Theo sabe exactamente cuándo perdió a Alex.
El problema es que no entiende por qué.
Alex no se defiende. No explica. Solo acepta el odio como si fuera algo que ya había previsto desde el principio.
Pero el desprecio es difícil de sostener cuando la mente empieza a recordar quién era Alex antes de la traición, y cuando las respuestas que faltan empiezan a doler más que la propia herida.
Porque hay personas que no traicionan por falta de amor.
Sino porque aprendieron a resolverlo todo solos, incluso lo imposible.
NovelToon tiene autorización de Lyn SD para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22
Theo
Espero la respuesta mientras mi mirada salta entre el interior del terreno y mi celular.
La respuesta llega en forma física primero.
Alex aparece acercándose entre las sombras del atardecer.
—¿Qué haces aquí? —pregunta, deteniéndose frente a mí, mientras la reja nos separa.
—Quiero hablar contigo.
—¿Sobre qué podrías querer hablar? Pensé que lo del accidente había quedado arreglado.
—Y lo hizo. No vine a hablar ni de mi moto ni de compensaciones.
—Entonces...
—Déjame entrar y hablemos dentro.
—Yo creo que es mejor que...
—Por favor.
Alex duda un momento y luego mira hacia un costado, como si temiera que su chofer nos descubriera.
—Bien. Vamos.
Abre el paso, igual que la vez anterior.
Entro, volvemos a cerrar la abertura y lo sigo en silencio.
Una vez dentro de la casa parece relajarse un poco, igual que la otra vez.
Debe estar realmente preocupado de que alguien nos descubra.
—¿Qué pasaría si alguien nos ve? —pregunto con suavidad mientras lo sigo hasta la cocina.
—¿Agua o jugo? —pregunta, abriendo la nevera.
—Café.
Me lanza una mirada, pero cierra la puerta y comienza a prepararlo.
Un minuto después deja la taza frente a mí.
—Gracias.
Me siento en uno de los taburetes frente a la isla.
—Dime de qué quieres hablar.
Lo miro.
En la universidad siempre luce impecable. Aquí está mucho más relajado... y aun así es igual de atractivo.
De algún modo, también parece más cercano.
—Quiero que seamos amigos.
—No creo...
—Espera. Aún no termino.
Hace silencio.
—Quiero que seamos amigos, pero como sé que por alguna razón no quieres que te vean con alguien, tengo una propuesta.
—¿Una propuesta? —pregunta con desconfianza.
—Seamos amigos que solo hablen por teléfono y que se vean aquí, en tu casa, o en mi departamento durante las tardes o las noches.
Permanece pensativo.
—¿Por qué querrías una amistad en esas condiciones?
Sonrío.
Porque quiero conocerte y conquistarte.
—Porque quiero.
—¿Porque quieres?
—Exacto. ¿Alguna vez has hecho algo simplemente porque quieres?
Parpadea, como si la pregunta lo hubiera tomado por sorpresa.
—Tomé un sorbo del café que me gusta hace una semana.
Qué tierno.
—Bueno... esto es igual. ¿Quieres probar a ser mi amigo?
No responde.
Baja la mirada.
Espero.
Cuando pasa casi un minuto y aún no levanta la vista, termino por acercarme. Apoyo con cuidado dos dedos bajo su barbilla para que vuelva a mirarme.
La confusión en sus ojos es evidente.
—Nadie tiene que enterarse —prometo en voz baja—. Será nuestro secreto.
—¿Y si estar cerca de mí te pone en peligro? —pregunta.
No le pregunto por qué piensa eso ni qué clase de peligro cree que correré.
Solo es otra pieza que termina de encajar.
Él no está asustado por sí mismo.
Está asustado por mí.
—¿En serio crees que puedo ser tan fácilmente dañado?
—No, pero...
—Confía en mí. No importa el tipo de peligro que imaginas. Puedo manejarlo.
Niega suavemente.
—No, no puedes.
Pienso unos segundos.
—Entonces hagamos esto. Si alguna vez se vuelve demasiado peligroso, dejaremos de vernos hasta que ese peligro pase. ¿Te parece?
Asiente con cuidado, como si caminara sobre un suelo inestable.
—¿Seguro que será un secreto entre nosotros? ¿Ni siquiera tus amigos lo sabrán?
—Seguro. No le diré a nadie que llegamos a este acuerdo.
Después de todo, ellos saben que decidí no dar marcha atrás, pero lo que vivamos desde hoy solo nos pertenece a nosotros.
Y, aunque normalmente no ocultaría algo así a mis amigos, creo que es la única forma en que Alex aceptará dejarme entrar en su vida.
—Está bien.
Hace una pausa.
—Seamos amigos.
Sonrío ampliamente y lo abrazo sin pensar.
Porque, siendo sincero, venía preparado para mucha más resistencia.
O para un rotundo "no".
—Theo... por favor, suéltame.
Lo hago de inmediato.
Y ya extraño tenerlo en mis brazos.
—Lo siento. Estoy acostumbrado a hacer esas cosas con mis amigos.
Y, aunque es cierto...
No quiero hacer con mis amigos lo que quiero hacer con él.
—Lo sé —dice—. Solo... no estoy acostumbrado.
Asiento.
Creo que por hoy ya dio bastante de sí.
—¿Qué quieres hacer?
—Yo... estoy trabajando.
—Perfecto. Tú trabaja. Yo terminaré mi café. Prometo no hacer ruido.
Acepta y caminamos hasta su habitación.
Él se instala frente al escritorio.
Yo me acomodo en uno de los sillones con el café y el celular.
De vez en cuando levanto la vista para mirarlo.
Incluso concentrado es atractivo.
Sonrío para mí mismo.
Después de un rato levanta la vista.
—¿No te aburres?
—No. Aunque la próxima vez puede que traiga mis deberes también.
Asiente y vuelve a su computador.
Yo continúo observándolo unos segundos más.
Es imposible aburrirme cuando lo único que quería era esto.
Conocerlo.
Acercarme a él.
Porque, aunque todavía quiero conquistarlo, primero necesito ser alguien en quien pueda confiar.
Lo demás tendrá que esperar.
pero continuemos a ver si la pego o es otra xosa😂😂😂