accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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amistad
Después de aquel día…
Nada volvió a ser igual.
Maximilian y Kael…
Ya no eran solo aliados.
Eran algo más.
Algo que en la guerra se vuelve raro…
Confianza.
El niño que Kael había sido…
Desapareció.
Cabello negro.
Ojos rojos.
Piel pálida como la nieve del norte.
Pero ahora…
Su cuerpo era fuerte.
Entrenado.
Forjado en batalla.
Maximilian tampoco era el mismo.
El príncipe ignorado.
El heredero olvidado.
Había quedado atrás.
La guerra…
Los había cambiado.
A ambos.
—No podemos seguir así —dijo Kael una noche.
Maximilian lo miró en silencio.
—Lo sé.
El enemigo no era solo externo.
Nunca lo fue.
Las “ratas” dentro de las tropas…
Seguían ahí.
Espías.
Traidores.
Sombras del palacio.
Pero esta vez…
No iban a ignorarlo.
—Entonces las eliminamos —dijo Maximilian, sin emoción.
Kael no respondió.
Pero tampoco lo detuvo.
Y así comenzó.
Uno por uno.
En silencio.
Sin escándalo.
Sin juicio.
Los traidores desaparecían.
En patrullas.
En guardias nocturnas.
En enfrentamientos “accidentales”.
Y poco a poco…
Las tropas cambiaron.
Los débiles se fueron.
Los leales quedaron.
Maximilian comenzó a construir algo propio.
No solo un ejército.
Una fuerza.
Hombres que lo seguían.
Que confiaban en él.
Que lo respetaban.
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—No eres el mismo —murmuró Kael
Maximilian no negó.
—Tampoco tú.
Y era verdad.
La guerra no perdona.
No suaviza.
No enseña compasión.
Solo deja una opción.
Sobrevivir.
Con el tiempo…
El nombre del príncipe comenzó a cambiar.
Ya no era ignorado.
Era temido.
En el campo de batalla…
Donde aparecía…
El enemigo caía.
A su lado…
Kael Draven.
El heredero del norte.
Una sombra rápida.
Letal.
Imparable.
Y junto a ellos…
El ministro de guerra.
Estratega.
Frío.
Preciso.
Los tres…
Se convirtieron en el eje del conflicto.
El reino enemigo comenzó a retroceder.
Solaris.
Luxeria.
Dos fuerzas unidas…
Que ahora…
Eran empujadas hacia la derrota.
Las historias se esparcieron.
—El príncipe demonio…
—El lobo del norte…
—El ejército que no deja sobrevivientes…
Mitos.
Rumores.
Miedo.
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Pero no era mentira.
Había pasado un año y medio.
Y la guerra…
Estaba cerca de terminar.
Desde lo alto de una colina…
Maximilian observó el campo de batalla.
Cubierto de humo.
De cenizas.
De silencio.
—Estamos cerca…
Kael se colocó a su lado.
—Sí.
Pero ninguno sonrió.
Porque ambos sabían…
Que la guerra…
No terminaría ahí.
Mientras el norte ardía en guerra…
El sur…
Se mantenía estable.
Bajo el mando de comandantes leales al reino,
las tropas lograban contener los ataques.
No era una victoria.
Pero tampoco una derrota.
El verdadero conflicto…
Seguía en la capital.
Habían pasado semanas desde el banquete.
Pero el incidente…
No había sido olvidado.
La muerte de Carla Bernis…
Seguía siendo un misterio.
Su familia exigía respuestas.
Los nobles susurraban.
Y el miedo…
Se había instalado en la corte.
El rey observaba.
La reina pensaba.
Y la princesa Selena…
Planeaba.
—Fallamos… —murmuró una noche.
No lograron matar a Marian.
Y ahora…
Ella estaba comprometida con el príncipe.
Eso…
Lo cambiaba todo.
—Entonces cambiamos de objetivo.
Si no podían eliminar a la prometida…
Eliminarían al príncipe.
Pero había un problema.
No había noticias.
Durante meses…
Nada.
Eso inquietaba.
Porque el silencio en la guerra…
Nunca era buena señal.
Mientras tanto…
La investigación seguía.
Sirian Novok no se detuvo.
Nunca lo hacía.
Encontró algo.
Un sirviente.
Sospechoso.
Nervioso.
Pero cuando fue a interrogarlo…
Ya era tarde.
Muerto.
—Lo silenciaron…
El caso…
Quedó inconcluso.
Pero no cerrado.
Porque Sirian…
No olvidaba.
Y comenzó a sospechar.
No tenía pruebas.
Pero sí…
Dirección.
Mientras tanto…
Yo también me movía.
Sentada en mi habitación…
Revisando todo.
Conectando piezas.
—No puedo dejar esto así…
El veneno.
El intento.
El encubrimiento.
Y entonces…
Laura habló.
—Señorita…
Creo que hay otra forma.
La miré.
—Habla.
—No necesitamos acusar directamente.
—Solo… mostrar la información correcta a la persona correcta.
Una pausa.
Y entonces…
Lo entendí.
—Sirian…
Si él veía las piezas…
Él haría el resto.
No necesitaría manipular.
Ni mentir.
Ni exponerse.
Solo…
Guiarlo.
Me levanté lentamente.
—¿Qué tenemos?
Laura respondió:
—Registros.
Movimientos.
Nombres.
—
Una lista.
Mi mirada se endureció.
—El barón…
Un aliado menor de la princesa.
Pero útil.
Con conexiones.
Con secretos.
—Si cae…
Arrastrará a otros.
Y lo mejor…
No sería mi culpa.
—Prepara todo.
—Sí, señorita.
Me acerqué a la ventana.
—Ahora solo queda una cosa…
¿Cómo hacer que la información llegue a Sirian…
Sin que parezca que viene de mí?
Sonreí levemente.
—Anónimo.
Un mensaje.
Sin firma.
Sin origen.
Pero con suficiente verdad…
Para ser imposible de ignorar.
Porque Sirian Novok…
No necesita pruebas completas.
Solo una pista.
Y cuando la tenga…
Él hará caer a todos.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️