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Destino Póstumo

Destino Póstumo

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Traiciones y engaños / Omegaverse
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marcela Salazar S.

Carlos sortea con re descubrir el amor, luego de haber sido casi desmoronando al ser repudiado por su pareja. el destino toca a su puerta nuevamente, lo dejará entrar ?

NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

todos los caminos llevan a ...

El sol aún no había salido cuando la llamada llegó a la comisaría.

—Cuerpo de una Omega femenina —dijo el operador, con esa voz neutra que usaban para no involucrarse—. Zona sur. Casa abandonada. Los mismos signos.

Darío llevaba apenas dos horas durmiendo en el sofá de su apartamento. La camisa de la noche anterior todavía puesta. El olor a tiramisú y café aún pegado a su ropa. Pero cuando escuchó las palabras "los mismos signos", se incorporó de golpe.

—Llego en veinte.

Mintió. Llegó en quince.

---

La casa destartalada estaba rodeada de cintas amarillas. Policías uniformados custodiaban el perímetro. Forenses entraban y salían con sus maletales plateados. El cielo gris amenazaba lluvia, y el viento arrastraba un olor a humedad y muerte.

Darío mostró su placa y cruzó la puerta.

Adentro, la oscuridad era densa. Alguien había instalado luces portátiles, pero apenas si alcanzaban para iluminar el centro de la habitación.

Allí estaba.

Una silla de madera tosca. Hecha a mano. Las patas talladas de la misma forma que las de las fotos antiguas.

Y sobre la silla, una Omega. Joven. Diecisiete años, pensó Darío, aunque el forense lo confirmaría después. Su cabello oscuro caía sobre sus hombros como un manto. Sus manos descansaban sobre el regazo, cruzadas con una pulcritud enfermiza. Pero los pies... los pies no estaban. Las manos tampoco.

—Hace doce horas, aproximadamente —dijo López, el forense, arrodillado junto al cuerpo—. La muerte fue por desangramiento. Cortes precisos en las muñecas y los tobillos. El alambre se usó para atarla, pero no fue la causa de la muerte.

—¿El alambre es el mismo?

—El mismo calibre. El mismo tipo de oxidación. El mismo nudo en ocho.

Darío cerró los ojos un momento. Otra víctima. Otra silla. Otra obra.

—¿Algún testimonio? —preguntó, recuperando el tono profesional.

—Un vecino escuchó ruidos anoche. Pensó que eran gatos peleando. Nadie vio nada.

—Siempre es lo mismo —murmuró Darío.

Se arrodilló junto al cuerpo. Observó la silla. El alambre. La forma en que la víctima estaba sentada, erguida, como si alguien hubiera querido que pareciera viva.

Como un trofeo, recordó las palabras de algún perfil psicológico que había leído años atrás. El asesino exhibe su trabajo. Quiere que lo vean.

—López —dijo Darío, señalando las muñecas de la víctima—. ¿Ves esas marcas? Ahí, alrededor de los cortes.

El forense se acercó. Sacó una lupa de su bolsillo. Miró.

—Sí. Son moretones. Como si la hubieran sujetado con fuerza antes de... espera.

—¿Qué?

—Estas marcas no son de alambre. Son de dedos. Alguien la sostuvo mientras la cortaba.

Darío sintió un escalofrío. El asesino no solo mataba. Tocaba. Se aseguraba de que la víctima no pudiera moverse mientras él trabajaba. Había una intimidad en eso. Una perversión.

—Toma muestras de debajo de las uñas —dijo Darío, poniéndose de pie—. Puede que haya arañado a su atacante.

—Ya lo hicimos. Pero no hay nada. Las uñas están limpias. Como si las hubiera lavado.

—Mierda.

---

Marcos llegó media hora después, con una libreta en la mano y una expresión que Darío conocía bien. Había encontrado algo.

—Hablé con el vecino que llamó —dijo Marcos, bajando la voz para que los demás no lo escucharan—. Dijo que la noche anterior había visto un auto estacionado frente a la casa. Un modelo viejo, color oscuro. No alcanzó a ver la placa.

—¿Eso es todo?

—No. También dijo que no era la primera vez que veía ese auto. Lo había visto antes, en la calle del burdel. El Paraíso.

Darío sintió cómo todas las piezas comenzaban a encajar.

—¿Está seguro?

—Dice que sí. Trabaja de repartidor en la zona. Conoce los autos que se estacionan cerca de los burdeles porque le tapan el paso. Ese auto lo había visto varias veces. Siempre el mismo. Siempre de noche.

—Necesitamos el número de placa.

—Ya lo estoy buscando. Pero hay algo más.

—Dime.

—El dueño de El Paraíso es un Alfa que opera desde las sombras. Nadie sabe su nombre real —dijo Marcos, cerrando la libreta—. Pero hay algo que conecta el burdel con los casos. Varias de las víctimas fueron vistas allí antes de desaparecer. Testigos los señalan entrando o saliendo.

