Ella comienza a tener sueños de otra vida.. y cuando reencarna, se da cuenta, que al parecer, esos sueños son ahora su propia vida.. así que decide cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Adele 1
Cuando desperté, lo primero que pensé fue..
[Estoy soñando.]
Porque nada tenía sentido.
La cama era demasiado grande.
Las sábanas demasiado suaves.
Y el techo…
El techo era altísimo, decorado con molduras doradas y pinturas antiguas.
Parpadeé varias veces confundida.
—¿Qué…?
Mi voz salió extraña.
Más suave.
Más delicada.
Me incorporé lentamente mientras el corazón comenzaba a latirme con fuerza.
La habitación era gigantesca.
Había enormes cortinas color marfil cubriendo las ventanas, muebles antiguos de madera oscura y un aroma ligero a rosas frescas impregnando el aire.
Entonces el pánico empezó.
Porque yo conocía esa habitación.
La conocía perfectamente.
La había visto en sueños.
No.
No sueños.
Recuerdos.
—No… no, no, no…
Me levanté tan rápido que casi tropecé con el borde del vestido blanco que llevaba puesto.
Vestido.
Yo estaba usando un vestido.
Bajé la mirada horrorizada.
Las mangas eran largas y elegantes, la tela carísima, adornada con pequeños bordados plateados.
Mis manos comenzaron a temblar.
Eran manos distintas.
Más finas.
Más pálidas.
—Esto no puede estar pasando…
Retrocedí hasta chocar con una mesa pequeña.
Mi respiración se volvió agitada.
Entonces vi el espejo.
Y mi cuerpo se congeló.
Era enorme, de marco dorado, colocado junto a la ventana.
Caminé hacia él lentamente.
Una parte de mí quería correr.
La otra necesitaba comprobarlo.
Y cuando finalmente me vi reflejada…
Sentí que el alma se me salía del cuerpo.
La mujer del espejo era Adele Roberts.
La misma Adele de mis sueños.
Alta.
Delgada.
Hermosa.
Con una belleza tan delicada que parecía irreal.
Su cabello negro caía como una cascada interminable hasta más abajo de la cintura. Sus ojos eran grandes, oscuros y melancólicos incluso cuando estaba en silencio.
Yo la conocía.
Había visto ese rostro llorando en las noches.
Había visto esos ojos apagarse lentamente.
Llevé una mano temblorosa a mi cara.
El reflejo hizo lo mismo.
—No…
Toqué mi cabello.
Era real.
Todo era real.
—¡NO!
Retrocedí aterrada.
Tropecé con el borde de la alfombra y caí sentada al suelo.
Mi mente estaba colapsando.
[Reencarné.]
[Eso es imposible.]
[¿Cómo demonios voy a aceptar algo así?]
Miré nuevamente el espejo.
Adele también parecía aterrada.
Porque ahora era yo.
Las memorias de los sueños comenzaron a mezclarse con la realidad.
La boda.
El abuelo sonriendo mientras aceptaba dinero.
La expresión indiferente del esposo de Adele.
La soledad.
La tristeza.
El dolor constante.
Sentí náuseas.
—No puede ser… no puede ser…
Entonces otro pensamiento horrible apareció.
[¿En qué momento de la historia estoy?]
Levanté la cabeza rápidamente.
El corazón me golpeaba el pecho.
Porque yo sabía cómo terminaban algunas escenas de aquellos sueños.
Y ninguna era buena.
Me puse de pie desesperadamente y comencé a caminar de un lado a otro por la habitación.
—Está bien… tranquila… tranquila…
Pero no estaba tranquila.
¡Había despertado dentro del cuerpo de una mujer desgraciada atrapada en un matrimonio horrible!
—¡¿Por qué ella?! ¡¿Por qué no una princesa feliz y millonaria sin problemas?!
Mi propia voz resonó en la habitación.
Y por primera vez desde que desperté…
Me di cuenta de algo absurdo.
Adele era ridículamente hermosa.
Ridículamente.
Incluso mientras entraba en crisis parecía salida de una pintura.
—Esto es injusto… ¿Cómo alguien puede verse tan bonita teniendo ataques de pánico?
Entonces alguien tocó la puerta.
Tres golpes suaves.
Mi sangre se congeló.
