Alessandra "Lexa" Cavalier es una hematóloga destacada por sus logros en el difícil mundo de la medicina, pero su fe proviene de la ciencia y la lógica. Todo se rompe cuando acepta el contrato más inusual de su carrera: salvar a Dante Marek, un hombre hermético y arrogante, CEO de una empresa prestigiosa que parece tener siglos de su fundación.
Él no es un hombre cualquiera, sino un vampiro de sangre pura cuya estirpe se marchita, por una corrupción que está devorando su sistema circulatorio, amenazando con convertir su inmortalidad en cenizas. Desde su primer encuentro en una mansión que huele a hostilidad. Dante desprecia la fragilidad de Lexa, pero su sangre tiene un aroma que mueve sus instintos primitivos que creía haber enterrado hace décadas.
Mientras ella se adentra en un laboratorio de tinieblas para encontrar una cura, descubre que no es una simple observadora. Su propia genética guarda el secreto de una salvación que Dante ansía y teme por igual.
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Capítulo 17
El segundero del monitor cardíaco de Dash era el único indicador para mí en aquel mausoleo convertido en un santuario médico, cada pitido electrónico, agudo; contrastaba violentamente con la arquitectura de piedra ancestral que nos rodeaba. Nosotros en este momento estábamos atrapados en un paréntesis temporal ya que la Orden de la Ceniza y Jonathan Blackwood están en buscaba de nuestras cabezas, pero dentro de estos muros de granito y refuerzos de acero, el tiempo parece haberse condensado como la sangre que compartíamos.
Me senté en el suelo, apoyando la espalda contra la base del altar de mármol donde descansaban los suministros, mis manos aún temblaban levemente, pero esto se debía la adrenalina y transformación celular que no terminaba de asentarse, ya que solo había sido un leve contacto de nuestra sangre durante el proceso en el piso 50. Dante permanecía en las sombras, en una esquina donde la luz de las lámparas no lograba penetrar del todo. Sin embargo, parecía una estatua tallada en desesperación, necesitaba del líquido rojo vital para su sobrevivencia, lo quisiera o no yo lo podía sentir palpablemente, después de la batalla con su exsocio y los miserables de la secta que me persiguen fervientemente para matarme; se había drenado gran parte del suero en su organismo que contenía la mezcla de mi sangre. En una sanación muy lenta; no había necesidad de que me lo dijera, podía abrigar esa desesperante necesidad de alimentarse; así él lo quisiera evitar.
—No podrá despertar hasta que termine de reescribir sus receptores neuronales. —Dije, rompiendo el silencio. Mi voz sonó más profunda y cargada de un eco que me recordaba que mis cuerdas vocales también habían cambiado. — He revisado sus niveles de potasio y la respuesta pupilar, está estable, pero su cuerpo está librando una batalla microscópica. —No podemos moverla de aquí todavía.
Dante se separó de la pared, sus ojos brillaron en la oscuridad, como dos zafiros encendidos por una llama interna. Se acercó lentamente con esa elegancia letal y se sentó en el suelo, junto a mí a una distancia respetuosa, pero lo suficientemente cerca, como para que yo pudiera sentir ese frío que emanaba de su sola presencia.
—Me preguntaste una vez cuánto tiempo llevaba siendo este depredador. —Con la vista fija en las manos de Dasha.
—¡Cómo si el tiempo fuera algo que se pudiera medir en años cuando has visto imperios convertirse en polvo!
—Es algo que necesito saber, Dante —Respondí, girándome hacia él. —Con esa curiosidad de la científica que aún sigue viva en mí, pero ahora mezclada con una urgencia primaria: que consistía en, comprender al hombre que era mi espejo oscuro.
—Dijiste que la "Sangre de Reyes" es una maldición, que tu linaje se pudría. Cuéntame cómo empezó todo; quién eras antes de ser el CEO de Marek Corp.
ante dejó escapar un suspiro que sonó como el viento arrastrándose por un cementerio abandonado, por un breve instante su fachada de hierro templado se resquebrajó, permitiéndome observar fijamente al hombre o, mejor dicho, al superviviente.
—Nací en una tierra que ya en esta época no tiene nombre, bajo un cielo que era más negro que este. —Comenzó, con su voz que adquirió un tono de narrador antiguo. —Hace milenios, mi familia no gobernaba corporaciones; solo gobernábamos valles y ríos, éramos guerreros, guardianes de una frontera que separaba la civilización de lo salvaje. —Mi padre era un hombre de honor y mi madre; ella era la luz que mantenía la humanidad en sus ojos.
Se detuvo, apretando los puños sobre sus rodillas...
—No nos convertimos en esto por elección, Alessandra; no hubo un pacto romántico ni un beso en el cuello bajo la luna, como en las películas taquilleras, donde idealizan esta maldición. —Fue una plaga, una corrupción que llegó del este, algo que los chamanes de aquella época llamaron "El Hambre Eterna". Mi aldea fue la primera en caer. No moríamos, extrañamente nos transformábamos en sombras sedientas que devoraban a sus propios hijos.
Me acerqué un poco más, olvidando por un segundo que estaba hablando con el ser más peligroso que había conocido; pero su dolor en la voz era tan tangible como el agua, una vibración que resonaba en mi propia médula.
—¿Tus padres? —Pregunté suavemente.
Dante cerró los ojos y por primera vez vi una lágrima, clara como el cristal, rodar por su mejilla fría.
—Ellos intentaron protegerme; mi padre, viendo que yo presentaba los primeros síntomas de fiebre, fotosensibilidad y la fuerza antinatural, me escondió en las catacumbas debajo de nuestra fortaleza; pero la Orden de aquella época, los antecesores de lo que hoy conoces como la Orden de la Ceniza, ya estaban allí. — Ellos eran unos fanáticos con antorchas y espadas de plata bendecidas, que nos podían asesinar sin problema.
