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Lazo De Eclipse: Reclamada Por El Rey Hereje

Lazo De Eclipse: Reclamada Por El Rey Hereje

Status: En proceso
Genre:Romance / Hombre lobo / Vampiro
Popularitas:12.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Syraxes Crowley

Humillada, desterrada y despojada de su lazo místico. Astra fue arrastrada al altar no para ser coronada, sino para ser rechazada públicamente por su mate, el Alfa Logan, quien prefirió encadenarse a una loba de alta alcurnia. Abandonada en el prohibido Bosque de las Cenizas para morir congelada, su dolor despierta algo que debió permanecer oculto: el Lazo de Eclipse.
Esta maldición ancestral une su alma al ser más despiadado, temido e inmortal del continente: Valerius, el Rey Hereje. Un híbrido mitad vampiro puro y mitad licántropo exiliado que jamás ha conocido la piedad... hasta que la huele a ella en el lodo.
Mientras su antiguo Alfa comienza a agonizar y a escupir sangre negra por el karma biológico de haber rechazado a su verdadera alma gemela, Valerius desata una obsesión salvaje, protectora y letal por Astra. Él no busca una Omega sumisa; la entrenará, la vestirá con las sedas de la realeza y la convertirá en la Emperatriz de las Sombras.

NovelToon tiene autorización de Syraxes Crowley para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El Desafío del Rival

El aire en el Salón de la Sangre se congeló instantáneamente, transformándose en una masa de hielo invisible que entumeció los pulmones de todos los presentes. La melodía del vals gótico cesó de golpe, dejando una última nota estridente flotando en el espacio antes de extinguirse por completo. Los susurros de la aristocracia murieron. Las copas de cristal enjoyado se detuvieron a medio camino de los labios pálidos de los nobles, y nadie se atrevió siquiera a exhalar. El desafío del Marqués Cassian no había sido una sutil intriga cortesana; había sido un guante de hierro impregnado de desprecio, arrojado directamente al rostro del soberano.

Cassian mantenía la mano extendida, sosteniendo la rosa de sangre con una elegancia impecable, casi perezosa. En sus labios flotaba una sonrisa arrogante, una mueca de superioridad grabada en sus facciones perfectas de vampiro de sangre pura. Él pertenecía a la vieja estirpe, a los intocables que consideraban a Valerius un accidente de la naturaleza, un híbrido bastardo que gobernaba por el terror pero que carecía del refinamiento de las dinastías antiguas.

Cassian estaba convencido de que su estatus político dentro del consejo lo hacía intocable, y utilizó esa falsa seguridad para provocar deliberadamente el instinto territorial más primitivo del Rey Hereje. Deseaba ver al monstruo perder los estribos, quería que se rebajara ante la corte para demostrar que no era más que una bestia salvaje con corona.

Fijó sus ojos dorados en el escote de Astra, ignorando por completo la sombra colosal que se cernía a su lado. El silencio se prolongó por tres segundos que parecieron tres siglos.

Valerius no rugió. No hubo un grito de advertencia, ni un despliegue teatral de ira elemental. El silencio que emanaba de su figura de dos metros era infinitamente más aterrador que cualquier estallido de furia salvaje. Se movió con la velocidad pura del pensamiento, una aceleración tan sobrenatural que desafió los ojos de las criaturas nocturnas más ancianas de la sala.

En un parpadeo, la distancia entre ambos hombres se redujo a cero.

Antes de que Cassian pudiera siquiera retirar la mano o activar su propia velocidad ancestral, el peso de una fuerza titánica lo aplastó contra el suelo. El impacto hizo eco en las profundidades del Salón de la Sangre. Las garras oscuras de Valerius, largas, afiladas y envueltas en un aura de muerte, se incrustaron a escasos milímetros de la yugular del marqués. La presión era tal que un fino hilo de sangre carmesí comenzó a deslizarse por el cuello pálido de Cassian, tiñendo su cuello de encaje.

Pero Valerius no se detuvo ahí. Su control sobre la oscuridad del castillo era absoluto. Al mismo tiempo que inmovilizaba al noble por el cuello, las sombras líquidas que cubrían los rincones del salón cobraron vida propia. Se deslizaron como serpientes hambrientas por el suelo de mármol y treparon por las piernas de Cassian, enroscándose firmemente alrededor de sus extremidades inferiores.

