Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Golpes
En los primeros días, la pequeña Kayla salió de su habitación. Y lo primero que se encontró fue con Serena, quien al verla hizo mala cara.
Camino muy cerca de ella empujándola, la niña cayó sentada, pero no hizo un escándalo a diferencia de Serena quien empezó a gritar, Charlotte llegó corriendo.
— Mamá la me huérfana me empujó. - actuó fingiendo dolor.
— Yo no hice n…
— ¡Cállate mugrosa! - le gritó, vete a tu habitación estás castigada. - no habrá cena, para ti, este día.
Los días pasaban así, por nada la pequeña recibía castigos sin saber que pasaba.
Cuando le tocaba la visita al director todo estaba muy bien actuado, ya había sido amenazada Kayla si decía algo, callando todo pues tenía miedo.
El director ya la había visto más delgada, pero era normal pues los cambios no siempre son favorables, pensaba.
— Nos vemos el siguiente mes. - aseguró el hombre, pero Theodore ya estaba arto de sus visitas, él ya estaba tomando el dinero de la herencia perteneciente a Kayla, y no le convenía que estuviera husmeando. Por lo que el director desapareció sin dejar rastro.
Otro mes había pasado, y Kayla atrapada en los días que no comprendía. Apenas recibía comida y eso porqué las mujeres de la cocina, sentían misericordia.
Pronto llegó el primer año, Pero ella no miró ningún cambio, los mismos castigos, días con pan y agua, deseaba un pastel de chocolate. La ventana de su habitación daba al patio, había una gran fiesta de cumpleaños para Serena, regalos, dulces, pastel. Miraba maravillada.
Serena la había visto desde el patio donde se festejaba su fiesta, le didico una falsa sonrisa presumiendo lo que ella obtenía.
Mes tras mes, guardaba silencio.
Poco después llegó el primer golpe, al cumplir siete años. Primero fue el varón quien arremetió contra ella descargando su frustración por el enojo con su esposa. Desde esa vez fue uno tras otro.
Pero lo peor no había llegado aún, Charlotte dijo que ya era hora de que pagara con trabajo lo que le había dado la familia, así que le dieron tareas lavaba ropa a mano, he insólitas tareas laborales, barriendo y trapeando, a su corta edad, lavando los platos, limpiando cualquier cosa que se le ocurriera a la cruel esposa del varón.
Un día con miedo fue al despacho del hombre que le habían dicho cuando la llevaron que era su tío, con un leve golpe tocó la puerta.
— Pase está abierto, - se escuchó la voz del otro lado de la puerta.
La niña entró con la cabeza baja, cuando el varón la miró, frunció el ceño.
— ¿Qué haces aquí? - ¿quien te dijo que podías entrar? ¡Largo!
— Solo quería decir algo.
— Perdóneme. - pronunció más nerviosa que al principio.
— Habla rápido, - qué no tengo tiempo para tonterías. - manifestó sin interés.
— Señor Varón ya tengo siete años. - mencionó estrujando sus manos.
El hombre levantó la cabeza.
— ¿Y que con eso?
—Quería preguntarle si puede ponerme en la escuela, quiero aprender.
El hombre sonrió con sarcasmo.
— Tu no necesitas aprender nada. - clavó su mirada desdeñosamente en ella, las mujeres son perfectas para la cocina y limpieza, - agregó burlándose, y para eso no se necesita escuela. Y no quiero volver a saber de ese tema.
La niña salió decepcionada. Sabía que sería difícil que el varón aceptara, caminó apresurada, antes que Charlotte la llamara para el masaje que le daba en los pies. Pero su tristeza reflejaba su mirada….
Cuándo cumplió diez años, nunca había visto al varón tan tomado pateado todo a su paso gritando que había alguien que estaba por arruinar su vida, la señora Marina la cocinera rápidamente le avisó y le dijo que se escondiera debajo de la mesa que ella la iba a cubrir.
El varón entró como fiera al dormitorio buscando a la niña y al no encontrarla empezó su búsqueda a altos gritos, Charlotte ya no estaba en la habitación pues estaba arta de peleas continuamente por su manera de tomar.
Ese día Kayla se salvó de una golpiza. Por ese día, porque al tercer día no tuvo tiempo de correr cuando le tomó del cuello y la derribó a patadas como si estuviera golpeando a otro sujeto. Cuándo se cansó se fue a dormir. Nadie intervino Charlotte veía y lo único que hizo fue levantar los hombros como si la niña de diez años hubiera dado motivos.
La señora Marina entró escondida a la habitación del sótano que ahora era su cuarto, un lugar humedecido mal oliente. Llevaba unas cremas y una toalla con agua caliente para tratar de curar sus heridas, era una injusticia se dijo negando.
Ese día estuvo con ella, bajándole la fiebre con toallas mojadas en agua fría. Hasta que cedió despertando.
— Señora Marina, ayúdeme a escapar de aquí. - fijó su vista en la mujer que la veía sorprendida.
Cariño, no lo hagas. - le dijo preocupada, si te atrapan son capaces de matarte a golpes. - se estremeció, de solo imaginarlo.
— Por favor. - le suplicó con lágrimas ya no soporto esta situación.
— ¿Y adonde irás? - preguntó inquieta, eres muy pequeña para las maldades del mundo.
Pero lo pensó por unos minutos, podría funcionar, la niña era un ser de luz, y la estaban apagando. tanta maldad y golpes, no eran aptos para una criatura inocente.
— Te irás conmigo. - lo pensó, Marina era sola, y podrían sobrevivir además podría pedir ayuda alguna agencia para mujeres solas, en el caso de Kayla, había escuchado que le habían robado la herencia que le pertenecía.
— Son unos ladrones. - susurró para ella misma.
Esa noche estaban decididas hacerlo, Marina llevaba unos dólares con eso podrían sobrevivir unos días mientras encontraba un trabajo.
Con solo lo que traían puesto estaban preparadas las nueve de la noche era su punto de reunirse en la puerta de atrás.
Pero no contaban con que habían sido escuchadas por Juana la mujer de limpieza, y fue rápidamente con su jefe avisar lo que había escuchado quería ganarse el favoritismo de empleada a jefes.
Cuando Marina y Kayla estaban por salir rumbo a lo que pensaron sería la libertad, cuatro hombres fornidos, y Theodore a su lado, se les congeló la sangre…
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