; cree que si te sonríe lo suficiente, la invitarás a bailar.

​Caelum la tomó de la cintura frente a todos, pegándola a su costado con una posesividad que hizo que el pueblo soltara un suspiro de admiración.

—Que suspiren lo que quieran, mi Luna. Solo hay una mujer en este ducado que tiene el derecho de desvestirme con la mirada, y ahora mismo me está ofreciendo una manzana.

​Caelum le dio un mordisco a la manzana que ella sostenía, rozando los dedos de Elowen con sus labios de una manera que fue cualquier cosa menos inocente.

—Está dulce —murmuró él, sus ojos ámbar brillando con una picardía morbosa—, pero prefiero el postre que me espera en la fortaleza.

​Entre la multitud se encontraba Lady Beatriz, una noble de una casa menor que había sido humillada en el banquete anterior cuando Caelum la ignoró por completo.

Consumida por el odio, se acercó a la Duquesa durante el brindis oficial, ofreciéndole una copa de vino especiado.

​—Un brindis por la prosperidad de Oakhaven, Duquesa —dijo Beatriz con una sonrisa falsa que no llegaba a sus ojos.

​Elowen, cuyos sentidos estaban entrenados para detectar la más mínima anomalía química, olió el rastro amargo de la Belladona de Sombra antes de que la copa tocara su mano.

Sin perder la compostura, Elowen fingió tropezar ligeramente, haciendo que el vino de su copa se mezclara con la de Beatriz.

​—¡Oh, qué torpe soy! —exclamó Elowen—. Permítame, Lady Beatriz, que intercambiemos copas en señal de amistad. La suya parece tener un bouquet mucho más... interesante.

​Bajo la mirada atenta de los guardias y del propio Duque, Beatriz no tuvo más remedio que aceptar. Al primer sorbo, sus ojos se abrieron de par en par. No era un veneno mortal en esa dosis, pero Elowen había añadido discretamente un reactivo de su anillo que provocaba una verdad incontrolable acompañada de un picor insoportable en la lengua.

​—¡Este vino sabe a orina de rata! —gritó Beatriz ante el horror de todos—. ¡Y yo misma lo envenené para que esta bruja blanca se retorciera de dolor! ¡Ahhh, mi lengua quema!

​Caelum dio un paso al frente, su sombra cubriendo a la mujer.

—Varick, llévala a las mazmorras. Parece que la dama necesita un curso intensivo sobre hospitalidad... y sobre cómo sobrevivir a un interrogatorio de lobos.

​La alegría del festival se vio cortada por un instinto que solo Caelum poseía. El aire cambió. Un olor a ozono y plata vieja se filtró entre los faroles.

​—Elowen, vete al castillo. Ahora —ordenó Caelum, su voz volviéndose profunda y vibrante.

​—¿Qué pasa? —preguntó ella, sintiendo el peligro.

​De las sombras de un callejón emergió una figura vestida con una armadura de cuero reforzada con placas de plata bendecida.

Era un "Cazador de Bestias", un asesino de la orden secreta de Alistair. En su mano portaba una ballesta pesada con una flecha cuya punta brillaba con una luz azulada: Plata Pura.

​—¡Caelum, cuidado! —gritó Elowen.

​El asesino disparó. Caelum empujó a Elowen detrás de una columna de piedra, pero la flecha le rozó el hombro, quemándole la piel al instante. El Duque rugió, un sonido que hizo que la gente de la plaza huyera en pánico.

​—Has cometido un error —dijo el asesino—. El Emperador quiere tu cabeza en una pica.

​Caelum se dejó caer sobre sus manos y rodillas. Sus huesos comenzaron a crujir y a romperse, recolocándose en ángulos imposibles.

Su ropa se rasgó mientras su cuerpo se expandía. Elowen observó, fascinada y aterrada, cómo el hombre que amaba desaparecía para dar paso a una bestia de leyenda.