¡CRACK!

Un crujido seco, espantoso y unísono resonó en la galería. Las sombras se contrajeron con una violencia implacable, rompiendo los tobillos del marqués en un instante.

La sonrisa de Cassian se borró de inmediato, reemplazada por una mueca de agonía pura y desencajada. Sus ojos dorados se abrieron con horror al sentir cómo su estructura ósea se pulverizaba bajo la presión de la oscuridad. Intentó liberar un grito de dolor, pero el agarre de Valerius en su garganta extinguió el sonido en sus cuerdas vocales.

El Rey Hereje se inclinó sutilmente, acercando su rostro al del noble mutilado. Sus ojos carmesí brillaban con la intensidad de un infierno desatado, y sus colmillos rozaban la piel herida de su rival. Cuando habló, su voz no fue un grito, sino un susurro de ultratumba, una vibración tan baja y cargada de una posesividad letal que hizo temblar los cimientos del Castillo de Ceniza:

—Vuelve a respirar su aire... vuelve a mirarla con esos ojos inmundos, y yo mismo arrancaré tu alma de tu cuerpo de sangre pura y alimentaré a las bestias con tus cenizas. Ella no es una opción para tus juegos, Cassian. Ella es mi Reina, y todo lo que toca mi vista le pertenece.

La corte observaba la escena petrificada. Los guardias personales de Cassian dieron un paso al frente por puro instinto, pero las sombras familiares de Valerius emergieron del techo, mostrando garras y colmillos, listos para masacrarlos si daban un solo paso más. El mensaje era claro: intervenir significaba la extinción inmediata de su linaje.

Fue en ese momento de máxima violencia cuando Astra intervino. Muchas Omegas habrían retrocedido horrorizadas por la brutalidad, o habrían suplicado por clemencia para evitar una guerra política interna. Astra no lo hizo. Su loba del eclipse demandaba respeto, y la provocación de Cassian también había sido un insulto a su propia soberanía.

Con un paso firme y seguro, Astra se colocó al lado de Valerius. El traje imperial gótico fluía a su alrededor como una extensión de su poder. Miró a Cassian desde las alturas, con sus ojos de plata sólida destilando una indiferencia helada y despectiva que dolió más que los huesos rotos.

Extendió su mano derecha hacia la rosa de sangre que aún permanecía suspendida en el aire, sostenida débilmente por los dedos temblorosos del marqués moribundo. En el instante en que sus dedos se acercaron, un estallido de fuego plateado brotó de la palma de Astra. Las llamas místicas, alimentadas por la energía de la Luna Primordial, envolvieron la flor mística. No hubo humo, ni olor a quemado; solo una incineración espiritual perfecta que redujo la rosa a un puñado de cenizas grises que se dispersaron en el aire antes de tocar las baldosas.

Astra clavó su mirada plateada en los ojos aterrorizados del noble y, con una voz clara, firme y melodiosa que resonó con una lealtad absoluta en cada rincón del salón, declaró:

—Solo hay un hombre que puede tocar mi piel, y ese hombre lleva la corona de este reino. Tus flores están muertas, Marqués, igual que tu autoridad si osas cruzarte de nuevo en nuestro camino.

Valerius soltó el cuello de Cassian con un desdén brutal, arrojándolo al suelo como si fuera un trozo de carne inservible. El marqués cayó sobre su propio peso, jadeando, con las piernas destrozadas y el orgullo completamente demolido. Los guardias de la facción militar, bajo una señal silenciosa de los generales que ahora adoraban a Astra, avanzaron y arrastraron el cuerpo de Cassian fuera del Salón de la Sangre, dejando una larga mancha de sangre sobre el mármol pulido. El aristócrata más peligroso del consejo salía de la gala mutilado, deshonrado y sumido en un terror absoluto.

Un silencio reverencial y absoluto se apoderó de la aristocracia. Los duques, condes y ancianos de la corte intercambiaron miradas de advertencia. El face-slapping había sido definitivo y sangriento. La lección estaba aprendida: la obsesión de Valerius por Astra no era un capricho pasajero ni una debilidad explotable; era una ley absoluta, una fuerza de la naturaleza respaldada por el poder divino de la Luna Primordial. Desafiar a Astra era tentar a la muerte misma.

