Victor Maxwell….. como describir a un ser irritante que hizo mi vida irritante en cada oportunidad que tuvo , el chico guapo, el deportista estrella y quien se creía intocable Pero suena a cliché no? Pues no , no dire que me gusta desde niños o que es guapo lo odio como el le odia a mi Y jamás , jamás besaría a un descerebrado como el! ¿Nazarena cumplirá esa promesa
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Equipo
No recordaba haber dormido.
En serio.
Sentía que apenas cerré los ojos cuando la alarma explotó junto a mi cabeza.
6:07 am.
Gruñí enterrándome bajo las sábanas.
Hoy era el día.
El maldito día.
Me levanté más rápido de lo normal revisando el celular inmediatamente.
Nada.
Ningún mensaje.
Ninguna publicación.
Ninguna lista filtrada.
Perfecto.
Tendría que sufrir en persona.
Bajé las escaleras todavía medio dormida encontrando a Liam preparando café mientras mamá acomodaba unas carpetas de trabajo.
—Mírala —dijo Liam apenas me vio—. La ansiedad tiene forma humana.
Le lancé una servilleta.
—Cállate.
Mi madre sonrió divertida.
—Buenos días para ti también.
Tomé una tostada empezando a mover la pierna bajo la mesa sin darme cuenta.
Papá levantó la vista del periódico.
—Estás nerviosa.
—No.
—Nazarena, estás sacudiendo toda la mesa.
Miré mi pierna deteniéndola al instante.
Traidora.
Liam soltó una carcajada.
—Deberías verla desde las seis. Caminó por el pasillo como fantasma.
—¿Por qué estás despierto tan temprano?
—Porque unlike you, tengo responsabilidades.
—Dijo el chico que casi incendia ramen en microondas.
—Fue un accidente técnico.
Rodé los ojos terminando mi desayuno rápido.
Necesitaba salir de casa antes de volverme loca.
El camino hacia Bunwellrt se sintió eterno.
Bianca no dejaba de hablar para distraerme mientras Dylan intentaba explicarme estadísticas absurdas sobre probabilidades deportivas.
—Según lógica matemática, tienes altas posibilidades de entrar —dijo ajustándose los lentes.
—Gracias, robot humano.
—De nada.
Bianca me tomó del brazo apenas bajamos del auto.
—Si no sales en esa lista, entraremos al gimnasio y haré una escena.
—Eso no ayuda.
—Ayuda emocionalmente.
Entramos al edificio junto al resto de estudiantes mientras mi estómago seguía retorciéndose.
Dios.
Odiaba esperar.
Los pasillos estaban más ruidosos de lo normal y sentía que todo el mundo caminaba demasiado lento.
Cuando giramos hacia el área deportiva vi un grupo de chicas reunidas frente al tablero.
Mi corazón literalmente se detuvo.
—Ahí está —susurró Bianca.
Perfecto.
Hora de sufrir.
Me acerqué lentamente sintiendo las pulsaciones en los oídos mientras buscaba la lista con la mirada.
Vamos.
Vamos.
Vamos.
Y entonces lo vi.
“NAZARENA ESTHELAR”
Parpadeé una vez.
Después otra.
Una sonrisa enorme apareció sola en mi cara.
—¡Entré! —grité girándome hacia Bianca y Dylan.
Bianca chilló abrazándome inmediatamente.
—¡Sabía que entrarías!
Dylan levantó ambos pulgares.
—Las estadísticas nunca fallan.
Solté una risa sintiendo toda la tensión desaparecer de golpe.
Entré.
De verdad entré.
Volví a mirar mi nombre solo para asegurarme de que seguía ahí.
Capitana potencial.
Equipo oficial.
Torneos.
Dios.
—Vaya, milagrosamente aceptaron a la amenaza pública.
Giré la cabeza automáticamente.
Victor Maxwell.
Por supuesto.
Estaba apoyado contra la pared con su mochila al hombro y esa sonrisa arrogante de siempre.
Qué bonita manera de arruinar mi momento.
—¿No tienes entrenamiento o ego que alimentar?
Victor se acercó mirando la lista.
—Solo vine a confirmar algo.
—¿Qué cosa ahora?
—Que probablemente las otras chicas temen por sus vidas.
Bianca soltó una risa traidora.
La miré ofendida.
—¿De qué lado estás?
—Del lado divertido.
Victor sonrió de lado cruzándose de brazos.
—Aunque debo admitirlo, Esthelar… eres buena jugando.
Lo miré sospechosamente.
—¿Te golpeaste la cabeza?
—No exageres. Sigue siendo molesto admitirlo.
—Entonces no lo hagas.
Él inclinó apenas la cabeza.
—Pero entraste.
Había algo raro en escuchar eso de Victor.
Porque normalmente todo entre nosotros eran insultos o amenazas.
Y aun así…
No sonó amable.
Sonó competitivo.
Como si reconocerlo le molestara físicamente.
Eso tenía más sentido.
—Supongo que ahora sí tendrás excusa para lanzar pelotazos legalmente —comentó.
Sonreí falsamente.
—Y tú seguirás usando fútbol para evitar pensar.
Victor soltó una risa seca.
—Touché.
El timbre sonó segundos después llenando el pasillo de movimiento otra vez.
Bianca me agarró del brazo emocionada.
—¡Vamos o llegaremos tarde!
Y por primera vez desde que empezó la preparatoria…
Entré a clases sintiendo que las cosas estaban saliendo exactamente como quería.