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El Hombre Equivocado

El Hombre Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Qué hacer cuando se supone que el día más feliz de tu vida se convierte en un infierno?

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La ironía del paraíso.

Al otro día: Todo lo planeado siguió su curso, los ahora esposos posaron frente a las cámaras con sonrisas fingidas y un amor exagerado.

Una vez que terminaron la mentira, ambos abordaron un avión que los llevaría a su próximo destino.

La luna de miel comenzó como todo lo demás en la vida de Samira Johnson: como un escenario de revista donde los actores habían olvidado el guion.

El destino, una villa privada en las Bahamas bañada por un turquesa insultante, había sido elegido por Lucas Johnson con la precisión de un estratega. Cada rincón del jet privado y de la suite real estaba diseñado para ser el fondo perfecto de las fotografías que venderían la narrativa del "amor impulsivo". Todo estaba pensado para el público. Todo, excepto el abismo que crecía entre los dos ocupantes de la cabina de primera clase.

Samira apoyaba la frente contra la ventanilla fría del avión. Las nubes pasaban como jirones de seda, indiferentes a que su mundo se hubiera convertido en una subasta. A su lado, Dominic permanecía en un silencio absoluto, una quietud que a ella le crispaba los nervios. Él no invadía, no hablaba, no intentaba forzar una intimidad que no existía. Era como viajar junto a una estatua de granito.

—Estás aquí por un capricho de mi padre y una deuda que vete a saber cómo contrajiste —soltó ella finalmente, sin girarse, con la voz cargada de un veneno que buscaba una reacción—, pero eso no significa que tengas la más mínima influencia sobre mí.

—Soy tu esposo, Samira. Para bien o para mal, ante la ley y ante el mundo —respondió él. Su voz era un trueno bajo, constante.

—Un esposo de mentira. Un delincuente o un muerto de hambre que encontraron en un callejón y vistieron de etiqueta —ella se giró, buscando herirlo con la mirada—. ¿Cuánto vale tu dignidad, Dominic? ¿O es que nunca tuviste una?

Dominic cerró el libro que sostenía y, por primera vez en el vuelo, la miró fijamente. Sus ojos color miel no mostraron dolor, solo una paciencia que resultaba humillante.

—Al menos no salí huyendo, como el hombre de "clase" que tanto extrañas.

Samira sintió el impacto de esas palabras en la boca del estómago. Arqueó una ceja, ocultando el temblor de sus labios.

—No tienes derecho a mencionarlo. No eres digno ni de pronunciar su nombre.

—Soy el hombre que dormirá en la habitación de al lado los próximos dos años —replicó él, volviendo a su lectura—. Acostúmbrate al sonido de mi voz, porque es lo único real que te queda.

Al llegar al hotel, la recepción fue un despliegue de lujo obsceno. Pétalos de orquídeas cubrían el camino de mármol y el personal los esperaba con copas de cristal tallado.

—Bienvenidos, señor Antuan y señora Williams —dijo la recepcionista con una reverencia perfecta.

El nombre falso golpeó a Samira como una bofetada. Escuchar señora de un "don nadie" le provocó una náusea física. Mientras caminaban hacia la suite, escoltados por botones que cargaban sus maletas, ella se acercó a su oído.

—Qué irónico —susurró, con la voz rota—. Aquí debía pasar la mejor noche de mi vida con el hombre que amo. Y en cambio, estoy atrapada con un maltrato y vago.

Dominic se detuvo frente a la puerta de la suite y esperó a que el personal se retirara. Cuando estuvieron solos, la miró con una compasión fría que la enfureció aún más.

—Podría ser peor, Samira. Podrías estar en Orlando, escondida en tu habitación mientras tus "amigos" de la alta sociedad cuentan cuántas lágrimas derramaste en el altar. Al menos aquí, el mundo cree que ganaste. ¿O prefieres contarles por qué no te casaste?

—Eres el hombre equivocado —sentenció ella, entrando a la habitación.

La suite era un santuario al romance: velas aromáticas, una cama cubierta de pétalos rojos formando un corazón y una botella de champagne en hielo. Para Samira, aquello no era un paraíso, era una sala de tortura. Cada detalle le recordaba la promesa rota de Antuan Schmeichel. Se dejó caer en el sofá y rompió en llanto, un llanto amargo y ruidoso que desnudaba a la niña caprichosa que acababa de ser despertada de un sueño de algodón de azúcar.

Dominic la observó desde el umbral. No se acercó a consolarla. Sabía que sus manos, acostumbradas a la aspereza, no sabían manejar un cristal tan frágil.

