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Un Latido En Dos Tiempos

Un Latido En Dos Tiempos

Status: En proceso
Genre:Juego de roles / Pareja destinada / Amor en la madurez
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

In-Oh es una fotógrafa de veintidós años atrapada entre los fantasmas de su memoria y la comodidad de su rutina. Un viaje inesperado de regreso al pueblo costero de su infancia entrelaza violentamente su pasado y su presente. Tras diez años de dolorosa ausencia, reaparece Min-Woo, su primer amor platónico de la niñez, transformado ahora en un enigmático hombre. Al mismo tiempo, su incondicional mejor amigo de la secundaria, Seo-Jun, decide dar un paso al frente y confesarle un sentimiento guardado durante siete años. Atrapada entre el eco de una antigua promesa de verano y la calidez de un amor maduro que teme arruinar la amistad, In-Oh deberá enfrentar los traumas de su pasado para aprender a abrir su corazón al presente.

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las razones del ayer

La mañana en el pueblo costero despertó arropada por una densa neblina marina que se filtraba entre los pinos. Me senté en el borde de la cama, contemplando mis manos. Ya no eran las manos de la niña de doce años que se escondía detrás de los árboles para mirar a su amor platónico; eran las de una mujer que había aprendido a caminar con sus propias cicatrices. El reencuentro del día anterior con Min-Woo no había borrado mágicamente el pasado, sino que había abierto una gaveta que yo me había esmerado en mantener cerrada. Tenía una herida que sanar, y la madurez me advertía que no podía tomarme las cosas a la ligera.

Tomé mi teléfono. La noche anterior me había ido a dormir con un nudo en el estómago tras dejar en visto el mensaje de Min-Woo. Sin embargo, el primer mensaje que decidí enviar no fue para él. Necesitaba hablar con mi pilar, la única persona que conocía la arquitectura exacta de mis muros protectores.

In-Oh: Seo-Jun, ¿estás despierto? Ayer me pasó algo loquísimo en el bosque. Adivina a quién me encontré... A Min-Woo. El chico del campamento de mi infancia. Está aquí en el pueblo.

El teléfono tardó apenas un par de minutos en vibrar en mi regazo.

Seo-Jun: ¿Min-Woo? Vaya. Ha pasado una década, ¿no? Es extraño cómo el mundo a veces nos regresa a las personas del pasado cuando menos lo esperamos. ¿Cómo estás tú con eso?

Al leerlo, sonreí un poco. Notaba en sus palabras una ligera seriedad, un matiz de cuidado sutil que interpreté simplemente como su típica preocupación de mejor amigo. Para mí, Seo-Jun era el protector de siempre, el chico que odiaba verme sufrir. Estaba completamente ciega al hecho de que detrás de su madurez para hablar del tema y de esa pequeña insistencia por saber cómo me sentía yo, se escondía un celo silencioso, un temor latente de que el pasado viniera a desestabilizar lo que teníamos.

In-Oh: Hablé con él, pero mantuve bastante distancia. Me dio desconfianza, ya sabes cómo soy. Pero se ve muy cambiado, ya es todo un hombre.

Seo-Jun: Es normal que sientas desconfianza después de cómo se marchó aquella vez. Me parece bien que vayas con cuidado, In-Oh. No quiero que nadie interrumpa tu paz en estas vacaciones. Cuida ese corazón, ¿sí? Te extraño por aquí.

In-Oh: Tonto, sé cuidarme. Disfruta tu día en la oficina, yo también te extraño.

Dejé el teléfono con el corazón un poco más aliviado y bajé al comedor. El aroma a sopa caliente y guiso casero de mi abuela impregnaba la casa. Desayunamos en familia, pero me mantuve un tanto silenciosa. Al terminar, mientras mi abuela tomaba una siesta, aproveché que mi tía Ji-Ah estaba ordenando la cocina para acercarme. Necesitaba entender, aunque fuera un poco, qué había pasado realmente hace diez años.

—Tía... —comencé, apoyándome en el mesón—. Ayer en el bosque me encontré con Min-Woo.

Mi tía dejó el paño de cocina lentamente. Su expresión cambió por completo; se tomó un momento, arrastró una de las sillas de madera y se sentó frente a mí, mirándome con una seriedad y una compasión que me erizaron la piel. Me tomó de las manos y se sinceró, hablando desde el corazón pero midiendo sus palabras.

—Ay, In-Oh... sé cuánto te dolió su partida cuando eras una niña de doce años. Pero tienes que saber que las cosas no siempre son lo que parecen. Ese verano, la familia de Min-Woo pasó por una situación sumamente difícil, un problema familiar muy grave entre sus padres que los obligó a marcharse de la noche a la mañana, casi escondidos del resto del mundo. Min-Woo no era más que un niño que tuvo que seguir las órdenes de los adultos para protegerse. Él no tuvo la culpa de dejarte con tantas preguntas.

Mi tía no me dio detalles, ni nombres, ni motivos exactos, pero la pesadez en su voz me bastó para entender la gravedad del asunto. Un vuelco violento sacudió mi estómago. La desconfianza y el resentimiento que había alimentado durante diez años comenzaron a tambalearse. Min-Woo no me había desechado; él también había tenido que huir de su propia tormenta.

Subí de nuevo a mi habitación y miré el mensaje que Min-Woo me había enviado la noche anterior, donde me pedía salir a caminar por la playa para conversar. Sabiendo ahora que su silencio no había sido por desinterés, sentí que mi rigidez cedía un poco. Mi madurez me decía que debía protegerme, pero también que merecía escuchar su versión.

Escribí mi respuesta, abriendo una pequeña ventana hacia el día siguiente.

In-Oh: Hola, Min-Woo. Hoy me es completamente imposible salir porque tengo asuntos familiares pendientes con mis abuelitos y quiero estar con ellos. Pero... si estás libre, podríamos vernos mañana por la tarde en la playa. Me dio mucho gusto verte ayer, de verdad. Cuídate.

Dejé el teléfono sobre la cama y caminé hacia la ventana. El sol de la tarde empezaba a romper la neblina, iluminando el sendero que llevaba hacia el mar.

Apenas unos minutos después, el teléfono vibró con una notificación de respuesta. Al acercarme a la pantalla para leer lo que Min-Woo había escrito, otra notificación cayó justo encima de la suya. Era un correo electrónico inesperado, con un asunto que hizo que mi respiración se detuviera por completo.

Miré la pantalla parpadeante, atrapada entre el mensaje del chico que acababa de recuperar y un secreto que estaba a punto de cambiar todo lo que creía saber sobre mi vida en la ciudad.

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