Hizo una pausa larga, el aire en el mausoleo pareció bajar más de diez grados.
—Los vi morir, Lexa, a través de una rendija entre las piedras; ellos los arrastraban sin piedad alguna al patio central, exhibiéndolos como trofeos de cacería. —Mi padre luchó como un león, pero eran muchos, lo acusaron de albergar al demonio, de ser el progenitor de una estirpe maldita.
—Mientras que, mi joven madre, gritaba mi nombre hasta que le cortaron la lengua. Para luego, prenderle fuego a todo. —Esos infelices los quemaron vivos mientras yo, estaba encerrado en mi tumba de piedra, sintiendo cómo mis sentidos se agudizaban, cómo ese olor de su carne quemada se convertía en el primer recuerdo de mi nueva existencia.
El horror de su relato me golpeó como una ola fuerte del mar, la imagen de él, atrapado mientras su mundo se reducía a cenizas, era demasiado para mi corazón, que aún conserva restos de la empatía humana. — Sin pensarlo, dos veces extendí mi mano y cubrí la suya; sin embargo, esta vez, Dante no se apartó; su piel estaba gélida, pero la conexión era como esa soga invisible que nos amarra sin apretar las muñecas. — Se tensó, transmitiéndome una oleada de agonía milenaria.
—Yo no sabía en ese instante que era el "Rey de los Vampiros". —Apenas un susurro. — Solo sabía que tenía hambre y que el mundo que amaba había sido aniquilado ante mis ojos sin saber por qué. —Salí de esas ruinas tres días después, convertido en algo que ya no podía caminar bajo la luz del sol, vagué solo por siglos, acumulando soledad, poder, riqueza y conocimiento, solo con un objetivo: evitar que otros sufrieran lo que yo sufrí; fue por esta razón que fundé Marek Corp.
—Conocí todos los continentes del mundo en busca de la cura, yo no quería ser esto...—Quería dejar de ser un parásito, que depende de la sangre para sobrevivir.
—¿Y la Orden de la Ceniza? —Pregunté, sintiendo un nudo en la garganta.
—Han evolucionado conmigo. —Girando su mano para entrelazar sus dedos con los míos. — El contacto era eléctrico, una danza de dos biologías opuestas tratando de encontrar un equilibrio.
—Pasaron de ser fanáticos religiosos a tecnócratas que creen que pueden embotellar la inmortalidad, al matarme y usar tu sangre, para crear un ejército de soldados que nunca muera; que sean la herramienta definitiva de control global.
Me quedé en silencio, procesando la magnitud del problema. ¡Uff! y yo que creí que el que Cooper me vigilara por catorce años fue una usurpación a mi privacidad o una violación a mi intimidad; mientras él lleva milenios huyendo del fuego que consumió a sus padres. —La "hematóloga de élite" que había en mí quería analizar las implicaciones éticas, pero la mujer que estaba sentada en el suelo a su lado solo sentía una profunda e irrevocable atracción hacia este monstruo roto.
—Dante, pero lo que pasó en el laboratorio... —Comencé, pero él me interrumpió, acercando su rostro al mío.
—Lo que pasó es que ahora eres parte de mi historia —Dijo, con sus ojos buscando los míos con una intensidad que me robó el aliento.
—Te he condenado sin razón y Dasha está cambiando, Lexa, sus células no son como las tuyas. Ella es el primer hibrido natural.
Me levanté bruscamente. La frecuencia cardíaca de Dash estaba aumentando.
—¿A qué te refieres con "hibrido natural"? —Exigí saber, mis dedos volando sobre el teclado de la tableta médica.
—Tú eres la fuente. —Explicó Dante, poniéndose en pie con su habitual fluidez. —Pero ahora ella es la evidencia que demostró que, al usar tu médula ósea para salvarla, se puede crear algo que la Orden desea más que a mí, “la estabilidad”; si Jonathan pone sus manos sobre ti...
—No lo hará. —Le corté, mi voz cargada de una ferocidad. —Antes quemaré este mausoleo conmigo dentro.
Dante me miró y por primera vez, sonrió. No fue una sonrisa cínica ni empresarial; fue la de un guerrero que reconoce a su igual.
—Esa es la Alessandra que necesito, la que no solo cura, sino que protege lo que quiere.
En ese momento, Dasha emitió un gemido bajo, sus párpados temblaron, por un segundo, se abrieron sus ojos, antes de un marrón cálido, pero que ahora tenían un anillo plateado alrededor de la pupila, un reflejo metálico que indicaba que la transformación estaba completa; el suero Delta de Blackwood junto mi médula la convirtieron en un vampiro hibrido.
—Lexa... —Susurró, su voz sonando como el roce de dos cristales- —Tengo mucho frío y puedo oír los corazones de los pájaros en el bosque.
Me desplomé a su lado, tomando su mano. Estaba ardiendo de fiebre, pero no era solo una infección. Era el motor de su nuevo metabolismo arrancando.
—Estoy aquí, pequeña. No tengas miedo. —Le dije, mientras le inyectaba un estabilizador que había preparado con mi propia sangre procesada.
Dasha miró por encima de mi hombro. Nada más y nada menos que al Rey de los Vampiros, el hombre que había visto imperios caer, que se arrodilló ante mi hermanita, esa persona que yo tanto amo, con una reverencia que parecía una promesa silenciosa de protección.
—Bienvenida a la eternidad, pequeña. —Le dijo Dante suavemente.