NovelToon NovelToon
Luz De Luna Y Sombras Del Abismo.

Luz De Luna Y Sombras Del Abismo.

Status: Terminada
Genre:Aventura / Romance / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la luna es testigo de secretos oscuros y los demonios acechan en las sombras, un amor prohibido desafiará el destino.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Emara se siente dividida entre su amor y su deber.

El aire en el Aethelgard se había vuelto pesado, como si la atmósfera misma estuviera saturada de las cenizas de una traición milenaria. El cielo, que antes bailaba con auroras turquesas, ahora se teñía de un violáceo oscuro, casi negro, respondiendo a la turbulencia emocional de los dos seres que permanecían frente al lago de mercurio.

Emara sentía que el suelo bajo sus pies se desintegraba. La imagen de su padre, Tibor Alarcón, entregando a Arilsa a las sombras, se repetía en su mente como un eco tortuoso. Cada vez que cerraba los ojos, veía las manos de su padre —las mismas manos que la habían acunado de niña— manchadas con la sangre de los inocentes y el destino de Kellan.

—Kellan... —susurró ella, extendiendo una mano temblorosa hacia él.

Él no se movió. Permanecía de pie, con la espalda rígida y las alas de sombra aún parcialmente desplegadas, como cuchillas de obsidiana que cortaban la luz. Cuando finalmente se giró hacia ella, Emara retrocedió un paso, impactada por la frialdad en sus ojos. Ya no eran los ojos del hombre que la había besado en la gruta; eran los de un príncipe del Abismo reclamando su herencia de dolor.

—No me toques, loba —dijo él. Su voz era un témpano, desprovista de la calidez que había empezado a florecer entre ellos—. Tu sangre... el olor de tu linaje... ahora solo me sabe a ceniza y a la agonía de mi madre.

—¡Yo no sabía nada! —gritó Emara, y las lágrimas finalmente desbordaron, calientes y amargas—. He vivido toda mi vida bajo la misma mentira que tú. Me enseñaron que los demonios eran los monstruos, que nosotros éramos los protectores de Eloria. ¡Me odié a mí misma por amarte porque pensaba que estaba traicionando a mi gente!

—Y resulta que "tu gente" son los carniceros que vendieron el mundo por un poco de poder —escupió Kellan, dando un paso hacia ella, su presencia envolviéndola como una tormenta de sombras—. Mi madre pasó décadas en una celda de cristal, drenada de su magia, de su vida, todo porque Tibor Alarcón quería ser un rey entre los lobos. ¿Cómo esperas que te mire y no vea su rostro?

Emara se abrazó a sí misma, sintiendo el frío del reino calar hasta sus huesos. La división en su interior era física, una grieta que amenazaba con partirla en dos. Por un lado, estaba su deber: Eloria estaba muriendo, su clan estaba siendo manipulado y ella era la única que conocía la verdad. Por otro lado, estaba su amor: el hombre que la había hecho sentir viva por primera vez, el único que entendía su dualidad.

—Mi deber es con Eloria, Kellan —dijo ella con voz quebrada—. Pero mi corazón... mi corazón te pertenece a ti. No puedo cambiar lo que hizo mi padre, pero puedo intentar arreglarlo. Si volvemos, si enfrentamos a Tibor juntos...

—¿Juntos? —Kellan soltó una risa seca, un sonido que dolió más que cualquier herida física—. No hay un "nosotros" en una tierra abonada con la sangre de mi estirpe. Tú quieres salvar a tu clan. Yo quiero verlo arder hasta los cimientos. Tú ves una responsabilidad; yo veo una deuda de sangre que solo se pagará con fuego.

—Entonces, ¿todo lo que pasamos no significó nada? —preguntó Emara, su voz apenas un susurro—. ¿El pacto, el beso... la forma en que nuestras almas se reconocieron? ¿Vas a dejar que el odio de nuestros padres gane otra vez?

Kellan se quedó en silencio, y por un momento, la máscara de hielo flaqueó. La miró, recorriendo sus facciones, deteniéndose en la marca del pacto que aún brillaba débilmente en el pecho de ella. El vínculo entre ellos pulsaba, enviando oleadas de desesperación y un amor que se negaba a morir a pesar de las circunstancias.

—Lo que siento por ti es el mayor castigo que mi padre podría haberme impuesto —dijo él, y esta vez hubo una nota de agonía en su voz—. Amarte es traicionar cada recuerdo de mi madre. Mirarte es recordar por qué fui creado: para ser un arma contra los que son como tú.

Se acercó a ella, tan cerca que Emara pudo sentir el calor antinatural de su cuerpo y el olor a tormenta que siempre lo acompañaba. Su mano, larga y elegante, se elevó para acariciar su mejilla con una delicadeza que contrastaba con la crueldad de sus palabras.

—Si nos quedamos juntos, Emara, terminaré matándote o tú terminarás odiándome. El odio que corre por nuestras venas es más antiguo que nosotros. Es una marea que no podemos detener.

—Podemos intentarlo —suplicó ella, cerrando los ojos y apoyándose en su mano—. Por favor, Kellan. No me dejes sola en esto.

Él la atrajo hacia sí, en un abrazo que se sintió como una despedida. Emara hundió el rostro en su pecho, aspirando su aroma, tratando de memorizar la fuerza de sus brazos. Por un instante, el tiempo se detuvo en el Reino Olvidado. Astor, el arquitecto, los observaba desde la distancia con una expresión de profunda tristeza. Sabía que el destino de los mundos colgaba de ese hilo frágil entre un demonio y una loba.

Finalmente, Kellan se separó. Sus ojos eran ahora oscuros, decididos.

—Debo tomar una decisión, Emara. Por el bien de lo que queda de mi alma.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó ella, con el corazón en la garganta.

Kellan sacó el Corazón del Abismo, el cristal opalescente que aún vibraba con la energía del portal destruido. Lo sostuvo en alto, y la luz del Aethelgard pareció converger en él.

—Voy a abrir un camino de regreso para ti —dijo él—. Volverás a tu clan. Enfrentarás a tu padre. Cumplirás con tu "deber". Pero yo no iré contigo a la aldea de los Alarcón.

—¿A dónde irás? —el pánico empezó a crecer en el pecho de Emara.

—Iría a buscar lo que queda del Clan de la Niebla. Si hay supervivientes, ellos deben saber la verdad. Y luego... iré al encuentro de mi padre. No para servirle, sino para terminar con su reinado de una vez por todas.

—¡Es un suicidio! —gritó Emara—. No puedes enfrentarte a él solo. ¡Déjame ayudarte!

—No puedes ayudarme en el Abismo, loba. Tu luz se apagaría en un suspiro —Kellan la miró fijamente, y por un segundo, el amor volvió a brillar en sus ojos, puro y devastador—. Este es el final del camino para

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play