Valerius exhaló un suspiro pesado, intentando replegar las sombras que aún danzaban furiosas alrededor de sus hombros. Se giró lentamente hacia Astra, y aunque el peligro había pasado, sus ojos dorados seguían oscurecidos por los residuos de una posesividad implacable y salvaje. Quería envolverla en sus brazos, sacarla de la vista de todos esos nobles y encerrarla de nuevo en la seguridad de sus aposentos para marcar su piel una y otra vez hasta calmar el demonio de los celos que rugía en su pecho.

Extendió su mano para acariciar la mejilla de su reina, pero antes de que sus dedos rozaran la piel de Astra, el Castillo de Ceniza tembló.

No fue un terremoto ordinario. El suelo vibró con una frecuencia mágica que erizó el vello de todos los licántropos presentes. En el centro exacto del Salón de la Sangre, una estructura monumental comenzó a emitir un sonido ensordecedor. Era el Oráculo de la Luna Primordial, una colosal reliquia de cristal de roca pura y obsidiana que había permanecido inactiva y opaca durante más de tres siglos, desde la caída de la primera dinastía divina.

¡CRACK! ¡CRACK!

Líneas de luz plateada comenzaron a serpentear por la superficie del cristal milenario, agrietándolo desde el núcleo. Los nobles retrocedieron asustados mientras la reliquia vibraba con una energía celestial violenta. De repente, el cristal se fracturó por completo y, desde su epicentro, proyectó un haz de luz sagrada e incandescente.

El pilar de luz plateada esquivó a la multitud y cruzó el salón a la velocidad del rayo, impactando directamente en la frente de Astra.

La joven abrió los ojos de par en par, quedando suspendida en el aire por una fuerza mística invisible. La energía del oráculo no buscaba dañarla; estaba reconociendo a su verdadera heredera.

En fracciones de segundo, la luz comenzó a transferir información directamente a su conciencia, dibujando un mapa místico complejo, detallado y ardiente en las profundidades de su mente. Astra pudo ver montañas prohibidas, templos olvidados cubiertos de sangre y, en el centro de todo, el paradero exacto de la reliquia que Logan y los cazadores buscaban desesperadamente para destruirla. El secreto de sus ancestros acababa de serle revelado en medio de la gala real.

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Zaida Sanchez
me gusta más Valerio ☺️😍
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
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Maria Diosdado Velázquez
NO HACE FALTA RECORDARTE QUE LO PUBLIQUES COMPLETO..,.... ESO LO SABES TÚ PERO RECUERDA QUE UNA ESCRITORA QUE NO LA PUBLICA COMPLETA RESTA PUNTOS😢😢😢😢😢
Syraxes Crowley: interesante tu pensamiento 💭, Pero quiero que entiendas algo, yo tengo una casa que mantener y trabajo hasta la noche, y para poder cumplir con los contratos de mis 4 novelas escribo un capítulo de cada una a regresar del trabajo casi 8 de la noche⏱️ espero valores mejor mi dedicación porque mis lectores tengan cada capítulo diario de cada una de mis obras contratadas, y si te preocupa por no estar completa esta, pues no te preocupes yo ya tengo listo el final Pero aún falta 👏 si te gusta mi historia sigue leyendo si no te gusta seguro encontrarás buenas historias en novelton
total 1 replies
Maria Diosdado Velázquez
🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹😍😍😍😍😍
Maria Diosdado Velázquez
🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹👌👌👌👌👌👌
Maria Diosdado Velázquez
👌👌👌👌👌🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🤣🤣
Maria Diosdado Velázquez
🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹👌👌👌👌
Yaniri Salas
Por favor más capítulos 🙏🙏🙏🙏🙏
GOROSEI©®™
más capitulos 😭👏
Yaniri Salas
Más capítulos porfis 🙏🙏🙏🙏🙏
Syraxes Crowley: 🤭 me alegra mucho que te guste mi novela 🥰
total 1 replies
Maria Diosdado Velázquez
eso es lo que a mí no me gusta 🤔🤔🤔 porque te resta puntos por no estar completa la novela 😞😞
Maria Diosdado Velázquez
bonita historia, 👌👌 es absorbente y no quiero dejar de leer🤗🤗🤗
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