​Un lobo negro, del tamaño de un caballo de guerra, con ojos que eran dos soles ámbar, se alzó frente al asesino. No era un lobo común; sombras líquidas emanaban de su pelaje, ocultando su forma exacta.

​El asesino, temblando, intentó recargar la ballesta, pero el Lobo de Oakhaven fue más rápido. Con un salto que desafió la gravedad, Caelum cayó sobre él. No hubo una pelea larga.

Solo se escuchó el crujido del metal y el grito ahogado del hombre antes de que el Alfa le arrancara el arma y lo lanzara contra una pared, dejándolo inconsciente pero vivo para el interrogatorio.

​Caelum, aún en su forma de lobo, se acercó lentamente a Elowen. El vapor salía de su hocico ensangrentado. Se detuvo a centímetros de ella, bajando la cabeza en una señal de sumisión absoluta que dejó a los pocos testigos sin aliento.

​Elowen no retrocedió. Extendió su mano blanca y la hundió en el pelaje grueso y oscuro del lobo, justo encima de su frente.

—Sigues siendo el hombre más apuesto que he visto, incluso con tantos dientes —susurró ella, sonriendo.

​El lobo dejó escapar un sonido que pareció un ronroneo profundo, frotando su hocico contra el cuello de ella. En ese momento, la conexión de "Mate" se selló por completo.

Ella era su ancla, la única que podía calmar la sangre hirviente del Alfa.

​Horas después, en la privacidad de sus aposentos, Caelum había recuperado su forma humana, aunque todavía tenía algunas garras en lugar de uñas por la agitación.

Elowen estaba curando la herida de plata en su hombro con un ungüento azul que ella misma había destilado.

​—Te dolió —dijo ella, pasando sus dedos con delicadeza por la quemadura.

​—Duele más saber que Alistair se atrevió a enviarlo aquí, a ponerte en peligro —Caelum la tomó de la nuca, obligándola a mirarlo—. Verlo apuntarte con esa ballesta... Elowen, casi pierdo el control por completo. Quería devorar la ciudad entera para asegurarme de que estabas a salvo.

​Elowen se sentó a horcajadas sobre él en la cama, dejando que sus cabellos blancos cayeran sobre el pecho desnudo del Duque.

—Pero no lo hiciste. Controlaste a la bestia. Y ahora, mi lobo, creo que necesito que uses esa energía excedente en algo más constructivo.

​Caelum la apretó contra sí, sus manos bajando con una fuerza que marcaba el territorio de su piel.

—¿Quieres ver qué tan salvaje puedo ser cuando no hay asesinos de por medio? —murmuró él, su voz ronca de deseo—.

Porque después de lo de hoy, no tengo intención de ser un caballero.

​—Nunca quise un caballero, Caelum —respondió ella, desabrochando el primer botón de su propia camisa con una sonrisa pecaminosa—. Quise a un Rey. Y los Reyes toman lo que es suyo.

​Esa noche, la fortaleza de Ironcliff fue testigo de una pasión que habría hecho temblar los cimientos del imperio.

Mientras Alistair esperaba noticias de su asesino, en el Norte, el Alfa y su Luna celebraban su supervivencia con una intensidad que prometía que, para cuando llegara la luna llena, no quedaría rastro del usurpador.

1
Nubia Jaramillo
me gustó mucho su historia felicitaciones
Sephora
Creo que 🤭 viene una camada de cachorros
YUSMARI HURTADO
felicidades autora
Paola Cordero
Estos dos si siguen así tendrán una camada de cachorros jajjaja ni las luces de el anticonceptivo 🤣🤣🤣🤣🤣
Paola Cordero
Estos dos si siguen así tendrán una camada de cachorros jajjaja ni las luces de el anticonceptivo 🤣🤣🤣🤣🤣
YUSMARI HURTADO
oh vaya capitulo 15 y 16 son Los mismo se repitio/Slight/
Maria Luisa Castro
Interesante 👏
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