—M-Mi lady… —habló la voz femenina desde afuera—. Su abuelo la está esperando en el salón principal.
Me quedé inmóvil unos segundos.
Luego miré rápidamente alrededor de la habitación otra vez.
La cama.
Los vestidos.
El espejo.
La enorme ventana.
Todo era exactamente igual a mis sueños.
La puerta se abrió lentamente y una doncella joven entró haciendo una pequeña reverencia. Llevaba un uniforme negro impecable y una expresión amable, aunque claramente confundida por mi cara de absoluto terror.
Yo tragué saliva.
—¿Estamos… en la mansión Roberts?
La muchacha parpadeó.
—Sí, mi lady.
Sentí que algo dentro de mí se aflojaba de golpe.
Y casi lloro de alivio.
Porque eso significaba una sola cosa.
Todavía no estaba casada.
Aún no había sido entregada.
Aún no había comenzado el infierno de Adele.
[¡Todavía puedo cambiarlo!]
Respiré profundamente intentando calmarme.
Sí.
Todo iba a salir bien.
Solo necesitaba evitar el matrimonio.
Escapar.
Huir.
Sobrevivir.
Eso era fácil… probablemente.
[A quién quiero engañar, esto es terrible.]
La doncella seguía mirándome con preocupación.
—¿Desea que llame al médico, mi lady?
—No, no… estoy bien.
[Mentalmente destruida, pero viva.]
Me acerqué al espejo una última vez.
Adele Roberts.
Ahora yo era Adele Roberts.
La observé fijamente.
Era tan hermosa que resultaba intimidante. Alta, elegante, con ese larguísimo cabello negro cayendo por su espalda y una piel tan perfecta que parecía irreal.
[Y encima esta mujer sufría por un hombre horrible… qué desperdicio de belleza.]
Negué con la cabeza.
No.
Eso no iba a pasar otra vez.
Yo no iba a dejar que Adele terminara destruida.
Aunque técnicamente yo ahora era Adele.
[…Necesito dejar de pensar en eso o me va a dar otro colapso.]
—Voy a bajar —dije finalmente.
La doncella sonrió aliviada.
Mientras caminaba fuera de la habitación sentía el corazón acelerado.
Todo era demasiado real.
Las alfombras suaves bajo mis pies.
Los enormes cuadros colgados en las paredes.
Las lámparas de cristal.
Incluso el aroma de la mansión.
Yo conocía todo eso.
Porque Adele había vivido allí.
Bajé lentamente las escaleras enormes del vestíbulo mientras intentaba recordar exactamente en qué punto de la historia estaba.
Entonces lo vi.
El abuelo.
Sentado cómodamente en el salón principal tomando té como si no fuera un viejo ludópata que había vendido a su nieta por dinero.
Sentí una furia instantánea.
[Ah… míralo ahí.]
[Tan tranquilo.]
[Como si no fuera responsable de arruinarle la vida a Adele.]
El anciano levantó la vista al verme y sonrió.
—Adele, querida.
[Deberia desaparecerlo y hacer que paresca un accidente.]
Tuve que hacer un esfuerzo gigantesco para no agarrar un florero y lanzárselo a la cabeza.
Porque ahora que conocía el futuro, verlo sonriendo me parecía ofensivo.
Ese hombre sabía perfectamente las deudas que tenía.
Sabía qué clase de hombre era el futuro esposo de Adele.
Y aun así había decidido entregarla.
Como si fuera mercancía.
Como si no fuera su nieta.
Mis dedos temblaron de rabia.
[Puedo golpearlo una sola vez.]
[No muy fuerte.]
[Quizá apenas un poco.]
Pero no podía hacer eso.
Todavía no.
Necesitaba pensar con inteligencia.
No podía pelear antes de escapar de esa casa.
Si actuaba demasiado diferente, podrían vigilarla más.
Y Adele necesitaba libertad para huir.
Así que respiré profundamente.
Sonreí dulcemente.
Una sonrisa tan elegante y perfecta que hasta yo me sorprendí.
Y pensé..
[Adele, querida… tranquila.]
[Vamos a salvarte aunque tenga que destruir esta familia primero.]
🤭🤭🤭🤭😨
Tendrá ella ya duquecitos esperando dentro de ella???
Adele, Iván ha estado siempre junto a tí...probablemente no lo entiendas aún, pero él te ama