La desesperación la llevan a tratar de vender lo más valioso que tiene sin imaginar las consecuencias que eso le traería
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todo sobre ella
Después de días pensando mucho en el tema de su abuelo, Sebastián aún pensaba como evadir las exigencias del hombre, él siempre pensó que jamás se casaría, mucho menos pensar en hijos, eso no entraba en sus planes.
- amigo por qué no contestas mis llamadas- pregunto Rodrigo apenas Entrando sin tocar, como era su costumbre.
- cuando aprenderás a tocar - pregunto Sebastián con mirada de hielo.
- qué genio te cargas amigo, que te pasa -pregunto Rodrigo levantando las manos en modo de broma, era de las pocas personas que no le temía.
- es el viejo, está obsesionado con que me case y forme una familia.- dijo Sebastián molesto.
- pero eso no es nuevo, tienen años insistiendo con lo mismo.
- está vez es diferente, el cambio el testamento y solo me da un plazo de dos años para cumplir con sus demandas o dona todo a caridad.- dijo Sebastián mientras observaba a su amigo.
- está vez sí que estás en aprietos amigo, que piensas hacer - pregunto Rodrigo un poco más serio.
- aún no lo sé - dijo Sebastián frustrado.
- amigo no puedes dejar que se salga con la suya tú levantaste está empresa cuando estaba en el suelo.- le dijo su amigo preocupado.
- y por qué no consigues una esposa falsa hasta que tu abuelo te ceda sus acciones.- le comento.
- esa es una idea loca, pero tal vez podría funcionar. - dijo pensativo.
- tengo que buscar a alguien que esté dispuesta a hacerlo.- dijo Sebastián mirando a su amigo.
- y que tal pamela, hace tiempo que está obsesionada contigo, si se lo pides seguro acepta.- dijo Rodrigo.
- estás loco, esa chica es caprichosa y mimada, es irritante, no podría convivir con ella ni cinco minutos.- dijo Sebastián con cara de pocos amigos.
- tranquilo, solo era una sugerencia.- dijo Rodrigo sonriendo.- entonces que piensas hacer, no creo que tengas muchas opciones.- comento Rodrigo pensativo.
- y la chica de la subasta, se nota que te gusto y si estaba ahí es por qué necesita el dinero, tal vez acepte si le ofreces la cantidad correcta. - finalizó Rodrigo.
Sebastián se quedó pensativo reclinado en su silla, tal vez su amigo tenía razón, esa podría ser su solución, solo debía encontrarla y ver si aceptaba su propuesta, no podía negar que desde ese día su aroma se había quedado grabado en su memoria, ella había despertado un deseo en él, que no había sentido por ninguna otra mujer.
Esa misma tarde Sebastián habló con su investigador privado tenía que averiguar más sobre esa chica, tenía que encontrarla y no solo por su abuelo, había algo en esa chica que lo llamaba y lo intrigaba al mismo tiempo, sumido en sus pensamientos y en su trabajo miro por la ventana y la noche había llegado.
Un día más estaba comenzando en el Penthouse de Sebastián, eran las 5 am cuando comenzó su rutina, salió a correr como cada mañana hizo su recorrido de 5 kilómetros y regreso al Penthouse, se dirigió al gimnasio que tenía en casa y cuando finalmente término de sus ejercicios matinales, se dirigió a la ducha, todo ahí era grande y moderno, dejo que el agua que caía mojara todo su tonificado cuerpo y no pudo evitar pensar en la pequeña mujer de ojos azules, en sus gemidos, en sus mejillas sonrojadas, su miembro rápidamente se puso erecto, por instinto comenzó a masajearlo mientras imágenes de Camila venían a su mente y sus movimientos se volvían más acelerados su mano subía y bajaba en su miembro, su respiración agitada y sus gemidos salían de su boca, finalmente el orgasmo llegó con intensidad, Sebastián aun con el corazón acelerado, recargo una de sus manos en el helado mármol, su respiración poco a poco se calmó y terminó su baño.
- qué rayos le pasa- pensó - parezco un adolescente de quince años- se reprochó el mismo.
Se dirigió a su clóset y tomo una camisa azul, y un traje azul oscuro a la medida, se colocó una corbata, una vez listo se dirigió a su oficina, como siempre siguió de largo con la mirada dura y sin saludar a nadie, su secretaria le trajo el café, leyó los pendientes y se retiró, la misma rutina de cada mañana.
Sebastián revisó la bandeja de entrada de su correo, de inmediato abrió el que tenía el nombre de su investigador, ahí estaba toda la información, su nombre Camila Stone, 18 años, vivía con su madre quien había recibido una cirugía después de su encuentro en la subasta y su hermana que estudiaba en una secundaria pública cerca de donde vivían en las afueras de la ciudad, trabajaba en una cafetería, anexado estaba su dirección.
- así que para eso usaste el dinero de la subasta- pensó Sebastián.
Tomo su teléfono, lo desbloqueo y marco el número de su abogado.
- necesito que redactes un contrato con las especificaciones que te enviaré por correo lo quiero listo mañana a primera hora.- le pidió apenas atendió el teléfono.
- claro señor Blackwood, revisaré el correo y mañana mismo se lo enviaré.
Sebastián colgó la llamada y regreso al trabajo el resto del día la paso en reuniones, llamadas de negocios, mañana contactaría a Camila y le plantearía su plan, esperaba que la pequeña mujer aceptará, no quería prometerle amor, ni engañarla con cuentos de ada, ni nada parecido a eso, no era su estilo, solo un trato de negocios beneficioso para ambos y eso sería todo.