—¿Y eso es todo? —preguntó Darío.

—Por ahora. Pero es un avance. Si el asesino frecuenta el burdel, o las víctimas salían de allí, tenemos un punto de partida para interrogar.

Darío asintió. No era mucho, pero era algo.

—Sigue buscando. Pide las grabaciones de las cámaras de la calle. Revisa los registros de clientes habituales. Algo tiene que saltar.

—¿Y tú qué vas a hacer?

Darío miró hacia la silla. Hacia el cuerpo de la Omega. Hacia el alambre que la ataba.

El teléfono de Darío vibró en su bolsillo. Miró la pantalla. Carlos (embalsamador).

Su corazón dio un vuelco. Nunca lo había llamado. Nunca. Solo habían hablado en persona, y siempre por iniciativa de Darío.

—¿Hola? —respondió, intentando que su voz sonara normal.

—Soy Carlos —dijo la voz del otro lado, más seria que de costumbre—. ¿Puedes venir a la funeraria?

Darío enderezó la espalda.

—¿Pasó algo?

—No. Bueno, sí. Pero no es una emergencia. Es... —Carlos dudó. Darío escuchó cómo exhalaba, como si estuviera buscando las palabras—. He estado recibiendo cuerpos. Varios. Todos con las mismas marcas. El alambre. La silla. Los que tú investigas.

Darío sintió un escalofrío. Carlos sabía. Claro que sabía. Él era el que los recibía.

—He notado algo —continuó Carlos—. Algo que para los demás pasaría desapercibido. Pero yo me fijo en los detalles. Es mi trabajo.

—¿Qué es lo que viste?

—No quiero decirlo por teléfono. Ven. Te espero.

La llamada se cortó.

Darío se quedó mirando la pantalla un momento. Carlos lo había llamado. Carlos. El hombre que lo miraba con desconfianza, que le decía que se fuera, que no necesitaba ayuda... lo había llamado.

Se puso de pie de un salto.

—Marcos —gritó, mientras buscaba las llaves de la camioneta—. Necesito que me cubras.

—¿Otra vez? —preguntó Marcos desde su escritorio, con una sonrisa—. ¿La funeraria?

—Sí.

—¿El embalsamador?

—Sí.

—¿La hamburguesa?

—Doble, con queso y tocineta. Te la debo.

Y salió corriendo.

---

Llegó a la funeraria en menos de veinte minutos. El corazón le latía con fuerza, pero no solo por la prisa. Carlos lo había llamado.

Empujó la puerta. Gabriel estaba en la recepción, como siempre. Pero esta vez no señaló el pasillo. Solo sonrió.

—Está en su oficina. Dijo que entres sin llamar.

Darío asintió. Caminó por el pasillo. La puerta de la oficina estaba entreabierta. La empujó.

Carlos estaba sentado detrás del escritorio. Tenía una carpeta abierta frente a él, llena de fotos y documentos. Sus ojeras seguían ahí, profundas, pero había algo distinto en su mirada. Algo más alerta.

—Cierra la puerta —dijo Carlos.

Darío obedeció. Se sentó frente a él.

—Habla.

Carlos no respondió de inmediato. Dio la vuelta a la carpeta y la empujó hacia Darío. Las fotos estaban extendidas sobre la mesa. Víctimas. Sillas. Alambre.

—Mira —dijo Carlos, señalando una de las fotos—. ¿Ves esto?

Darío se acercó. Era la foto de una de las víctimas recientes. Un Omega joven, el rostro pálido, los ojos cerrados. Pero Carlos no señalaba el rostro. Señalaba la muñeca.

—¿El alambre? —preguntó Darío.

—No. Mira más cerca. Ahí, en la piel.

Darío entrecerró los ojos. Y entonces lo vio.

Un pequeño lunar, en forma de corazón. Diminuto, pero ahí estaba.

Al mirar las otras fotos, era igual. Aunque el lunar no estaba en el mismo lugar —en una víctima en la muñeca, en otra en el hombro, en otra en la clavícula—, era algo que compartían los cuerpos. Algo que a los demás se les pasaría por alto, pero era algo más que unía a las víctimas.

—No es una marca de tortura —murmuró Darío, casi para sí mismo—. Es... ¿una firma?

—O un fetiche —respondió Carlos, con voz baja—. Algo que el asesino hace después de que mueren. Algo íntimo.

Darío levantó la vista. Carlos estaba pálido. Más de lo normal.

—¿Hay algo más? —preguntó Darío—. Dijiste que habías notado algo. Esto es más que un detalle.

Carlos dudó. Sus dedos jugueteaban con el borde de la carpeta. Sus ojos no se encontraban con los de Darío.

