Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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Suficiencia
Los minutos posteriores al pacto transcurrieron en un silencio tenso, roto únicamente por el sonido de la respiración regulada de Clara y el roce de las manos de Marcos sobre su piel. La dinámica en la suite había cambiado drásticamente; la sumisión fingida se había evaporado, dando paso a una frialdad compartida.
Marcos retomó las manipulaciones en la rodilla con una precisión impecable. Para él, deslizar sus manos por los muslos de Clara o ajustar la posición de su cadera era una tarea estrictamente mecánica, carente de cualquier pulsión masculina. Su desinterés por las mujeres era absoluto, un secreto que resguardaba bajo su reputación de profesional distante, pero esa misma indiferencia le permitía moverse con una soltura que, a ojos de un observador externo, resultaba peligrosamente íntima.
—Necesito que te muevas rápido con lo del teléfono, Marcos —susurró Clara, entornando los ojos mientras vigilaba la pesada puerta de madera—. Matías me dijo esta mañana que enviaría a alguien al hospital a buscar mis cosas, pero si Julián o Lucía encuentran mi móvil primero, borrarán cualquier rastro de mi vida antes del coma.
Marcos no levantó la vista, concentrado en descontracturar las fibras musculares.
—Tengo un par de amigos en la unidad de ingresos de la clínica central, y un primo que trabaja en la administración del distrito policial de la zona —admitió él en un murmullo apenas audible—. Puedo revisar el registro de ingresos de esa noche. Si tu teléfono fue confiscado como evidencia o si alguien "olvidó" registrarlo en el inventario médico, lo sabré. Por ahora, concéntrate en respirar; este estiramiento va a doler.
Clara asintió, apretando los puños. Marcos se inclinó aún más sobre ella para ejercer palanca en la articulación, reduciendo la distancia entre ambos a escasos centímetros. El esfuerzo de la resistencia provocó que finas gotas de sudor perlaran la frente y el cuello de la joven. Con una naturalidad estrictamente profesional, Marcos tomó una pequeña toalla blanca de su maletín y comenzó a secar el sudor de la frente de Clara, sosteniendo su pierna con firmeza mientras evaluaba la respuesta de sus reflejos.
Fue en ese preciso instante cuando el pomo de la puerta giró.
La puerta se abrió de par en par. Matías Salvatierra entró en la suite con la chaqueta del traje abierta y la corbata ligeramente torcida, evidencias de haber abandonado el estudio de restauración a toda prisa. Al ver la escena —Marcos inclinado sobre el cuerpo de Clara, rozando su rostro con la toalla mientras mantenía sus manos en el muslo descubierto de ella—, Matías se detuvo en seco.
Una rigidez invisible pero absoluta se apoderó de su cuerpo. Por un segundo, sus ojos oscuros se fijaron en los dedos del fisioterapeuta, y una oleada de calor incómodo y posesivo le subió por el pecho, tomándolo por sorpresa. Sin embargo, Matías apretó las mandíbulas y contuvo cualquier exclamación. Forzó a sus músculos a relajarse, tragándose el impulso de exigir explicaciones.
—Buenas tardes —dijo Matías, logrando que su voz sonara extrañamente neutra, casi plana—. No sabía que seguían en sesión. ¿Por qué estaba la puerta cerrada?
Marcos retiró la toalla con parsimonia, enderezó la espalda y miró a Matías con la calma de quien se sabe libre de culpa.
—Es una norma de privacidad, señor Salvatierra —replicó Marcos con tono estrictamente profesional—. La terapia requiere manipular articulaciones altas y la vestimenta de la paciente debe ser cómoda. Evitamos que cualquier miembro del servicio entre sin anunciar. Es por el respeto a la señora Clara.
Matías asintió una sola vez, rígidamente. No replicó. Se limitó a caminar hacia el ventanal, dándoles la espalda mientras clavaba las manos en los bolsillos de su pantalón, luchando internamente contra la inexplicable molestia que le revolvía el estómago. «Es la esposa de Julián. Todo esto es una farsa», se recordó con desespero, intentando aplacar el ruido de sus propios pensamientos.
