Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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El camino hacia Baru
Dos días después del consejo celebrado en el Centro de Arturias, el rey Carlos autorizó a Carlos y Manuel a viajar a Barú como representantes de la familia real. Su misión era entregar un mensaje de apoyo a los reyes Sofía y Frederik y conocer de primera mano la situación tras el ataque al Hospital Real.
Antes de partir, la reina Miranda abrazó a sus nietos.
—Tengan cuidado. No viajan solo como guerreros, sino como príncipes de Arturias.
—Lo haremos, abuela —respondió Carlos.
Acompañados por seis soldados y seis caballeros, emprendieron el camino que conducía al reino de Barú.
Durante las primeras horas el viaje transcurrió sin inconvenientes. Sin embargo, al internarse en un bosque cercano a la costa, Manuel levantó la mano.
—Escuchen...
Todo estaba en silencio.
Ni un solo pájaro cantaba.
Carlos desenfundó lentamente su espada.
—Hay alguien cerca.
De pronto, una lluvia de flechas cayó sobre el camino.
—¡Cubran los carruajes! —gritó Manuel.
Los soldados levantaron sus escudos mientras varios encapuchados aparecían entre los árboles armados con espadas, dagas y arcos.
Carlos enfrentó al primero de ellos y logró desarmarlo con un rápido movimiento.
Manuel combatía junto a los soldados, evitando que los enemigos rodearan la caravana.
Pero eran demasiados.
Uno de los atacantes consiguió separar a los dos hermanos del resto de la escolta.
Carlos miró a Manuel.
—¡Estamos rodeados!
En ese instante, un fuerte rugido resonó entre los árboles.
Los encapuchados se detuvieron por un momento.
Desde la espesura apareció una enorme manada de lobos.
Detrás de ellos descendieron varias águilas, mientras un grupo de jabalíes irrumpía entre los arbustos.
Los animales se colocaron frente a Carlos y Manuel.
Los atacantes retrocedieron sorprendidos.
Carlos comprendió de inmediato y dijo.
-¿Quien de atreve a meterse con los domadores de animales y los herederos de Asturias?
Los lobos avanzaron mostrando los colmillos.
Las águilas descendían en picada obligando a los encapuchados a cubrirse el rostro.
Sin esperar más, los atacantes emprendieron la huida.
Cuando el peligro pasó, los animales permanecieron unos segundos junto a los jóvenes antes de internarse nuevamente en el bosque.
Manuel sonrió.
—Les debemos la vida.
La escolta reorganizó la caravana y continuó el viaje hacia el puerto.
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Mientras tanto, en el Bosque de Pachamama, Patrik, Lorena, Fernanda, Gerardo, Alejandro y Rocafox seguían vigilando la entrada al túnel descubierto días atrás.
Una patrulla de guardabosques regresó con nuevas noticias.
—Encontramos otra salida del túnel, al otro lado del arroyo.
Rocafox extendió un mapa sobre una roca.
—Eso significa que el enemigo puede entrar y salir por distintos puntos del bosque.
Fernanda escuchó el canto inquieto de un búho que acababa de posarse sobre una rama.
Permaneció en silencio unos instantes.
—No están preparando un ataque.
Todos la miraron.
—Entonces, ¿qué hacen? —preguntó Gerardo.
Fernanda observó la oscuridad del bosque.
—Están buscando algo que aún no encuentran.
Patrik frunció el ceño.
—Y no dejaremos que lo encuentren primero.
La vigilancia en Pachamama continuó durante toda la noche, mientras el misterio alrededor de los túneles antiguos crecía cada vez más.
Continuará...