—Voy a salir —anunció ella de repente, poniéndose de pie y limpiándose las lágrimas con rabia—. No pienso quedarme aquí actuando como si esta farsa fuera normal. Necesito aire, ruido... cualquier cosa que no seas tú.

—Que te diviertas —dijo él, con una indiferencia que la descolocó.

Samira se detuvo en seco, con la mano en el pomo de la puerta.

—¿Eso es todo? ¿No vas a decir nada más?

—¿Qué esperas que haga? ¿Que te encierre? —Dominic se cruzó de brazos.

—Eres lo peor que me pudo haber pasado —escupió ella.

—Lo sé —respondió él con esa serenidad inquebrantable—. Y te recuerdo que solo serán dos años. Intenta sobrevivir a ellos, Johnson.

Esa noche Samira no volvió temprano. Se refugió en el bar del hotel y luego en un club cercano. El alcohol le quemaba la garganta, pero no lograba apagar el incendio en su pecho. Rió con extraños, bailó bajo luces de neón que emborronaban su realidad y aceptó conversaciones vacías que no significaban nada. Todo para no pensar en el altar vacío. Todo para no pensar en el hombre de ojos color miel que la esperaba en la suite.

Cuando finalmente regresó, pasada la madrugada, el pasillo del hotel estaba sumido en un silencio sepulcral. Abrió la puerta con cuidado, esperando que la suite estuviera a oscuras.

Pero él estaba allí.

Dominic estaba sentado en el sofá, envuelto en la penumbra, con una botella de agua a medio terminar. No estaba durmiendo. Estaba vigilando.

—¿Me estabas esperando? —preguntó ella, tambaleándose ligeramente mientras dejaba su bolso sobre la mesa.

—Es mi deber —respondió él, levantándose sin prisa. Sus ojos la recorrieron de arriba abajo, evaluando su estado con una precisión que la hizo sentir desnuda—. El contrato dice que debo asegurar tu bienestar.

—Esto no es un matrimonio, Dominic. No somos nada —dijo ella, con una risa sin humor—. No necesito que seas mi niñera. No eres mi responsabilidad ni yo la tuya.

—No —concedió él, dando un paso hacia ella, lo suficiente para que Samira sintiera su presencia, pero no para invadirla—. No eres mi responsabilidad sentimental. Pero estás conmigo. Y mientras lleves ese anillo, lo que te pase a ti me pasa a mí.

—Tú no eres él —susurró ella, acercándose desafiante, buscando el conflicto—. Nunca lo serás. Podrás usar su nombre ante la prensa, pero no le llegas ni a los talones a Antuan. Él tenía un mundo que ofrecer; tú solo tienes deudas y problemas.

Dominic guardó silencio un segundo, un segundo en el que el aire pareció cargarse de electricidad. Luego, habló con una suavidad que dolió más que un grito.

—Yo no abandono, Samira.

La frase cayó entre ellos como una piedra en un pozo profundo. Samira no supo qué responder. Estaba acostumbrada a los hombres que daban regalos, a los que hacían promesas dulces y a los que, al final, huían cuando las cosas se ponían difíciles. No sabía qué hacer con la constancia de un hombre que no la quería, pero que se quedaba.

—Duérmete. No necesito que me cuides —murmuró ella, desviando la mirada, sintiendo un calor extraño subiendo por sus mejillas que no era causado por el alcohol.

—Parece que sí lo necesitas —dijo él mientras la veía caminar hacia su habitación—. Y parece que aceptarlo es tu mayor carga.

Samira cerró la puerta de su cuarto y apoyó la espalda contra la madera. Respiró hondo, tratando de calmar los latidos de su corazón. No era tristeza lo que sentía ahora. Era una confusión punzante. En el cuento que le contaron de niña, el príncipe era el que llegaba y se quedaba. Pero en su realidad, el príncipe había huido y el "villano" del contrato era el que permanecía sentado en el sofá, esperando a que ella volviera a salvo.

Y eso, para Samira Johnson, era mucho más difícil de ignorar que la traición de Antuan.

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Eneida Acosta
para cuando los otros capítulos gracias
Andre
Hay contradicción. Primero habla del silencio en el despacho donde no se defendió de los golpes y luego de ella creyendo que no le hicieron nada
Yaya García: lo mejor de esta autora es que sus novelas están conectadas, y así se entera uno de la vida de los personajes secundarios.
por ejemplo la novela tropezando con el amor está vinculada con dinastía brekman, heredero enamorado y la nueva que es sediento de venganza🥰
total 1 replies
Susana Damiano
/Drool//Drool//Rose//Rose/
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