—Si te soy sincero... —comenzó, y su voz tembló un poco—. Sospecho de alguien.

Darío enderezó la espalda.

—¿De quién?

—No tengo pruebas —respondió Carlos rápido, levantando una mano como si quisiera detener una pregunta que aún no se había hecho—. Es... es solo una corazonada. Pero tendrías que confiar en mí.

Desvió la mirada mientras se tocaba su cuello, nervioso. Sus dedos recorrieron la piel sobre la nuez, un gesto que Darío ya había visto antes. Cada vez que Carlos se sentía vulnerable, se tocaba el cuello. Como si protegiera algo. Como si recordara algo.

—No puedo contarte más —dijo Carlos, con la voz apenas un susurro—. Es algo complicado.

El silencio se instaló entre ellos. Darío quería presionar. Quería preguntar quién, por qué, cómo sabía. Pero algo en la forma en que Carlos se encogía, en la manera en que sus hombros se hundían, le dijo que no era el momento.

—Está bien —dijo Darío, con una suavidad que ni él mismo reconocía—. No te voy a obligar a hablar de algo que no quieres. Pero si en algún momento decides contarme... voy a escuchar.

Carlos levantó la vista. Sus ojos se encontraron con los de Darío. Por un segundo, solo uno, Carlos pareció a punto de decir algo. Algo importante. Algo que llevaba años guardando.

Pero luego sus labios se cerraron. Asintió con la cabeza.

—Gracias —dijo—. Eso es todo lo que quería decirte.

Darío tomó la carpeta. La sostuvo contra su pecho.

—Voy a investigar esto de los lunares. Puede que sea la pista que estábamos buscando.

—Ojalá —respondió Carlos, con una voz cansada—. Ojalá sirva para algo.

Darío se puso de pie. Caminó hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo.

—Carlos.

—¿Qué?

—¿Esa persona de la que sospechas... está relacionada con lo que te pasó a ti?

Carlos no respondió. Pero su mano volvió a subirse al cuello. Y esa fue la única respuesta que Darío necesitó.

—Voy a averiguar quién es —dijo Darío—. Con o sin tu ayuda.

—No es buena idea.

—Nunca lo es. Pero igual lo hago.

Salió de la oficina. Caminó por el pasillo. El corazón le latía con fuerza, pero no de emoción. De rabia. Alguien había dañado a Carlos. Alguien lo había marcado. Y ese alguien, de alguna forma, estaba conectado con los cuerpos que llegaban a la funeraria.

Voy a encontrarte, pensó Darío mientras subía a la camioneta. Y cuando lo haga, no vas a lastimar a nadie más.

Arrancó el motor. La carpeta estaba en el asiento del copiloto. Los lunares en forma de corazón lo miraban desde las fotos.

Y en algún lugar de la ciudad, el asesino sonreía.

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cristal
así se llama mi maestro🤭
Marcela Salazar S.: q coincidencia, y es maestro de q materia? 🤭
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Para mí que la abuela es mala
Maru19 Sevilla
Oohhh😱 otra encrucijada 👏👏👏
Marcela Salazar S.
muy bien libro, lo recomiendo totalmente
Maru Sevilla
Espero que tengan una buena vida pronto 🥰
Marcela Salazar S.: claro q si. pero no sé q tan pronto 😋🤭
total 1 replies
Maru Sevilla
Que buenos personajes 🥰🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Bravo!!!! Así se hace, arriba el Omega!!!👏👏👏👏
Marcela Salazar S.: el es alguien fuerte. ya lo demostró. ahora se viene el almorsh
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Hay no!!!!😭
Maru19 Sevilla
Que terror 😱
Maru19 Sevilla
Madres!!! de dónde salió este loco?
la potaxia 63
🥰🥰🥰
Marcela Salazar S.: gracias por el apoyo a la novela, espero te esté gustando 🥰
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Me quedo con el Jesús en la boca!!!!! Por favor que lo encuentren rápido 😭
Maru19 Sevilla
Que giro de la historia /Panic/
Maru19 Sevilla
Que mala noticia, de tu percance😭😭😭 cuídate mucho autora, lo primero siempre serás tú, gracias por tu información, esperaré tu pronta recuperación 🥰🥰🥰🥰 Mejórate pronto ❤️❤️❤️❤️
Maru19 Sevilla
Muy bonita novela , ojalá ya atrapen al maldito Esteban/Left Bah!/
Maru19 Sevilla
Pero Gabriel no cerró la puerta /Facepalm/
Maru Sevilla
Bravo por Gabriel 👏👏👏👏
Maru Sevilla
Que bueno!!! ya era hora una mano amiga
Maru Sevilla
Que buena historia!!! Más capítulos autora por favor 👏👏👏👏
Maru Sevilla
Maldito enfermo!! Que ganas de horcarlo
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