NovelToon NovelToon
.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:530
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

El aire dejó de existir.

No era una sensación.

Era ausencia.

Como si algo hubiera tomado el control del espacio…

y decidido que todo debía detenerse.

—No des otro paso.

Mi voz salió firme.

Sin temblar.

Pero mi cuerpo… ya estaba listo.

El chico inclinó la cabeza apenas.

Observando.

Midiendo.

—Interesante… —murmuró—. No es miedo.

Silencio.

—Es protección.

Nyra apretó mi mano detrás de mí.

Más fuerte.

Buscando algo estable.

Y yo… no dudé.

Se lo di.

—No te acerques a ella.

—Así que sí es importante…

No fue una pregunta.

Fue confirmación.

Y eso… lo hizo más peligroso.

—Última advertencia.

Pequeña pausa.

El chico sonrió.

Pero no como alguien normal.

—¿Siempre adviertes antes de actuar?

—Solo cuando alguien aún puede irse.

—Entonces supongo que ya decidí no hacerlo.

Claro.

Eso era lo esperado.

Pero no por eso… menos peligroso.

Respiré lento.

Controlando.

Sintiendo cómo la energía comenzaba a moverse dentro de mí.

No desbordada.

No caótica.

Esta vez…

la estaba sosteniendo.

—Eso es nuevo… —dijo, observándome con más atención—. Ya no reaccionas.

Pausa.

—Estás eligiendo.

Eso… no era aprobación.

Era análisis.

—Aléjate.

—Quiero ver cuánto puedes sostener eso.

—No soy un espectáculo.

—No…

Sus ojos brillaron levemente.

—Eres una anomalía.

Nyra se movió apenas detrás de mí.

—Gabriel… esto no se siente bien…

—Lo sé.

Y esa era la parte que no podía ignorar.

Esto…

no era como Federico.

No había caos.

No había impulso.

Había control.

Y eso… lo hacía peor.

—¿Qué eres? —pregunté.

Silencio.

Por un segundo… pensé que lo evitaría otra vez.

Pero no.

—Un observador.

—Eso no dice nada.

—Dice lo suficiente.

—No para mí.

—Para ti… aún no.

El aire se tensó.

Otra vez.

Más pesado.

Más lento.

—Entonces vete.

—No quiero.

—¿Por qué?

Pausa.

Y entonces…

la verdad.

—Porque ella es el punto de ruptura.

El mundo… se detuvo.

No por el poder.

Por el significado.

—No hables de ella.

—¿Por qué?

Giró apenas el rostro hacia Nyra.

—¿Te preocupa lo que es…

Pausa.

—o lo que va a activar?

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

La energía se movió.

Más fuerte.

Más rápida.

—No sabes nada.

—Sé suficiente.

—No.

—Sí.

Y entonces…

dio un paso.

Un solo paso.

Pero fue suficiente.

La energía explotó.

El aire vibró con fuerza.

El suelo crujió bajo mis pies.

Y aun así…

no retrocedió.

Se mantuvo.

Resistiendo.

Absorbiendo.

—Ah…

Su expresión cambió apenas.

No miedo.

Algo peor.

—Ahora sí se está poniendo interesante…

Y ahí lo entendí.

Esto…

no era una prueba.

Era una medición.

—Detente.

—¿Por qué?

—Porque no te va a gustar lo que sigue.

Silencio.

Una pequeña pausa.

Y entonces…

—Quiero verlo.

Claro.

Siempre quieren ver.

Hasta que ya no pueden retroceder.

—Entonces no digas que no te advertí.

Respiré.

Y solté más.

No todo.

Pero lo suficiente.

El aire se comprimió.

El sonido se distorsionó.

Como si algo invisible… aplastara el espacio entre nosotros.

Y por un segundo…

todo desapareció.

No había calle.

No había ruido.

Solo él.

Y yo.

Y la energía chocando en medio.

—Interesante… —repitió.

Pero esta vez…

algo cambió.

No en su postura.

En su mirada.

Reconocimiento.

—Tú tampoco entiendes lo que eres.

Silencio.

Eso…

no debía afectarme.

Pero lo hizo.

—Sé suficiente.

—No.

—Sí.

—No.

Y entonces—

se movió.

No hacia mí.

Hacia ella.

—¡NO!

Reaccioné al instante.

Más rápido que antes.

Más fuerte.

La energía salió disparada.

Directa.

Impacto.

El aire explotó entre nosotros.