—Hemos terminado por hoy —anunció Marcos, guardando sus instrumentos en el maletín—. Nos vemos el jueves, Clara. Sigue con los ejercicios de flexión.
En cuanto el médico salió, el silencio en la suite se volvió espeso. Matías se giró lentamente hacia la cama, observando a Clara mientras ella se acomodaba el camisón con fingida timidez.
—¿Cómo te sientes?—preguntó Matías, midiendo cada una de sus palabras para ocultar el torbellino interno.
—Agotada, creo que de verdad Marcos es un excelente profesional.
—Eso espero... —replicó con fastidio.
Clara lo observó entornando los ojos con aparente inocencia, asintiendo obedientemente. Por dentro, una chispa de triunfo absoluto brillaba en su mente. Aunque Matías se esforzaba por mantener una fachada de hielo, ella había aprendido a leer la tensión en sus hombros. El anzuelo de los celos ya estaba clavado, aunque él se negara a aceptarlo.
Esa noche, la cena reunió a los cuatro jóvenes en el gran comedor de la mansión. Sobre el aparador cercano descansaban carpetas de muestras de encaje y menús impresos en letras doradas. Los preparativos finales para la boda de Julián y Lucía avanzaban de forma implacable, listos para consolidar el estatus de la familia.
—La ceremonia civil se firmará aquí mismo, en el salón este —explicaba Lucía, saboreando una copa de vino blanco con una sonrisa de autosuficiencia—. Queremos que sea un evento impecable. Julián ya aprobó la logística de la recepción.
Matías, que apenas había tocado su plato, permanecía en silencio, con la mirada perdida en el reflejo del cristal. Julián lo observó desde el otro lado de la mesa con una sonrisa ladeada, pero fue Lucía quien decidió romper la calma, fijando sus ojos en Clara con una ligereza cargada de veneno.
—Escuché de Hattie que hoy el nuevo fisioterapeuta pasó bastante tiempo encerrado en la suite con Clara —comentó Lucía, dejando caer la frase como al descuido—. es un hombre muy joven y de excelente porte, por cierto. Espero que tantas horas a solas no resulten inapropiadas.
Matías tensó los dedos alrededor de su copa, pero antes de que pudiera articular palabra, Julián se adelantó, soltando una risita burlona que buscaba marcar territorio de una forma retorcida.
—Por favor, Lucía, no seas ridícula —intervino Julián, cruzándose de brazos con suficiencia—. Clara apenas puede moverse y necesita esa maldita terapia si queremos que camine recta para cuando tengamos que presentarla en sociedad. Además, dudo mucho que un simple empleado de salud tenga el valor de propasarse en esta casa. Sé perfectamente a quién metemos aquí; ese hombre está bajo control.
Un silencio cortante cayó sobre la mesa. Matías clavó la vista en su hermano, sorprendido por la arrogancia de su intervención. Pero fue Clara quien reaccionó de inmediato. Dejando los cubiertos sobre la mesa con un golpe seco, clavó sus ojos en Julián, despojándose por un instante de su habitual sumisión.
—Les agradecería a ambos que no se entrometan —dijo Clara, con una voz gélida que hizo que Lucía parpadeara, sorprendida—. El doctor Salles es mi médico, no un peón de sus negocios. No necesito que nadie hable por mi y mucho menos que me defiendan. Para defenderme tengo a mi esposo o bien puedo hacerlo sola.
Julián arqueó una ceja, visiblemente desconcertado por el arranque de autoridad de la mujer que creía tener dominada por la amnesia. Una sombra de molestia cruzó por su rostro, pero rápidamente la disfrazó con una mueca de desdén.
Bajo el amparo de la larga mesa de roble, Clara respiró hondo, retomando el control de sus emociones. Había dejado clara su distancia con Julián frente a Matías, y al mismo tiempo, había defendido el espacio de Marcos. El escenario estaba listo; las grietas entre los hermanos comenzaban a profundizarse y ella solo tenía que esperar a que el veneno hiciera el resto del trabajo.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.