Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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El verdadero peligro
Una noche más cayó sobre la mansión Salvatierra con la misma pesadez asfixiante. El viento de la tormenta golpeaba las ventanas de la suite, pero en el interior, el único sonido era el crujido rítmico de la madera y el roce de las sábanas. La hora de dormir se había convertido, para Clara y Matías, en el momento más complejo del día: el instante donde las máscaras debían sostenerse en la penumbra y la distancia física se volvía una frontera armada de silencios.
Clara estaba sentada en el borde de la cama, vistiendo un camisón de seda blanco que acentuaba la palidez de su piel. Con movimientos pausados, fingiendo la torpeza de quien aún desconoce los límites de su propio cuerpo, extendió la mano hacia la mesa de noche para tomar el frasco de analgésicos.
Antes de que sus dedos rozaran el frasco, la mano de Matías se adelantó con suavidad.
—Déjame ayudarte —dijo él. Su voz, grave y baja, sonó casi como un murmullo para no romper la quietud de la habitación.
Matías vertió el agua en un vaso de cristal y le entregó la pastilla. Clara lo observó de reojo mientras la tomaba. Él ya se había quitado la chaqueta y la corbata; vestía una camiseta oscura que dejaba al descubierto la tensión de sus hombros. Había un cansancio legítimo en sus ojos, pero también una fijeza meticulosa en la forma en que evitaba cualquier contacto innecesario. Al entregarle el vaso, se aseguró de que sus dedos no rozaran los de ella. No lo hacía con desprecio —Clara ya sabía distinguir el desdén—, sino con una precaución casi sagrada, como quien teme activar un mecanismo peligroso.
—Gracias —susurró Clara, devolviendo el vaso.
—¿Te duele mucho la pierna hoy? —preguntó Matías, de pie junto a la cama, manteniendo una distancia exacta de dos pasos. Su tono era cálido, desprovisto de la frialdad corporativa que usaba con el servicio o con su propio hermano, pero firmemente contenido.
—Un poco. Marcos dice que es normal que el tejido tire por las noches —mintió ella, buscando su reacción.
Matías asintió en silencio. Una sombra casi imperceptible cruzó por su rostro al escuchar el nombre del fisioterapeuta, pero se obligó a relajar las facciones. Caminó hacia su lado de la cama y estiró las mantas con movimientos metódicos.
Clara se recostó, apoyando la cabeza en las almohadas, pero no cerró los ojos. Lo observó moverse en la penumbra.
A lo largo de esas semanas, su mente analítica no había dejado de comparar a los dos hermanos Salvatierra. Julián al que ella creía el hombre perfecto, resultó ser una víbora demasiado predecible; cuando mentía, lo hacía con una sonrisa ensayada, un tono meloso que buscaba adormecer las alertas de su víctima mientras calculaba el siguiente beneficio. Julián disfrutaba del poder que le otorgaba el engaño, de la superioridad de saber algo que la "amnésica" ignoraba.
Matías, sin embargo, era un enigma de una naturaleza completamente distinta. Él también le estaba mintiendo. Él también sostenía la farsa de que ella era su esposa y participaba en ese encierro dorado. Pero en Matías no había gozo, ni soberbia, ni cálculo frío. Había peso. Había una culpa densa y subterránea que parecía aplastarle el pecho cada vez que la miraba.
Mientras Matías se acomodaba, dándole la espalda para apagar la lámpara principal, Clara analizó los detalles de su rutina diaria. Matías era quien se aseguraba personalmente de que la cocinera preparara los alimentos que a ella parecían sentarle mejor; era quien revisaba los informes médicos con una seriedad que rozaba la obsesión, y quien, a pesar de la distancia que se autoimponía, jamás la había tratado como un objeto o un cabo suelto que tapar.
"Él sufre con esto —pensó Clara, sintiendo un frío extraño en el estómago.—Julián miente para ganar. Matías miente para proteger algo... o porque no tiene otra opción "
La oscuridad total inundó la suite, rota solo por los destellos intermitentes de los relámpagos en el exterior.
—Matías... —llamó Clara al cabo de unos minutos, rompiendo el silencio de la noche. Su voz sonó pequeña, la perfecta interpretación de la víctima asustada por la tormenta.
Matías no se había dormido; probablemente estaba tan despierto como ella.
—¿Qué pasa, Clara? ¿Necesitas algo? —La respuesta fue instantánea, cargada de una alerta genuina.
—¿Cómo eramos... antes? —preguntó, dejando caer la pregunta como un anzuelo en el agua oscura—. Antes del accidente. ¿Erámos felices? ¿Cómo era yo antes?
Un silencio sepulcral se instaló en la habitación, tan denso que casi tapaba el ruido de la lluvia. Clara contuvo el aliento, esperando la respuesta ensayada, la línea del guion que Julián y Lucía le habrían dado sin parpadear. Pero de la esquina de Matías solo llegó un suspiro largo, pesado, que vibraba con un dolor genuino.
—Eras... una mujer fuerte, Clara —dijo finalmente Matías, y su voz sonó más baja de lo habitual, casi rota—. Alguien que no pertenecía a la mezquindad de esta casa. Y lamento... lamento tanto que las cosas hayan terminado así. —y obviamente esquivó la respuesta de su otra pregunta y Clara entendió el motivo ¿Cómo iba poder responderle si ellos ni siquiera se conocían antes del accidente?
No hubo más detalles. No hubo anécdotas falsas sobre su supuesto matrimonio, ni adornos corporativos. Solo esa declaración escueta que sonaba a una disculpa no pedida, a un remordimiento que le corroía los huesos.
Clara se giró de lado en la cama, asimilando sus palabras en la oscuridad. El tablero se estaba volviendo peligrosamente complejo. La mentira de Matías no nacía de la maldad, sino de una herida que ella aún no lograba descifrar. Y por primera vez desde que había despertado en esa cama de hospital, Clara sintió que el verdadero peligro en esa suite no era que la descubrieran, sino la sutil y devastadora humanidad del hombre que dormía a unos metros de ella.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.