Y esta vez—

sí retrocedió.

Un paso.

Dos.

Tres.

Eso…

no había pasado antes.

—Ya veo… —murmuró.

—Aléjate de ella.

—Eso no es lo interesante.

—Para mí sí.

—Claro…

Sus ojos brillaron apenas.

—Porque ella te sostiene.

Silencio.

—No la mires.

—¿Por qué?

Sonrió.

Pero no había humor.

—¿Temes que vea lo que realmente eres cuando pierdes el control?

—No sabes nada.

—Sé que sin ella…

Pausa.

—no eres estable.

Eso golpeó.

Directo.

Sin defensa.

Porque en el fondo…

sabía que no estaba completamente equivocado.

Y eso…

encendió algo en mí.

—Vete.

—No aún.

—No te lo voy a repetir.

—Entonces no lo hagas.

Y dio otro paso.

Pero esta vez…

yo no esperé.

Me moví.

Directo hacia él.

La energía estalló otra vez.

Más violenta.

Más precisa.

Y esta vez…

lo empujé de verdad.

El impacto lo obligó a retroceder.

—Interesante… —repitió por tercera vez.

Pero ahora…

ya no sonaba curioso.

Sonaba…

interesado.

—Esto no es un juego.

—Para mí sí lo es.

—Entonces estás en el lugar equivocado.

—No.

—Sí.

—No.

Silencio.

Pesado.

Total.

Y entonces…

se detuvo.

Completamente.

Como si alguien hubiera apagado algo dentro de él.

—Aún no es el momento.

Eso…

no me gustó.

Nada.

—¿Momento para qué?

—Para que entiendas.

—No necesito—

—Sí lo necesitas.

Su voz cambió.

Más baja.

Más firme.

Más… definitiva.

—Y cuando lo hagas…

Pausa.

—ya va a ser tarde.

El aire se volvió más frío.

Más denso.

Como si esas palabras…

tuvieran peso real.

—No vuelvas a acercarte.

Silencio.

El chico no respondió de inmediato.

Solo… observó.

Primero a mí.

Luego a Nyra.

Y ahí fue cuando lo sentí.

No era interés.

Era cálculo.

—Curioso… —murmuró—. No es su poder lo que me llama.

Pausa.

—Es lo que provoca.

Mi cuerpo se tensó.

—Deja de hablar en acertijos.

—No lo hago.

—Entonces dilo claro.

Sonrió apenas.

—Ella no es el problema.

Silencio.

—Es el punto donde todo converge.

Eso…

no era mejor.

—No la mires.

—Es imposible no hacerlo.

Sus ojos se fijaron en ella otra vez.

Y esta vez…

Nyra no retrocedió.

Apretó mi mano.

Fuerte.

Pero no se escondió.

—Deja de mirarme así —dijo.

Su voz no tembló.

Eso…

me sorprendió.

A él también.

—Interesante… —susurró—. Ya empieza a resistir.

—Aléjate.

—No.

Un paso.

Otro más.

Y esta vez…

no lo detuve de inmediato.

Porque estaba esperando.

Midiendo.

Sintiendo.

Algo en el aire…

estaba cambiando.

Otra vez.

—Gabriel… —susurró Nyra— ¿por qué se siente diferente?

No respondí.

Porque ya lo sabía.

Esto…

no era solo él.

Era lo que estaba despertando alrededor.

—¿Lo sientes? —preguntó el chico.

—Sí.

—Bien.

Eso no fue alivio.

Fue confirmación.

—Significa que ya empezó.

—¿Qué cosa?

Sonrió.

Pero esta vez…

había algo oscuro detrás.

—El cambio.

Silencio.

—No digas tonterías.

—No lo son.

Giró apenas el rostro.

Como si escuchara algo más.

Algo que nosotros no podíamos oír.

—Ya no es solo uno.

Mi pecho se tensó.

—¿Qué?

—Ya vienen.

El mundo… se volvió más pesado.

—¿Quiénes?

Pero no respondió.

En lugar de eso…

miró a Nyra una última vez.

Más serio.

Más… real.

—Cuídala.

Silencio.

—Porque cuando todo despierte…

Pausa.

—no vas a poder hacerlo.

Y entonces—

dio un paso atrás.

Uno solo.

Pero fue suficiente.

Porque su presencia…

empezó a desvanecerse.

No como Federico.

No rápido.

No brusco.

Sino como si simplemente…

dejara de pertenecer a ese lugar.

Hasta que…

ya no estaba.

El aire volvió de golpe.

El sonido regresó.

Las voces.

Los autos.

Todo.

Como si nada hubiera pasado.

Como si el mundo… se negara a reconocerlo.

—Gabriel…

La voz de Nyra rompió el silencio.

Baja.

Inestable.

No de miedo puro…

sino de algo peor.

Conciencia.

Me giré hacia ella de inmediato.

—Estoy aquí.

Siempre lo decía.

Pero esta vez…

no era suficiente.

—Eso no fue normal…

Pequeña pausa.

—Ni siquiera para lo que ya me has contado.

—No.

Silencio.

El tipo de silencio que obliga a pensar.

—Entonces ¿qué fue?

No respondí.

Porque por primera vez…

no tenía una respuesta que pudiera protegerla.

—Algo nuevo.

—Eso no me tranquiliza.

—No debería.

Nyra respiró hondo.

Intentando sostenerse.

—Dijo que yo era… el punto de ruptura.

—Lo sé.

—¿Ruptura de qué?

Silencio.

—No lo sé.

Mentira parcial.

Y ella lo notó.

—Gabriel…

Dio un paso más cerca.

Sin espacio entre nosotros.

—No me mientas.

La miré.

Directo.

—No lo estoy haciendo.

—Entonces dime que no soy parte de esto.

Silencio.

Eso…

fue suficiente.

Sus ojos cambiaron.

No se rompieron.

Se endurecieron.

—Lo soy… ¿verdad?

Exhalé lento.

—Sí.

La palabra cayó pesada.

Irreversible.

Pero Nyra no retrocedió.

No huyó.

No se quebró.

Solo… procesó.

—Ok…

Su voz fue baja.

Pero firme.

—Ok.

Levantó la mirada otra vez.

—Entonces quiero entender.

Eso…

lo cambió todo.

—No puedo decirte todo aún.

—Entonces dime lo suficiente.

—Es peligroso.

—Todo esto ya lo es.

Silencio.

—No quiero alejarme —añadió.

Mi pecho se tensó.

—No tienes que hacerlo.

—Bien.

Pequeña pausa.

—Porque no lo voy a hacer.

Ahí estaba.

Decisión.

Real.

Firme.

Y peligrosa.

—Entonces vamos a hacerlo bien.

—¿Cómo?

—Sin mentiras.

—Sin mentiras.

Nos quedamos en silencio.

Pero esta vez…

no era incómodo.

Era un acuerdo.

Uno que lo cambiaba todo.

Hasta que—

lo sentí.

Otra vez.

Pero no como antes.

No era el chico.

No era Federico.

Era…

más.

Más frío.

Más profundo.

Más antiguo.

Mi cuerpo se tensó al instante.

—¿Qué pasa? —preguntó Nyra.

No respondí.

Porque ya estaba mirando.

Al final de la calle.

Oscuridad.

Pero no vacía.

Había algo ahí.

Una figura.

Inmóvil.

Observando.

—No es él…

—¿Entonces qué es?

Silencio.

Porque esta vez…

sí lo supe.

—Algo peor.

El viento pasó.

Frío.

Pesado.

Como si trajera algo consigo.

Y entonces…

la figura se movió.

No hacia nosotros.

Alrededor.

Una sombra más.

Luego otra.

Y otra.

Mi respiración se detuvo.

—Gabriel…

—Entra a tu casa. Ahora.

—¿Qué?

—¡Ahora!

Esta vez obedeció.

Corrió.

Pero antes de cerrar—

me miró.

—¿Qué está pasando?

No respondí.

Porque ya no podía apartar la mirada.

Porque ahora lo veía claro.

No era uno.

Eran varios.

Observando.

Esperando.

Como si algo…

estuviera a punto de comenzar.

La puerta se cerró.

Y me quedé ahí.

Solo.

Frente a la oscuridad.

Sintiendo cómo el mundo…

cambiaba.

—Así que ya empezó… —murmuré.

Una de las sombras dio un paso al frente.

Lo suficiente para que sus ojos…

brillaran.

No rojos.

No humanos.

Peor.

Y entonces…

sonrió.

—No —dijo una voz que no venía de un solo lugar—.

Pausa.

—Apenas estamos llegando.

El aire se volvió insoportable.

Pesado.

Vivo.

Y en ese instante…

lo entendí.

Esto no era una advertencia.

No era una prueba.

Era una invasión.

Y nosotros…

éramos el objetivo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play